Se han repetido en estos meses los casos de fraudes multimillonarios, algunos
de ellos protagonizados por el mismo hijo de Bush, que "lógicamente"
resulta inmune a las actuaciones judiciales.
Se han eliminado miles de empleos en las líneas aéreas y grandes
empresas que han aprovechado para hacer "limpieza" en sus plantillas,
empleos que no se recuperarán ahora que vuelven los niveles de tráfico
aéreo y con ellos, las ganancias de antes del 11-S.
Poca solidaridad se ve en estas grandes empresas, que no son capaces de "apretarse
el cinturón" ante la crisis y mantener a sus trabajadores en plantilla
en espera de tiempos mejores, que han tardado menos de un año en llegar.
Pero eso es el capitalismo, un sistema económico diseñado para
que los más ricos sigan aumentando sus ganancias, a costa de los trabajadores,
que no son considerados como humanos, sino como gastos de producción
que hay que abaratar. Y mientras la mitad de la población del país
más poderoso del mundo no puede pagarse un seguro médico, y crecen
las filas de los "sin casa", los grandes ejecutivos son aplaudidos
por ahorrar gastos despidiendo miles de trabajadores.