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REQUERIMIENTOS EN NUTRICIÓN ARTIFICIAL |
El requerimiento energético es la cantidad de energía necesaria para realizar los procesos metabólicos, mantener la homeostasis y la temperatura corporal, cubrir el anabolismo y realizar la actividad física diaria. Las necesidades calóricas en el hombre están determinadas principalmente por tres factores: el gasto energético basal, el coste energético de la actividad física y el efecto térmico de los alimentos.
Gasto energético basal: El gasto energético basal corresponde al consumo de energía que se deriva del mantenimiento de las funciones vitales. Representa al menos dos terceras partes del consumo energético global (excepto en las personas con actividad física excepcionalmente intensa) y depende sobre todo de la edad, el peso, la talla y el sexo. Cabe diferenciar entre el gasto energético basal, también denominado metabolismo basal, y el gasto energético de reposo. El gasto basal se ha definido clásicamente como el gasto calórico medido por la mañana, después de un reposo prolongado, en ayunas, y en ambiente neutral. En algunas situaciones clínicas en las que el paciente no puede permanecer en ayunas se determina el gasto energético de reposo, que incluye el gasto energético posprandial residual. Las dos determinaciones difieren en menos del 10% y se utilizan indistintamente en la práctica clínica para estimar las necesidades calóricas. A partir de las mediciones directas del gasto energético basal de poblaciones sanas que están dentro de los límites de normalidad en cuanto al peso y la talla se han establecido ecuaciones para su cálculo teórico. En la práctica clínica se utilizan ampliamente las ecuaciones de HARRIS-BENEDICT 122, que contienen cuatro variables: edad, sexo, peso y talla:
Varones = 66,4730 + (13,7516 x Peso) + (5,0033 x Talla) – (6,7550 x Edad)
Mujeres = 655,0955 + (9,5634 x Peso) + (1,8496 x talla) – (4,6756 x Edad)
Efecto térmico de los alimentos: El gasto energético aumenta después de la toma de alimentos o nutrientes. Este aumento depende de la cantidad de energía consumida y de la proporción de cada uno de los macronutrientes administrados. El efecto térmico de la alimentación representa el gasto energético secundario a la digestión, la absorción y la utilización de los nutrientes por el organismo. El efecto térmico de los alimentos es mayor para las proteínas y menor para los glúcidos y las grasas. En una dieta mixta representa aproximadamente el 5-10% de las calorías ingeridas.
Actividad física: Después del metabolismo basal, la actividad física representa el segundo componente del gasto energético, pero en el caso que nos ocupa del paciente enfermo, no suele ser superior al 20 - 30%, considerándose del 10 % en el paciente encamado.
Requerimientos de proteínas, lípidos e hidratos de carbono
Requerimientos de proteínas: Las proteínas del organismo se degradan y resintetizan continuamente. Los aminoácidos liberados en la degradación se reutilizan en la síntesis, aunque algunos se transfieren al catabolismo oxidativo. Los productos metabólicos (urea, creatinina, porfirinas, etc.) se excretan principalmente por la orina y, en menor cantidad, por las heces, el sudor y otras secreciones corporales. Para reponer las pérdidas, el organismo necesita un suministro continuo de proteínas. El organismo es incapaz de sintetizar 9 aminoácidos, los cuales se consideran esenciales: histidina, isoleucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano, valina y leucina. Los requerimientos de proteínas dependen de su valor biológico. Éste se halla condicionado por el contenido en aminoácidos esenciales y es superior en el caso de las proteínas de origen animal. Los estudios para estimar los requerimientos proteicos se basan en la realización de balances nitrogenados de poblaciones. El equilibrio nitrogenado se consigue cuando el aporte de nitrógeno iguala las pérdidas. Si se aportan al organismo más proteínas de las necesarias para la síntesis de los distintos constituyentes, el exceso no se almacena sino que es degradado. En tal caso, la tasa de renovación proteica y la excreción de nitrógeno aumentan y los cetoácidos se utilizan como fuente de energía o son transformados en hidratos de carbono o grasas. Si se aportan menos proteínas de las necesarias, el organismo se adapta a esta situación disminuyendo la renovación proteica en los tejidos y reduciendo el catabolismo de los aminoácidos hasta llegar a un nuevo estado de equilibrio. Evidentemente, a partir de un límite, no se consigue el equilibrio y se produce un trastorno de la función tisular y la muerte. No se conoce exactamente en qué grado esta adaptación secundaria a aportes bajos de proteínas compatible con el mantenimiento del equilibrio nitrogenado es perjudicial para la salud. La cantidad de nitrógeno perdido cuando se administra una dieta exenta de proteínas pero energéticamente suficiente se denomina pérdida inevitable y corresponde aproximadamente a 57 mg/kg de peso. El balance energético del organismo influye en la utilización de las proteínas dietéticas y tisulares. Aunque no se ha establecido una relación numérica entre el gasto energético basal y las necesidades proteicas, la síntesis y la degradación de proteínas son sensibles al déficit energético y, por lo tanto, hay que tener en cuenta que las recomendaciones parten del supuesto de que el aporte energético es correcto. Mediante los estudios de balance a corto y largo plazo se ha estimado que las necesidades proteicas de un adulto medio son de 0,6 g/kg y día de proteína digerible (carne, leche, huevos y pescado). Teniendo en cuenta el coeficiente de variación de las necesidades proteicas entre los adultos, se considera que un 25% por encima de las necesidades fisiológicas medias, cubren las necesidades del 97,5% de la población. Por lo tanto, la cantidad recomendada es de 0,75 g/kg y día de proteínas de alto valor biológico.
