La Masacre del teatro moscovita

(por Fernando Sánchez Gómez)

29-10-02


 
Indice
Los hechos
Ejecuciones sin juicio
Reacciones de los “líderes” occidentales
Rehenes y “víctimas colaterales”
Opacidad Informativa y ocultación criminal
¿Por qué los terroristas no volaron el edificio a las primeras señales del asalto?
La guerra de Chechenia y la ineptitud militar rusa.
Muchas muertes podrían haberse evitado.
La política del “Zar” Putin.

Los hechos

23-Oct-02: Un comando chechenio secuestra a unos 700 asistentes a una representación teatral en Moscú.

A cambio de su liberación piden el cese de la guerra en Chechenia, amenazando con ejecutar a los rehenes en caso contrario. Para ello, disponen de abundante armamento y explosivos suficientes para destruir todo el edificio.

Liberan a 37 caucásicos y algunos niños y ciudadanos occidentales.

26-Oct-02: Poco antes de expirar el plazo, la policía asalta el teatro tras bombear gas tóxico, matando a 50 secuestradores, y provocando la muerte de 117 rehenes por la inhalación de gas además de cientos de heridos.

29-Oct-02: La fiscalía de Moscú declara que 45 de los rehenes muertos tenían heridas de bala (aunque no aclaran si de los secuestradores o de la policía)

85 rehenes siguen desaparecidos, no aparecen en las listas de heridos ni de muertos.

Hasta aquí los hechos, pero conviene hacer algunas reflexiones: ¿no había otra forma de actuar? ¿era necesario optar por la vía violenta o existían otras posibilidades? ¿puede la policía utilizar a los rehenes como “víctimas colaterales”? Gorvachov se había ofrecido como mediador, ¿por qué Putin no quiso darle una oportunidad?

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Ejecuciones sin juicio

La policía ejecutó a los secuestradores con disparos en la sien mientras se hallaban inconscientes y no constituían ninguna amenaza ni para la policía ni para los rehenes.

Queda claro que Putin no quiere que se produzca un juicio en el que la versión de los chechenos salga a la luz, junto con la criminal actuación de los militares rusos.

Este modo de actuar no es precisamente el que uno espera de un régimen democrático, apoyado y financiado por La Unión Europea.

¿Y si los ejecutados hubieran sido rehenes disfrazados y forzados a llevar los explosivos? ¿y si de hecho lo son? La opacidad informativa del régimen ruso no permitirá conocer la verdad.

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Reacciones de los “líderes” occidentales

Lamentablemente, la independencia europea en política internacional es cada vez menor, y los partidos de derecha que gobiernan en muchos países europeos no sienten ninguna necesidad de defender los principios humanistas y progresistas que tradicionalmente asume la vieja Europa.

Muy al contrario, en plena cruzada “anti-terrorista” del tío Sam, hay que cerrar filas y defender al gobierno totalitario y mafioso del Zar Putin, que tantos negocios nos está permitiendo hacer en el amplio mercado ruso.

Desde luego, uno no espera que el gobierno chino o marroquí, (por citar dos de las dictaduras con las que tenemos buenas relaciones) vaya a dar la cara por los derechos humanos y a defender la negociación frente al gas tóxico, pero desmoraliza ver que los europeos tampoco damos ningún valor a la vida humana

La patética banda de dirigentes europeos, comenzando por Berlusconi y Aznar, se han apresurado a felicitar al gobierno ruso por su “hábil resolución” del conflicto.

La Europa antes defensora de los derechos humanos ahora cierra filas con los países que luchan contra el “terrorismo” por cualquier medio, a cualquier coste, caiga quien caiga, aunque las víctimas inocentes no mueran a manos de los secuestradores, sino de la policía que debería defenderlos.

¿Qué habrían dicho los líderes europeos si los chechenos hubieran matado a los rehenes? En ese caso, sin duda, lo habrían presentado como una muestra de la perversidad del fundamentalismo musulmán. Pero si los asesinos son nuestros aliados, la cosa cambia: “era necesario”, “no había otra salida”.... precisamente los mismos argumentos que esgrimen los terroristas de todo el mundo.

