EL FOLKLORE
EN EL
VALLE DE OJACASTRO
 

CON TRADICIONES Y DETALLES DE LA VIDA RURAL DE LOS PUEBLOS DE 
OJACASTRO, EZCARAY, VALGAÑÓN, ZORRAQUÍN, SANTURDE Y SANTURDEJO. Por José Juan Bautista Merino Urrutia

 

Trabajo premiado en el Concurso Literario de los Juegos Florales celebrado en Logroño con motivo de la II Exposición Regional de Productos de Ambas Castillas, en Septiembre de 1948.


INSTITUTO DE ESTUDIOS RIOJANOS - LOGROÑO 1949

PRÓLOGO


El estudio de las costumbres de las variadas regiones españolas en su aspecto etnológico y la recogida de sus peculiaridades, se ha llevado hasta ahora de una manera amplia, abarcando grandes regiones, casi siempre zonas provinciales. Existen, sin embargo, varios trabajos que se circunscriben al estudio completo de un pueblo o región geográfica.

Estas últimas pueden presentar idea más acabada de las costumbres de cada región al estudiarlas en conjunto, presentando todos los variadísimos aspectos que abarca su folklore.

Así lo estima el maestro don Luis de Hoyos Sáinz, que con don Telesforo de Aranzadi, fueron los iniciadores de los estudios etnológicos en España, tratándolos de una manera sistemática.

Julio Caro Baroja, entre las varias disciplinas que cultiva con gran competencia, ha publicado variados trabajos sobre esta materia y sobresale entre ellos el reciente: "La Vida Rural en Vera de Bidasoa". En el prólogo de esta monografía etnológica propugna también por la conveniencia de que se escriban trabajos parecidos sobre localidades o regiones naturales que presenten todo el caudal costumbrista que atesoren, reuniendo sus más pequeños detalles. Tal obra es una prueba de la citada afirmación de su autor, fino observador de la vida campesina de su pueblo natal.

Siguiendo este criterio, he preparado este trabajo con los datos que había reunido con anterioridad durante mis largas estancias en el país, en unión de otros materiales adquiridos recientemente sobre la vida campesina y las tradiciones de los pueblos del Valle de Ojacastro, que forman un conjunto geográfico definido, y que han tenido una vida común con un relativo aislamiento de los Valles vecinos, pero manteniendo cada poblado las características que quedan detalladas al estudiarlos. A la vez que los datos citados se agregan otros de pueblos vecinos, que como se verá tienen fisonomía idéntica, aunque algunos sean de la provincia de Burgos.

El trabajo se ha ceñido a la presentación del mayor número de detalles de la vida pastoril y campesina desde sus albores históricos, añadiendo previamente determinados aspectos prehistóricos como antecedente preciso. He procurado mostrar todo el sedimento tradicional que nos legaron nuestro mayores, que es al fin la mejor ejecutoria a que pueden aspirar los hombres, sin que sirva de desdoro la sencillez de sus vidas.

Estimo que han de interesar los relatos recogidos en este Valle, en el que nace y discurre el histórico río Oja, por la gran riqueza folklórica que presentan, muchos de ellos semejantes a los que nos ofrece la tradición de los habitantes de las Sierras Riojanas de Cameros y Urbión, en donde nacen los ríos Najerilla, Iregua, Leza y Cidacos, que desde su nacimiento descienden hacia la ubérrima llanura riojana que bordea el Ebro.

Es de desear se hagan trabajos de conjunto de esos Valles y de las demás comarcas geográficas riojanas, a fin de que en fecha no lejana se pudiera conseguir la reunión de todo su folklore, que será rico en modalidades, ya que ha sido tierra influenciada por los distintos pueblos que codiciaron su fértil suelo. Hasta ahora son pocos los trabajos dedicados a estos estudios en La Rioja, pues aparte los publicados por don Blas Taracena, don Ismael del Pan, don José Magaña, don Bonifacio Gil, don Gonzalo Manso de Zúñiga, etc., están por hacer los estudios parciales aludidos. Y es fuerza repetir la urgencia en la tarea, dada la rápida desaparición del material folklórico por la unificación costumbrista que viene imperando.
Este trabajo fue presentado al concurso de los Juegos Florales que se celebraron  en Logroño, en el mes de septiembre de 1948, con motivo de la II Exposición de Ambas Castillas, y obtuvo uno de los premios.


CARÁCTER DEL VALLE

La vida pastoril y la rudimentaria agricultura de la primera época histórica fue transformándose a medida que los nuevos cultivos necesitaron mayores roturaciones.
La ganadería lanar y vacuna ha sido muy importante en el Valle y ha dado ocupación y alimento a sus habitantes.
Al desaparecer los pastos de las tierras más llanas, buena parte del ganado lanar pasaba los inviernos en Extremadura, sobre todo el de los grandes ganaderos de Ezcaray.
Dada la corta agricultura, los habitantes del Valle, sobre todo en la primera época, hubieron de buscar en otros oficios los medios necesarios para su sustento. Así vemos florecer la artesanía textil que en su lugar detallamos, la cual tuvo importancia en Ezcaray y también en Ojacastro y Valgañón, conservándose aún en el primer pueblo, algo industrializada.
La vida de los tres citados centros urbanos se desenvolvía entre el campo y el taller, que los vecinos tenían en su propia casa. Únicamente en Zorraquín no hubo artesanía, sin duda por la falta de agua para accionar molinos y batanes, y a que su reducido vecindario pudo tener ocupación en la agricultura.
En estos cuatro pueblos y en Santurde y Santurdejo se ha dedicado buena parte del terreno llano a pradera artificial, aprovechando los muchos ríos y arroyos. En estas praderas pacen el ganado vacuno y caballar en primavera y otoño, dándose con dalle una siega alrededor de Santiago. El heno, vellón, como se le denomina en el país, se ata en gavillas y se mete en los pajares para alimentar al ganado durante el invierno.
La población de Ojacastro, Santurde y Santurdejo, es desde hace tiempo más acusadamente labradora que ganadera. Por un lado la mejor utilización de las tierras con los cultivos de las hortalizas y patatas, y por otro la mayor extensión de tierra dedicada al cultivo de cereales.
El ganado lanar se ha reducido mucho y sólo se mantiene en los cuatro pueblos, sobre todo en las aldeas de Ezcaray y Ojacastro. El vacuno de recría y de labor, en todos ellos.
De todos los datos expuestos se deduce que, primitivamente, estuvieron más pobladas las montañas que circundan el Valle, restos de cuya habitación son la mayor parte de las aldeas citadas. Hasta el siglo XVIII, el vecindario de ellas, tanto el de Ezcaray como el de Ojacastro, era mayor que el de las Villas. En documentos primitivos se descubre la existencia de cabañas, corral de ganado y habitación de pastores a la vez, de cuyos restos han quedado esas aldeas, y así se dice repetidamente en ellos "Ezcaray y sus cabañas", "Ojacastro y sus cabañas", "Zorraquín y sus cabañas". Eran numerosas por cierto hasta el extremo de que para sus habitantes había culto en los primitivos y reducidos Monasterios, de que hay noticia en el Valle que coincidían con esos primarios núcleos de población. De ahí y de otros hechos puede afirmarse, que la primitiva población era pastoril. Es curioso leer, a propósito de esta población de las montañas, en documentos anteriores a 1509, que entre Valgañón y Ojacastro, a unos 1.300 metros de altura, existía la era del Palacio de la Reina, prueba de que se cultivaban esas tierras altas que hoy son montes. Pero aún hay más. En toda la toponimia de los pueblos más altos, Valgañón, Zorraquín, y hasta en la de Ojacastro, se comprueba la existencia de viñedos, y muchos de ellos, los del llano, adoptaban la forma de parrales, sobre todo en dicho último pueblo. No sólo se hallaban en el llano, 800 m. de altura media, sino que se veían hasta en las montañas. Así en un documento de 1545 que se encuentra en el Ayuntamiento de Ojacastro se lee que, estando un testigo "cellando una cuba en la aldea de Larrea". Esta aldea hoy desaparecida se encontraba a más de 1.300 metros de altura.
No se puede precisar la fecha en que se desceparon estos viñedos. Sin embargo, en un documento de 1590, ante el Escribano de Ojacastro, Pedro Pérez de la Puente, el Procurador Síndico se dolía de que se desceparan muchas viñas en los términos de Irionda, Guisala, Quiricia y Malarriña, con lo que se seguía grave perjuicio para el pueblo, pues ellas producían más de 20.000 cántaras, que representa una importante cantidad en el consumo del mismo.
Asombra leer estos datos cuando hoy las viñas sólo se cultivan a 600 metros de altura, o sea en el límite de Santo Domingo de la Calzada y Castañares. Este descenso del viñedo puede obedecer a un indudable enfriamiento de la tierra. Es lógico por otro lado, que el hombre habitara estas montañas cuando podía gozar del regalo que proporcionaban las vides y la abundancia de la caza, pues hay constancia de existir corzos y venados todavía en el siglo XVII.
Aparte del singular cultivo de la vid, se labraban las tierras altas de los montes, las cuales se sembraban de centeno, de cuyo grano se hacía el pan. La tierra llana se destinaba, en la primera época, a praderas únicamente y al cultivo de algunas hortalizas.
A partir del siglo XVI fue creciendo con vida independiente cada núcleo de población, sobre todo los que se edificaron cerca del río, desapareciendo, paulatinamente las cabañas, a medida que los medios de vida de las montañas fueron reduciendo la población de las aldeas, fenómeno éste que viene acentuándose en nuestros días.
En las aldeas de Ojacastro, y sobre todo en las de Ezcaray, han participado las mujeres en los más rudos trabajos del campo, y aún continúan haciéndolo en nuestros días, sustituyendo a los hombres en muchas tareas.
Entre otras ocupaciones, aran y siembran las tierras, mientras los maridos van al monte y llevan la leña a Ezcaray. Cavan las huertas y patatales.
Las madres con hijos pequeños, cuando iban al trabajo, los llevaban a la espalda, atados con el orillo de los paños de buriel, al que daban varias vueltas para que quedase bien sujeto.
Este endurecimiento de las mujeres del Norte ya se ha estudiado antes de ahora y merece consignarse aquí lo que ocurre en este Valle, para ensanchar el área de este singular fenómeno.
También los hombres eran más fuertes y se entregaban a trabajos más rudos. Ejemplo de esta afirmación es la costumbre de cargarse grandes pesos. Hasta los primeros años de siglo los granos se envasaban en las eras en grandes sacos llamados costales, que transportaban a los altos de las casas. Su capacidad era tres fanegas. Cuando se llenaban de trigo pesaban 129 kilos Ese costal se lo cargaba al hombro antes de ponerlo sobre el lomo del caballo y al descargarlo lo subía a la espalda hasta el alto de la casa.
Al modificar los medios de vida de estos pueblos por el abandono del cultivo de las tierras altas, por la práctica del de las bajas, y el cese de la fabricación de paños en forma de artesanía, sistema que principalmente rigió en el Valle, casi toda la población de los pueblos se entregó a la agricultura, que exigió más brazos al contar con más y mejores terrenos en cultivo, como después veremos. Prueba de ello es que la densidad de la población no se ha alterado sensiblemente.
Excepción de lo dicho es lo ocurrido en el poblado urbano de Ezcaray que ha seguido creciendo hasta principios de siglo, debido al establecimiento de algunas industrias de bayetas, paños, boinas y derivadas de la madera, que viene dando ocupación a buena parte del vecindario. A partir de esa fecha se halla estacionado el crecimiento por la competencia que sufren estas industrias.
Por otro lado recibe Ezcaray algunos vecinos de las aldeas que periódicamente abandonan las casas que van quedando ruinosas.
Este detalle se da también en Ojacastro, cuyo casco urbano viene creciendo merced a los vecinos que dejan sus aldeas.
Estos son los rasgos más salientes de los pueblos del Valle. En los respectivos apartados que siguen iré dedicando nuevos detalles de su carácter.


