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No hubiera querido nacer en ningún otro sitio, en ningún otro lugar... sólo aquí... en ti... en mi adorado Santander... porque tú eres mi lugar... el que siempre deseé... el que me hace levantar la cabeza y sentirme maravillosamente afortunada... el que me da fuerza y hace que me sienta viva...
He crecido... oliendo tu Mar Cantábrico... he crecido oliendo tu verde hierba... sintiendo tu lluvia en mi cara... empapando mi pelo en el salitre de tu viento procedente de la mar... oyendo el romper de tus olas en los acantilados... Día tras día, noche tras noche... y cada manifestación tuya me encanta... Adoro todo lo tuyo... Te adoro de tal manera que he de decirte que en ocasiones, me he separado de ti... y he visto, otros prados, otros mares, otras calles... y mis ojos... creo que los distinguieron bellos... casi seguro... Pero ninguno me hizo sentir lo mismo que los tuyos... Y al regresar a ti... bien por mar, por tierra o aire... en cada momento, al poner mi pie en tu tierra que es la mía... tu bienvenida siempre ha estado presente... ese... "Hola, bienvenida... Ya estás en casa."... con un escalofrío que me recorre entera... Y de nuevo, te he olido... y de nuevo, te he sentido... y de nuevo, me he hecho la misma pregunta... Cómo pude irme??... Si sólo tuviera una visión que llevarme a otro mundo... sería de ti... Me llevaría... verte en un día de invierno despejado... en medio de la bahía... vislumbrándote toda entera... con tu nobleza en "La Península de la Magdalena"... con tus vecinos, Somo y Pedreña, resguardados por las montañas nevadas... con Peña Cabarga, que saluda altivamente diciendo: "Ven a mí, yo también tengo una muy bella imagen que ofrecerte"... y ya, por fin... los enigmáticos Picos de Europa que se alzan misteriosos para custodiarte... Esta visión es tan sobrecogedora... que no hay palabras que la puedan describir... cada vez que la aprecio, reafirmo mi amor por ti... y descubro lo que es pertenecer a "alguien"... y reconozco que te pertenezco a ti... Cuando el viento Sur te azota... las aguas de la bahía se baten agitadas... la nieve de las montañas desaparece... los árboles llegan a troncharse... y yo... me vuelvo loca... nerviosa... dolorida... me duele la cabeza... me encuentro mal... sé que te hace daño... El murmullo, a veces grito, de este viento te lástima..., todavía estás herida..., una herida que no cicatriza... la herida que este viento te hizo cuando incendió una gran parte de ti... El fuego avanzó rápido... y cayó la noche... te viste iluminada por la luz de las llamas y totalmente incomunicada... te viste inundada por el drama, los gritos... la angustia de la gente tratando de salvar sus recuerdos, sus enseres, con apenas tiempo para salvar su vida... y la impotencia de los bomberos ante la magnitud de la tragedia... perdiste calles enteras... viste como los muros de tus casas se hundían... como volaban aleros y balcones... formaste parte de un espectáculo patético, dantesco, cruel... sentiste durante dos días el fuego..., al que sólo mermaron los militares con la voladura de un edificio... y en ti declararon el Estado de Guerra... con angustia y con dolor... con veinte mil personas sin hogar y con cuarenta calles desaparecidas... con un trozo de tu historia que se perdió para siempre... Pero... tú... resucitaste y se abrieron para ti horizontes nuevos... con el conocimiento y la experiencia que te otorgó el dolor vivido... Valerosa, continuaste adelante, más bella aún que entonces... y con el mismo mensaje para el Viento Sur... no te tememos... pero te vigilamos...
Santander... Santander... Santander... el nombre más bello que jamás he oído...
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