Requerimientos de lípidos: El principal componente lipídico de los alimentos lo constituyen los triacilgliceroles o triglicéridos, compuestos de ácidos grasos y glicerol. El organismo puede sintetizar ácidos grasos saturados a partir de acil-CoA. Sin embargo, no puede sintetizar algunos de los ácidos grasos poliinsaturados por lo que deben ser aportados por la dieta. La importancia de estos ácidos grasos poliinsaturados, denominados esenciales, radica en el hecho de ser precursores de lípidos estructurales y de eicosanoides, como prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos, sustancias implicadas en diversos procesos fisiológicos y en el desarrollo de ciertas enfermedades. El ácido linoléico (C18:2 n-6) fue el primer ácido graso descrito como esencial. Los primeros casos de su deficiencia en adultos se describieron en pacientes hospitalizados sometidos a nutrición parenteral exenta de lípidos. Los signos consistieron en descamación cutánea, caída del pelo y alteraciones de la cicatrización de las heridas. Éstos pueden prevenirse mediante la administración del 1-3% de las calorías en forma de ácido linoléico, lo que corresponde para un adulto a la ingesta de 3-6 g/día. El ácido araquidónico (C20:4 n-6), al ser un derivado del ácido linoléico, sólo es esencial si existe carencia de éste. El ácido linolénico (C18:3 n-3) se considera también esencial, aunque no se han descrito casos claros de deficiencia en el hombre. Otros ácidos n-3 como el docosahexaenoico o el eicosapentaenoico pueden ser sintetizados a partir del ácido linolénico. No se han establecido aún las RDA para los ácidos grasos n-3 y n-6. Sin embargo, el Committee on Diet and Health del Food and Nutrition Board recomienda que el 7% de la energía deber ser aportado en forma de n-6. Algunos autores aconsejan que el consumo de n-3 sea del 10-25% de la ingesta de ácido linoléico. Estos autores consideran que un desequilibrio del cociente entre el consumo de ácido linoléico y el de ácido docosahexaenoico y eicosapentaenoico puede alterar la función plaquetaria y la respuesta inflamatoria normal del organismo.
Requerimientos de hidratos de carbono: Los principales hidratos de carbono de la dieta son los monosacáridos, los disacáridos como la fructosa, lactosa o sacarosa, y los polisacáridos, como almidones y fibra dietética. Los requerimientos mínimos de hidratos de carbono no están establecidos, ya que diferentes aminoácidos, el glicerol de la grasa y algunos ácidos orgánicos pueden convertirse en glucosa para ser suministrada a los órganos que la necesitan como sustrato energético. Sin embargo, una dieta carente de hidratos de carbono provoca un aumento de la lipolisis, la formación de cuerpos cetónicos y el incremento del catabolismo proteico. Estas consecuencias pueden prevenirse mediante la administración de 50-100 g diarios de hidratos de carbono.
Necesidades nutricionales en la enfermedad
La presencia de enfermedades puede alterar las necesidades cuantitativas y/o cualitativas de energía y nutrientes mediante diferentes mecanismos:
En las dos últimas décadas los requerimientos calóricos en enfermos críticos se han reducido hasta casi la mitad como consecuencia de cuatro factores 125.
Predicción y medición del gasto energético
El cálculo del gasto energético en la enfermedad se puede llevar a cabo a partir de la medición con la calorimetría indirecta o bien utilizando fórmulas validadas.