MAGIA - BRUJAS

Pocos datos puedo presentar con respecto a este apartado, sin embargo van ligeras observaciones.
En la citada obra "Manual del Folklore" recoge su ilustre autor la referencia  de Blas Taracena, que atribuye a la Sierra de la Demanda y al Cerro de San Lorenzo, origen mitológico en el sentido forestal, que supone la admiración de los campesinos. Aun cuando el Valle de Ojacastro tiene su origen en una de sus estribaciones, no conozco dato alguno de que sus moradores sientan preocupación destacable por esa Sierra.
Entre la toponimia que he publicado de Ojacastro, aparece en la ladera del Monte San Quílez, que vierte agua sobre el Río Masoa, el nombre de Lamin - Iturri, cuyo equivalente castellano es fuente de Las Lamias o seres fantásticos. En la actualidad se designa con dicho nombre a la fuente citada.
Queda anotada esta cita sin más comentario, pues no se conserva tradición oral alrededor de alguna leyenda que pudiera tener relación con este nombre.
Aún se conserva la costumbre de poner el pan en la mesa siempre de cara, pues existe la superstición que si se pone de cruz viene el diablo.
Por cierto que en documento del Cartulario de San Millán del año 945, por virtud del cual Fernán González agrega al Monasterio de San Miguel, de Pedroso, el de San Pablo, cercano a Espinosa del Monte, -ambos del partido de Belorado- se citan los toponímicos, Lamiturri y el Monte-Masoa .
Nótese la analogía del primer nombre, sobre todo por venir unido al segundo con la anterior referencia de Ojacastro, y que se trata de pueblos algo alejados aunque no muy distantes.
A poco de salir de Ezcaray hacia las aldeas, y al comienzo del barranco donde está la de Cilbarrena, se encuentran las ruinas del antiguo Monasterio de Santa María de Ubaga. Fue donado por Alfonso VI al Monasterio de San Millán de la Cogolla, el año 1110, y tuvo culto hasta principios del siglo XIX, en que fueron exclaustrados los Benedictinos, con el resto de las órdenes religiosas, y que causó tanto daño moral y la pérdida de la gran riqueza artística que se conservaba en los Conventos.
La imagen de Santa María, de la primitiva época de esa fundación se halla en la Iglesia Parroquial de Ezcaray.
En todos los pueblos del Valle se conocen las famosas "cédulas de Ubaga" y los labradores las colocan en las cuadras del ganado para alejar los malos espíritus, o sea brujas y hechiceros, que entre la gente sencilla se estima producen la muerte de esos necesarios e importantes colaboradores del labriego. En la actualidad expende las cédulas el sacristán de Ezcaray. El texto de las mismas es latino y es una imprecación a Dios para que libre de enfermedades y de lombrices a niños y mayores, que como se ve no tiene relación alguna con lo que las gentes creen.


LEYENDAS

Pocas son las que se han conservado hasta el día. Precisamente desde principios de este siglo han desaparecido muchos arcaísmos, y la leyenda es fácil a extinguirse, pues se mantiene por tradición y este medio es propenso al olvido cuando van desapareciendo los ancianos del lugar que son los que las mantienen Para evitar la pérdida de estas tradiciones conviene transcribirlas, y es lo que voy a realizar respecto a dos leyendas que se mantienen vivas en Valgañón y lugar de Pradilla.
La primera es conocida con la denominación de El Cristo de Bañares.
En época muy arcaica, las autoridades y vecinos del citado pueblo, cercano a Santo Domingo de la Calzada, encargaron a un buen escultor de Burgos la talla de un Cristo para su Iglesia. Concluido el trabajo, hubo de transportarse la escultura desde la capital burgalesa al pueblo citado, de lo cual se encargaron varios vecinos utilizando caballerías, único medio de transporte en aquella época. Puesta la talla sobre una de las bestias siguieron el largo camino de Burgos al pueblo de destino. Punto de paso era el célebre Santuario de Nuestra Señora de Tres Fuentes, sito en Valgañón.
Al pasar delante los vecinos de Bañares con la preciosa talla notaron con extrañeza que las bestias se pararon, y a pesar de los esfuerzos en arrearlas era imposible hacerlas pasar de la Iglesia. Ante tal insólito sucedido, los conductores bajaron la talla de la caballería y la dejaron delante del Santuario, y con estupor observaron que todas las caballerías seguían hacia su destino. Mas a pesar de ello, volvieron a cargar el Cristo, con ánimo de continuar el camino a Bañares, pero se repitió la negativa de los animales a proseguir. Visto lo cual, y teniendo por designio divino lo que ocurría, desmontaron el Cristo de la bestia y lo metieron en el Santuario, dejándolo ya para siempre allí, expuesto a la veneración de los devotos.
Aún se sigue conociendo con el nombre de Cristo de Bañares, y el día 28 de abril de todos los años suben en romería las autoridades eclesiásticas y civiles, y buen número de vecinos de dicho pueblo, a postrarse ante el famoso Cristo.
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La segunda leyenda tomada en el lugar de Pradilla, que corresponde al Ayuntamiento de Fresneda de la Sierra de Río Tirón, de la provincia de Burgos, y se conoce con el titulo de:
La Pastora
En el camino del citado lugar de Pradilla al de Eterna, y en la extensa altiplanicie, existe una piedra que tiene labrada en una de las caras la efigie de una muchachita con una rueca en la mano. La constante tradición de todos los vecinos de dichos lugares y los otros más próximos aseguran que se labró dicha efigie en recuerdo de una pastora que llegó al cercano de Fresneda al atardecer un día de invierno con una oveja menos. Su padre la mandó a buscarla y no volvió más la pastora, sospechando con fundamento los vecinos, que se la comió un lobo.
El término donde se halla la piedra labrada se conoce aún con el de La Pastora.
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En los pueblos del Valle existe la costumbre de decir a los niños el último día de Diciembre que pasaba por la calle un hombre que tenía más ojos que días tiene el año. Este dicho puede tener relación con lo que refiere Caro Baroja en la página 58 del artículo "Olenzaro" publicado en "Revista de Dialectología" 1946.


EL LENGUAJE

Ya he dicho al principio que en este Valle se habló vascuence como lenguaje único por sus moradores. Así fue preciso que Fernando III les concediera el fuero para deponer en esa lengua en todos los procesos que incoaban sus Merinos, como lo probé en mi citado trabajo. No se puede asegurar la época en que se perdió esa lengua, aunque es de pensar perdura algún tiempo más.
Como reminiscencia han quedado varios apodos y algunas palabras usadas en la actualidad ya citadas en mis trabajos, pero que repito aquí para dar unidad a estas notas.
Así entre los apodos de Ojacastro se hallan:
Arruche, Cachucho, Candaina, Chanfurrin, Chilaila, Chanagas, Chacurra, Gorchas, Galucho, Mocha y Vareto.
De Ezcaray son:
Barrumbarro, Cucala, Chamorro, Esquivela, Garbiras, Galbarros, Gorria, Gurritana, Lolo y Perula.
En Valgañón se conocen:
Churubay y Macuca.
Entre las palabras, algunas de origen vasco, y otras que no figuran en el Diccionario de la Academia, y son localismos dignos de conocerse, las anoto, a saber:
AMENGO.— Piel fina que se pone para cubrir el peal  que se coloca en los pies al calzar las abarcas.
ANABIAS.— Fruto comestible de cierta mata baja de los montes.
ASTIAL.— Pared de adobe, o edificio corraliza.
CARAMA.— Hielo muy extendido en el suelo y en los árboles.
COZUELO.— Resto que queda en el triguero de grano mermado con pajas.
CHARRAMPLIN.— Aprendiz de albañil.— También Zarramplín.
CHOCA.— Raíz de brezo negral utilizada para hacer carbón.
COZARRA.— Recipiente largo de madera para echar pienso a las ovejas.
CANDONGA.— Tonterías.
CILATE o ZUMBATE.— Pequeña altura de tierra sobre otra heredad.
CHILANGAR.— Acción de subir sobre todo a los árboles altos sin ramas.
CHUZO.— Hielo que cuelga de los tejados en forma alargada.
CHUMA.— Copa de árbol.
CHINCHOTA.— Parte carnosa que queda al derretir la manteca de cerdo.
CHUMARRO.— Cierta carne de cerdo.
ESCUTE.— Liendre de los bueyes que chupa la sangre adhiriéndose al cuerpo.
ENGERICAR.—Palabra anticuada que se refiere a la entrada de los bueyes u otra clase de ganados en los montes. También se decía Gericar.
FALFULA.— Huevo sin cáscara que pone la gallina de vez en cuando.
GARULLA.—Hambre.
GARRIO.— Especie de gran tenedor para pesca de la trucha.
MACHAR.—Acción de golpear el centeno en las eras sobre una madera para sacar el grano.
MORAGA.— Nombre que se da a la matanza del cerdo.
MACHORRA.— Mujer estéril.
MOCHA.— Desorejado.
MASCULLIDO.— Golpes que se dan a los chicos encima de los mojones al hacer los municipios la visita mojonera.
MASCON.— Paja larga de centeno que vale para atar el trigo y el heno.
PELECHAR.— Perder el pelo las caballerías.
PIELGA.— Trozo de madera con que se sujeta las caballerías en los pastos.
REBOLLO.— Propina que se da a los mozos el día de la boda.
TABORMA.— Ave de rapiña de mayor tamaño que el azor. También Tahorma.
TAUTE.— El que actúa de tercero.
TURIONDA.— Vaca en celo.
TALENQUES.— Palabra antigua. "Figura en operación hecha el 2-12-1699 por el Ayuntamiento de Ojacastro al medir las fronteras del Celemín que dan a la Glera a fin de cerrar los talenques".
TASTABIN.— Chico revoltoso.
VARETA.— Diarrea.
BORREGOS o BORROS.—Corderos de 1 año.
PRIMALES.— Corderos de 2 años.
ANDOSCOS.— Corderos de 5 años.
Es de notar que alguna de estas palabras figuran en el texto. En el Diccionario de Baraibar, de "Palabras usadas en Álava", aparecen gran cantidad de las que se emplean en este Valle y pueblos de la Rioja Alta, lo que presume una misma unidad lingüística. Es de advertir que las palabras anotadas por mí no figuran en Baraibar.


CHUETES

Este nombre ha servido para designar a los habitantes de las aldeas de Ezcaray que corrientemente se les llama aldeanos. Tan extraño epíteto ha entrado ya en desuso. Por mi parte no hallo base alguna firme que indique el motivo de tal denominación. Únicamente puede haberse empleado en sentido despectivo por los habitantes de la Villa o poblado urbanizado, al considerárseles de inferior condición a los de las aldeas. Por de pronto, hasta hace unos 30 años vestían de una manera muy original y típica. Su condición era humilde y vivían con gran estrechez y pobreza, aunque poseyeran muchas tierras y ganados.
Los hombres usaban chaqueta de buriel corta, cuello alto, chaleco con dos tiras de botones, de cadena de metal amarillo, con el relieve de distintos reyes, faja de lana roja o azul, calzón hasta la rodilla con una tapa cosida de una a otra cadera, sujeta en su parte posterior por un botón en cada extremo. En los pies llevaban calcetas, sin pie, hasta las rodillas, y abarcas con correas cruzadas por toda la pantorrilla, zagones de cuero liso en verano, y con su propia lana en invierno. Llevaban sombrero de fieltro, y en invierno gorras de cuero con solapas, que podían cubrir toda la cara. Su ropa interior consistía en un camisón de lino con botones de igual género, que ellos mismos cultivaban e hilaban y daban a tejer a los tejedores.
Para los días solemnes usaban los hombres de esas aldeas una capa de buriel con esclavina y cuello muy alto. Con esa indumentaria iban los Regidores, uno por aldea, a ofrecer el Ofertorio de la Misa los días de fiesta, aún en verano, a pesar de lo fuertes y pesadas que eran esas prendas.
Las mujeres usaban chaqueta que llamaban sayo de buriel negro, saya de ese paño pardo de gran vuelo, y corta para aquel entonces. En los pies usaban calceta y abarca, como los hombres, pero rodeando toda la caña con infinitas vueltas de cuerda, llamada calzadera. En la cabeza se tocaban con pañuelos de vivos colores, y otro llevaban en el cuello, que en días solemnes eran de seda. Para la Iglesia usaban tocas de paño negro con ribetes de terciopelo de igual color .
El paño pardo fuerte llamado buriel, y que resultaba impermeable a las lluvias, se fabricaba últimamente en Garganchón, provincia de Burgos, cerca de Pradoluengo.
Los aldeanos llamados chuetes usaban palabras como Antierdende aquí, por desde aquí. Diquia - luego, Tonjón, por trozo, y Yubada, por yugada y otras.
Los Concejos se convocaban en cada aldea hasta hace poco tiempo a son de campana tañida, eran presididos por el Regidor, Alcalde Barrio, que empezaba la reunión con el "Ave María, Señores", y después dirigía la palabra. En estos Concejos al que repartía el vino se le llamaba "escanciano".
Los chuetes bajaban casi en totalidad a Ezcaray el 24 de septiembre, día en que se trasladaba en procesión la Virgen de Allende desde la Iglesia Parroquial a su Ermita, recostada en la Peña de San Torcuato.
Con motivo de esta festividad decían las siguientes frases:
 

Vamos a Ezcare
descubren virgine
y le dan con el
cingulo zanguli.
(Se referían al incensario).

