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Parte de Guerra

(Novela de política-¿ficción?)
Autor: Larry Beinhart
Editorial: Ediciones Bruguera - 1993.
ISBN: 84-406-5330-1

Contenidos:
El Plan de Guerra
Propaganda
Conspiración - Notas
Citas a pie de página (jugosas) 1
Citas a pie de página (jugosas) 2

 




El plan de guerra

(extraído del libro, pág. 279 y siguientes)


Así era la historia:
-Empezamos con una invasión. Repentina. Inesperada. Sin provocación. Los tanques cruzan una frontera indefensa. No se puede justificar bajo ningún concepto moral o bajo la ley internacional. Los invasores son brutos. Cometen atrocidades con las mujeres, los niños y la propiedad. Su líder es un nuevo Hitler. Un nuevo Hitler.
"En los últimos años se ha comparado con Hitler a mucha gente. Pero sólo han operado en sus propios países. Este tipo es distinto, tiene cierta tendencia a la conquista. Esta invasión es sólo el principio.
"En otros tiempos habríamos sido lentos de compresión, habríamos dicho: "No es asunto nuestro." Nos habríamos sentado a esperar.. hasta que bombardearan Pearl Harbor. Pero ahora no. Porque tenemos un líder que aprendió de la historia. Si hubiéramos detenido a Hitler en Checoslovaquia y a los japoneses en Manchuría, la Segunda Guerra Mundial no habría existido. Así que esta vez no, colega. Esta vez: nada de docilidad.
"Reunimos a los aliados. Están los ingleses, los franceses, nosotros y los rusos; todos juntos otra vez. En defensa de la Democracia, de la Ley y la Integridad de las Fronteras Internacionales. Tenemos al Gobierno en el Exilio del país invadido. Esta vez incluso los alemanes y los japoneses están con nosotros. Y todos los países pequeños. Las Naciones Unidas. Se te parte el corazón cuando ves todas esas banderas distintas ondeando con orgullo y desafiando al Tirano.
"Miren, el mundo entiende que el país invadido es el paria. Por mucho que nosotros seamos mucho más fuertes que el nuevo Hitler, estamos luchando por un paria. Luchamos por el paria.
"La siguiente fase es "La histeria previa al partido".
"Concentramos nuestras fuerzas. Y las de todos los aliados. Ustedes me perdonarán, pero opino que, si seguimos ciertas normas, hay muy pocos países en el mundo que puedan aguantar más tiempo que Panamá o Granada. Quiero que sepan que la seguridad es una de nuestras prioridades. Queremos que haya tan pocas bajas que parezca que habría muerto más gente si se hubieran quedado en casa o si hubieran estado en la carretera durante el fin de semana. Lo último que deseamos, y no dejaremos que ocurra, es que, semana a semana, en las pantallas americanas se vea cómo desfilan las bolsas con los cadáveres. En lugar de eso, mientras concentramos nuestras fuerzas, difundiremos en los medios de comunicación la enorme potencia y peligrosidad de nuestro enemigo. La dificultad de nuestra tarea. La devoción y heroicidad que requiere batir a ese fanático endurecido, bien armado, experto y asesino.
"Nuestro modelo para la guerra es la Super Bowl. La Super Bowl tiene un largo, largo período de precalentamiento. Sin contar con las eliminatorias, el calentamiento dura por lo menos dos semanas. Son 336 horas de calentamiento para un partido de sesenta minutos. Y funciona.
"Llega el gran partido. Entramos. Los vencemos. Como en un partido de fútbol de tres horas. Nos vamos a casa. Se acabó. Tenemos un desfile triunfal'.
Para dar entrada al siguiente paso, Hartman planteó a Beagle, como si fuera una pregunta de verdad:

-Bueno, detengámonos y hablemos del mundo real. ¿Podemos unir los elementos: Hitler, Polonia, aliados y victoria segura?
