Parte de Guerra(Novela de política-¿ficción?)
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(extraído del libro, pág. 279 y siguientes)
Así era la historia:
-Empezamos con una invasión. Repentina. Inesperada. Sin provocación.
Los tanques cruzan una frontera indefensa. No se puede justificar bajo ningún
concepto moral o bajo la ley internacional. Los invasores son brutos. Cometen
atrocidades con las mujeres, los niños y la propiedad. Su líder
es un nuevo Hitler. Un nuevo Hitler.
"En los últimos años se ha comparado con Hitler a mucha gente.
Pero sólo han operado en sus propios países. Este tipo es distinto,
tiene cierta tendencia a la conquista. Esta invasión es sólo el
principio.
"En otros tiempos habríamos sido lentos de compresión, habríamos
dicho: "No es asunto nuestro." Nos habríamos sentado a esperar..
hasta que bombardearan Pearl Harbor. Pero ahora no. Porque tenemos un líder
que aprendió de la historia. Si hubiéramos detenido a Hitler en
Checoslovaquia y a los japoneses en Manchuría, la Segunda Guerra Mundial
no habría existido. Así que esta vez no, colega. Esta vez: nada
de docilidad.
"Reunimos a los aliados. Están los ingleses, los franceses, nosotros
y los rusos; todos juntos otra vez. En defensa de la Democracia, de la Ley y
la Integridad de las Fronteras Internacionales. Tenemos al Gobierno en el Exilio
del país invadido. Esta vez incluso los alemanes y los japoneses están
con nosotros. Y todos los países pequeños. Las Naciones Unidas.
Se te parte el corazón cuando ves todas esas banderas distintas ondeando
con orgullo y desafiando al Tirano.
"Miren, el mundo entiende que el país invadido es el paria. Por
mucho que nosotros seamos mucho más fuertes que el nuevo Hitler, estamos
luchando por un paria. Luchamos por el paria.
"La siguiente fase es "La histeria previa al partido".
"Concentramos nuestras fuerzas. Y las de todos los aliados. Ustedes me
perdonarán, pero opino que, si seguimos ciertas normas, hay muy pocos
países en el mundo que puedan aguantar más tiempo que Panamá
o Granada. Quiero que sepan que la seguridad es una de nuestras prioridades.
Queremos que haya tan pocas bajas que parezca que habría muerto más
gente si se hubieran quedado en casa o si hubieran estado en la carretera durante
el fin de semana. Lo último que deseamos, y no dejaremos que ocurra,
es que, semana a semana, en las pantallas americanas se vea cómo desfilan
las bolsas con los cadáveres. En lugar de eso, mientras concentramos
nuestras fuerzas, difundiremos en los medios de comunicación la enorme
potencia y peligrosidad de nuestro enemigo. La dificultad de nuestra tarea.
La devoción y heroicidad que requiere batir a ese fanático endurecido,
bien armado, experto y asesino.
"Nuestro modelo para la guerra es la Super Bowl. La Super Bowl tiene un
largo, largo período de precalentamiento. Sin contar con las eliminatorias,
el calentamiento dura por lo menos dos semanas. Son 336 horas de calentamiento
para un partido de sesenta minutos. Y funciona.
"Llega el gran partido. Entramos. Los vencemos. Como en un partido de fútbol
de tres horas. Nos vamos a casa. Se acabó. Tenemos un desfile triunfal'.
Para dar entrada al siguiente paso, Hartman planteó a Beagle, como si
fuera una pregunta de verdad:
-Bueno, detengámonos y hablemos del mundo real. ¿Podemos unir
los elementos: Hitler, Polonia, aliados y victoria segura?
Beagle miró a los ojos al presidente. No se apresuró a contestar:
"¡Sí!" Era importante transmitir que no se trataba de
una versión enfermiza, oscura, posibilista y vaquera del heroísmo,
al estilo de Oliver North.