El nombre de chuetes puede también obedecer a denominación que se dio a gentes extrañas al país, que asentaron en estas aldeas, en la repoblación que tuvo lugar como consecuencia del fuero de Fernando IV, antes aludido.
Esta hipótesis no tiene para mi gran consistencia, pues entiendo que la repoblación se causaría más en el casco de la zona urbana, que es la que creció, y no en el de las aldeas.
También debe tenerse en cuenta que hubo juderías en alguno de los pueblos del Valle, entre ellos Ezcaray y Ojacastro. Este último contribuía con 1.500 maravedís en el repartimiento de 1474 a la Aljama de Belorado, como puede verse en la "Historia de los Judíos en España", de Amador de los Ríos . La cantidad citada en el repartimiento supone que la población judía era importante, y éste es un dato que conviene tener a la vista para juzgar de este extraño enclave de habitantes que se denominaron chuetes.
Con objeto de dar unidad a todos los datos recogidos sobre los chuetes, van en este lugar, aun cuando parte de ellos pudieran ir en el estudio que del traje hago más adelante.


ARTE RÍTMICO

Instrumentos, Canciones, Bailes, Danzas

Los instrumentos primitivos empleados en las fiestas del Valle fueron el tamboril y la pandera, tocada ésta por mujeres.
Después se introdujo la guitarra y la bandurria, al son de la cual los mozos hacían la ronda nocturna, que muchas veces degeneraba en altercados y riñas sangrientas.
Los pastores tocaban en el monte rabel y flauta. El último que tocó estos instrumentos fue el vecino de Amunartia apodado "El Remellao" hacia 1896.
El baile preferido era la jota, en la que se entonaban canciones diversas, generalmente coplas.
Entre ellas, y las que se cantaban por los mozos en sus rondas, anotaré sólo las localistas, a saber:
 

En Santo Domingo el Santo,
En Ezcaray San Lorenzo,
Y en la villa de Ojacastro
Las Reliquias a su tiempo.

——

Picota más que picota
Cuantas veces te he rondado
Y las que te rondaré
Si no me llevan soldado.

——

Los mozos de Valgañón
Son pocos, pero valientes,
Porque tienen por Patrona
A la Virgen de Tres Fuentes.
 De Eterna son las que siguen:
Por Campero  sale el sol,
Por la Laguna  la luna,
De la Virgen de los Yermos
Sale toda la hermosura.

——

Virgen Santa de los Yermos,
Despídete de tu casa
Hasta el 9 de Septiembre
Que te traigamos en danza.


 

En las fiestas patronales de los pueblos se organizaba la danza, que va desapareciendo de los núcleos urbanos, y solamente queda aún en las aldeas del Valle y en los pueblos cercanos de Anguta, Avellanosa y Eterna, y algún otro de sus cercanías.
La danza se compone de ocho chicos, de edad variante de 15 a 20 años, y de un Jefe que los dirige que se llama "cachiburrio" o "cachimbao". Los ocho visten camisa y pantalón blanco, corbata, coderas de color y pañuelo de seda y llevan faja encarnada. Las alpargatas son blancas. El "cachiburrio" va cubierto con boina y lleva una faldita corta, pantalón de color y un zorro de crin de cola de caballo con el que impone su autoridad.
Los danzadores ejecutan la danza corriente con castañuelas, cambian éstas por palos y los golpean unos con otros; este baile se llama troquios y responde a una serie de pasos de danza marciales. Con los mismos palos simulan oficios -el barbero, el herrador, el afilador, etc.- Se hace también la figura del muerto. Con los pañuelos que llevan los danzantes hacen varios trenzados que rápidamente sueltan y que resultan de gran vistosidad.
Figura de danza muy vistosa es el árbol, que es idéntica al que bailan en las Vascongadas las hilanderas.
Los danzadores van a las procesiones de las fiestas patronales bailando delante de las imágenes, y al llegar a la iglesia, frente a la puerta de entrada, uno de ellos, el más diestro, da una voltereta con las manos en tierra después de lanzar un vítor al Santo respectivo. Estas vueltas, o brindis, como se les designa en el país, se dedican también a las personas principales y forasteros de viso, los que corresponden con una buena propina.
Los danzadores bailan al son de la gaita y tamboril y merece la pena conservar las melodías que aunque no difieren mucho de los demás dulzaineros, acaso podrían hallarse en ellas coincidencia de música popular desconocida o similar a otras regiones.
En general, estos dulzaineros transmiten el oficio de padres a hijos. En Treviana, pueblo de la Rioja Alta, ocurre esto con la familia Cantabrana. Presento unos compases de sus melodías, pues estos gaiteros acompañaban a la danza en las fiestas de este Valle hasta hace 30 años.
<<<Página 39 del libro: partitura DANZA DE TREVIANA>>>
Como se ve por la descripción de las distintas modalidades o figuras de la danza, tiene gran semejanza con la espatadanza y demás variantes que se bailan en las Vascongadas y en el Norte de la Península.


LA FAMILIA

Bautizo, Boda, Enfermedad, Arcas de Misericordia

Los acontecimientos familiares más importantes, bautizos y bodas, no tienen en el Valle modalidad alguna destacable, pues ambos acontecimientos se desenvuelven de idéntica manera a como tiene lugar en la región burgalesa-riojana de que forma parte.
En las aldeas, la boda tiene antecedentes importantes, puesto que los padres y parientes más obligados, regalan a los novios animales de labranza, grano y ajuar para la casa. La boda dura varios días y para las comidas se matan ovejas, y hasta alguna ternera, según la importancia de las familias. Cuando son viudos los que se casan se les da la "cencerrada", costumbre muy generalizada e idéntica a otras regiones.
La forma de darla en los pueblos del Valle suele ser cabalgando los hombres sobre yeguas, a las que se pone cencerros y esquilas en abundancia, y en esta forma van delante de la boda dando grandes carreras alrededor de la casa, a fin de que se oigan más los cencerros y haya más algazara.
Es costumbre también de los mozos, acudir a la casa donde se celebra la boda a pedir una propina, que se llama Rebollo.
En Ojacastro se fundó el año 1843 la Hermandad del Amparo para ayuda a los enfermos, a los cuales se les daba una pequeña cantidad diaria de ayuda. Pagaba médico y botica. Es de notar que el primero residía aún en Ezcaray. Los asociados pagaban una cuota. Todos estos datos aparecen en las Constituciones impresas.
Detalle curioso era que en varios Ayuntamientos, entre ellos el de Ojacastro, tenían en servicio una bañera de zinc. Se llevaba a casa de los enfermos cuando el médico aconsejaba el baño como medio curativo.
Hasta el siglo XVIII funcionaron Arcas de Misericordia que proveían de granos, centeno y trigo, principalmente, a los labradores necesitados que los devolvían al hacer la cosecha.
En Ojacastro fue fundada por Francisco Torralba en 1565.
Criados, Herencia
En las familias más acomodadas se tenía en la casa un criado para las labores de la labranza. Se ajustaba por San Juan y se le pagaba de soldada anual en 1729, según se ve en un libro de Caja de una familia acomodada del pueblo de Ojacastro lo que sigue: 6 ducados, calzado, unos peales, bula, una camisa y unas bragas. En otro asiento del libro citado, que corresponde a 1736, se lee que la soldada era: 50 reales, dos camisas, dos varas de peales, un jubón de lienzo de estopa con mangas, tierra para sembradura de habas y la bula.
Va desapareciendo la costumbre de "alargar la hacienda" como se llamaba la entrega de los bienes de los padres a los hijos singularmente cuando enviudaban, y se imposibilitaban para el trabajo, por los malos tratos que en muchas casas eran objeto, por parte de los hijos, hasta el extremo de que alguno fue a pedir limosna. Cedida la hacienda, ganado y tierras, el padre o la madre vivían en casa de los hijos por meses, alternando la de cada uno de ellos.
Muerte, Comidas funerarias
Dada la distancia de las aldeas entre sí, y las que tenían algunas con la Parroquia respectiva, se establecieron Cofradías o Hermandades para ayudar a la familia en cuya casa había alguna defunción.
Llegado el caso, era obligación acudir al entierro todos los vecinos de 25 años en adelante, y se castigaba con dos libras de cera y diversas cantidades de dinero la falta de asistencia no justificada.
En las aldeas altas de Ojacastro, sobre todo en las de la cuadrilla de Arrupia, tenían que transportar los difuntos a través de largas sendas cubiertas de brezos y escobas, mata baja que cubre los montes. Para ello se reunían los vecinos de las aldeas de Escarza, Uyarra y Ulizarna y acomodando al difunto en una escalera corta, se ataba en la jalma, aparejo de las caballerías, y así se transportaba hasta el encuentro del barrio de abajo del poblado de Ojacastro, donde llegaba el Clero para hacerse cargo del cadáver. Últimamente se transportaba éste en andas que se llevaban desde Ojacastro, donde al efecto se conservaban en el Ayuntamiento. Después de volver del Cementerio los hombres de la cuadrilla de Arrupia se reunían en el salón grande del dicho Ayuntamiento a rezar los padres nuestros, y después se repartían pan y vino entre todos los asistentes, que facilitaba la familia del difunto.
La necesidad de dar de comer a todos los parientes y allegados del muerto obligaba a la dueña de la casa a proveer comida y vino en abundancia para sustentar durante varios días a todos ellos.
Después de las honras fúnebres de los fallecidos en los pueblos, en el atrio de la iglesia, un vecino, por rigurosa tradición, reza buen número de padres nuestros y termina con la oración del Santo Sudario. Anteriormente se rezaban estas oraciones en la casa del difunto, y al final se daba en ella pan y vino a todos los que acudían.
En algunas aldeas de Ezcaray se llamaba a este obsequio "vino de caridad".
Hasta hace unos años se acostumbraba a dar al clero en las honras fúnebres y en el día de Difuntos después del Responso, grano, que se llevaba a la Iglesia en cestaños tapados con lienzos, adornados con vistosos trabajos de mano.
En Ojacastro, hasta hace 40 años, existió la piadosa costumbre de recorrer los días de fiesta, un vecino, las casas del pueblo tocando una campanilla y rezando delante de cada una varias oraciones por las ánimas, y se le daba una pequeña limosna.
En la campa, delante de la Iglesia de Zorraquín, se encuentran aún dos estelas funerarias, en el lugar que sin duda fue antiguo cementerio; una de ellas la presento fotografiada, y como se ve es de época cristiana.
Antes de enterrar los difuntos, y en el momento en que se descuelga la caja a la fosa, se acostumbraba a echar sobre el cadáver unas puñadas de tierra por varios de los que acompañan al duelo al cementerio.


SANTA ÁGUEDA, SAN JORGE, SAN ANTÓN

SANTA ÁGUEDA

En estos pueblos del Valle y en sus vecinos no tiene este día carácter de fiesta, pero en ellos se conserva aún la costumbre de recorrer, generalmente los quintos, las casas pidiendo huevos y alguna cosa de comer, y con la colecta se reúnen a cenar el 5 de Febrero, día que se conmemora la Santa.
En el pueblo de Ojacastro subían los mozos a la torre de la Iglesia y tocaban una de las campanas sin cesar, muy vivo, como a rebato, pero sólo con el badajo, sin voltearlas. Mientras tocaban se reunía un grupo bajo la torre que cantaba: "Santa Águeda - maqueda - paqueda - baja por el niño que llora", y contestan los de la torre: "No bajo, no, y no te lo tengo tomar, hasta que venga San Juan y se le ponga la corona y le lleven a bautizar".
Los mozos de Zorraquín al hacer la colecta por las casas llevan una imagen de Santa Águeda.