Beagle miró a los ojos al presidente. No se apresuró a contestar: "¡Sí!" Era importante transmitir que no se trataba de una versión enfermiza, oscura, posibilista y vaquera del heroísmo, al estilo de Oliver North.
-Algunas cosas deben darse por hechas. Estados Unidos puede ir a la guerra sin temer las consecuencias políticas negativas. Es un hecho. Podemos luchar una guerra casi sin tener bajas. Es un hecho. De modo que, en realidad, es sólo una cuestión de escoger el marco. No hablamos de algo nuevo, sino de escoger el marco con mayor efectividad. Cuando uno se da cuenta de eso, entiende que mi papel no es tan radical como parece. Bajo esa luz, estoy dispuesto a afirmar
que la respuesta es "sí". Un sí definitivo.
El campo de batalla debería ser en el Oriente Medio o en el norte de África, dijo Beagle, y explicó por qué". En consecuencia, había una considerable elección de Hitlers: Muammar al-Gadafi; Hafez al Assad, Sadam Hussein, Rafsanjani o (algo digno de tener en cuenta) algún ayatola nuevo.
Había muchas Polonias en potencia. Libia vuelve a invadir el Chad, o Sudán o Algeria, o incluso Egipto. Algeria podría invadir Marruecos. Irak podía atacar Arabia Saudita, Kuwait o Siria. Irán podía cruzar el golfo y meterse en los Emiratos Árabes, Oman, Kuwait, o íncluso Arabia Saudita. Siria invade Jordania.

-Vamos a entrar -dijo Hartman, dirigiéndose al presidente en un escenario que requiere a un maestro de la diplomacia. Alguien, que conozca personalmente a los jefes de Estado.
-Maggie Thatcher nos apoyará -dijo el presidente, pensando en voz alta-. Con Miterrand puedo pactar. Gorby, a decir verdad creo que nos necesita más que nosotros a él. Tenemos una gran ven taja en el hecho de que yo haya estado en Naciones Unidas.
-Estoy a punto de preguntarle -terció Baker- cómo espera convencer a uno: de esos jefes de Estado para que haga de Hitler en su película. ¿Y sí recuerdan que Alemania perdió y Hitler murió en un búnker? Me da la sensación de que le van a ofrecer una situación en la que no puede vencer y se ha de meter en ella sabiéndolo de antemano, por Dios.
-Nosotros vemos a Hitler como un villano -explicó Beagle-, Pero, de hecho, en el Oriente Medio mucha gente lo ve como un héroe. Admiran su fuerza. Creen en los mártires. Y además está el asunto judío. Por otra parte, es una apuesta a lo grande para jugar un papel importante en el orden mundial. En tercer lugar, enfrentarse a Estados Unidos, aunque sea para perder, convierte a cualquiera en un héroe en el mundo árabe. O sea que, aunque parezca una situación sin victoria posible desde nuestro punto de vista, desde allí se ve como una situación en la que no es posible perder. O sin duda se puede hacer que así parezca.
-Ahí es donde tienen la suerte de que yo sea el presidente -dijo Bush-. No bromeo. ¿Cuántos presidentes tendrían la experiencia, los contactos y el juicio suficientes para dirigir algo así? Han planeado algo muy complejo. Supongo que una guerra siempre lo es. Pero ésta incluye aliados y un enemigo y probablemente habrá que meter a la CIA y también a la ONU. No ha habido ningún otro presidente en Estados Unidos, absolutamente ninguno, que pudiera afirmar que había estado en la ONU, que la conocía por dentro. O en China, todo sea dicho. ¿Entienden lo que quiero decir?
