Bioacústica en Cetáceos

Trabajo realizado por Diego Maldonado Warden y Victor Alcalá Fernández para la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Cádiz, 1996

 

Ecolocalización

Fundamento acustico

Los sonidos como arma

Influencia del sonido ambiente en los cetaceos

Estudios de sonidos en distintas especies

¿Existe la ecolocalización en Misticetos?

 

BIOSONAR EN ODONTOCETOS

Todos los odontocetos presentan grandes depósitos de grasa en la cabeza y en la mandíbula inferior. Tales depósitos son únicos en el reino animal y notables por una serie de razones. En primer lugar, son bastante grandes en relación al tamaño del animal: representan una imnensa energía metabólica potencial, pero al parecer no se utilizan como tejidos de reserva. En segundo lugar, la composición química de esta grasa es notablemente diferente de la composición de las grasas corrientes del cuerpo y de las composición de las grasas que se ingieren con la dieta normal. En tercer lugar, la forma y la posición de estos depósitos tiene tanta importancia que se han producido importantes modificaciones en la forma y estructura del cráneo para hacerles sitio.

Estas estructuras, por tanto, representan un compromiso evolutivo que impone unas "penalizaciones metabólicas": inmovilizan gran cantidad de energía metabólica y valiosas reservas grasas y además han precisado de importantes modificaciones anatómicas. Para que la evolución haya conducido a ellas, tienen que tener una función muy importante que confiera grandes ventajas al animal.

Los mayores depósitos de grasa se encuentran en la frente, por delante del cráneo. En el cachalote, estos depósitos(el órgano de espermaceti) son enormes y pesan muchas toneladas. Casi todos los demás odontocetos tienen un órgano parecido pero de menor tamaño llamado melón. El otro gran depósito de grasa, que está en la mandíbula inferior, se halla justamente debajo de una zona donde el hueso es muy fino; esta grasa es de composición muy parecida al melón y llega hasta la zona del oído medio.

Estos animales no tienen orejas : reciben el sonido tanto por los oídos como por los tejidos de la cabeza, y sobre todo, con el cráneo que conecta directamente con el oído internio mediante unos senos que contienen una sustancia resultante de la mezcla de gases y mucus. Esta mezcla es muy buena aislante del sonido, de manera que aunque el cetáceo capte sonidos a través de toda la cabeza, el oído permanece aislado, excepto el estrecho canal auditivo.

Otras dos modificaciones estructurales de la cabeza de los odontocetos se cree que también están relacionadas con el sentido acústico. La primera es la reducción del número de dientes funcionales en comparación con sus primitivos antepasados. A medida que los odontocetos ancestrales iban perfeccionando su sistema de detección por sonido, se hizo mucho más fácil la captura del alimento y ya no se necesitan tanto los dientes para ello. El segundo cambio es el gran tamaño relativo del cerebro. La ecolocalización es un sentido muy complejo y requiere procesar mucha información. Ahora sabemos que una gran parte del cerebro de los odontocetos está dedicada únicamente al almacenamiento, proceso e interpretación de la información acústica referente a su entorno que les llega constantemente.

Se cree que la secuencia probable de acontecimientos durante la ecolocalización típica de los cetáceos es la siguiente :

1/ Durante la natación normal, sin ningún objeto específico de interés en las proximidades, se utiliza una señal general de baja frecuencia bastante constante. Esto actúa igual que la sonda de un barco, proporcionando al animal información sobre la topografía de la zona, la profundidad, los cambios en el tipo de fondo y la situación de la línea de costa. El radio de alcance vendrá determinado por el intervalo de tiempo que transcurre entre las señales (chasquidos) y la energía que contenga la señal.

Para que la ecolocalización sea eficaz debe recibirse cualquier posible eco de un chasquido (si existe) antes de emitir el siguiente chasquido. Por lo tanto, podemos calcular aproximadamente a qué distancia está mirando el cetáceo, si medimos el tiempo que transcurre entre dos chasquidos consecutivos, pues la velocidad del sonido en el agua es constante. El alcance máximo se supone que es por lo menos de 800 mts.