SAN JORGE

Existe gran devoción en todos los pueblos a este Santo, que es Patrón de Santurdejo. Es sabido que este nombre, y sobre todo el del inmediato Santurde, son una corrupción del de citado Santo.
Esta devoción consistió en hacer romerías a la Parroquia donde se venera, entre ellas las municipales, que al final detallaré.
Pero además existe arraigada la costumbre de llevar las caballerías a Santurdejo el día de San Jorge y dar vueltas alrededor de la Iglesia, rezando a la vez varios padres nuestros.


SAN ANTÓN

En la aldea de este nombre se hace lo propio el día del Santo, 17 de enero.
Modernamente se ha creado en Ojacastro la Cofradía de dicho Santo, y también llevan los labradores los ganados a dar vueltas alrededor de la Iglesia.


LAS FIESTAS Y JUEGOS POPULARES

Voy a ocuparme primeramente de las que tienen carácter general en los pueblos, cuyas costumbres estudio, pasando después a referir las que cada uno celebra de una manera peculiar.
El día 1º de Mayo se acostumbra a izar el Mayo por los jóvenes de cada lugar, llamados mozos. Consiste en un árbol del mayor tamaño posible, pues se hace gala de este detalle, el cual se pone tieso en la plaza del pueblo. En la parte alta del palo se ponen con frecuencia ramos de flores o muñecos de trapos. También se pone un gallo o una gallina, que sirve de premio al que logre subir.
En los pueblos que tienen distintos núcleos de población se elevan varios Mayos, como ocurre en Ojacastro y Ezcaray. Aún queda esta costumbre en el primer pueblo y en las aldeas del segundo.
La fiesta de San Juan, tan bullanguera y costumbrista en todas sus partes, tiene en estos pueblos las manifestaciones conocidas de buen humor como hogueras, y la gente joven canta las coplas tan conocidas por doquier.
Entre las canciones menos comunes que canta la gente joven, mozos y mozas, al volver de la fiesta de la mañana de dicho día, destaco la que sigue:

"La mañana de San Juan
que bien te jaleabas
con el pañuelito blanco
y la media encarnada.

Me tiraste un limón
me distes en la cara,
cositas que hace el amor
morena resalada".

 
Pero la modalidad que puede aportarse de estos pueblos es que los mozos adornaban la ventana de la respectiva novia con ramas y flores en forma de arco. Esta costumbre se conoce con el nombre <<< falta dato >>>
En todos los pueblos del Valle ha quedado consagrada hasta el día, la costumbre de celebrar las fiestas de Gracias, que anualmente se dedican para agradecer a Dios los beneficios recibidos con la cosecha. Por lo común se celebran en todos los núcleos de población, pueblo principal y aldeas y en fecha distinta para cada poblado que generalmente es uno de los días del mes de septiembre. Estas fiestas de Gracias se celebran también en todos los pueblos de la Rioja Alta y en el partido de Belorado, que limita con el Valle.

Después de la función religiosa, que tiene gran pompa y brillantez, se acostumbraba por la tarde a correr los novillos, festejo casi desaparecido desde los primeros años del siglo.

Examinado el Catastro mandado hacer por el Marqués de la Ensenada, y que se llevó a cabo en los pueblos del Valle en el año 1752, se encuentran detalles de interés.

Así una partida de gastos del Ayuntamiento de Ojacastro dice: "Por gasto y danza, fuegos, novillada, en Corpus, Nuestra Señora de septiembre, día de Gracias y Reliquias (9 de Julio), 400 reales".

A esta novillada se le llamaba modernamente vaquillas, y se ha celebrado hasta el año 1912 en la gran plaza del pueblo cerrada con barreras. Los novillos o vaquillas se bajaban de las aldeas, escogiendo los más bravos de cada una.
En el pequeño pueblo de labradores de Zorraquín se habla en dicho Catastro de la plaza donde se corren los novillos. Las fiestas de este poblado son los días del Corpus, San Esteban y San Vitores, y en ellos había además fuegos y danza
En Ezcaray, pueblo de mayor importancia desde hacía tiempo, existía la misma fiesta de novillos y se celebraban en frente de la Iglesia Parroquial, por encima de cuya puerta principal corre una balconada en la cual campean los escudos de la casa Medinaceli y enlazados que ejercía el Señorío de la Villa, y desde la cual presenciaban, según tradición, el festejo dichos señores, el Clero Parroquial y la Justicia, como entonces se denominaba al Ayuntamiento y al Juez de cada lugar.
Según se ve en el Catastro de Ensenada, entre las partidas de gasto del Ayuntamiento de Ezcaray se hallaba la que sigue: "En la Víspera y día de San Lorenzo se va procesionalmente a la Ermita que está en dicho Cerro, gastándose 1.300 Reales por dar Caridad a todos, entrando en esa cifra la función de iglesia y danza".

Es de notar la gran distancia desde el poblado de Ezcaray al Cerro de San Lorenzo, que es de 5 a 6 horas de camino, con fuerte subida, pues desde 800 metros es preciso escalar los 2.262.
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Además de estas fiestas se celebran también con esplendor las del Corpus y el Nacimiento del Señor. Así en dicho Catastro de la Ensenada, se lee con respecto al pueblo de Valgañón, que el Ayuntamiento pagaba "260 Reales por dos autos, que se representaban en Corpus y Nacimiento del Señor y por sacar los papeles y refrescos a los comediantes", "60 Reales por fuegos, cohetes y Rueda para las fiestas del Corpus y Octava".

También en Ojacastro debieron celebrarse autos, puesto que en un edificio del barrio de Nuza queda todavía una sala en la cual hay una inscripción en latín y por tradición se sabe que el motivo de ella es que en esa sala se representaban autos.
La inscripción aludida es el himno pascual del que aún quedan las siguientes frases: "Portare aleluya Meruisti Aleluya" y va entre dos grecas de flores.

No conozco detalles de esta celebración por no quedar tradición alguna.
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Respecto a juegos puedo presentar algunos datos. En el proceso procedente del pueblo de Ojacastro, seguido en Valladolid ante la sala del Crimen en 1680, uno de los testigos dice: "Se hallaba en el juego de la argolla ". No ha quedado tradición de cómo era.

El antiguo juego de mus tenía y tiene gran aceptación por estos pueblos y sigue jugándose como en todo el Norte.
Juego muy extendido por estos pueblos, ya desaparecido, es el llamado Calva. En un terreno llano se ponía hincada una estaca fuerte. Desde 10 ó 12 metros se tiraba con piedras alargadas para dar a la estaca. El jugador que acertaba más veces, ganaba la partida .

Otro juego, ya desaparecido, es el llamado La uta. Se pone a distancia un trozo de caña o de madera redonda de una cuarta aproximadamente y encima de ella las monedas de los jugadores que se convengan. Tiran éstos con un tejo desde una señal convenida.

Las monedas que el tirador respectivo haga caer del tejo las gana, y las que queden cerca de la uta o trozo de madera es preciso volverlas a jugar como se ha indicado.

En todos los pueblos se ha jugado a los bolos, sobre todo en la Cuaresma, cuando se suprimía el baile.

En Zorraquín, el lanzamiento de la barra.

En todas las fiestas y reuniones, la gente joven de los pueblos, los mozos, forman una semicomunidad. Al llegar a la edad de ingresar en ella, el neófito tiene que pagar una cántara de vino a todos los demás, sin cuyo requisito no era admitido ni podía alternar con los mozos. Este acto se llamaba la cantarada. Esos mismos mozos nombran un jefe que en algunos pueblos se llama Alcalde. En otros pueblos se acostumbra a pagar una peseta de entrada.

Es costumbre de todos los pueblos que las mujeres jueguen a las barajas delante de uno de los portales de cada calle o barrio. Los juegos usuales eran el Tururú, la peregila y ahora la brisca.

EL CAMINO

Dice el maestro Hoyos Sáinz, que el camino es un hecho etnográfico, afirmación que recogemos aplicándola al estudio del Valle.

Así he dicho antes que estos pueblos se han conservado con su fisonomía racial y costumbrista merced a su aislamiento, a pesar de hallarse cerca de la gran corriente que se estableció por el camino de Santiago, y que pasaba por Santo Domingo de la Calzada.

Como digo al principio, en la descripción geográfica, su frontera Sur, que corresponde a la Sierra de la Demanda, fue siempre de difícil acceso, sólo practicable por el camino llamado de la Demanda y por sendas y veredas para escalar la mayor altura y llegar a los primeros pueblos burgaleses del partido de Salas de los Infantes. Ocurre lo mismo con las dos cadenas laterales que corresponden al E. y O. que se salvan por caminos de herradura.

Por consiguiente, desde la parte llana de la Rioja Alta, el Valle era fin de ruta sin comunicación fácil, y por ello fue escaso el tránsito hacia Burgos, pues resultaba más practicable seguir por el llano hacia Belorado. La falta de corriente circulatoria fue causa del aislamiento a que he aludido.

Por el contrario, los pueblos del Valle establecieron primitivamente el camino hasta Santo Domingo de la Calzada, para unirse con las rutas generales y establecer enlaces con la civilización que avanzaba. Ese camino, a través de Ezcaray, Ojacastro y Santurde, hubo de mejorarse sensiblemente y circularon por el los primeros carros de tipo chillón, que también ascendían por el camino de la Demanda. Desde Santurdejo hubo de establecerse comunicación directa con Santo Domingo.

Después de este camino siguió en importancia el de la Demanda que bordea el río hasta Posadas, para escalar los 1.900 metros en la Cruz de la Demanda, continuar a Barbadillo de Herreros, Monterrubio y demás pueblos del partido de Salas de los Infantes. Otra senda seguía por Altuzarra, Mansilla y Valvanera, y por fin fue ruta el camino de herradura que desde Ezcaray y Valgañón trepaba a Pradilla salvando 1.200 metros de altura.

A mediados del siglo pasado se construyó la carretera del Estado llamada de Haro a Ezcaray, que desde Santo Domingo sigue la orilla izquierda del río Oja y pasa a dos kilómetros de Santurdejo, quedando Santurde a la otra orilla. Se utilizó para esta vía, un puente construido a la entrada de Ojacastro, que fue destruido sobre 1885 y fue sustituido por otro a los pocos años.

El puente citado a la entrada de Ojacastro, llamado "Pontitero", tuvo gran importancia, puesto que en su reparación y en su defensa contribuyeron más de una vez los pueblos limítrofes, como entonces se acostumbraba.

En 12 de junio de 1776 se dictó una Real Provisión para repartir y cobrar cinco cuentos, quinientos setenta y siete mil maravedís, para la recomposición del puente citado y reconstrucción de la manguardia, gruesa pared de sillería que aún le protege. El reparto se hizo entre todos los pueblos y lugares de veinte leguas a la redonda. Las obras fueron adjudicadas a don Fernando Munar y don Juan Francisco Fernández, Maestros Arquitectos y vecinos del Valle de Meruelo.
El trozo de la carretera de Ezcaray, Valgañón y alto de Pradilla a Pradoluengo se construyó en 1888.


EL TRANSPORTE

El más importante medio usado en los primeros tiempos en el Valle fue la caballería que hubo de emplearse casi exclusivamente hasta que se construyó la carretera de Haro a Ezcaray.

Se las dotaba de basto y jalma y sobre, ellos se transportaban las hierbas de los prados y los cereales, una vez segados, hasta las eras. La llamada carga de heno y mies eran 10 gavillas, o sea lo que de cada vez podía llevar una caballería.

La basura se ha llevado a las tierras en capachos sobre caballerías y ahora ha comenzado a transportarse en carro donde el terreno lo consiente.

También se les ponía las llamadas pedreras, es decir dos tablas, una a cada lado de la jalma, con cuyo medio se transportaban, y se transportan aún, tierras y piedras sobre todo para hacer las presas de riego de los prados. Puede verse una caballería con predreras entre las fotos que presento.

