Escudo de la Hermandad de la SoledadLA SOLEDAD.

PONTIFICIA Y VENERABLE HERMANDAD DE NAZARENOS DE NUESTRA MADRE Y SEÑORA DE LA SOLEDAD Y SAGRADO DESCENDIMIENTO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. Dos pasos.



Templo: Iglesia de la Victoria. La fundación de la Iglesia de la Victoria, en otros tiempos Convento e Iglesia de las Mínimas de San Francisco de Paula se remonta al siglo XVI, e inicia con prestancia y sabor clásico la calle Porvera.

La Iglesia-Convento sufrió una profunda restauración después del abandono en que quedó tras la exclaustración, instalándose en el claustro y sus dependencias las Escuelas de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos y con posterioridad la Escuela de Comercio.

La puerta principal se enmarca entre dos columnas dóricas. 1546 y 1639 son dos fechas que perfectamente se ven sobre la portada y la torre.

La torre de la Iglesia de la Victoria, en el ángulo izquierdo de la fachada principal llama la atención porque en todas las torres, el primer cuerpo sirve de zócalo y es completamente liso. Conforme va ganando altura la torre, más complicada y rica es la decoración, hasta que las filigranas aparecen en el último cuerpo. En la torre de la Victoria esta ley general no se cumple.

Si en la portada de la Iglesia podemos ver una fecha y otra en la torre, en el claustro hay cinco. Cuatro en la planta baja, 1595 es la más antigua. En la planta alta sólo se ve una: Mil seiscientos, el número de la década casi ha desaparecido y nueve.

La Iglesia fue reducida, en su longitud, en 1981. Se ha vuelto a colocar en la nueva cabecera el retablo mayor que es de estilo rocalla. Tiene una sóla nave que se cubre por una bóveda de cañón con lunetos.

Hermanos y Nazarenos: Tiene unos 1000 hermanos y unos 300 nazarenos.

Tiempo de paso de la cofradía: Unos 30 minutos.

Túnicas: Túnica y capa de color negro y antifaz y cinturón de raso morado y zapatos negros con hebillas plateadas. Sobre la capa, el escudo.
La vestimenta anterior fue, para el primer cortejo, hábito de color blanco con capirote y esclavinas morados. Para el segundo, túnicas negras y capirotes y esclavinas de color morado.

Escudo: Esta Hermandad, como toda cofradía fundada antes del XVIII tiene un escudo muy simple: En un óvalo morado, una corona de espinas enmarca el anagrama de María (la A entrelazada con la M). A este simple y armónico escudo se le ha añadido en nuestros días una tiara, la ínfulas caen y se enlazan con el anagrama de María. Por detras de la tiara asoman los paletones de dos llaves y los anillos o asas asoman por debajo de la corona de espinas.

Color de los cirios: Morados.

Iconografía: En el primer paso se contempla el misterio del Descendimiento de Cristo de la Cruz tras haber sido desclavado por José de Arimatea y Nicodemo, presenciando la emotiva escena la Virgen, San Juan y las Tres Marías. La iconografía está inspirada en los relatos Evangélicos. Concretamente, San Marcos y San Juan hacen referencia extensa sobre el momento del descenso del cuerpo de Jesús de la Cruz (Capítulo 15 y 20, respectivamente, de sus Evangelios). Coinciden en relatar que los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, subieron al Gólgota y desclavaron a Jesus de la Cruz, descendiéndolo mediante lienzos (o sudarios) para ser recibido por la Virgen, San Juan y las tres Marías. Este tema fue de secular conocimiento por el arte hispalense. Basta recordar el Descendimiento pintado por Pedro de Campaña. En el segundo, Dolorosa bajo palio.

Paso de Misterio del Sagrado Descendimiento de Nuestro Seqor JesucristoPaso de Misterio: El grupo escultórico es obra, en su totalidad, del imaginero sanroquense Luis Ortega Bru, con un verdadero sincretismo entre el manierismo, tendencia natural de este autor, y la escuela castellana, que adquiere tras su residencia en Madrid. El grupo tiene un esquema triangular ascendente cerrado y el Cristo queda enmarcado.