-Algunas cosas deben darse por hechas. Estados Unidos puede ir a la guerra sin
temer las consecuencias políticas negativas. Es un hecho. Podemos luchar
una guerra casi sin tener bajas. Es un hecho. De modo que, en realidad, es sólo
una cuestión de escoger el marco. No hablamos de algo nuevo, sino de
escoger el marco con mayor efectividad. Cuando uno se da cuenta de eso, entiende
que mi papel no es tan radical como parece. Bajo esa luz, estoy dispuesto a
afirmar
que la respuesta es "sí". Un sí definitivo.
El campo de batalla debería ser en el Oriente Medio o en el norte de
África, dijo Beagle, y explicó por qué". En consecuencia,
había una considerable elección de Hitlers: Muammar al-Gadafi;
Hafez al Assad, Sadam Hussein, Rafsanjani o (algo digno de tener en cuenta)
algún ayatola nuevo.
Había muchas Polonias en potencia. Libia vuelve a invadir el Chad, o
Sudán o Algeria, o incluso Egipto. Algeria podría invadir Marruecos.
Irak podía atacar Arabia Saudita, Kuwait o Siria. Irán podía
cruzar el golfo y meterse en los Emiratos Árabes, Oman, Kuwait, o íncluso
Arabia Saudita. Siria invade Jordania.
-Vamos a entrar -dijo Hartman, dirigiéndose al presidente en un escenario
que requiere a un maestro de la diplomacia. Alguien, que conozca personalmente
a los jefes de Estado.
-Maggie Thatcher nos apoyará -dijo el presidente, pensando en voz alta-.
Con Miterrand puedo pactar. Gorby, a decir verdad creo que nos necesita más
que nosotros a él. Tenemos una gran ven taja en el hecho de que yo haya
estado en Naciones Unidas.
-Estoy a punto de preguntarle -terció Baker- cómo espera convencer
a uno: de esos jefes de Estado para que haga de Hitler en su película.
¿Y sí recuerdan que Alemania perdió y Hitler murió
en un búnker? Me da la sensación de que le van a ofrecer una situación
en la que no puede vencer y se ha de meter en ella sabiéndolo de antemano,
por Dios.
-Nosotros vemos a Hitler como un villano -explicó Beagle-, Pero, de hecho,
en el Oriente Medio mucha gente lo ve como un héroe. Admiran su fuerza.
Creen en los mártires. Y además está el asunto judío.
Por otra parte, es una apuesta a lo grande para jugar un papel importante en
el orden mundial. En tercer lugar, enfrentarse a Estados Unidos, aunque sea
para perder, convierte a cualquiera en un héroe en el mundo árabe.
O sea que, aunque parezca una situación sin victoria posible desde nuestro
punto de vista, desde allí se ve como una situación en la que
no es posible perder. O sin duda se puede hacer que así parezca.
-Ahí es donde tienen la suerte de que yo sea el presidente -dijo Bush-.
No bromeo. ¿Cuántos presidentes tendrían la experiencia,
los contactos y el juicio suficientes para dirigir algo así? Han planeado
algo muy complejo. Supongo que una guerra siempre lo es. Pero ésta incluye
aliados y un enemigo y probablemente habrá que meter a la CIA y también
a la ONU. No ha habido ningún otro presidente en Estados Unidos, absolutamente
ninguno, que pudiera afirmar que había estado en la ONU, que la conocía
por dentro. O en China, todo sea dicho. ¿Entienden lo que quiero decir?
Cuanto más lo oía, más le gustaba a Bush lo que habían
preparado aquellos tipos de Hollywood. Le daba algo que hacer. Y George era
un hombre de acción. Le gustaba hacer cosas. Resultaba extraño
que como presidente, aunque no parara quieto ni un momento, nunca hiciera nada
de verdad. En parte era porque estaba más o menos comprometido, en un
sentido político, a no hacer nada. De hecho, a mantener el mandato de
Reagan, que consistía en deshacer. Pero no era lo mismo para él
que para su predecesor por diversas razones: ya se habían deshecho cosas,
a veces demasiado, y se notaban las consecuencias, que demostraban que probablemente
ya no había que deshacer más; de hecho, había que rehacer
algunas cosas, pero él no podía hacerlo; en realidad no creía
en deshacer; y, finalmente, no dormitaba tanto como Reagan, de modo que la ausencia
de actividad constructiva, o siquiera destructiva, le pesaba en las manos.