Las caballerías empleadas más generalmente en todos los pueblos eran yeguas, de cría generalmente. En las aldeas de Ezcaray se ha utilizado siempre la mula pequeña, más apta para trepar por las empinadas laderas de sus montes.
No se conoce fecha exacta del empleo del carro. Mas por tradición se sabe que el llamado chillón, se usó antes de la construcción de las carreteras.

Este carro era de rueda maciza o con travesaños y desapareció el año 1870. En el eje de madera se le echaba agua y jabón para que girara bien y no se calentara.

El moderno ha tardado mucho tiempo a emplearse para uso agrícola, pero ya se ha generalizado.
Otro medio de transporte arcaico ha sido aquí, la narria, conocido también con este nombre, que se utiliza preferentemente para hacer presas en el río, pues sirvió para llevar grandes piedras.

Aún se utiliza este medio de transporte en Valgañón para bajar piedra de yeso de las canteras a un horno de tipo romano.
En los pueblos de Anguta, Eterna y Avellanosa se usa para todo el transporte pesado ya que no ha llegado aún la carretera a esos pequeños pueblos, ni apenas se conoce el carro.


LA CONSTRUCCIÓN

La Casa.—Ajuar y muebles, Iglesias y Pajares

LA CASA

Los materiales constructivos de la casa del Valle y de los pueblos de la provincia de Burgos de que me ocupo, son el canto rodado, que abunda en el ancho cauce del río Oja y de sus afluentes, y la madera que también se encontraba en gran cantidad en los muchos montes que lo circundan, muy poblados antaño. Se empleaba igualmente el ladrillo cocido en las tejeras del país, pero en menor escala.

En algunas casas las testas de los cuartones o solivas salían fuera de la fachada exterior, y presentaban un detalle ornamental de buen gusto y original, como puede verse aún en muchas casas y en algunas fotos que presento.

En las casas de linaje, que son escasas, y en las iglesias, se empleó piedra sillería en esquinas, impostas, puertas y ventanas.

La cubierta era siempre la teja árabe que se fabricaba en el país. El sistema constructivo de casas y pajares durante la primera época eran los entramados de madera y canto rodado, por el sistema llamado de imprentas. El alzado se conseguía todo con madera, y después se rellenaban los huecos con canto y cal, llamados tapiales, y otras veces se empleaba el barro, aunque en menor escala ya que la cal es abundante en la comarca. Los poyales eran siempre de roble. En las fotografías se ve bien el sistema que describo.

Es notable ejemplo de lo que detallo la torre de la Iglesia de Avellanosa, en cuya construcción de entramados de madera y canto pequeño revocado, entra también el ladrillo formando un conjunto de gran belleza.

La madera empleada era haya, roble y chopo. En Ojacastro existe una casa construida a fin del siglo XVIII que tiene vigas de haya de once metros de largo, y de una escuadria de 32 por 27 centímetros.

En los pueblos de Santurde y Santurdejo este tipo constructivo es más escaso y las casas son de canto rodado sin madera exterior.

En las divisiones interiores se empleaba el sistema mixto de madera y yeso, o de madera y canto más pequeño, revocado.

Los pisos eran de grandes cuartonadas con bóveda de yeso en los edificios de mejor traza, y de cuartones y tierra en los demás.

La casa es comúnmente de planta baja, dedicada a cuadra, y piso para la familia del labrador. El alto, como se llama en el país al desván, se destina a almacenar granos y productos del campo. Los hierros de las puertas y ventanas, las llaves y los clavos tenían el tono que correspondía al edificio, llegándose al adorno de tipos parecidos a los de la región castellana tan conocidos.

La cocina es la pieza más importante de la casa en todos los medios rurales. Va provista de hogar con gran campana, alrededor del hogar se colocan los escaños. Detrás de la cocina existía una pequeña pieza, llamada cantarera, donde se colocaban los cántaros de barro de una asa, en los que se recogía el agua para beber. Esta pieza se iluminaba con pequeña ventana y en lugar de cristales se ponían los fondos de las botellas cogidos con cal. El resto de las piezas destinadas a alcobas o cuartos de dormir no ofrecen atención singular.

Las ventanas eran, en general, pequeñas y escasas. El piso de las habitaciones dejaba al descubierto el cuartón de madera y el yeso. En las casas más terminadas se cubría el piso con baldosa roja grande o tarima de tablas muy anchas. Sobre las chimeneas se ponían tejas para evitar la entrada de agua y nieve.

Sobre la puerta de las casas de las aldeas de Ojacastro y Ezcaray se ponen cruces de madera o pintadas Aún pueden verse algunas en las de Amunartia y Posadas.

En los núcleos de población con capitalidad se conocía un edificio de construcción corriente llamado Hórreo, que servia para la recogida de los diezmos conservándose aún en pie el de Ojacastro.


AJUAR

No tiene gran diversidad con los corrientes en la casa rural de Castilla.

En las camas sencillas se utilizaba el jergón, relleno de paja de bálago, sobre el cual se dormía.

El caldero en la cocina y los recipientes de cobre y bronce llamados de frusleda. Los pucheros y tarteras de barro. Sesos y trébedes servían en el hogar para sostener los pucheros mientras se guisaba.

El asador era pieza de carácter de las casas de mayor prestancia.

Uno de los útiles de la cocina fue el candil de aceite para el alumbrado cuyo tipo variaba según la importancia de la casa. En las aldeas se utilizó la madera para alumbrado hasta fines del siglo pasado. Se hacían rajas delgadas y largas de roble a las cuales se les daba el nombre de tea.

Para encender se rozaban dos trozos de esa clase de madera muy fuertemente hasta que saliera llama.


IGLESIAS

Las Iglesias de los pueblos que primitivamente formaban el Valle fueron de estilo románico, aunque ante la necesidad de agrandarlas, se transformaron posteriormente en la época del gótico las de Ezcaray y Ojacastro, que son dos buenos templos de gran cabida y alta nave. El aparejo es de piedra arenisca roja y sillarejo extraído de las canteras de Ezcaray y Zorraquín. La de Ojacastro es de caliza en su estructura principal. Queda en pie la Ermita de la Ascensión, en la aldea de Santa Asensio, también románica pero de la última época. Ahora se está reconstruyendo.


PAJARES

Dada la necesidad de almacenar gran cantidad de paja, hierba y otras forrajeras, a cuyo conjunto se da en el país el nombre de cebo y que sirve para el alimento del ganado durante los largos inviernos en las aldeas y poblados más altos del Valle, hubo necesidad de construir muchos edificios para este destino. Las paredes exteriores eran de entramado de madera, idénticas a las de las casas. En el interior, en general, sólo se ponía la cuartonada casi siempre sin bóveda.

En los pueblos de Zorraquín y Valgañón se ha empleado en la construcción de pajares el sistema de rellenar los entramados exteriores con grandes losas de arenisca roja que abundan en las canteras de esos pueblos, sustituyendo al tabique de canto y mortero. Es un sistema original muy práctico, del que presento una foto.

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Todo el sistema constructivo descrito establece una unidad con los pueblos del Norte de España, sobre todo con Vasconia.
No debe esto extrañar toda vez que de siempre ha existido una emigración de maestros arquitectos y canteros de Vizcaya hacia la Rioja, sobre todo en la Alta. Las familias formadas por vascongados han continuado la tradición constructiva, y hoy se encuentra en estos pueblos casi todos los canteros, carpinteros y albañiles, oficios que por lo general los ejercita una misma persona, tienen el apellido vasco. Así tenemos en Valgañón las familias apellidadas Arriaga y Urtueta. En Ezcaray varias ramas de esas familias y otras apellidadas Basurto. En Santurde trabajan en estos oficios los Madariaga y los Ibergallartu.

Por otro lado el sistema constructivo de los cinco pueblos que estudio abona la afirmación anterior, sin perder de vista que su trazado tiene las características de pueblos de Sierra. En general las casas se hallan esparcidas, muchas de ellas con su huerta tapiada y con árboles frutales, acusándose la existencia de soportales, detalle propio de pueblos de altura. Ezcaray está construido con más sentido urbanístico que los demás, con varias plazas y plazuelas. Tiene dos barrios extremos llamados Las Teñas y Soleta, en el primero se construyeron las teñadas para el ganado, y en el segundo viven los pocos labradores que hay en la villa.

En Zorraquín se construyeron las pocas casas al borde del camino a Pradilla, y al lado de su vieja iglesia.

Valgañón, en su primitiva época, estuvo formado por cuatro barrios esparcidos entre sí, llamados Azarria, Borumbarrio, Chalarrea y Zaldua. Al crecer el poblado en la época del auge del artesanado fueron agrupados, formándose en el centro una gran plaza en uno de cuyos lados se halla la iglesia de San Andrés.

Ojacastro tiene fisonomía parecida a la de Valgañón casas aisladas, ancha plaza en su parte llana, por donde pasaba el antiguo camino a Santo Domingo. Es muy decorativa y en su centro se halla erguida la Picota. Uno de sus lados tiene soportales. Cuenta con tres barrios ya citados al principio de este trabajo.

Santurde tiene sus casas extendidas a ambos lados del camino viejo, que desde Ojacastro iba a Santo Domingo. El segundo a uno de los lados del río. Ambos poblados tienen más de un kilómetro de extensión.


LA VIDA RURAL

La pesca y la caza.—El Pastoreo.—La Mesta

LA PESCA

En el río Oja, y principales afluentes se han pescado siempre sabrosísimas truchas asalmonadas.

El procedimiento primitivo fue la pesca a mano, que exigía gran habilidad. El pescador iba provisto en ocasiones de un hierro en forma de tenedor, llamado garrio en el país, y cuando la trucha se hallaba a la vista la cobraba clavándola.

Desde mediados del siglo XIX hay testimonios de que se pescaba con moscas artificiales de diversos colores, según la época. Los anzuelos eran rudimentarios y se empleaban ya en ese siglo.

Posteriormente se ha descastado mucho la trucha por el empleo de las malas artes y el exceso de pescadores, y ahora sólo se encuentra en la parte alta del río, de la aldea de Zaldierna arriba, ya que por otro lado el río queda casi seco aguas abajo.

En Ojacastro existía la costumbre, desaparecida hace años, de agotar el río el día de la Magdalena, y pescarlo el Ayuntamiento para comer las truchas en un convite municipal.


LA CAZA

Dado el sinnúmero de montes poblados de arbolado y sus muchas espesuras es lógico que abundase la caza mayor en estos pueblos.

En documentos de finales del siglo XVI, se ve que en Ojacastro abundaban los jabalíes y los corzos venados, a los que se tiraba con arcabuces. De esta caza sólo quedan ligeros ejemplares y de cuando en cuando se cobra alguna res en las aldeas más altas de Ezcaray.

La caza menor, codorniz, perdiz y conejo continúa siendo abundante.


EL PASTOREO

Queda referido en varios apartados la mucha importancia que tenía el ganado lanar, el vacuno y las yeguas de recría.
Ahora voy a ocuparme del régimen que se seguía para el cuidado del ganado lanar que pastaba en los montes de los pueblos ya que los pastores del trashumante, tenían las mismas costumbres conocidas de otras regiones.

El pastor de ganado lanar se ajustaba en San Pedro. Según documentación del pueblo de Ojacastro en el año 1735, se le daba de soldada 14 fanegas de centeno, 1  de habas, 9 pares de abarcas con sus peales y 21 ducados de vellón Tenían el derecho de llevar cierto número de cabras de su propiedad con el rebaño del amo.

Como los rebaños no eran numerosos y los pastos estaban cerca, bastaba un solo pastor para atenderlo. Abundaba mucho la cabra, y ahora ocurre lo mismo, pues cada vecino tiene varias que salen juntas con las demás del pueblo a cargo de uno o dos pastores y este rebaño se llama cabrada.

El ganado vacuno de labor se sigue alimentando, desde marzo hasta mayo, en los prados regadíos paciendo el pasto de primavera. Desde esa fecha, hasta septiembre, pasta en las dehesas del común y vuelve a los prados al pasto de otoño. Desde fin de noviembre hasta primeros de marzo, se queda en los establos alimentándose con la hierba segada de los prados durante el mes de julio. Para el cuidado del ganado durante la estancia en las dehesas se contratan uno o más pastores, que cobraban el salario en centeno hasta principios de este siglo. Ahora se les paga en dinero.