Este tipo de ecolocalización advierte también al cetáceo de la presencia de animales de gran tamaño en las proximidades.

Si analizamos los sonidos que estos animales emiten, vemos que están compuestos de una serie de pulsos sonoros cortos o clicks, con una duración de fracciones de un milisegundo. Estos los producen en trenes de 40 a 50 pulsos por segundo, siendo esto variable.

Uno de los primeros investigadores en estos sonidos de los Estados Unidos, John Dreher, definió algunos silbidos típicos, como por ejemplo los que emitían ante nuevos estímulos, ante la irritación,etc.

El aire, inspirado a través del espiráculo (orificio respiratorio), que permanece cerrado durante la inmersión, es conducido a través de un complicado sistema de "sondeo" compuesto por varias solapas vibrátiles y cámaras de resonancia que producen los ultrasonidos.

Estos se reflejan en la superficie del cráneo, que actúa a modo de reflector parabólico, dirigiendo el sonido hacia el melón. El melón actúa como una lente de sonido, de manera que dirige muy efectivamente los sonidos.

Los ecos de retorno son recogidos en la mandíbula inferior, donde hay un hueco a todo lo largo relleno de grasa de composición semejante a la del melón, y son conducidos al oído interno.

De ahí, en forma de pulsos nerviosos son enviados al cerebro y analizados.

La cantidad de tejido nervioso que conecta el oído medio con el cerebro de los odontocetos es más del doble que en el humano.

2/ Cuando se recibe un nuevo eco, lo primero es diferenciar de qué distancia proviene y recoger información más detallada del objeto en cuestión. El cetáceo emite una serie de chasquidos de distinta frecuencia cuyos ecos pueden proporcionar muchos tipos de información sobre el objeto. Las mayores frecuencias son las que dan más información, pero son rápidamente absorbidas por el agua y por lo tanto sólo son útiles a corta distancia.

3/ Una vez ha determinado la posición del objeto el cetáceo concentra en él sus señales. Esto mejora la eficacia de los sonidos de alta frecuencia y proporciona una imagen más detallada del objeto. También puede explorarlo con más detalle moviendo lateralmente la cabeza y obteniendo así información sobre su tamaño y movimiento.

4/ A medida que el cetáceo se acerca al objeto puede usar frecuencias mucho más altas en sus chasquidos y por lo tanto obtener información aun más detallada. En este momento los chasquidos son muy seguidos y producen lo que a nosotros nos parece una crepitación contínua.

5/ Por último, a una distancia muy corta puede ser necesario determinar la textura u otra información referente a la estructura fina.

En este caso se utilizarán frecuencias muy altas de muy poco alcance. Hay quien sostiene que la costumbre de poner el extremo del hocico en objetos o de coger los objetos con la boca está relacionada con este sistema acústico de corta distancia más que con el sentido del tacto.

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FUNDAMENTO ACUSTICO

Al aumentar la frecuencia del sonido, su alcance y poder de penetración disminuyen, pero su resolución aumenta; pero un objeto solo devolverá un eco, o lo que es lo mismo, una onda acústica sólo rebotará en un objeto si su longitud de onda es menor que dicho objeto.

Por ejemplo, una onda acústica de 100 KHz de frecuencia, tendrá una longitud de onda de 1.5 cm. Sin embargo, una de 10 KHz de frecuencia, tendrá una longitud de onda de 15 cm. Según lo que hemos dicho anteriormente, la onda de 100 KHz se propagará a menos distancia y penetrará menos que la de 10 KHz, pero la resolución que nos ofrece es mayor. De igual manera podemos decir que la de 10 KHz no detectará objetos de menos de 15 cm., mientras que la de 100 KHz podrá detectar objetos de hasta 1.5 cm.