Cuanto más lo oía, más le gustaba a Bush lo que habían preparado aquellos tipos de Hollywood. Le daba algo que hacer. Y George era un hombre de acción. Le gustaba hacer cosas. Resultaba extraño que como presidente, aunque no parara quieto ni un momento, nunca hiciera nada de verdad. En parte era porque estaba más o menos comprometido, en un sentido político, a no hacer nada. De hecho, a mantener el mandato de Reagan, que consistía en deshacer. Pero no era lo mismo para él que para su predecesor por diversas razones: ya se habían deshecho cosas, a veces demasiado, y se notaban las consecuencias, que demostraban que probablemente ya no había que deshacer más; de hecho, había que rehacer algunas cosas, pero él no podía hacerlo; en realidad no creía en deshacer; y, finalmente, no dormitaba tanto como Reagan, de modo que la ausencia de actividad constructiva, o siquiera destructiva, le pesaba en las manos.
-Siempre hago amigos. Tengo buenos amigos en todas partes porque la gente, incluso los extranjeros, sólo es buena gente. Me gusta la gente, de verdad. Quiero que sepan algo porque el pueblo no suele entenderlo: me gusta Ron. Es un gran tipo. Y nunca conocerán a un contador de historias tan bueno como él. Mucha gente pensaba que era difícil llevarse bien con él, pero no es verdad, sólo había que contarle chistes. Le encantan los chistes. Y a Barb le gusta Nancy. Le gusta, de verdad. Todavía le gusta. Sí tuviéramos tiempo, los invitaríamos a cenar. Y estoy seguro de que lo haremos más adelante. Pero estábamos hablando de los amigos. Estamos hablando de una guerra en el Oriente Medio y yo tengo amigos allá, de modo que será, más fácil que cooperen. Podría hablar por teléfono ahora mismo con Hosni Mubarak (lo está pasando mal allá en Egipto) y se pondría, a pesar de que a saber qué hora será en el Cairo ahora. ¿Alguien lleva un reloj de esos que indican la diferencia horaria? Lo que quiero decir, David, es que no se pondría porque yo sea presidente de Estados Unidos, sino porque sabe que George Bush es su amigo. Barb lo ha puesto en nuestra lista de felicitaciones de Navidad. Ya sé que no es cristiano, pero la Navidad no tiene nada que ver con eso. Hay que tener en cuenta la Navidad; sería un buen asunto montar la guerra para entonces. Siempre hay un millón de buenas historias en torno a las vacaciones. Los hombres de servicio (y las mujeres, no hay que olvidar a las mujeres de servicio, hacen un buen trabajo), lejos de casa, recibiendo cartas. Chicos sentados en torno a la mesa, una silla vacía donde normalmente se sienta papá; o mamá, da lo mismo. Alguien explica que papá tiene ciertas obligaciones por la seguridad del mundo para que no tengan que ir nuestros hijos.
-Ahí podría ocurrir algo glorioso -intervino Hartman-. Dejará usted su marca en la Historia. Por Dios, todo el mundo dice que se ha acabado el siglo americano. Creo que deberíamos demostrar a las plañideras, a todo el mundo, que Estados Unidos aún tiene mucho, mucho que decir. Me siento como sí acabáramos de empezar.
James Baker vio que Bush se decidía a montar la guerra del video. Si el presidente tragaba, su secretario de Estado tendría que tomar una decisión: que la guerra lo pillara al frente o que lo encontrara muy, muy lejos, en cuyo caso su máxima prioridad consistiría en asegurarse de que todo el mundo se enterara de que tenía tan poco que ver con eso como con la elección de Dan Quayle.
-¿Y si los medios de comunicación nos hacen lo mismo que en Vietnam? -preguntó.
-La cuestión estriba en que la guerra sea corta -respondió Hartman-. Tengo diversas teorías sobre el poder de la prensa y su manipulación, pero la premisa es que los medios siempre escriben lo que se les dice, de manera que si se les dice lo que quieren oír ellos lo transmitirán en sus informes. No se trata de censurarlos o de alejarlos de las fuentes. Si uno se mueve con la suficiente rapidez, se convierte en su única fuente.
"La dolorosa realidad -continuó Hartman- es que si la guerra de Vietnam hubiera durado un mes, la administración habría contado con el apoyo de los medios de comunicación.