El ganado vacuno de recría pace en el monte de cada pueblo cuidado por pastores, en común, de marzo a noviembre, y los meses de invierno queda en los establos con los de labor.

Las yeguas y los caballos que no tienen ocupación determinada, se llevan a los montes cercanos de cada pueblo con un pastor único y el conjunto de este ganado se llama dula.

También los cerdos se llevan en otoño a los hayales a comer el afriz cuidados también por un pastor común, ajustado previamente.

Por guardarlos de San Juan a San Juan, se daban al pastor en Ojacastro 3 celemines de centeno por cabeza el año 1756.

Los pastizales de los montes, generalmente, eran de aprovechamiento comunal. Se exceptuaban los llamados borreguiles, nombre derivado de borro o borrego. Eran, en general, lugares de buen pasto de propiedad particular, que se arrendaban a los propietarios de ganado lanar, de no aprovecharse por sus dueños.

En Ezcaray los más importantes son los de Turraguas y Cobetia de 1.000 fanegas  cada uno. En Valgañón se cuentan hasta seis, Erizola, La Lastra, Ybaya, etc., y en Ojacastro el de San Quílez. En los que son de propios, el aprovechamiento es mixto, por ganado lanar y vacuno. Entre estos bienes se hallan las llamadas dehesas boyales, que se acotan en invierno hasta el 15 de mayo de cada año, día en que comienzan a pastarlas los bueyes. En Ojacastro se conocen las de Zaldua, Utarna, Arangutia, Izarra, Puzarna, Basotarna, Olabarria, Peña, Izbitiga, Casarangurana y Arangurna. Las de Ezcaray eran conocidas por majadas. La más importante es llamada La Porca o La Puerca, en Bonicaparra.

Tanto los borreguiles como las dehesas están cercadas con paredes de canto seco muchas veces.

En el Catastro de Ensenada tan citado, se da el nombre de engericar, al sistema de pasto periódico del ganado vacuno que se seguía en todos los pueblos. Así en Santurdejo se dice "Los montes se gerican  de 7 en 7 años que se calcula hay friz (afriz) y produce 1.000 reales".

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Hasta mediados del siglo XVIII se daba ganado en aparcería. Así vemos en el Catastro de Ensenada que en el pueblo de Ojacastro cada res producía al año en esas condiciones:

 Por cada buey 3 fanegas de centeno.
 Por cada vaca 1  fanegas de centeno.
 Por cada cabra  2  reales.

En general las reses eran propiedad de los eclesiásticos y vecinos pudientes que las cedían a los aldeanos.


LA MESTA

Como abundó mucho el ganado trashumante, -buena prueba son los datos que da el Catastro de la Ensenada del pueblo de Ezcaray- era lógico que La Mesta tuviera aquí importancia y nombrara sus agentes. Ezcaray tuvo siempre Alcalde de esa Organización. En cuanto a los demás pueblos se ve en las diligencias ante el Escribano de Ojacastro don Juan de Ibarra fecha 23 de octubre de 1590, que Juan de Rueda, era Teniente Alcalde de Mesta de la cuadrilla de las Villas de Ojacastro, Santurde y Santurdejo, designado por Miguel de Ocharan, Alcalde de Mesta.

El pueblo de Ojacastro contribuía con 100 reales al año a la Audiencia que se hace en Nájera del Honrado Consejo de La Mesta.

Los rebaños trashumantes de los ganaderos de Ezcaray eran muy importantes. En 1752 ascendían, según se ve en el Catastro de Ensenada, a 18.000 ovejas y 3.000 carneros.

Había 22 pastores para el ganado trashumante.

Estos rebaños se trasladaban a pasar el invierno a Extremadura transitando las Cañadas de la Mesta, ya conocidas. Utilizaban al efecto el camino de las aldeas hasta la de Posadas, y desde ésta seguían el de la Demanda, ya citado.
Existía una Cañada que desde el pueblo de Valgañón salía por Barrumbarrio y Azarria hacia Chalarrea, para subir al alto de Pradilla. Aún se conoce este término con el nombre de Cañada.

Los rebaños de los demás pueblos del Valle, menos numerosos, invernaban en los corrales sitos en las faldas de los montes de cada lugar, donde se alimentaban con ayuda de pienso y hierbas secas.


AGRICULTURA

La explotación de la tierra

En los pueblos del Valle, la propiedad de la tierra tiende al minifundio que se va agudizando más. En los primeros tiempos los grandes Monasterios riojanos, San Millán y Nájera sobre todo, por repetidas donaciones poseyeron grandes fincas y bienes rústicos en los pueblos. A partir de la edad media los mayorazgos y las mandas piadosas a la Iglesia contribuyeron a que se reuniese en pocas manos la casi totalidad de la propiedad rústica del Valle, quedando una parte pequeña en poder de los labriegos de cada lugar. Las propiedades así concentradas se entregaban en renta, cobrando el propietario, en grano, la porción convenida. Los prados se arrendaban a pagar en dinero.

Este sistema originó un indudable retraso en la explotación agrícola por la falta de estimulo del cultivador y, pasados los años, la rutina y el abandono, produjeron malos resultados.

La desamortización que intentó corregir el evidente atraso en la explotación de la tierra y ampliar su distribución, sólo consiguió un cambio de manos, ya que todas las tierras de los Monasterios eclesiásticos y obras pías vendidas por el Estado, fueron a parar a nuevos propietarios improvisados, que a su vez las dejaron en arriendo, cuando no quedaron abandonadas. Tales propietarios absentistas del agro en vez de constituirse en clase rectora del campesino, tendieron a gozar de los empleos del Estado en las ciudades, los cuales se repartían por los políticos que imperaban en la región, y que de este modo ejercían un monopolio para todos los puestos públicos.

Como no podía menos de ocurrir la falsa postura de los nuevos propietarios, dio lugar a que a partir del siglo actual se haya operado un gran cambio de propiedad, pasando las tierras y praderas del Valle al cultivador directo, de igual manera que ocurre en los demás pueblos de la Rioja Alta y Burgos. A ello ha contribuido últimamente la revalorización de los productos del agro.

En la edad media ya he dicho que apenas se cultivaban los llanos, pues éstos y la mayor parle de las laderas de los montes estaban poblados por grandes masas de hayedos y robledales. La parte que se cultivaba en las alturas se sembraba de centeno. La llana se dedicaba a praderas como susceptible de riego. Las tierras más fértiles se dedicaron a sembrar lino, cañamo y al cultivo de la vid en forma de parrales como hemos visto antes, y otras, en pequeña extensión, se sembraban de trigo y de habas.

La cebada se ha sembrado siempre en pequeña cantidad, y en general no se trilla, se hace paja larga o bálago, para lo cual sólo se utilizan las caballerías sin trillo.

La trilla del trigo se hace bien con caballerías o con bueyes, que ambos arrastran trillos de pedernal.
Aún no se utilizan las aventadoras ni otras máquinas modernas.

La recogida del centeno, cereal que en aquellos tiempos llenaba todas las necesidades del habitante de estos pueblos, era muy rudimentaria. Se llevaba a las pequeñas eras y allí se sacaba la paja larga que atada en mascones,  servía para hacer los vencejos con los que se ataba la hierba de los prados y los cereales. El grano se machaba  golpeando sobre una madera las gavillas. El resto de la paja se deshacía con caballos en la era, sin trillo, y esa paja, llamada bálago, servía para cama del ganado y para llenar los jergones para las camas.

En Ojacastro se acostumbraba a sembrar de trigo la mejor tierra de cada labriego el día de Ánimas. De igual manera se siembra la mejor tierra de patatas el día de Viernes Santo por la tarde, terminados ya los cultos religiosos.
En las Ordenanzas Municipales de Ojacastro de 1528, y en las posteriores, se imponían fuertes multas a los que dañaban los parrales, y sobre todo a los que los descepaban en la época en que empezó a decaer el viñedo en este Valle.
Puestos en cultivo los terrenos del llano, e implantado en el siglo pasado el de legumbres, alubias y caparrones, las tierras se dedicaron a sembrar cebada y otros cultivos de menor importancia, con lo que se ha llegado a una superación en el rendimiento agrícola, ya que aunque las tierras no son de gran feracidad, y nieblas y fríos retrasan los cultivos, muchas de ellas son de regadío.

Se consigue esto desviando las aguas en gran cantidad en los distintos lugares del Río Oja, y utilizando los desniveles del terreno que son considerables. Los prados se riegan permanentemente en invierno, para que no se hiele la superficie y críe pronto la hierba. En primavera y en verano se les da varios riegos para que produzcan pasto.
Por otro lado, el cultivo de año y vez va disminuyendo con aumento del intensivo o cadañero, en gran parte de estos pueblos todo lo cual ha producido un indudable bienestar al campesino y le ha permitido la compra de las tierras, como he dicho antes.

En los prados y en algunas tierras se han plantado siempre chopos, nogales y manzanos, que han dado buen rendimiento de madera y frutos, que después de servir para el consumo de los vecinos del Valle, se vendían y siguen vendiéndose en muy buenas condiciones de precio.

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Sistema extraño de aprovechamiento de las praderas es el establecido en Valgañón, en los prados de REGALA y CHIRIVILA, de 50 y 15 fanegas, respectivamente, situados al borde de la Cañada de la Mesta y encima del poblado.
Están divididos en lotes, y el vellón, o hierba de siega, es de unos propietarios, y de otros distintos el pasto, tanto de primavera como de otoño.

El sistema puede tener origen en un censo que gravó la propiedad y el censualista cobraba con el vellón la merced o interés anual.


LOS APEROS

En este Valle se han usado todos los comunes a la región castellana burgalesa, que han sido estudiados por los autores que han escrito sobre tan interesante especialidad. Entre ellos citaré al ilustre R. Aiken, que estudió precisamente estas zonas. También es menester destacar la obra ya citada del maestro Hoyos Sáinz, por el acabado resumen que hace de esta materia, como de las demás que vengo tratando en estas notas.

Del arado llamado entre los campesinos aladro, tomado como tipo, el del valle del Río Tirón de que habla Hoyos Sáinz, puede decirse otro tanto del Valle de Ojacastro, dada su proximidad y analogía etnográfica en su parte alta, pues se trata del mismo ejemplar.

Aún se emplea en el Valle el arado de camba, orejeras y mancera de madera, llamado romano, y siguen en los pueblos los artesanos que los construyen, llamados aladreros.

<<< dibujo VIELDA pag 68 >>>

El yugo es también idéntico al de Castilla, así como los trillos de madera que llevan incrustados trozos de pedernal para deshacer las mieses en la era.

Todas las herramientas que en ella se emplean vieldos, vielda, horquillos y palas son de madera y de fabricación artesana, que se hacen por los aladreros antes citados.

<<< dibujo ANGARILLA CON RUEDA ANGARILLA A MANO >>>
La vielda  es un horquillo grande que se usa para cargar paja en las eras sobre las caballerías o carros.

El carretón angarilla  sirve para transportar basura fuera de las cuadras.

La angarilla  es un utensilio muy extendido en estos pueblos para sacar la basura fuera de las cuadras y cargarlas después en la caballería o en el carro. Se trata de una especie de banasta grande hecha con palos por los aladreros de cada lugar y que lleva doble agarradero de madera, para que entre dos hombres la saquen llena de basura. El mismo utensilio con la variante de ser plano y con tablas se llama ballarte  y se emplea para el transporte de piedra en las obras.

La pielga  es una pieza de madera en forma de y griega que se pone en una de las patas de las caballerías sujetas por un pasador, a fin de que no puedan correr cuando se dejan solos en los prados y no se salgan.

<<< dibujo PIELGA pag 69>>>


INDUSTRIAS AGRÍCOLAS

No ha existido ninguna derivada de la leche, a pesar del gran número de ganados, ovejas, cabras y vacas. Tampoco se ha utilizado la leche para alimento del hombre hasta años recientes. Únicamente era empleada en los casos de enfermedad.