Calorimetría Indirecta: Es una técnica todavía cara, pero que puede realizarse a la cabecera del enfermo, que se basa en la medida del consumo de oxígeno, relacionado con la cantidad de calorías consumidas y de la producción de anhídrido carbónico como productos finales de la oxidación de los principios inmediatos energéticos. Para ello requiere una exacta medida del volumen inspirado y espirado, así como una precisa medición de la concentración de los gases 129, 130. Puede medirse por dos métodos, circuito cerrado y abierto, este último más usado por la mayor información aportada 131.
Se ha utilizado también la calorimetría indirecta circulatoria para el cálculo de los requerimientos, basándonos en el consumo de oxígeno, calculado mediante medición del gasto cardíaco y la diferencia arterio-venosa de oxígeno, y un cociente respiratorio fijo de 0,86, mostrando una buena correlación con la calorimetría respiratoria, pero con valores inferiores, en torno al 15% 132 - 135.
Actualmente la fórmula más aceptada para el cálculo de los requerimientos, en base a la calorimetría indirecta, es la de Weir 136, aunque Burzstein 137 la simplifica despreciando el valor del nitrógeno uréico, demostrando que el error que comete es menor al 2%. Wenstenskow 138 analiza los resultados con 9 fórmulas distintas mostrando que el error medio entre ellas varía entre 0 y 96 calorías diarias, sin significación clínica. Las principales causas de error son las posibles fugas de gases, conseguir una fracción de oxígeno estable, que sea menor del 60%, porque a partir de ahí se magnifican los errores, considerar igual los volúmenes inspirados y espirados, ignorar las interferencias del vapor de agua y no hacer calibraciones de los sistemas de medida de forma sistemática 54, 139.
La utilidad clínica de la calorimetría está todavía por definir 140, 141. Muchos autores la recomiendan 36, 142 - 150 sobre todo en pacientes críticos con el fin de evitar sobre o subalimentación, relacionadas ambas con complicaciones o peores resultados. Sin embargo otros autores como Saffle et al 151 describen que calculando los requerimientos mediante fórmulas, sobrealimentan a sus pacientes, pero no encuentran diferencias clínicas con pacientes cuyos requerimientos se guiaban mediante calorimetría. Bartlett 152 demostró su utilidad en cuanto a definir el pronóstico encontrando un 76% de mortalidad en los pacientes con un déficit calórico acumulativo de 10.000 calorías y Kresowik una diferencia significativa de mortalidad entre dos grupos de críticos, aquellos con balance calórico negativo y positivo 153 y desde el punto de vista de ahorro económico al ajustar los regímenes de alimentación artificial a los requerimientos 154, 155. En general se recomienda aportar el Gasto Energético en Reposo (GER) medido multiplicado por 1,1 ó 1,3 156 - 160 y utilizar la calorimetría en las siguientes situaciones 161, 162:
Compitiendo con la calorimetría indirecta hay más de 190 fórmulas 163 comunicadas hasta el momento para el cálculo del gasto energético en reposo, de las cuales la más utilizada es la descrita en 1919 por Harris y Bennedict 122, a la cual se aplican factores de corrección, variables según los distintos autores, ya que sobrestima el gasto energético hasta en un 15% en personas sanas y lo subestima entre el 50 y el 100% en pacientes enfermos y críticos.(Tabla I).