"No quiero sonar absurdo, pero imagínense la Super Bowl. Ahora imaginen que no hay cuarto tiempo. De hecho, no hay final. Nadie sabe cuándo acabará el juego. juegan todo el día. Y siguen por la noche. Luego al día siguiente, la noche siguiente, toda la semana. En ambos equipos se producen más y más lesiones. Un equipo se adelanta. Luego el otro. No hay límite temporal. Ni de puntuación. Se limitan a arrastrarse por el lodo. Todos los titulares están lesionados. Luego se empiezan a lesionar los suplentes. Los entrenadores agarran a los que pasan por la calle, gente que no quiere jugar, y los meten en el campo. Y también acaban lesionados. Hay mucho lodo. Pronto, Estados Unidos se hartará de la Super Bowl.
"Incluso los periodistas deportivos, que son animadores a sueldo, al ver un partido tan largo se hartarán y, de puro aburrimiento, inventarán preguntas: ¿Es necesario que haya tantos heridos? ¿Tendría que acabarse el partido? ¿Por qué jugamos? ¿Debería prohibirse el juego? No tienen malicia. Pero no tienen nada más que hacer con su tiempo.
"Los críticos no se cargaron Vietnam. Era una pésima película. Duraba demasiado. La gente se iba del cine. La Segunda Guerra Mundial fue una gran película, una historia perfecta bien interpretada, con buen ritmo, y todo el mundo quería quedarse a ver el final.
Ahora el presidente andaba en pos de algo. Se levantó: empezó a caminar y a gesticular mientras hablaba.
Chicos, os voy a contar un secreto. Normalmente no lo haría. Me llevaría este secreto a la tumba. Pero creo que hemos llegado muy lejos los cuatro y no nos colgarían por separado; nos colgarían juntos. Y no es que nos vayan a colgar, sí habéis entendido nuestra verdadera motivación. Una ocasión para el liderazgo. Una ocasión para sacar a América de la enfermedad de Vietnam. Y para demostrarle al mundo que no somos un gigante mutilado o con los pies de barro, O como se llame eso; no somos un tigre de papel.
"Confíen en mí para escoger al tipo que hará de Hitler: Sadam Hussein. Es amigo mío. Sé que es una decisión de casting -dijo el presidente en tono bromista-, y espero que no te molestes si te piso el terreno, John. ¿Tus amigos te llaman John, o Linc?
-John está bien, señor presidente.
-Puedes llamarme George, no pasa nada. Sí alguna vez vamos juntos a cazar, podrás llamarme Bushie, ¿verdad, Jimmy? -Cuando el presidente se divertía, emergía su carácter jocoso. Pero luego regresaba a la faena-. Lo que intento deciros es que he tratado con toda esa gente. Creo que tengo la experiencia suficiente para juzgar con quién se puede negociar y con quién no. Hay asuntos secretos que no puedo contaros, pero Sadam Hussein, allá en Irak, podría ser el tipo ideal para apuntarse a ese papel de Hitler".
"Lo que más me gusta de Sadam es que sigue el juego como tiene que ser. Aceptó un trato y por Dios que se atuvo a él. Y no se fue de la boca con la prensa. No como los cabrones de Irán. Se fueron de la boca y nosotros quedamos como sí se nos hubieran mojado los pantalones". Y cuando descubrió que estábamos ayudando a Irán a luchar contra él... ¿acaso montó un número? No. Vino a nosotros y.. ¿sabéis qué dijo?
Dijo: "Eh, colegas, ya que hacéis eso, podríais darme más a mí. Para equilibrar el asunto. Me lo debéis." ¿Os dais cuenta de lo que digo? Con alguien así se puede negociar. A Sadam Hussein le podemos decir: "¿Qué tal si invades Kuwait? Serás un héroe en el mundo árabe, aún más grande que Hitler. Luego te declararemos la guerra y que gane el mejor." Le gustan las buenas peleas.