La explotación de las abejas ha sido y es aún muy importante. Las colmenas se hacían en troncos de árboles gordos, cubiertos con losas.

El número de las colmenas era mayor en las aldeas que en los pueblos y se debe a la proximidad del monte y a la abundancia de romero, espliego y cantueso.

En la época de salida de enjambres se les persigue por el dueño tocando una teja con otra, para no perder la propiedad.

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En Ojacastro y Ezcaray sobre todo, hubo tierras dedicadas al cultivo de lino y cañamo, ambas fibras textiles se destinaban a hilar en las casas.

En el primer pueblo sólo en los pagos de Irionda y Guisala se destinaban en 1752 a este cultivo 24 fanegas de tierra.
En dicho pueblo aún se conoce un término llamado "Agualinos".

Las madejas o manos de cañamo se daban a los tejedores que había en cada pueblo, y con ellas hacían el lienzo que resultaba muy grueso.

En el capítulo de oficios, aparece el número de tejedores que había en ellos y su importancia numérica ahorra comentarios sobre el gran número de lienzos que se tejían en cada pueblo.

Se confecciona con esos lienzos la poca ropa interior que en los primitivos tiempos se usaba, pues únicamente se llevaba camisa de lienzo muy grueso.


ALIMENTACIÓN

Este Valle ha estado influenciado por Castilla en alguna de sus modalidades, como ya hemos visto, así que no podía menos de estarlo también en ésta que ligeramente voy a tratar, por lo que puede aplicarse a estos pueblos la publicada sobre la alimentación castellana.

La frugalidad en las comidas ha llegado hasta nuestros días. Las sopas de ajo para el desayuno. El cocido al mediodía, a base de patatas, caparrones y buen trozo de tocino. Por las noches sopas de huevo con patatas y pimientos. En las aldeas se comían nabos que se sembraban en las huertas.

Hasta mediados del siglo actual se comía pan de centeno, o por lo menos de comuña,  mezcla de trigo y de centeno. Los días de fiesta se comía ya más solido. Antiguamente los arbejos, llamados titos, y los garbanzos después, eran platos importantes en unión de carne de carnero que se mataba en la carnicería de la Villa que por remate, había una en cada pueblo. Las comidas eran a base de sebo y manteca, lo que es propio de sierra. Dada la importancia del plato de garbanzos en Ojacastro, cuando tocan las campanas a fiesta se decía: "ya toca la garbancera".

En contraste con la frugalidad en las comidas se hace gran consumo de vino en todos estos pueblos, sobre todo en las aldeas. Con frecuencia se ven por el camino de las aldeas de Ezcaray y por la carretera largas reatas de mulas y yeguas transportando vino en pellejos, y corrientemente, van dos por caballería. Es frecuente el dicho "Vamos a Rioja por vino " como en esos pueblos se denomina ese viaje.

Los labradores que tenían rebaño mataban alguna res, oveja o carnero, en las fiestas familiares, o cuando estaba el animal algo decaído.

El cerdo proporcionaba, como en toda Castilla, la gran reserva en la casa del labrador. La matanza se hacía, y se sigue haciendo, con gran solemnidad. La fecha designada se reunían en la casa los parientes y amigos, a los que se obsequiaba el primer día con chumarros, o sea trozos de carne con grasa, bien asada. El segundo día se probaba el picadillo.

La cría de cerdo de 15 a 20 días se llama rostrizo y es uno de los buenos manjares de la mesa. Frecuentemente se usa para hacer regalos. Se asaba en el hogar bajo la gran campana en un aparato llamado asador. Cuando avanzaba el asado, para mejorarlo, se vertía tocino derretido, que al afecto se envolvía en grueso papel llamado candela .

En muchos de estos pueblos existen aún pequeños molinos y hornos de pan que pertenecen a varios vecinos, que se utilizan por días. Los que existen en las aldeas se utilizan por el sistema de adra, o sea alternando todos los vecinos del lugar.


EL TRAJE Y EL CALZADO

EL TRAJE

Pocas características especiales pueden aportarse de la indumentaria de este Valle, que no caiga en las conocidas del traje castellano burgalés.

El traje menos conocido y más extraño por lo tanto, es el que he descrito al hablar de los "chuetes", y que no he de repetir aquí. Los labriegos de los lugares de Eterna, Avellanosa y Anguta han usado trajes y calzado semejantes a los "chuetes".
El resto de los hombres se vestía también de buriel, de cuyo paño pardo, eran la chaqueta corta y el pantalón. Ancha y larga faja negra cubría una gran parte del pantalón y la camisa. Servía de abrigo y además dentro de ella llevaba el labriego, los objetos personales que comúnmente se confían a los bolsillos. Los hombres de edad usaban hasta hace años sombrero de alas anchas y los pastores cubrían la cabeza con gorro de piel de oveja.

<<< dibujo ZAGONES DE PIEL DE OVEJA pag 75 >>>

Los hombres vestían chaleco de paño de color rojo a listas, y en los días de fiesta, en verano, llevaban blusa de percal corta llena de bordados. Ambas prendas han desaparecido de estos pueblos.

Los pastores usaban zagones de piel de oveja.

Tanto los labradores como los pastores se protegían y se defienden aún del frío, como de las lluvias, con tapabocas, y fuertes y grandes mantas, con las que se daban una vuelta sobre los hombros.

Las mujeres usaban trajes de paño con saya de anchos vuelos, llevaban mantón y pañuelo a la cabeza.
Hoy se va introduciendo con extensión el traje de las poblaciones.


EL CALZADO

Ya he referido, que las abarcas se usaban en los pueblos del Valle hasta principios de este siglo, y que es el único calzado digno de mención. Se cubrían la pierna con peales, paño de buriel, y encima con amengos para hacer el calzado impermeable, pues los riegos de los prados en las noches de helada, obligaban a meter los pies en el agua para facilitar su distribución.

Las abarcas las preparaban en las aldeas y en los pueblos, con la piel de los vacunos sin curtir. Las correas que sujetaban las abarcas las sacaban de la piel de las ovejas. Los amengos se preparaban de la piel fina de oveja.


OFICIOS

Artes e industrias populares.— Oficios varios.— Fabricación de paños.— Explotación forestal.— Industria de la madera.— Ferrerías.— Millas de hierro y cobre.— Cerrajeros— Industria alfarera.— Tejeros.

ARTES E INDUSTRIAS POPULARES.— OFICIOS VARIOS

Como preámbulo de este apartado, me parece interesante dar una idea retrospectiva de la importancia de los oficios e industria de cada pueblo del Valle, y al efecto voy a copiar las que aparecen anotados en el Catastro de Ensenada hecho en 1752, como he dicho antes.

En Ojacastro había los oficios siguientes:
1 panadero, 1 albañil, 2 carpinteros, 2 herreros, 1 herrador, 5 sastres, 5 tejedores y 4 olleros.
Industrias rurales eran las siguientes:
8 molinos harineros, 1 tejera y 1 batán.

En Ezcaray los oficios, a saber:
1 boticario y 1 médico, que servían los cuatro pueblos del Valle.
1 albañil, 2 canteros, 1 herrador, 5 tejedores, 1 ollero y 4 caldereros.

Las industrias más destacadas eran, a saber:
3 batanes, 1 tinte, 1 lavadero de dos ornales con su caldera de cobre para lavar lana. Se empleaban 8 fabricantes con 13 tejedores.
1 fábrica de paños con 116 senos que producían 300 paños y bayetas, 1 fábrica de paño de 8 senos con 3 artífices. Se dice estaba decaída.
1 martinete de una fragua de fundición de cobre de don Evaristo Ángel, que no producía en la citada fecha por estar a falta de barquín.
2 ferrerías, 1 en Azarrulla y otra en Posadas. Ambas existían hasta hace poco tiempo en funcionamiento.

En Zorraquín, dado su escaso vecindario, no aparecen oficios, todos los habitantes se empleaban en la labranza y se servían, dada su proximidad, de los artesanos de Ezcaray.

 En Valgañón se contaban los siguientes oficios:
1 cirujano-sangrador, 1 saludador que llegaba de Castil de Lences , 1 organista, 1 herrero, 2 peraires, 1 maestro sastre, 2 bataneros, 18 tejedores de paños, 1 fábrica de paños con 116 senos, que producía 300 paños y bayetas, 20 fabricantes que llevaban paño a la fábrica.

Había también en el río Iguareña cuatro casillas de una rueda para batanar los paños.
1 tinte con dos calderas de color de cabida para tres paños cada una.
La industrial rural era, pues, importante dado el corto vecindario de este pueblo.
Como la labranza y la ganadería era escasa en él, buena parte del vecindario se dedicaba a la preparación de paños en su casa, en la que se empleaba la familia. Se fabricaban por cada 24 piezas de senos de 18 varas cada una al año. Había tejedores, cardadores y pisoneros de paño, sin más haberes que su oficio. A esta fabricación se dedicaban hasta los profesionales, escribano, barbero, etc.

En la fecha del Catastro la venta o trato de paños era corta.

En los pueblos de Santurde y Santurdejo el vecindario se ha dedicado simple a la labranza, dada la mayor extensión de los terrenos cultivados y más fertilidad del suelo.

En Santurde había: 1 herrero, 1 sastre, 1 tejedor y 1 aladrero.

En Santurdejo aparecen: 1 carpintero, 1 herrero, 3 sastres y 1 tejedor.


MOLINOS

Como hemos visto en los datos anteriores, en Ojacastro existían ocho molinos que se hallaban instalados en los dos cauces molinares. Los que contaban con aguas más abundantes se movían por ruedas de eje horizontal, y los de agua escasa eran accionados por rodete vertical que iba unido al extremo inferior del eje. Aunque no se mencionan, existen en las aldeas de Ezcaray pequeños molinos de este último tipo que aún funcionan y que son de todos los vecinos y muelen cada cual por día, como he dicho antes.

Los curanderos atendían también animales a base de pegados de pez.
Los de Ojacastro han desaparecido casi todos y sólo se conservan dos en funcionamiento.


FABRICACIÓN DE PAÑOS

De todas estas interesantes industrias artesanas que florecieron en los pueblos de Ezcaray, Valgañón y Zorraquín, la más importante era la de paños, y sólo quedan restos en el primero de los pueblos donde se mantiene y algunos telares, dos fábricas de boinas y alguna otra menos importante de bayetas y pañuelos de lana.

Las modernas instalaciones, y la disminución de ganado lanar, concluyeron con la artesanía de estos pueblos con grave quebrando de esta pequeña, pero amplia fuente de interés nacional, que consentía emplear buen número de brazos en sus mismos pueblos, y que se vieron forzados a desplazarse a las capitales, donde se fueron concentrando las industrias, muchas veces de una manera arbitraria y perjudicial. Además esas industrias rurales empleaban la lana que producían los rebaños y que se conservaban ante la seguridad de su consumo in situ. Como hemos visto, fueron decayendo también los rebaños a mediados del siglo XIX, y hoy sólo queda pequeñísima parte de lo que fueron. El que quiera profundizar más en este tema, debe leer el interesante trabajo de Diego Ochagavía, "Notas para la Industria Textil Riojana".

Por cierto que en él aparecen copiados documentos originales de mi archivo de familia de Ojacastro en las páginas 201 y 221, y a ellos me remito. Se refieren a varios antecedentes de la fabricación de paños en el pueblo de Ojacastro, industria que ya florecía en el año 1566 y continuaba pujante en 1748.

Otros documentos, páginas 222-3, tienen relación con la Fábrica de paños fundada en Ezcaray en tiempo de Carlos III, que tuvo gran importancia y se denomina todavía "Fábrica Real", cuyos edificios, en parte ruinosos, aún subsisten. En ellas se fabricaron no sólo toda clase de paños, sino hasta damascos y sedas en la época que fue de los Cinco Gremios Mayores de Madrid.

En las Ordenanzas del pueblo de Ojacastro confirmadas en 1562 por don Íñigo Fernández de Velasco Condestable de Castilla Señor de dicho pueblo y aprobatorias de las que regían en 1528 aparecen en el capítulo final sendas previsiones bajo el título "Obraje de paños". Determinan se nombre cada año "veedores" y "examinadores" del obraje de paños, cuatro oficiales, dos de los pelayres, dos de los tejedores, otros de los tundidores y otro de los tintoreros. De la lectura de dicha Ordenanza se desprende "que de algunos años atrás no se labraban tantos ni tan subidos paños".