Cuando se utiliza esta fórmula como punto de referencia, diversos autores han encontrado, que sólo el 35-65% de los pacientes críticos muestran un patrón hipermetabólico, entre el 30 y el 50% son normometabólicos y hasta un 20% hipometabólicos 164 - 168. Pero existen diversos motivos que pueden hacernos pensar en una respuesta normo o hipometabólica como los siguientes:
Tabla 1 Cálculo requerimientos calóricos según distintos autores
| Autor | Tipo enfermo |
Cálculo GER |
Observaciones |
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Askanazi 175 |
18 Desnutridos 14 Sépticos desnutridos |
H-B x 0,79 H-B x 1,14 |
Reposo |
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Bouffard 181 |
20 IRA en VM |
H-B x 1,19 (0,7-1,7) En 10 sépticos H-B x 1,3 |
Basal |
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Bouffard 182 |
6 Pancreatitis postoperadas en VM |
H-B x 1,5 |
Continuo |
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Cortes 183 |
31 Postoperados en VM |
H-B x 1,32(1,2-1,7) |
Reposo |
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Dempsey 171 |
Trauma craneal + VM (10 pacientes con y sin barbitúricos) |
H-B x 0,86 ± 0,28 con barbitúricos H-B x 1,26 ± 0,36 sin barbitúricos |
Reposo |
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Forsberg 184 |
29 FMO |
HB x 1,36 ± 0,12 |
Continua 48h. |
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Frankenfield 185 |
26 trauma severo 30 sepsis |
H-B x 1,54 ± 0,23 H-B x 1,99 ± 0,39 |
Intermitente Reposo |
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Giovannini 180 |
33 postoperados sépticos 66 postoperados no sepsis |
H-B x 1,45 H-B x 1,34 |
Reposo |
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Hersio 186 |
30 quirúrgicos y trauma |
Trauma H-B x 1,3 Quirúrgicos H-B x 1,18 |
Basal |
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Hwang 187 |
15 sepsis 15 traumas |
HB x 1,65 HB x 1,5 |
Mediciones 2´-1h. |
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Ibañez 188 |
8 TEC |
H-B x 1,2 ± 0,08 |
Reposo |
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Kinney 140 |
Desnutrición Cirugía menor Politrauma Sepsis Pancreatitis Quemados |
H-B – 20-40% H-B H-B + 10-30% H-B + 30-60% H-B + 40-90% H-B + 50-110% |
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Koea 189 |
4 Sepsis con NPT 4 Nutrición Casa |
GET = H-B x 1,7-2 GET = H-B x 1,4 |
TEE (isótopos) |
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Kreymann 179 |
30 Sépticos |
Sepsis H-B x 1,55 ± 0,14 Síndrome Sepsis H-B x 1,24 ± 0,12 Shock séptico H-B x 1,02 ± 0,24 |
Reposo |
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| Long 53 |
Cirugía electiva Trauma esquelético Trauma cerrado TEC con esteroides Sepsis Quemados |
H-B x 1,24 ± 0,4 H-B x 1,32 ± 0,27 H-B x 1,36 ± 0,13 H-B x 1,6 ± 0,07 H-B x 1,79 ± 0,06 H-B x 2,31 ± 0,1 |
Medidas intermitentes 1 h. |
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Makk 167 |
26 críticos mezcla |
H-B x 0,7-1,4 |
Basal |
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Mann 190 |
50 críticos mezcla |
H-B x 1,16 (0,5-2) |
Basal |
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Marse 191 |
10 críticos mezcla |
H-B x 0,8-1,6 |
Reposo |
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Osborne 132 |
25 Cirugía Cardíaca |
H-B x1,12 |
Reposo |
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Palacios 192 |
20 críticos en VM |
HB x 1,5 |
Mínimo 1h. |
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Pereira 193 |
18 Quemados |
H-B x 1,56 |
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Raurich 194 |
30 MOF sedación y VM |
H-B x 1,27 ± 0,14 |
Medidas intermitentes |
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Raurich 195 |
15 TEC aislado 12 TEC con sedantes 12 TEC y politrauma |
Todos H-B x 1,2 30% H-B x 1,5 |
Reposo |
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Rodríguez 196 |
35 Traumas |
HB x 1,2 x 1,71 ± 0,23 |
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Royall 197 |
20 Quemados estables en VM |
Basal= HB x 1,38 Total= HB x 1,6 |
GER 4 h. |
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Rutten 117 |
Mezcla |
H-B x 1,3 |
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Saffle 151 |
29 Quemados 35% |
H-B x 1,47 Cureri x 0,76 |
Reposo |
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Swinamer 177 |
112 críticos en VM. |
H-B x 1,34 ± 0,19 (0,89-1,82) |
Basal sin nutrición |
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Swinamer 158 |
10 Críticos en VM (APACHE 23) |
GER = H-B x 1,47 (1,2-1,7) GET = GER x 1,1 |
Reposo y24 h. |
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Turner 198 |
35 Quemados (10-75%) |
H-B x 1,23 (1,33 si quemadura>20%) |
Reposo |
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Van Lanschot 168 |
25 quirúrgicos en VM |
H-B x 1,46 ± 0,17 |
24 h. |
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Van Lanschot 199 |
20 quirúrgicos en VM |
H-B x 1,43 ± 0,21 |
24 h. |
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Weissman 159 |
40 Postoperados en VM |
GER = H-B x 0,7-1,4 |
Reposo |
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Weissman 200 |
40 Postoperados en VM |
GER = H-B x 0,7-1,4 |
Reposo |
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Cualquiera que sea la fórmula utilizada, su medición individual puede provocar infra o sobrevaloraciones, ya que todas consideran el aumento de actividad metabólica debida a la enfermedad, como un factor fijo, cuando este puede tener amplias variaciones interindividuales, aunque se trate de la misma enfermedad 201, 202. En el paciente crítico se ha recomendado la aplicación de un factor único entre 1,15 y 1,30 178, una cantidad de calorías por Kg de peso 203 o incluso la administración de una cantidad calórica diaria fija 157, dado que se ha encontrado que comparando estos métodos con la medición mediante calorimetría indirecta se encuentra el mismo error, en torno al 10 168- 18% 157. Algunos autores recomiendan que en ausencia de calorimetría, los distintos métodos de cálculo son innecesarios 204.