-Veo muchas imágenes -terció Beagle, cada vez más entusiasmado y ahora ya suficientemente relajado con el presidente para empezar a compartir sus sentimientos y su sabiduría-. Es la transmisión de operaciones de alta tecnología con medios de tecnología doméstica. Como los bombardeos nocturnos con infrarrojos. Hay algo absolutamente central, en términos de imaginaría, para esta producción. Sin duda sabrán que he tenido acceso a películas y vídeos del Pentágono, incluso asuntos secretos y quiero agradecérselo, me ha sido de gran ayuda. Tienen esas bombas inteligentes, guiadas por láser y por ordenador, que pueden dirigir sobre una moneda. 0 eso dicen. Quiero un plano de una de esas bombas inteligentes entrando por la chimenea de Sadam. Baja por la chimenea, luego el edificio entero se expande y.. ¡boom! Estalla. justo por la chimenea.
"Y eso le dirá a América que no se trata de una matanza, sino de una operación quirúrgica. Que atacamos objetivos militares, nada de mujeres y niños. Esto no es Vietnam. Ataques quirúrgicos. Y, maldita sea, les demostraremos en todos los televisores del país y, por satélite, en todos los televisores del mundo, que es pura cirugía.
-Yo lo veo así -interrumpió Bush-. Veo a un heroico piloto, ya sabéis que puedo ponerme en su lugar porque tuve mis momentos, no hace falta que os lo diga, todo el mundo lo sabe. Un piloto bombardero que vuela raso, por debajo de los radares enemigos. ¿Sabéis que llevan cámaras montadas en el morro de los cazas? Bueno, si es un bombardero la cámara va en el vientre, así saben si es verdad cuando uno afirma que ha acertado un objetivo, no porque se espere que ese tipo de jóvenes atrevidos que vuelan en las naves de velocidad supersónica, lo mejor de lo mejor, sean deshonestos. No, se supone que no. Y no lo son. Sin embargo, en el calor del combate, no siempre se puede estar mirando hacia abajo para ver dónde han caído las bombas y, mientras uno mira hacia delante para saber qué ha de hacer a continuación, va muy bien tener un registro,
-Claro que se puede hacer, George. Me encantan las filmaciones de los cazas y los bombarderos. Es un material perfecto. El truco para que parezca real es la tecnología doméstica. Ya sabéis que cuando la gente ve las viejas películas de la Segunda Guerra Mundial, siempre que aparece la película rayada, sucia y llena de manchas, todo el mundo sabe que es una filmación real de combate.
A Baker aún le preocupaba una cosa. Lo más importante. Era el argumento que se había guardado para cargarse todo el proyecto.
-¿Cómo diablos vamos a pagarlo? Eso se convertirá en una discusión pública. Quién paga la guerra.
-Señor secretario, señor presidente... -habló David Hartman. Estaba listo para esa pregunta-. En este asunto, Estados Unidos es el estudio. Cuando un estudio importante hace una película de, digamos, cuarenta millones de dólares, no se mete la mano en el bolsillo para sacar el dinero. Sería una locura. Supongamos que estarnos haciendo Catwoman, la tercera parte de Batman. Para empezar, el quince por ciento revierte en el estudio. Luego están los intereses de todo el dinero desde el primer día. Ya ven, sólo me he de preocupar de treinta millones de dólares.
"Si quiero, puedo cubrirlo con las ventas en el extranjero, televisión por cable y vídeo. Antes de empezar a rodar. Dos millones de Inglaterra; seis millones de Alemania; tres de Francia; dos de Italia; uno de Escandinavia; otro de España. Son quince. Necesito trece más. Reúno tres en Sudamérica, ocho en Japón y aún me queda África, Asia, Australia, la HBO, el programa Showtime y la Network TV.
"¿Ven adónde me dirijo? Sólo Estados Unidos puede producir esta película de verdad. ¿Quién la pagará? Eso depende de la guerra. El presidente dice que será contra Sadam Hussein. Digamos que invade Arabia Saudita.