-Siempre hago amigos. Tengo buenos amigos en todas partes porque la gente, incluso
los extranjeros, sólo es buena gente. Me gusta la gente, de verdad. Quiero
que sepan algo porque el pueblo no suele entenderlo: me gusta Ron. Es un gran
tipo. Y nunca conocerán a un contador de historias tan bueno como él.
Mucha gente pensaba que era difícil llevarse bien con él, pero
no es verdad, sólo había que contarle chistes. Le encantan los
chistes. Y a Barb le gusta Nancy. Le gusta, de verdad. Todavía le gusta.
Sí tuviéramos tiempo, los invitaríamos a cenar. Y estoy
seguro de que lo haremos más adelante. Pero estábamos hablando
de los amigos. Estamos hablando de una guerra en el Oriente Medio y yo tengo
amigos allá, de modo que será, más fácil que cooperen.
Podría hablar por teléfono ahora mismo con Hosni Mubarak (lo está
pasando mal allá en Egipto) y se pondría, a pesar de que a saber
qué hora será en el Cairo ahora. ¿Alguien lleva un reloj
de esos que indican la diferencia horaria? Lo que quiero decir, David, es que
no se pondría porque yo sea presidente de Estados Unidos, sino porque
sabe que George Bush es su amigo. Barb lo ha puesto en nuestra lista de felicitaciones
de Navidad. Ya sé que no es cristiano, pero la Navidad no tiene nada
que ver con eso. Hay que tener en cuenta la Navidad; sería un buen asunto
montar la guerra para entonces. Siempre hay un millón de buenas historias
en torno a las vacaciones. Los hombres de servicio (y las mujeres, no hay que
olvidar a las mujeres de servicio, hacen un buen trabajo), lejos de casa, recibiendo
cartas. Chicos sentados en torno a la mesa, una silla vacía donde normalmente
se sienta papá; o mamá, da lo mismo. Alguien explica que papá
tiene ciertas obligaciones por la seguridad del mundo para que no tengan que
ir nuestros hijos.
-Ahí podría ocurrir algo glorioso -intervino Hartman-. Dejará
usted su marca en la Historia. Por Dios, todo el mundo dice que se ha acabado
el siglo americano. Creo que deberíamos demostrar a las plañideras,
a todo el mundo, que Estados Unidos aún tiene mucho, mucho que decir.
Me siento como sí acabáramos de empezar.
James Baker vio que Bush se decidía a montar la guerra del video. Si
el presidente tragaba, su secretario de Estado tendría que tomar una
decisión: que la guerra lo pillara al frente o que lo encontrara muy,
muy lejos, en cuyo caso su máxima prioridad consistiría en asegurarse
de que todo el mundo se enterara de que tenía tan poco que ver con eso
como con la elección de Dan Quayle.
-¿Y si los medios de comunicación nos hacen lo mismo que en Vietnam?
-preguntó.
-La cuestión estriba en que la guerra sea corta -respondió Hartman-.
Tengo diversas teorías sobre el poder de la prensa y su manipulación,
pero la premisa es que los medios siempre escriben lo que se les dice, de manera
que si se les dice lo que quieren oír ellos lo transmitirán en
sus informes. No se trata de censurarlos o de alejarlos de las fuentes. Si uno
se mueve con la suficiente rapidez, se convierte en su única fuente.
"La dolorosa realidad -continuó Hartman- es que si la guerra de
Vietnam hubiera durado un mes, la administración habría contado
con el apoyo de los medios de comunicación.