Requerimientos de carbohidratos y lípidos
Una vez establecida la cantidad de calorías a administrar, hay que decidir la composición del soporte nutricional. La glucosa es el substrato preferido por diferentes sistemas vitales, incluyendo el sistema nervioso central, eritrocitos, células inmunitarias y tejido lesionado 205, 206. En sanos el requerimiento mínimo diario es aproximadamente de 200 g/día. La producción basal endógena de glucosa se estima alrededor de los 250 g/día o 2,5 mg/kg/min. La infusión de glucosa exógena a esta velocidad reducirá la producción endógena y ahorrará nitrógeno al suprimir la neoglucogénesis a partir de los aminoácidos, dejando el nitrógeno para la síntesis proteica. En el estrés la producción endógena se duplica, disminuyendo la respuesta al aporte exógeno. En esta situación, aportes superiores a 5 mg/kg/min se asocian a altos cocientes respiratorios(RQ), lipogénesis, esteatosis hepática y aumento en la producción de carbónico 31, 206, 207, recomendándose no sobrepasar los 4 mg/kg/min que representa 23 calorías/kg/día 206. Esta cantidad se deberá ajustar para aportar el 40-60% de los requerimientos calóricos totales o el 50-70% de los requerimientos calóricos no proteicos 36, 208. En situaciones de estrés importante, con glucemias elevadas puede ser útil el uso de mezclas de carbohidratos con xilitol, sorbitol, fructosa o glicerol u oligosacáridos por su mejor utilización, buen ahorro proteico y descenso de cetonas 209, 210. Sus ventajas teóricas son la menor hiperglucemia, menor osmolaridad y menores necesidades de insulina 205.
En cuanto a los lípidos, sus funciones son las de aporte calórico, ser componente estructural de las membranas celulares, efecto inmunoregulador y precursores de los mediadores derivados de los eicosanoides (prostaglandinas y leucotrienos), facilitan el transporte de vitaminas liposolubles y actúan como aislantes en las lesiones térmicas y traumáticas, aunque también pueden actuar como oxidantes y peróxidos lipídicos contribuyendo al daño celular 207. En nutrición artificial son una fuente importante de aporte energético y de ácidos grasos esenciales, permitiendo reducir la cantidad de carbohidratos a administrar 205, 206, 210. En situaciones de estrés moderado tanto las grasas como la glucosa tienen efectos similares en cuanto al ahorro proteico. En estrés más severo la glucosa tiene mayor efecto ahorrador no siendo influenciado por los lípidos que tienen un efecto ahorrador de los lípidos endógenos. El aporte diario nunca debe exceder los 3 g/kg/día por los efectos secundarios, recomendándose aportar 0,5-1,5 g/kg/día, constituyendo el 20-30% del aporte calórico total y el 30-50% del aporte calórico no proteico 36, 208. Entre los posibles efectos secundarios se han comunicado esteatosis a dosis altas y en ausencia de aporte de ácidos grasos esenciales, respuesta alterada del sistema retículo endotelial, descenso de la síntesis de inmunoglobulinas y depresión de la inmunidad celular, trombocitopenia, embolismo graso y disfunción pulmonar 206, que no suelen aparecer a las dosis recomendadas actualmente 205. La adición de triglicéridos de cadena media mejora la utilización y el aclaramiento de los lípidos, disminuyendo la infiltración hepática 209, 210. Los ácidos grasos poliinsaturados w -3 pueden mejorar la respuesta inmune y disminuir la producción de prostaglandinas, leucotrienos y factor activador de las plaquetas 32, 210. La carnitina, necesaria para el transporte de los ácidos grasos de cadena larga dentro de la mitocondria, mejora la utilización de los mismos.