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Rehenes y “víctimas colaterales”

Si aceptamos el principio de que es aceptable matar a decenas de rehenes para acabar con los secuestradores y liberar al resto, quizá Aznar debería pedir a Putin que nos preste a sus unidades “de élite” para asaltar Euskadi entrando a saco y gaseando a sus habitantes.

Desde luego, morirán muchos inocentes, pero como decía Maquiavelo, “el fin justifica los medios” y así acabaremos con ETA.

Ya de paso, podrían bombardear Guernica; como los intelectuales están confortablemente instalados a sueldo del estado y mirando a otro lado, no hay riegos de que nadie pinte otro cuadro como el de Picasso.

Volviendo a Moscú: ¿habrían matado los secuestradores tantos rehenes como los que ha matado la policía?

Lamentablemente, los “cuerpos de élite” que asaltaron el teatro han dejado patente su mortal efectividad. Lástima que no diferenciaran entre víctimas y secuestradores.

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Opacidad Informativa y ocultación criminal

En la película “Estallido” protagonizada por Dustin Hoffman, Morgan Freeeman y Rene Russo, el ejército americano ocultó que tenía un antídoto contra una mortal enfermedad que había infectado a una ciudad entera. De este modo, la enfermedad podría seguir formando parte de su arsenal de armas bacteriológicas. Como es una película americana, tiene que acabar bien, y queda claro que sólo un oficial era el responsable de dejar morir a los ciudadanos.

En la realidad, la policía usa un gas tóxico cuya composición se niega a revelar a los médicos que intentan desesperadamente salvar la vida a los rehenes. Así pues, los hospitales dan palos de ciego intentando averiguar el mejor tratamiento contra los efectos de este gas, con la absoluta pasividad, o mejor, dicho, la criminal ocultación, de la policía.

Pero no es sólo eso, porque los familiares de los rehenes no tienen ninguna información sobre quién ha muerto, quién está ileso y quién hospitalizado.

En una opacidad informativa propia de tiempos anteriores a la Glasnot, o de la dictadura argentina, ¿tendremos que ver un nuevo movimiento como las “Madres de Mayo” buscando a sus hijos desaparecidos?

¿Por qué Putin no quiere que se sepa nada del estado de los rehenes?  ¿Qué tiene que ocultar?

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¿Por qué los terroristas no volaron el edificio a las primeras señales del asalto?

Si un comando armado secuestra cientos de rehenes, y amenaza con matarlos de no cumplir sus exigencias, uno se espera que en cuanto ataque la policía, los secuestradores pulsen el “botón rojo” y hagan explotar todo el edificio.

Al menos, supongo que eso es lo que pone el “manual del secuestrador”. Cuando no cumples las amenazas, difícilmente te tomarán en serio en la siguiente oportunidad, lo que dificultará los próximos objetivos.

Existen multitud de medios por los cuales un comando atrincherado puede detonar sus explosivos: desde interruptores que se pulsan a las primeras señales del asalto (disparos, ruidos, etc), hasta el típico dispositivo para medir el pulso que activa la bomba cuando muere su portador, pasando por sistemas que haya que pulsar a intervalos de varios minutos, etc....

Dudo que el gas usado por la policía fuera tan inmediato y fulminante como para no dar tiempo a que los secuestradores advirtieran alguna señal del asalto. Pero en todo caso, un cómplice en el exterior puede activar una bomba con una simple llamada a un teléfono móvil preparado a tal efecto. Y sabemos que la policía no había interferido las comunicaciones móviles, porque una rehén estuvo haciendo llamadas desde el interior.

Los chechenos saben que los dirigentes rusos siempre han ordenado el asalto armado en situaciones similares, por lo que resulta muy difícil pensar que no lo hubieran previsto en esta ocasión.

A la vista de estas cuestiones, parece claro que los “terroristas” nunca quisieron provocar la muerte de los rehenes.