Nuestro grupo escultórico jerezano tuvo ocupado al artista desde 1950 a 1957, siendo realizado en los talleres Granda S.A. de Madrid. Ortega Bru dirigió personalmente la colocación de las figuras sobre el paso. Nada más llegar a Jerez, se comenzaron a montar sobre el mismo, originando ello una gran expectación. Es una obra personalísima, grandiosa, maravillosa no sólo como conjunto escultórico, sino que hay que tener en cuenta que cada imagen es una joya del arte cofradiero de nuestra ciudad. El conjunto se divide en dos grupos: Las figuras que están subidas en escaleras, apoyadas éstas en la Cruz, que son de talla y las que están llorando o dispuestas a tomar en sus brazos el cuerpo del Redentor. Estas últimas son de vestir, con lo que su peso se reduce notablemente, además que la tradición así lo exige. Ortega representó el momento del Descendimiento de Cristo de la Cruz tras haber sido desclavado de la misma por José de Arimatea y Nicodemo, los cuales aparecen sosteniendo con un sudario el cadáver del Señor. La patética escena es presenciada por la Virgen María, San Juan y las tres Marías. Sobre este grupo escultórico el artista manifestó, en unas declaraciones en la Iglesia de la Victoria, que le había sido muy difícil y problemática la representación de la imagen del Señor muerto, habiéndole acarreado muchas dificultades y, en varias ocasiones, había sido destruida por el maestro y vuelta a hacer. Quizás estas circunstancias se debieran a su afán perfeccionista. El grupo, por supuesto, no está concebido aislado, sino en conjunto. Cada imagen guarda una perfecta armonía en sí misma y en relación con las demás. Se ha dicho que este conjunto supone recorrer de golpe 80 siglos de arte. Pero a nosotros nos interesa más contemplar la obra desde la perspectiva de nuestro tiempo. La talla del Cristo es toda de talla, de tamaño natural muy cumplido y de grandes proporciones. Es estilizada y majestuosa, a pesar de su postura y de la rigidez cadavérica que claramente revela la fase postmortal y el agarrotamiento subsiguiente a ser desclavado. La cabeza la tiene caída sobre el hombro izquierdo. Los ojos están entreabiertos, la nariz es recta y afilada, la boca está asimismo entreabierta y es de labios pálidos, como si presentara signos de anemia. El pelo es rizado y cae sobre la frente en desorden consiguiendo maravillosas ondulaciones a base de los juegos de claroscuro. La palidez del rostro refleja, con grandioso patetismo, los padecimientos soportados por Cristo antes de morir. El artista hace alardes de conocer la anatomía humana: Venas, tendones, arterias, costillas y huesos, así como las articulaciones y los músculos están maravillosamente esculpidas y la postura de las piernas y de los brazos refleja, con trágica claridad, la rigidez de un ser humano muerto. La iconografía de las manos, estilizadas y finísimas, recuerda épocas muy lejanas en el tiempo y, en concreto, reminiscencias de la obra pictórica del Greco. En este sentido, recordemos el lienzo de la Trinidad, en el que Dios Padre sujeta por los brazos el cuerpo muerto de Cristo. En este Cristo descendido hemos visto influencias del colosalismo de Miguel Angel. Así, puede esto observarse en la musculatura y en la tremenda fuerza espiritual.

El paño de pureza que ciñe las caderas de Cristo es muy sucinto, dando la vuelta, que forma un lazo pequeño. En cuanto a la Virgen, que aparece dando la espalda a la Cruz, hay que resaltar su impresionante dulzura, dejando Ortega, que no prodigó las imágenes de Dolorosa, que su arte fluyera, pletórico de inspiración. Se trata de una Virgen casi Niña, con una expresión de intenso dolor en su rostro, con los ojos arrasados en lágrimas y ofreciendo una tez de marcadísima palidez, un tanto verdosa.

Muy interesante la figura de la Magdalena, con los brazos tendidos a lo alto, en actitud de recoger delicadamente, pero con pasión, el cuerpo muerto de Cristo. Es una talla barroca, por lo que hace a su composición, muy movida.