De esto se deduce que los cetáceos usan ondas de bajas frecuencias para lograr largos alcances, y ondas de altas frecuencias para cuando tiene un objeto cerca y quiere analizar su estructura interna, para lo cual necesitará una alta resolución.

De las investigaciones llevadas a cabo a lo largo de los años por numerosos investigadores, sabemos que los sonidos emitidos por los cetáceos se pueden clasificar en :

-Sonidos de baja frecuencia como silbidos, chillidos y ráfagas de graznidos. Todos estos sonidos los usan solo para comunicarse.

-Sonidos de alta frecuencia llamados chasquidos. Estos son los que utilizan en procesos de ecolocalización.

Un estudio realizado por el científico Morris (1978), nos revela lo siguiente :

Se dedicó durante cinco años a grabar los sonidos emitidos por un delfín mular (Tursiops truncatus), que durante esos cinco años, tan solo una vez fue visto en compañía de otros delfínes. Se le puso el nombre BEAKY.

Se observó que cuando emitía sonidos, no soltaba burbujas, por lo que debe existir un circuíto cerrado por donde fluye el aire.

El sonido más típico era un "ping" o timbrazo a una frecuencia de 7 KHz., en forma de ráfagas, y con una duración de cada pulso de 0.1 a 0.2 segundos.

Lo más parecido que se encuentra es una eco-sonda, que emite pings equivalentes a frecuencias de entre 10 y 12 KHz.

Un sonido con una frecuencia de 10 a 12 KHz., tendría una longitud de onda de aproximadamente 15 cm., y sería rápidamente atenuado por un sedimento fangoso.

Sin embargo, uno de 4 a 7 KHz. nos daría información tanto de la profundidad como de la composición de la capa superficial del sedimento.

Se detectó un período de silencio entre los pulsos emitidos por Beaky de 0.6 a 0.8 seg. cada uno, por lo que se deduce que tendrían un alcance de 500 a 600 mts.

Además, se sabe que el delfín mular puede bucear hasta profundidades de 600 mts. como máximo, por lo que existe una correlación entre esto y el alcance máximo de los sonidos emitidos. Esto es lógico, pensando que si el animal se va a sumergir a límites tan arriesgados, sería un gasto ilógico de energía y un riesgo innecesario, hacerlo sin haberse cerciorado previamente de que abajo hay alimento.

Se sabe, por otros experimentos, que los silbidos y chillidos, sonidos de larga duración, solo se usan para comunicarse, y de hecho, de todas las grabaciones realizadas de Beaky, nunca se detectó ninguno de estos sonidos. Hemos de recordar que anteriormente hemos citado que Beaky, a lo largo de cinco años fue visto tan solo una vez en compañía de otros delfines.

Una de las observaciones más interesantes y novedosas de la investigación llevada a cabo con este simpático delfín, que por cierto, decían que parecía prestarse a la investigación, fue como examinaba objetos cuando los tenía muy cerca. Mostraba interés en examinar las cámaras submarinas, pelotas de aire..., y cuando estaba a 8 o 10 mts. del objeto abría y cerraba la boca con la cabeza apuntando al objeto. Si el objeto era pequeño, incluso lo mordía, pero no clavando sus dientes, sino tocándolo con la mandíbula inferior.

Se concluyó que estaba usando unos sonidos de corto alcance y muy alta frecuencia para obtener información detallada de la estructura del objeto en cuestión.

Esto podría tratarse de la parte de la ecolocalización que sustituye a nuestro sentido del tacto.

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LOS SONIDOS COMO ARMA

Hemos de decir que esto es una mera hipótesis, que aun no se puede asegurar nada.

Algunos científicos no creen suficiente la facultad de ecolocalización tan desarrollada que poseen los odontocetos para explicar el hecho de que cazen con tantísima destreza y facilidad peces rápidos en la oscuridad, por ejemplo; por ello, sugieren la hipótesis de que usan pulsos energéticos en forma de ráfagas de sonido para debilitar o aturdir a sus presas.