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La guerra de Chechenia y la ineptitud militar rusa.

Afganistán fue el Vietnam de los rusos, y al igual que los americanos, necesitaban una operación militar exitosa para borrar la imagen de ineptitud militar que habían dado.

1994: La declaración de independencia de Chechenia en parecía una buena oportunidad, pero se convirtió justo en lo contrario. Se multiplicaron las bolsas de cadáveres de jóvenes soldados rusos que combatían sin ningún entusiasmo ideológico, aunque el régimen ruso siempre procuró ocultar la realidad a sus ciudadanos.

1994-96: Las tropas rusas se comportaron como auténticos invasores, destruyendo ciudades, bombardeando indiscriminadamente a las poblaciones, violando los derechos humanos, impidiendo la entrada de periodistas, etc...

EEUU y los países europeos consideran la guerra de Chechenia un asunto interno y se lavan las manos permitiendo la limpieza étnico-religiosa.

1995: Guerrilleros chechenos capturan un hospital tomando 1.500 rehenes. El ejército ruso asalta el hospital causando la muerte de 166 personas.

1996: Tras humillantes derrotas, el ejército ruso tuvo que retirarse y se celebraron elecciones en Chechenia.

1999: diversos atentados con bomba causan la muerte de unas 300 personas en Moscú. Putin echa la culpa a los chechenos e inicia la segunda guerra contra Chechenia.

2002: Un helicóptero ruso es derribado por los chechenos, matando a 118 soldados.

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Muchas muertes podrían haberse evitado.

Según declaraciones del director del Servicio de Información del Instituto Nacional de Toxicología (Español) al diario “El País”, la dosis de gas empleado por las fuerzas rusas ha sido excesiva, y en vez de provocar una inconsciencia de unas 4 horas, ha provocado la muerte de numerosos secuestradores y rehenes.

Los supervivientes podrían sufrir secuelas neurológicas y respiratorias.

Si el gobierno ruso hubiera instalado un hospital de campaña y una adecuada evacuación, se podría haber evitado muchas muertes.

Por otro lado, la negativa del gobierno ruso a facilitar a los médicos un antídoto, e incluso la más mínima información sobre el gas, hace que los hospitales sólo puedan aplicar tratamientos sintomáticos, que no atacan las causas del envenenamiento.

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La política del “Zar” Putin.

El frío ex agente de la KGB que lleva las riendas en el Kremlim no se distingue precisamente por su actitud democrática ni su talante negociador.

Este dirigente permite la existencia de violentas mafias que controlan la economía de la antigua URSS, donde la diferencia entre ricos y pobres (inexistente en el régimen soviético), ha crecido enormemente.

Aunque florece el dinero fácil para los mafiosos y los empresarios sin escrúpulos, han desaparecido el pleno empleo, la educación, la sanidad y la vivienda gratuita sin que exista un reparto de riqueza que pueda sustituirlas.

Después de años de economía comunista superburocratizada e ineficiente, los rusos padecen un hipercapitalismo salvaje que ha hundido en la pobreza a amplias capas de la población mientras una minoría se ha enriquecido ilegal e impunemente de la noche a la mañana.

Todo ello con el beneplácito de EEUU y la Unión Europea, a quienes le basta hacer nuevos negocios en un mercado tan amplio como el ruso.

Pero Putin ya demostró su estilo de gobierno en el hundimiento del submarino Kursk, donde 118 marinos rusos murieron por su negativa a aceptar ayuda internacional, negando la gravedad de los hechos hasta que fue demasiado tarde para rescatarlos con vida. En los funerales incluso pudimos ver cómo los policías anestesiaban a un familiar de la víctimas. Un accidente nunca aclarado, y una demostración más de que los nuevos dirigentes rusos no dudan en mentir y ocultar información para cubrir sus criminales actuaciones.

La política anti negociadora de Putin ha quedado patente en las diversas crisis que ha afrontado. Está claro que siempre prefiere echar mano a las armas antes que negociar, quizá porque entiende que la negociación es un síntoma de debilidad.

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