La imagen de San Juan está dotada de una extraordinaria expresión patética, representado como un joven barbilampiño, con cabellos admirablemente tallados, a base de rizos ondulados con una gran suavidad. Magníficas son, igualmente, las imágenes de María Cleofás y María Salomé, en actitud llorosa y expectante al pie de la Cruz.

En cuanto a las tallas completas de José de Arimatea y Nicodemo, hay que resaltar que los ropajes que envuelven sus cuerpos nos remontan a épocas lejanísimas en el tiempo, porque el goticismo está presente en los plegados, lo que demuestra el profundo conocimiento que el artista poseía de la escultura de aquellos remotos siglos. En estas figuras observamos también un colosalismo deslumbrante, una patética grandilocuencia, una palpable sensación de fuerza y de suavidad al mismo tiempo. Quizás estos últimos detalles los basó en su conocimiento de la obra escultórica de Miguel Angel.

El paso es dorado, de estilo neobarroco. En la ejecución de este paso intervinieron Manuel Guzmán Bejarano y Luis Jimenez Espinosa, discípulo y maestro respectivamente, realizándolos en 1958. Si el conjunto escultórico de Ortega Bru es colosal, no lo desmerece en nada el paso. Lindo en todos los sentidos: los respiraderos, la canastilla, con esas capillas, restauradas recientemente. Las capillas fueron labradas por Luis Ortega Bru. Antaño esta Hermandad utilizaba como iluminación unos espléndidos faroles, a diferencia de los candelabros que porta ahora, siendo 44 las luces que lo alumbran. Los autores buscan, sobre todo en la canastilla, formas nuevas de expresión: de hecho los entrantes y salientes de la canastilla son verticales y no horizontales como son característicos en Manuel Guzmán Bejarano. Las dimensiones de las andas son de 238 cms. de ancho por 479 de largo y 160 de alto.

Paso de Palio de Nuestra Seqora de la Soledad por la Plaza ArenalPaso de Palio: En el paso de palio se venera la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, talla de tamaño natural y de candelero. La mandó labrar a sus expensas el Mayordomo de esta Cofradía. Era canónigo y se ocupó de elegir a un buen imaginero para su realización. Después, por escrito, explicó que la imagen era propiedad de la Hermandad, que la custodiaría y se haría incluso cargo de la saya y el manto. No dejó nada dicho acerca de su autor. Todo lo que hoy día sabemos del imaginero es su nombre, José Fernández Pomar, por una cédula que estaba fijada al torso de la Dolorosa: "Esta imagen la hizo el escultor José Fernández Pomar, por encargo del Mayordomo José Moreno en 1703". Es una Virgen de extraordinaria belleza, realista, de profundo sentido espiritual, místico, reflejado estos detalles en los ojos, que, al contrario de los de otras imágenes marianas, miran hacia abajo, ya que, entre sus manos, cubierto delicadamente con un pañuelo, sostiene, con inmensa suavidad, uno de los clavos que traspasaron la piel de Cristo. Las tiene juntas que es una de las normas características de la imaginería de los siglo XVII y XVIII, y que tan sólamente se han conservado en la escuela granadina, porque en la sevillana prácticamente en el siglo pasado desaparece la costumbre e incluso imágenes que tenían las manos juntas le hacen manos nuevas y las separan.

La cabeza hace un leve giro a la derecha. La boca está entreabierta, con un rictus de dolor suave y amargo a un tiempo. Si a esta imagen la contemplamos de cerca, hay que ir directamente a sus ojos, llenos de un hondo e insuperable misticismo, y a sus manos, que son estilizadas, de dedos largos y perfectas de composición. Las lágrimas que Fernández Pomar le colocó en las mejillas fueron, por desgracia, retocadas en el siglo actual, por lo que han perdido cierto afecto plástico. Todo en esta Dolorosa respira congoja, piedad, admirable resignación, suavidad, ternura y delicadeza. Esto último es muy perceptible en la forma que tiene la Virgen de sujetar el clavo, como si lo estuviera acariciando. Es una lástima que Fernández Pomar no dejara más que esta talla.