"No quiero sonar absurdo, pero imagínense la Super Bowl. Ahora imaginen
que no hay cuarto tiempo. De hecho, no hay final. Nadie sabe cuándo acabará
el juego. juegan todo el día. Y siguen por la noche. Luego al día
siguiente, la noche siguiente, toda la semana. En ambos equipos se producen
más y más lesiones. Un equipo se adelanta. Luego el otro. No hay
límite temporal. Ni de puntuación. Se limitan a arrastrarse por
el lodo. Todos los titulares están lesionados. Luego se empiezan a lesionar
los suplentes. Los entrenadores agarran a los que pasan por la calle, gente
que no quiere jugar, y los meten en el campo. Y también acaban lesionados.
Hay mucho lodo. Pronto, Estados Unidos se hartará de la Super Bowl.
"Incluso los periodistas deportivos, que son animadores a sueldo, al ver
un partido tan largo se hartarán y, de puro aburrimiento, inventarán
preguntas: ¿Es necesario que haya tantos heridos? ¿Tendría
que acabarse el partido? ¿Por qué jugamos? ¿Debería
prohibirse el juego? No tienen malicia. Pero no tienen nada más que hacer
con su tiempo.
"Los críticos no se cargaron Vietnam. Era una pésima película.
Duraba demasiado. La gente se iba del cine. La Segunda Guerra Mundial fue una
gran película, una historia perfecta bien interpretada, con buen ritmo,
y todo el mundo quería quedarse a ver el final.
Ahora el presidente andaba en pos de algo. Se levantó: empezó
a caminar y a gesticular mientras hablaba.
Chicos, os voy a contar un secreto. Normalmente no lo haría. Me llevaría
este secreto a la tumba. Pero creo que hemos llegado muy lejos los cuatro y
no nos colgarían por separado; nos colgarían juntos. Y no es que
nos vayan a colgar, sí habéis entendido nuestra verdadera motivación.
Una ocasión para el liderazgo. Una ocasión para sacar a América
de la enfermedad de Vietnam. Y para demostrarle al mundo que no somos un gigante
mutilado o con los pies de barro, O como se llame eso; no somos un tigre de
papel.
"Confíen en mí para escoger al tipo que hará de Hitler:
Sadam Hussein. Es amigo mío. Sé que es una decisión de
casting -dijo el presidente en tono bromista-, y espero que no te molestes si
te piso el terreno, John. ¿Tus amigos te llaman John, o Linc?
-John está bien, señor presidente.
-Puedes llamarme George, no pasa nada. Sí alguna vez vamos juntos a cazar,
podrás llamarme Bushie, ¿verdad, Jimmy? -Cuando el presidente
se divertía, emergía su carácter jocoso. Pero luego regresaba
a la faena-. Lo que intento deciros es que he tratado con toda esa gente. Creo
que tengo la experiencia suficiente para juzgar con quién se puede negociar
y con quién no. Hay asuntos secretos que no puedo contaros, pero Sadam
Hussein, allá en Irak, podría ser el tipo ideal para apuntarse
a ese papel de Hitler".
"Lo que más me gusta de Sadam es que sigue el juego como tiene que
ser. Aceptó un trato y por Dios que se atuvo a él. Y no se fue
de la boca con la prensa. No como los cabrones de Irán. Se fueron de
la boca y nosotros quedamos como sí se nos hubieran mojado los pantalones".
Y cuando descubrió que estábamos ayudando a Irán a luchar
contra él... ¿acaso montó un número? No. Vino a
nosotros y.. ¿sabéis qué dijo?
Dijo: "Eh, colegas, ya que hacéis eso, podríais darme más
a mí. Para equilibrar el asunto. Me lo debéis." ¿Os
dais cuenta de lo que digo? Con alguien así se puede negociar. A Sadam
Hussein le podemos decir: "¿Qué tal si invades Kuwait? Serás
un héroe en el mundo árabe, aún más grande que Hitler.
Luego te declararemos la guerra y que gane el mejor." Le gustan las buenas
peleas.
-Veo muchas imágenes -terció Beagle, cada vez más entusiasmado
y ahora ya suficientemente relajado con el presidente para empezar a compartir
sus sentimientos y su sabiduría-. Es la transmisión de operaciones
de alta tecnología con medios de tecnología doméstica.