Los primeros en plantear esto fueron los rusos Bel`kovich y Yablokov (1963).

Berzin en 1972, dijo que solo se explicaba la habilidad para cazar de los cachalotes si aceptaba esta hipótesis, osea, que cuando el animal estaba cerca de la presa emitía sonidos pero a frecuencias mucho más elevadas, produciendo un rayo sonoro estrecho y corto que impedía a los calamares moverse, de manera que les resultase más fácil atraparles.

Pero a lo largo de estos años han ido surgiendo numerosos argumentos en contra de esta hipótesis, como por ejemplo, el hecho de que se necesitaría una cantidad tal de energía para paralizar a un calamar que un cetáceo no puede emitir en un sonido, y además, las frecuencias necesarias para producir tales sonidos disminuirían el poder de penetración en la presa y trastornar sus órganos principales, cosa que sería necesaria para debilitarla.

Hult (1982) y Norris y Mohl (1983) realizaron experimentos con delfínes mulares detectando una capacidad en ellos de desorientar a bancos de peces mediante los típicos "clicks" usados en la ecolocalización, y dicen, que el desarrollo de esta técnica de caza explicaría la dramático pérdida de la función de los dientes en los odontocetos comparado con sus antepasados ancestrales.

Norris y Mohl definieron que el límite letal en peces de pulsos de presión de alta intensidad producidos por explosivos, está entre 230 y 240 dB y para los calamares es de 246dB. Estos límites parece ser que pueden ser alcanzados por los delfínes mulares, por lo que Norris y Mohl creen que esto demuestra la hipótesis.

De todas maneras, las medidas de los límites letales no nos dan información acerca de la duración de los pulsos de presión.

Mientras mayor sea el pulso, mayor poder tendrán para producir daño biológico.

Pulsos de baja frecuencia (10 - 150 Khz) tenderán a causar mucho más daño a peces y calamares que los pulsos de alta frecuencia (150 - 300 Khz) pero tendrán que ser enfocados con más precisión ya que carecen de la direccionabilidad inherente de los sonidos de alta frecuencia.

Como vemos, aun no hay nada claro en este aspecto, pero no ha de descartarse la posibilidad de que esta hipótesis sea cierta.

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INFLUENCIA DEL SONIDO AMBIENTE EN LOS CETACEOS

Para analizar la influencia que pueden tener en los cetáceos los sonidos ajenos a ellos, vamos a basarnos en un estudio que se está llevando a cabo en la actualidad en Hawai y California, que comenzó a finales de 1995, y del cual tenemos ya algunos resultados preliminares.

El proyecto científico se llama ACOUSTIC THERMOMETRY OF OCEAN CLIMATE y está dirigido a analizar las capacidades auditivas de mamíferos marinos y tortugas en respuesta a sonidos generados por el hombre, como la pesca, explosiones..., a través de la emisión de sonidos generados por un ordenador-generador de rugidos, y la observación directa y simultánea de los grupos de cetáceos sometidos a dichos rugidos.

Las emisiones de sonidos en California comenzaron en Diciembre de 1995 y se llevaron a cabo según unas plantillas (flexibles) de entre 2 y 4 días, seguidos de por lo menos, 4 días de silencio dependiendo de las condiciones meteorológicas y oceanográficas. Durante los días de emisiones, se realizaba una de 20 minutos cada 4 horas.

Al amanecer y con condiciones meteorológicas favorables un equipo de campo de 4 personas comienzan las observaciones desde una estación en playa. Con prismáticos recigen y anotan toda la distribución y movimientos de barcos y cetáceos en el área de estudio. Mientras tanto el barco con el equipo generador de sonidos (J15-3) fondea a una milla de costa y una milla y media de la estación en playa. Cuando ha fondeado, el J15-3 se sumerge a una profundidad de 40 metros, y comienza la serie de emisiones.

Los de la playa escogen un grupo de ballenas que esté navegando hacia el barco emisor y observan su comportamiento (respiración, inmersiones, navegación...). Igualmente van recogiendo datos de otros grupos de ballenas y de otros animales y barcos dentro del área de estudio.