Los bordados del manto (de tercipelo negro y bordado en oro y realce) y el techo, de color malva pastel, son de los talleres de Esperanza Elena Caro, estrenándose en la Semana Santa del año 1947. La saya es de los mismos talleres, del año 1946. La toca sobremanto se había estrenado en 1945. Las caídas del palio, sobre malla, fueron realizadas en Jerez, en el taller de las Carmelitas, al igual que los faldones. Los respiraderos, elegantes, muy estrechos, fueron realizados en 1954 por las Carmelitas y Manuel Rodríguez Pérez. Las caídas, los faldones y los respiraderos tienen diseño de Enrique Hernández.  Tiene 106 puntos de luz en la candelería y 24 en los candelabros de cola, de plata de ley, de Cayetano de la Calle, de Sevilla. Las velas tienen una disposición de una calle central que se abre para dejar ver la imagen de la Virgen. La corona de la Virgen fue cincelada por Emilio Landa en el año 1946. Es de plata sobredorada en oro fino y repujada. Consta de dos piezas: la canastilla, con un friso de emperlados cobachones y una cornisa sobre la que descansan un intercolumnio con seis hornacinas con diversos atributos. Sobre ella se alza una preciosa cruz de pedrería, como complemento del conjunto. Fue bendecida por el Cardenal Segura, el día 7 de abril del año 1946.

Costaleros: Llevan a cuesta unos 60 o 70 kilos cada costalero del paso de Misterio, pesando en total unos 4000 kilos, siendo éstos 40. 30 portan el paso de Palio.

Capataces: El paso de Misterio lo comanda Jesús Sánchez Lineros. El paso de Palio es dirigido por Gerardo Real Franco.

Hermano Mayor: José Torreglosa Solano.

Vestidor de las Imágenes: Mariano Ramírez García.

Director de Cofradía: Juan del Castillo Sola.

Música: Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de la Expiración de Sanlúcar de Barrameda y Asociación Musical Alvarez Quintero, de Utrera, que sustituirá a la Banda Municipal de Música Juvenil de Huelva, que lo hizo en el 2000 y a la Banda de Música Santa Cecilia de Sorbas (Almería) que lo realizó el año anterior.

Marchas procesionales dedicadas: "Nuestra Señora de la Soledad", de Germán Alvarez Beigbeder, "Soledad de la Victoria", del maestro Joaquín Villatoro Medina, "Soledad de Madre" de Jerónimo Sanchez Llamas y "Amanecer de un Viernes Santo" de José Luis Balao.

Flores: Claveles rojos en vez del tradicional iris morado para el paso de Misterio y claveles y orquídeas blancos para el paso de la Virgen de la Soledad.

Estrenos 2001: Por primera vez saldrá el estandarte de San Francisco de Paula, perteneciente a las Mínimas.

Estrenos 2000: No tienen estrenos este año.

Insignias: Cruz de Guía, en plata, acompañada por cuatro faroles guía y precedida del diputado de cruz. Banderín de la juventud, bordado sobre terciopelo morado. Bandera del Señor, de color negro con la cruz morada. Senatus, en plata con las letras SPQR sobre terciopelo burdeos. Dos bocinas, con paño de terciopelo negro sobre el que lleva bordado el escudo de la Hermandad.

En el cortejo del paso de Palio, Simpecado. Bandera Concepcionista, con tres franjas horizontales, blanca, celeste y blanca. Libro de Reglas, de plata de ley con cantoneras bastante grandes; un medallón con los atributos de la Pasión es el motivo decorativo de cada una. El escudo de la Hermandad está en el centro de una bonita cartela sobre terciopelo negro. Se estrenó en el año 1955 y fue repujado por Manuel Rodríguez Pérez. Estandarte de la Hermandad, con el escudo bordado sobre terciopelo negro.

Referencia histórica: La devoción por la Virgen provocará en uno de los puntos extremos de la ciudad, en su recinto primitivo, la creación de una Cofradía bajo la gran advocación de la Virgen de la Soledad, que ocupará capítulos muy importantes dentro de la historia de nuestra tierra.