Como los bombardeos nocturnos con infrarrojos. Hay algo absolutamente central,
en términos de imaginaría, para esta producción. Sin duda
sabrán que he tenido acceso a películas y vídeos del Pentágono,
incluso asuntos secretos y quiero agradecérselo, me ha sido de gran ayuda.
Tienen esas bombas inteligentes, guiadas por láser y por ordenador, que
pueden dirigir sobre una moneda. 0 eso dicen. Quiero un plano de una de esas
bombas inteligentes entrando por la chimenea de Sadam. Baja por la chimenea,
luego el edificio entero se expande y.. ¡boom! Estalla. justo por la chimenea.
"Y eso le dirá a América que no se trata de una matanza,
sino de una operación quirúrgica. Que atacamos objetivos militares,
nada de mujeres y niños. Esto no es Vietnam. Ataques quirúrgicos.
Y, maldita sea, les demostraremos en todos los televisores del país y,
por satélite, en todos los televisores del mundo, que es pura cirugía.
-Yo lo veo así -interrumpió Bush-. Veo a un heroico piloto, ya
sabéis que puedo ponerme en su lugar porque tuve mis momentos, no hace
falta que os lo diga, todo el mundo lo sabe. Un piloto bombardero que vuela
raso, por debajo de los radares enemigos. ¿Sabéis que llevan cámaras
montadas en el morro de los cazas? Bueno, si es un bombardero la cámara
va en el vientre, así saben si es verdad cuando uno afirma que ha acertado
un objetivo, no porque se espere que ese tipo de jóvenes atrevidos que
vuelan en las naves de velocidad supersónica, lo mejor de lo mejor, sean
deshonestos. No, se supone que no. Y no lo son. Sin embargo, en el calor del
combate, no siempre se puede estar mirando hacia abajo para ver dónde
han caído las bombas y, mientras uno mira hacia delante para saber qué
ha de hacer a continuación, va muy bien tener un registro,
-Claro que se puede hacer, George. Me encantan las filmaciones de los cazas
y los bombarderos. Es un material perfecto. El truco para que parezca real es
la tecnología doméstica. Ya sabéis que cuando la gente
ve las viejas películas de la Segunda Guerra Mundial, siempre que aparece
la película rayada, sucia y llena de manchas, todo el mundo sabe que
es una filmación real de combate.
A Baker aún le preocupaba una cosa. Lo más importante. Era el
argumento que se había guardado para cargarse todo el proyecto.
-¿Cómo diablos vamos a pagarlo? Eso se convertirá en una
discusión pública. Quién paga la guerra.
-Señor secretario, señor presidente... -habló David Hartman.
Estaba listo para esa pregunta-. En este asunto, Estados Unidos es el estudio.
Cuando un estudio importante hace una película de, digamos, cuarenta
millones de dólares, no se mete la mano en el bolsillo para sacar el
dinero. Sería una locura. Supongamos que estarnos haciendo Catwoman,
la tercera parte de Batman. Para empezar, el quince por ciento revierte en el
estudio. Luego están los intereses de todo el dinero desde el primer
día. Ya ven, sólo me he de preocupar de treinta millones de dólares.
"Si quiero, puedo cubrirlo con las ventas en el extranjero, televisión
por cable y vídeo. Antes de empezar a rodar. Dos millones de Inglaterra;
seis millones de Alemania; tres de Francia; dos de Italia; uno de Escandinavia;
otro de España. Son quince. Necesito trece más. Reúno tres
en Sudamérica, ocho en Japón y aún me queda África,
Asia, Australia, la HBO, el programa Showtime y la Network TV.
"¿Ven adónde me dirijo? Sólo Estados Unidos puede
producir esta película de verdad. ¿Quién la pagará?
Eso depende de la guerra. El presidente dice que será contra Sadam Hussein.
Digamos que invade Arabia Saudita.