Para comenzar las emisiones, el grupo de ballenas en cuestión ha de ser observado continuamente por el equipo de playa durante al menos 25 minutos. Seguidamente, avisan a la estación flotante para que comienzen a emitir durante 25 minutos. En cualquier etapa del experimento se escoge la opción de emitir o la de silencio al azar, de manera que los observadores en tierra no saben si se está emitiendo o no, para evitar prejuicios. Una vez que acaban de emitir, el grupo de ballenas es observado hasta que salgan del campo de visión.

La velocidad del sonido detectada fue de 1500 a 1535 mts. / seg., por lo menos hasta los 60 mts. de profundidad, donde se encontró una pequeña termoclina que produce mas o menos una variación de 3 mts. / seg.

Después de un tiempo de recopilación de datos, y tras un exhaustivo análisis de los mismos, se ha llegado a las siguientes conclusiones:

  • El único sonido que se ha observado que afecte al comportamiento de los cetáceos es el producido por la cavitación de la hélice de los barcos.
  • Con respecto a los sonidos generados para el proyecto, la única pauta de comportamiento que se ha visto variada ha sido la velocidad de navegación.

Antes y durante las emisiones, la velocidad era constante, pero se observó que siempre que una vez que acababan, la velocidad de los animales disminuía considerablemente.

Este proyecto está aun realizándose, por lo que quedan muchas hipótesis por probar, y debido a ello, no hay resultados finales fiables, y los resultados preliminares expuestos, no se han llegado a analizar aun para determinar la causa de estos hechos.

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ESTUDIOS DE SONIDOS EN DISTINTAS ESPECIES

Investigadores soviéticos consideran que una particularidad del lenguaje de los cetáceos es su capacidad de combinar, con diverso grado de complejidad, algunos elementos indivisibles (algo por el estilo de fonemas o sonidos del alfabeto del habla humana) en secuencias complicadas de sonidos parecidos a palabras y frases. Los científicos señalan que existen determinadas regularidades en la estructuración de estas señales "frases" de los cetáceos : el carácter jerárquico en la utilización de algunos elementos del alfabeto, la estructura de bloque en la formación de señales complicadas, la existencia como mínimo, de tres y no menos de cinco niveles de agrupación de señales idénticas, etc.

Los científicos consideran que este tipo de formación de señales de los delfines es propio de los sistemas de comunicación del llamado tipo abierto (entre los cuales figura también el habla humana), que sirven para transmitir una información complicada. Pero, ¿son efectivamente capaces de utilizar los cetáceos las posibilidades tan amplias de su lenguaje ? Los autores de estas investigaciones tan curiosas de abstienen de responder por ahora a esta cuestión.

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¿EXISTE LA ECOLOCALIZACION EN MISTICETOS ?

Los odontocetos son los únicos cetáceos que han adquirido una verdadera capacidad de ecolocalización. Los misticetos (cetáceos sin dientes - con barbas) utilizan sonidos de baja frecuencia para comunicarse y crean "canciones" complejas. Pero si tienen algún sentido acústico comparable al de los odontocetos ha de ser, en el mejor de los casos, muy primitivo.

Hay algunos datos referentes a ciertas especies que emiten chasquidos de frecuencia bastante concreta y se ha propuesto que podrían tener la función del sonar : detectar objetos y determinar la profundidad. Sin duda esa información sería útil para los misticetos. Si por ejemplo, pudiera recibir información sobre la topografía del fondo durante sus largas migraciones estacionales a través de los mares, esto les permitiría reconocer determinados puntos característicos (montes submarinos, dorsales oceánicas, fosas profundas,...) y utilizarlas como hitos en su camino.

Esta es una de las técnicas que usa más frecuentemente el ser humano en la navegación submarina ; pero por el momento, si los misticetos pueden hacerlo o no, es pura conjetura.

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cetaceos@geisa.es