La primitiva Hermandad fue aprobada el 6 de marzo de 1564 y, según consta en sus primitivos Estatutos, se titulaba de la "Transfixión y Soledad y Entierro de Cristo". Fue creada para ser regida en el Monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, de la Orden de frailes Mínimos, que se encontraba por entonces en Jerez. Sus reglas de funcionamiento son presentadas a los licenciados Juan de Ovando (canónigo y provisor de la Iglesia de Sevilla) y Fernando de Valdés (arzobispo, también de la diócesis sevillana), que las aprueban en la fecha antes mencionada. Se erigió en los años anteriores a la fecha de su aprobación y, al poco tiempo, adquirió gran fomento, debido a la gran devoción del pueblo hacia la imagen de la Virgen.

Desde sus primeros tiempos es marcado el carácter penitencial, junto con el propio de la recogida de cadáveres y la asistencia a los ajusticiamientos. Este carácter la destaca de casi todas las cofradías de aquellos tiempos y aparece bien claramente en sus Estatutos. La recogida de cadáveres era practicada en la ciudad por otras dos cofradías, como eran las de San Antonio y la de los Siete Cuchillos (la primera de ellas ubicada en los recintos conventuales franciscanos y la segunda en el antiguo humilladero de la Madera o del Baluarte, en la legendaria Corredera).

En esos primeros tiempos, la Cofradía adquirió gran esplendor en la ciudad, hasta el punto de que en 1644 es aprobada una nueva Asociación como filial suya, con el título de la Misericordia y Nuestra Señora de los Desamparados, que se independizó tomando línea propia de funcionamiento, trasladándose ésta a la capilla que en el antiguo camino de Arcos de la Frontera construyera Nuño de Villavicencio. Hasta 1685, la Cofradía continuó con la línea de realización marcada en sus primitivos Estatutos. El 17 de noviembre de ese año, se le prohibió recoger cadáveres, así como la asistencia en los ajusticiamientos, tras largos pleitos con la Hermandad de la Caridad. Al poco tiempo de la creación, el 30 de enero de 1566, la comunidad de Mínimos donó en propiedad a sus Hermanos la primera de las Capillas del templo, donde se depositaron las imágenes y se realizaron sus primeros actos religiosos. Pasado cierto tiempo, el 6 de agosto de 1594, pidieron a la comunidad conventual la donación de la capilla inmediata a la que poseían, cosa que fue aceptada. Con el paso del tiempo, en 1626, se hizo donación de una tercera Capilla y una parte inmediata a la puerta del templo, así como un hueco en la torre para la construcción de la sacristía.

A pesar de su carácter propio, gozó del popular. Las primitivas realizaciones procesionales de la cofradía estaban impregnadas de devociones y austeridades. Para la salida procesional se preveían numerosas normas. Los numerosos cargos que citan las primitivas normas se elegían en Cabildo que se celebraban ocho días antes de la festividad de la Transfixión, el primer domingo después de la Pascua de los Reyes.

La salida procesional se llevaba a cabo en el Viernes Santo; a ella todos los cofrades debían ir confesados y comulgados. Dentro del orden previsto en los actos procesionales, los componentes del cortejo debían de llevar una completa rigidez penitencial, bajo la pena de sanciones en el caso de no realizarse adecuadamente. La organización de la salida procesional estaba realizada por un adecuado trámite; para ello se hacía entrega por parte del escribano a cada uno de sus hermanos, de unas cédulas en las que se indicaban todo lo concerniente al desfile; a la salida del cortejo, dos hermanos que portaban unas sacas de lienzo blanco, recogían las normas en las puertas del templo. Esta gran organización no es propia de estos desfiles y nos hace ver el orden y la compostura del cortejo procesional. Los hermanos mayores organizaban la constitución del cortejo; para ello, acompañados de un alcaide, se despejaba el paso por las calles del recorrido; otro alcaide llevaba el orden de la procesión y cuidar de los celadores, que llevaban a su cargo veinticuatro nazarenos cada uno. Entre los hermanos, como era costumbre en aquellos tiempos, existían los de "sangre" y los de "luz". Todos portaban vestimenta prieta, de color, con los escudos, escapulario, cordones y demás atributos, a semejanza de la vestimenta de la comunidad de Mínimos. Casi todos los componentes iban desclazos o con unas sencillas alpargatas.