"Digamos que va a costar cincuenta mil millones de dólares, Una
buena parte es de gastos generales. Tenemos un ejército en marcha y unos
reservistas, equipamiento, los generales y sus oficiales, las municiones y los
tanques, miles de millones de dólares de material que pagamos tanto sí
lo usamos como sí no. Vale, digamos, en plan conservador, que el cincuenta
por ciento del coste de la guerra son gastos generales de verdad. Pero para
nuestra contabilidad digamos que nuestros gastos generales son del veinte por
ciento: diez mil millones de dólares. Hemos de encontrar cuarenta mil.
¿Cuánto creen que pagarían los saudíes por recuperar
su país? ¿El cincuenta por ciento de sus beneficios por venta
de petróleo en los próximos diez años? No les pediríamos
tanto. ¿Qué tal quince mil millones? Más combustíble.
Para los aviones, los tanques y los barcos. Déjenme que me adelante un
momento. Piensen en la cantidad de armamento que comprarán después
de esta guerra. ¡Uf! No queremos que nos vuelvan a invadir. Será
mejor que dupliquemos nuestra fuerza aérea." Aviones. Repuestos.
Formación.
"Bueno, contemos cinco mil millones de dólares cada uno para Kuwait,
los Emiratos y Qatar. Nos quedan treinta mil millones.
"Mientras tanto, el día que Sadam entre en Riyadh, el precio del
petróleo pasa de tres dólares y medio el barril a veinticinco.
Treinta y cinco dólares el barril. Cincuenta dólares. El índice
Nikkei baja dos mil puntos en un día". El señor secretario,
Baker, coge el teléfono. Dice: "Señor primer ministro, ¿cuánto
va a perder su país sí el petróleo se mantiene por encima
de los treinta dólares? Mí ejército está dispuesto
a entrar, aclarar las cosas y bajar el precio hasta un límite razonable,
menos de diez dólares en cualquier caso. ¿Cuánto vale eso
para Japón? ¿Vale cinco mil millones de dólares?"
""Señor Kohl, ¿cuánta gente va a conducir Mercedes
y BMW con el depósito lleno a dos dólares el litro? ¿Qué
va a pasar con el milagro económico alemán?"
"Yo digo -afirmó Hartman- que antes de que se dispare un solo tiro
esta guerra estará pagada.
-Corregídme si me equivoco, pero creo que estoy muy de acuerdo con todo
eso -señaló el presidente-. Según el guión de John
Lincoln, ¿es la palabra adecuada en vuestra jerga? ¿Guión?;
según su idea, esto es la invasión de Polonia y en este contexto
Arabia Saudita sería el equivalente de Francia. Tal vez Francia e Inglaterra
combinadas. No quiero que el asunto escape a nuestro control, no sé si
me entendéis. Creo que lo que nuestro Hitler debe hacer es invadir algún
sitio más pequeño y amenazar a Francia. Que sería Arabia
Saudita. Ése sería el siguiente paso si no interviniéramos
nosotros. Eso funciona incluso si el invasor no es Sadam y resulta que al final
la nación agresora es Irán. Contra cualquiera de los pequeños
países que hay por allí: Qatar, Kuwait, los Emíratos. Cualquiera
sirve, ¿no os parece?
-Brillante, señor presidente. De eso estoy hablando. Exactamente de eso.
Supongamos que es Irak. Entran en Kuwait. Parece que el siguiente paso será
Arabia Saudita. Igual que los alemanes tomaron Polonia y todo el mundo sabía
de sobras que el siguiente paso era Francia. En ese espacio, en la espera, es
donde nosotros intervenimos. Perfecto, señor, perfecto.
Baker se había quedado callado mientras hablaba el presidente. Pero la
idea de hacer la guerra con "Dinero de Otros" demostraba no sólo
un par de pelotas, sino un par de pelotas bien pulidas y abrillantadas. Entonces
habló.
-Eres un judío de Hollywood espabilado -le dijo a David Hartman-. Puedes
llamarme Bubba.