"Digamos que va a costar cincuenta mil millones de dólares, Una buena parte es de gastos generales. Tenemos un ejército en marcha y unos reservistas, equipamiento, los generales y sus oficiales, las municiones y los tanques, miles de millones de dólares de material que pagamos tanto sí lo usamos como sí no. Vale, digamos, en plan conservador, que el cincuenta por ciento del coste de la guerra son gastos generales de verdad. Pero para nuestra contabilidad digamos que nuestros gastos generales son del veinte por ciento: diez mil millones de dólares. Hemos de encontrar cuarenta mil. ¿Cuánto creen que pagarían los saudíes por recuperar su país? ¿El cincuenta por ciento de sus beneficios por venta de petróleo en los próximos diez años? No les pediríamos tanto. ¿Qué tal quince mil millones? Más combustíble. Para los aviones, los tanques y los barcos. Déjenme que me adelante un momento. Piensen en la cantidad de armamento que comprarán después de esta guerra. ¡Uf! No queremos que nos vuelvan a invadir. Será mejor que dupliquemos nuestra fuerza aérea." Aviones. Repuestos. Formación.
"Bueno, contemos cinco mil millones de dólares cada uno para Kuwait, los Emiratos y Qatar. Nos quedan treinta mil millones.
"Mientras tanto, el día que Sadam entre en Riyadh, el precio del petróleo pasa de tres dólares y medio el barril a veinticinco. Treinta y cinco dólares el barril. Cincuenta dólares. El índice Nikkei baja dos mil puntos en un día". El señor secretario, Baker, coge el teléfono. Dice: "Señor primer ministro, ¿cuánto va a perder su país sí el petróleo se mantiene por encima de los treinta dólares? Mí ejército está dispuesto a entrar, aclarar las cosas y bajar el precio hasta un límite razonable, menos de diez dólares en cualquier caso. ¿Cuánto vale eso para Japón? ¿Vale cinco mil millones de dólares?"
""Señor Kohl, ¿cuánta gente va a conducir Mercedes y BMW con el depósito lleno a dos dólares el litro? ¿Qué va a pasar con el milagro económico alemán?"
"Yo digo -afirmó Hartman- que antes de que se dispare un solo tiro esta guerra estará pagada.
-Corregídme si me equivoco, pero creo que estoy muy de acuerdo con todo eso -señaló el presidente-. Según el guión de John Lincoln, ¿es la palabra adecuada en vuestra jerga? ¿Guión?; según su idea, esto es la invasión de Polonia y en este contexto Arabia Saudita sería el equivalente de Francia. Tal vez Francia e Inglaterra combinadas. No quiero que el asunto escape a nuestro control, no sé si me entendéis. Creo que lo que nuestro Hitler debe hacer es invadir algún sitio más pequeño y amenazar a Francia. Que sería Arabia Saudita. Ése sería el siguiente paso si no interviniéramos nosotros. Eso funciona incluso si el invasor no es Sadam y resulta que al final la nación agresora es Irán. Contra cualquiera de los pequeños países que hay por allí: Qatar, Kuwait, los Emíratos. Cualquiera sirve, ¿no os parece?
-Brillante, señor presidente. De eso estoy hablando. Exactamente de eso. Supongamos que es Irak. Entran en Kuwait. Parece que el siguiente paso será Arabia Saudita. Igual que los alemanes tomaron Polonia y todo el mundo sabía de sobras que el siguiente paso era Francia. En ese espacio, en la espera, es donde nosotros intervenimos. Perfecto, señor, perfecto.
Baker se había quedado callado mientras hablaba el presidente. Pero la idea de hacer la guerra con "Dinero de Otros" demostraba no sólo un par de pelotas, sino un par de pelotas bien pulidas y abrillantadas. Entonces habló.
-Eres un judío de Hollywood espabilado -le dijo a David Hartman-. Puedes llamarme Bubba.