Por la íntima línea de funcionamiento con la Comunidad de Mínimos, éstos realizaban estación penitencial con la Cofradía. La salida procesional se comenzaba al mediodia (sobre las tres de la tarde) y se terminaba a la medianoche. En sus actos, los hermanos disciplinantes realizaban sus prácticas y los de luz, ayudados por los frailes, curaban sus heridas. Para tal fin, los frailes preparaban lavatorios en varias vasijas, compuestos por vinos cocidos y plantas curativas que se depositaban en una mesa de piedra bajo la presencia de un Crucificado, alumbrado por dos luces. En estos primeros actos procesionales se llevaba un paso con los símbolos del Descendimiento, es decir, la Cruz con los sudarios, y a los pies de ella la imagen de la Soledad con una corona de espinas en las manos.

La Virgen ha realizado, aparte de sus salidas procesionales, otras en tiempo de agobio; muestra de ello es la realizada en el año 1734, con el carácter de rogativa por el cese de las grandes sequías que sufrían nuestras tierras. La salida se realizó en la tarde del Viernes de Dolores del mencionado año, con la asistencia de muchos devotos y gentes dedicadas a las labores propias del campo.

Como todas las instituciones de la ciudad sufre las crueles consecuencias de la invasión francesa, en el año 1810. Por su parte, la exclaustración general de las Ordenes Religiosas, mandada por el Gobierno español, en 1835, provocó la caída parcial de la Hermandad. El mismo año de la exclaustración, concretamente el día 2 de mayo de 1835, se consiguió aprobar sus nuevas Reglas, tras una reorganización.

A pesar de la exclaustración, quedó como capellán de la Iglesia de la Victoria un religioso mínimo llamado Fray José de Padilla, que consigue implantar la primitiva línea de funcionamiento que siempre destacó en la ciudad, y con ello el acrecentamiento de la devoción popular a la imagen de la Virgen.

En 1893 se hizo cargo de la dirección del templo Manuel Pérez Pérez, canónigo por aquel entonces de la Real e Insigne Iglesia Colegial. Como consecuencia, asume también la espiritualidad de la Hermandad. Dedicó un especial interés por ella y consiguió después de una adecuada reorganización, la aprobación de sus nuevos Estatutos por el Cardenal Arzobispo de la Diócesis, Doctor Sáenz y Flores, el día 2 de marzo de 1895, consiguiendo el título de Pontificia, que otorgó la sede del Papado en Roma.

El Viernes Santo 12 de abril de 1895, se reanudó el desfile procesional. Durante la dirección del Imagen de la Virgen de la Soledad en las primeras dicadas del siglo XX. El rostrillo apenas se ve. El manto ahora es propiedad de la Hermandad del Descendimiento de Sevilla.capellán Manuel Pérez Pérez, los cortejos procesionales sufren una modificación, ya que se añade al cortejo de la Virgen de la Soledad (que lo hacía sola), el de María Magdalena en el Monte Calvario con la Cruz y los Sudarios (que representaba la nuevo paso). La imagen de la Magdalena, que fue adquirida en estos tiempos, tenía una cabellera natural y entre sus manos llevaba una corona de espinas. Este paso fue suprimido con el transcurso de los años.

En 1916, por unas reparaciones en su templo, salió de la Parroquia de Santiago, volviéndolo a hacer de nuevo en el período comprendido entre 1920 y 1923, hasta el año 1924, en que en la noche del día 7 de septiembre, terminadas las obras del templo-sede, fueron trasladadas las imágenes en solemne procesión.

La primitiva imagen de la Virgen se conserva en el Convento de Mínimas, siendo sustituida por la actual, obra del escultor Fernández Pomar, que la talló en 1703, por encargo del entonces Mayordomo de la Cofradía Don José Moreno.

Hace algún tiempo la Virgen de la Soledad salía por la puerta frontal del templo de la Victoria y caminando por la calle Ponce se dirigía por Guadalete hacia la Alameda Cristina, donde la esperaba la Hermandad en pleno de Jesús Nazareno y, haciendo intercambio de insignias como acto de hermanamiento, ofrecían a la Virgen coronas de flores que se le colocaban en los remates de los varales.