Aún se conservan en Ojacastro y Ezcaray, en algunas casas, husos y ruecas que hilan lanas con las que las mujeres en el invierno hacen calcetines y medias para su familia.

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Como ya hemos visto en sus respectivos apartados, se cultivaban antaño lino y cañamo, plantas textiles con las que se obtenían lienzos para uso casero y se hilaban en las largas veladas de invierno. Hemos visto también que en los pueblos había cierto número de tejedores que servían par a producir toda clase de lienzo, que se fabricaba con el hilo que se preparaba en las casas. Esta artesanía también ha desaparecido, efecto de haberse sustituido por los tejidos de algodón, una vez industrializados.


EXPLOTACIÓN FORESTAL - INDUSTRIA DE LA MADERA.

No ha existido en los pueblos del Valle, hasta muy recientemente, la explotación de la madera como tal industria, a pesar de que sus extensos montes están muy poblados de haya y roble. Modernamente se ha plantado el chopo en las márgenes de las praderas y ríos que han proporcionado abundantes ingresos dado el rápido crecimiento de esta última especie. Tanto los árboles de los montes, como las otras calidades de madera se han ido acabando, y hoy sólo quedan restos del mucho arbolado que los poblaba.

Primeramente se destinó la leña de los montes a las muchas ferrerías, y los productos maderables para la construcción de casas y pajares, que según hemos visto en el lugar correspondiente absorbía gran cantidad. La necesidad de atender a los hogares exigió también leña en abundancia, amén de la que era precisa para los tintes en los tres pueblos de Ezcaray, Valgañón y Ojacastro. El carboneo ha sido otro gran motivo de la ruina de estos montes, pues hubo períodos de mucha intensidad, aunque también se empleaba brezo para hacerlo, y otro arbusto montaraz llamado escoba.

En las viejas Ordenanzas de los pueblos se ven muchas prevenciones para combatir el abuso de la corta de la madera de los montes, dando en cambio preferencia a la que se destinaba para la construcción de casas.

El descuido de los preceptos de esas Ordenanzas y la falta de repoblación contribuyeron a llenar de calveros los montes. A partir de este siglo la labor del Cuerpo de Ingenieros de Montes, ordenando las sacas de madera, plantaciones, etc., viene produciendo una evidente mejora y hoy los pueblan ya algunas masas de pinos.

La única artesanía de la madera en estos pueblos radicó en Ezcaray, donde se construían arcas y muebles caseros. Entre éstos merecen destacarse las camas pintadas.

Por otro, lado en Santo Domingo hubo en la edad media un taller de imagineros que trabajaban la madera de nogal, cuya especie abundaba en el Valle. De él salieron los artífices que tallaron las puertas de las Iglesias de Ezcaray y Ojacastro, dos notables obras de arte. El retablo mayor de la última, es obra de fines del siglo XVII del escultor Porres.

En ambas Iglesias trabajaron también tallistas vascos. Así se ve en un altar lateral de la Iglesia de Ezcaray, procedentes acaso de alguna Ermita, dos imágenes con el tocado corniforme que usaban las mujeres vascas. Una es Santa Águeda y la otra Santa Polonia. Ambas se ven en las fotos, tomadas de la obra del Conde de Polentinos "Ezcaray y su Iglesia ".


FERRERÍAS.— MINAS DE HIERRO Y COBRE

En la relación tomada del Catastro de Ensenada, que va al frente de este capítulo, hemos visto que en 1752, funcionaban en Ezcaray dos ferrerías, una en Azarrulla y otra en Posadas, ambas en el río Oja además de un martinete con una fragua para beneficiar cobre. La primera mejorada en 1815 por la familia Grandmontagne, trabajó hasta hace poco tiempo, y la segunda se halla transformada en Central Eléctrica. Ambas se movían por agua mediante ruedas de cangilones.

Beneficiaban en ellas la vena de hierro que abunda en la Sierra de la Demanda, y que ha dado lugar, de vez en cuando, a incipientes exploraciones mineras. También se intentó beneficiar el cobre según se ve en Madoz, en el artículo Ezcaray.

Ambas ferrerías citadas son los restos de las muchas que poblaron los pueblos del Valle, sobre todo los cuatro más altos.
En buen número de lugares de sus montes se ven aún restos de escoria y en cantidades suficientes para confirmar el aserto.
Mas examinando la toponimia vasca de mis listas en estos pueblos encuentro varios montes que llevan como prefijo o sufijo la palabra ola, o alguna variante la cual como es sabido, significa ferrería en vascuence.

En Ojacastro: Chocola, fuente de, Ola barria, y la aldea de Zabarrola..

En Ezcaray: Azarrulla, que como hemos visto coincide con la existencia de una ferrería.

Guindolla, o Guirindolla - Ola andía y Unzulla,  río de.

En Valgañón: Erizola.

Varios de estos nombres están en la parte alta de los montes, donde como se sabe funcionaban las primeras ferrerías que se instalaron, donde era fácil aprovisionarse de carbón vegetal y utilizar el aire de las cimas. Otros como Azarrulla se hallaban en el río, ya que tanto esta ferrería como la de Posadas se montaron sin duda posteriormente, utilizando la fuerza de agua para sus movimientos.

En las cercanías del pueblo de Valgañón y antes de llegar desde Zorraquín, se encuentra un término llamado La Armería, en el cual se ve un yacimiento de escoria de hierro, prueba de haber funcionado en aquel lugar una ferrería de alguna importancia.


CERRAJEROS

Como colofón de la primitiva industria de hierro examinada expondré que existió en Ezcaray una tradición de buenos artífices. Prueba de ello es el gran número de objetos de cerrajería que existen en las casas del país, así como rejas y otros adornos de hierro. A tal efecto puede verse mi colección de llaves en la foto.


INDUSTRIA ALFARERA.—TEJERAS

En Ojacastro es donde tuvo mayor importancia, pues como se ve en el Catastro de Ensenada, había cuatro olleros y una tejera municipal. En Ezcaray sólo había un ollero y en Valgañón una tejera.

El oficio de ollero se transmitía por familia y los de Ojacastro hacían toda clase de pucheros, ollas, fuentes y demás cacharros de barro de color rojo, trabajando al torno, artesanía que funcionó hasta bien entrado el siglo actual.

Los cacharros llevaban un barniz, y se cocían en pequeños hornos.

Hasta esa época trabajó también la tejera municipal de Ojacastro que aún existe semiderruída en el camino de dicho pueblo a Zabarrulla. Se hacían tejas y ladrillos para la construcción local.


VIEJAS COSTUMBRES MUNICIPALES

En los lugares correspondientes me he ocupado ya de varios temas de carácter municipal que tiene sabor localista.

Además de cuanto he dicho agregaré otros que ofrecen cierto conjunto, y que merecen exponerse en este apartado final.

La mayor parte de los datos coleccionados se refieren al pueblo de Ojacastro, al cual corresponde lo que sigue:

Ya he dicho al principio que las aldeas se agrupaban en dos cuadrillas llamadas Arrupia y Garay. Al finalizar cada año la cuadrilla de turno elegía un vecino al que le daban el nombre de Rey, y dos vecinos más que servían de acompañantes, un banderín y montañero. Los días 1 y 6 de enero y el 25 de diciembre, el Rey y el llamado banderista, llevaban un estandarte en el cual aparecían diseñados un caballo blanco montado por un jinete con una bandera en la mano, según se ve en el dibujo. Llegaban al Ayuntamiento antes de Misa Mayor, y allí se depositaba la bandera. A continuación salía el Rey acompañado del Ayuntamiento en corporación, y en el lugar correspondiente de la Iglesia se colocaba delante del Alcalde.

<<< dibujo: pag 85. 1º Estandarte que llevaba el Rey que nombraban las aldeas de Ojacastro hasta 1885. 2º Punta de mástil que enarbolaba el estandarte >>>

En el Ofertorio de las misas mayores el Alcalde y Concejales besan la mano del oficiante, y depositan una limosna en los días citados. El Rey ofrecía también la suya antes que el Alcalde.

Terminada la Misa, el Ayuntamiento obsequiaba al Rey y sus dos acompañantes con un vino compuesto, y éste en recompensa entregaba una gallina al Consistorio.

Al fin de los actos el Ayuntamiento despedía al Rey de la cuadrilla de Garay en la ermita de la Antigua, y cuando correspondía a la de Arrupia en el portal de la Plaza.

Cada cuadrilla había de hacer el recorrido de mojones de su jurisdicción, en cuyos días iba el Rey nombrado y el banderista con la bandera descrita y también el montañero.

Esta designación de Rey cesó en 1885, por abandono y desuso de esta arcaica costumbre. El estandarte citado se conserva aún en la aldea de Amunartia.

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El Ayuntamiento de Ojacastro acostumbraba a ir en rogativa a la Ermita de Tres Fuentes, en Valgañón, a Santa Lucía, a San Quirce o San Quílez y a la de la Magdalena. Hoy sólo va a Tres Fuentes y a la Magdalena.

También acudía y acude a la Parroquia de Santurdejo, donde se venera San Jorge, protector de los ganados, a cuyo Santo tienen gran devoción en todo el país como he dicho antes.

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En los pueblos del Valle continúa la costumbre de entregar el Alcalde y el Juez la vara de la justicia al sacristán, el día de Jueves Santo, cuando se toca a Gloria y se devuelve a dichas Autoridades al volver a tocar a Gloria el día de Sábado Santo.

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Entre las partidas de gasto de los Ayuntamientos tomadas en el Catastro de Ensenada, he visto una "por tocar a nublo" o anublado.

La costumbre se ha mantenido en pie hasta principio de este siglo y consistía en un toque prolongado de una de las campanas de la Iglesia respectiva. El origen de este toque fue, sin duda, el de apartar las tormentas o nublados, pero posteriormente servía para advertir a las amas de casa de la proximidad del mediodía, y por lo tanto la hora de llevar la comida al campo, cuando el marido o los hijos trabajaban lejos, pues el toque se hacía a las once de la mañana.
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En las visitas a los mojones que se realizaban por los Ayuntamientos de estos pueblos existe la costumbre de coger entre dos hombres a los jóvenes que se encuentran en el lugar, generalmente pastores, y vueltos de espalda les dan golpes sobre el mojón. Esta costumbre se denomina dar los mascullidos o mascudillos y tiene por objeto hacer recordar al joven donde se halla cada mojón jurisdiccional.

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Respecto al traje de los Concejales y Jueces, ya me he ocupado antes del que usaban los aldeanos de Ezcaray. Es muy semejante al que usaban hasta principios de este siglo por las Autoridades de los demás pueblos del Valle.
En los actos públicos vestían capa, que era de paño negro, así como el ancho sombrero. Llevaban corbata como signo de respeto, prenda extraña para el labriego.

En los Concejos, que periódicamente se celebraban, al dirigirse los vecinos al Alcalde o Concejales les llamaban siempre de usted, aún cuando fueran parientes próximos, y aún cuando en privado no usaran ese tratamiento.


CONSIDERACIONES FINALES

De lo expuesto en cada apartado se deduce que los pueblos del Valle presentan acusadamente en su etnografía y costumbres rasgos marcadamente vascos, que se mezclan con otros típicamente castellanos, que se debe al contacto de las zonas limítrofes de la gran corriente que pasó por el cercano camino de Santiago.

A mi juicio no cabe ya dudar que el pueblo aborigen que pobló el Valle fue vasco y que además de conservar su idioma largo tiempo, dejó impresas su toponimia y sus costumbres, con el arraigo que acabamos de ver.

De Castilla hubo de recibir su fuerza creadora que se mezcló con el primitivo sedimento.

El lenguaje, la toponimia, la construcción y la danza, son suficientes rasgos que determinan la unidad de las costumbres de este Valle con los del Norte.

En resumen, hay que concluir que este Valle es un enlace de esos pueblos que invade Castilla y facilita resolver el problema de su unidad, aspecto tratado por Caro Baroja en sus muy repetidos y meritísimos trabajos.
 

Ojacastro, Septiembre 1948.
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