Al pasar la Virgen en su paso de palio, con manto negro isabelino sin bordar y saya blanca bordada en oro, se encontraba en la Plaza del Arenal con la procesión del Santísimo Cristo de la Expiración, que también solía llevar coronas de flores sobre el paso del Señor entre el salpicado de tulipas, e incluso sobre los brazos de la Cruz, y sobre los varales de la Virgen morena del Valle.

Era muy emocionante este encuentro pues ambas cofradías se situaban una frente a otra y se saludaban los pasos e intercambiaban coronas, algunas de las cuales dejaban al Señor de la Puerta Real en su humilladero. En estos encuentros solía oírse el lamento de la Trompeta Saetera que anunciaba el paso del Santísimo Cristo de la Expiración.

Por entonces iban vestidos los nazarenos de la Soledad con túnica negra con botonadura y remate púrpura, capuz negro, capa negra con escudo bordado en blanco con el anagrama de la Virgen y esclavina púrpura azulado. A la vuelta hacia su templo, acompañaban a esta Hermandad infinidad de devotos, poniéndose la calle Porvera completamente abarrotada de público mientras que de cada árbol de la calle pendían encendidas decenas de bengalas multicolores.

En la Iglesia se conserva una especie de retablo o tríptico, con molduras y pergamino, donde se hace constar las indulgencias que concedió la Santa Sede.

El canónigo de la Colegial, Sebastián Jiménez Barba, también capellán de la Iglesia de la Victoria, consiguió del Papa Benedicto la bendición apostólica para todos los hermanos, así como la indulgencia plenaria en el artículo de muerte.

Por los años 60 y 70 a la entrada en la Iglesia de la Victoria de esta Cofradía se colocaban reflectores de luces del Regimiento de Artillería 74 cuyos cañones de luz realzaban la misma.

En 1999 estrenaron ciriales, incensarios, navetas y pértigas para los acólitos y 20 insignias para presidencias, siendo estos trabajos realizados en Orfebrería San Francisco, de Sanlúcar de Barrameda.

Observaciones: La salida de la Catedral del misterio del Sagrado Descendimiento es increíble, ya que sus dimensiones son máximas, tanto a lo ancho como a lo alto. La recogida por la Porvera es una cita obligada.

Este año la Cofradía recupera el hermanamiento con otras Cofradías. Son la Buena Muerte, el Transporte y un hermano del Cristo de la Expiración que se les une sólo en la Carrera Oficial, concretamente de la Rotonda a la Catedral. La Virgen de la Soledad porta un clavo en las manos.

Dirección:
Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad
Calle Porvera, S/N
Jerez de la Frontera (Cádiz)
Teléfono: 956340489

Nuevo Horario (2001):

Salida del Templo: 20,30

Santo Domingo Cruz: 21,250

Santo Domingo Ultimo paso: 21,55

Presidencia Cruz: 22,35

Presidencia Ultimo paso: 23,05

Catedral Cruz: 23,05

Catedral Ultimo paso: 23,35

Fuera Catedral Cruz: 23,15

Fuera Catedral Ultimo paso: 23,45

Entrada Cruz: 02,30

Entrada Ultimo paso: 03,00

Nuevo Itinerario (2001): Ponce, Porvera, CARRERA OFICIAL, Plaza de la Encarnación, De la Rosa, Manuel María González, Plaza Monti, Plaza Arenal (lado derecho), Consistorio, Conde Cañete del Pinar, Plaza Plateros, Tornería, Plaza Rafael Rivero, Puertas de Sevilla, Porvera, Ponce.

Antiguo Horario (2000):

Salida del Templo: 19,35

Rotonda Cruz: 21,05

Rotonda Ultimo paso: 21,30

Presidencia Cruz: 22,00

Presidencia Ultimo paso: 22,25

Catedral Cruz: 22,30

Catedral Ultimo paso: 22,55

Fuera Catedral Cruz: 22,40

Fuera Catedral Ultimo paso: 23,05

Entrada Cruz: 02,25

Entrada Ultimo paso: 02,50

Antiguo Itinerario (2000): Ponce, Porvera, Larga, CARRERA OFICIAL, Plaza de la Encarnación, De la Rosa, Manuel María González, Plaza Monti, Plaza Arenal (lado derecho), Corredera, Plaza Esteve, Santa María, Cerrón, Honda, Larga, Porvera, Ponce.


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