Como ya hemos explicado anteriormente, las necesidades mínimas de un sujeto normal, se encuentran alrededor de 0,6 g/kg/día de aminoácidos 211. En el sujeto enfermo estos cálculos pueden aumentar notablemente según la patología presente. En desnutrición el incremento del aporte proteico permite la recuperación de las proteínas viscerales y la masa muscular, recomendando actualmente 1,2 – 1,5 g/kg/día 73 de aminoácidos o 0,19 g/kg/día de nitrógeno, con un aporte energético adecuado 212, alrededor de 150 calorías por g de nitrógeno 213. En estados catabólicos y según el nivel de estrés se recomienda 1.5 214, 2.1 y hasta 2,5 – 3 g/kg/día de aminoácidos 31, 54, 208 ó 0.24, 0.33 y 0.4 205 g/kg/día de nitrógeno respectivamente, que deben acompañarse de un aporte calórico adecuado con una relación kcal/g de nitrógeno descendente, de 150 hasta 80, desde estados de desnutrición a los grados más intensos de estrés 215.
El estado hipercatabólico y la sepsis se caracterizan por un marcado balance nitrogenado negativo, que en pacientes sin aporte proteico puede llegar y sobrepasar los 30 g diarios, y aunque con el soporte nutricional podemos aumentar significativamente la retención de nitrógeno, aumentando la síntesis proteica 216, en muchos casos es imposible generar un balance cero o positivo 32, 217, 218 dependiendo del grado de estrés 219, 220, que no mejora hasta que desciende el catabolismo proteico. La cantidad óptima para la máxima estimulación de la síntesis proteica permanece todavía en la controversia, por ello la finalidad en este tipo de enfermos es la de minimizar las pérdidas nitrogenadas. Se recomienda, que el 20% del aporte nutritivo se haga en forma de proteínas, lo cual corresponde a 1.5-2 g/kg/día 70, 206, 208, 221 - 226 de aminoácidos 220, 227. Aportes superiores han sido recomendados por algunos autores 13, 31, 205, 225, 228 - 230, pero sus beneficios permanecen sin probar. Streat encuentra en sépticos postoperados, que persiste la pérdida de masa magra corporal a pesar de un soporte nutricional agresivo con altos aportes de nitrógeno 231. Sin embargo Smith compara dos regímenes nutricionales con alto aporte energético y de 0,27 y 0,36 g/kg de nitrógeno respectivamente, encontrando un aumento tanto en el compartimento graso como en el proteico, en el régimen de alto contenido proteico, con pérdida del compartimento proteico en el otro, después de 14 días de nutrición 232. La duda que persiste, en los casos de grandes pérdidas nitrogenadas a lo largo del tiempo, es si el balance nitrogenado puede mejorarse con mayores aportes de nitrógeno.
En 1979 Long et al 53 midieron las pérdidas de nitrógeno en distintos tipos de pacientes encontrando perdidas de 0,21 ± 0,027 gr/kg de peso en cirugía electiva, 0,31 ± 0,018 en trauma esquelético, 0,32 ± 0,055 en trauma cerrado, 0,33 ± 0,1 TEC con esteroides, 0,36 ± 0,06 en sepsis y 0,37 ± 0,035 en quemados. Shaw 216 encuentra, en pacientes sépticos, pérdidas nitrogenadas de 0,35 ± 0,016 g/kg, sin encontrar mejorías con aportes superiores a 0,24 g/kg, a diferencia de otro estudio del mismo autor con pacientes malnutridos, en los que encuentra que el aumento de aporte nitrogenado, a balance energético equilibrado o positivo, se correlaciona con la retención de nitrógeno 233. Greig 218 muestra que en pacientes sépticos el aporte de una dieta de nitrógeno con 0,36 g de nitrógeno por kg de peso no muestra efectos beneficiosos sobre la mitad del aporte, aunque el estudio se realiza con un bajo numero de enfermos y se obtiene una mejoría de 10 g de nitrógeno en seis días, mostrando también una aumento del gasto energético en los pacientes con alto aporte. Larson 217 de forma similar, aporta datos de que en un grupo de traumatizados y quemados, el balance nitrogenado y la retención de nitrógeno aumenta con aportes de nitrógeno de 0,20 g/kg de peso, no optimizándose con aportes superiores de hasta 0,3 g/kg de peso. Iapichino encuentra mejoras del balance nitrogenado en pacientes críticos, con valores de aporte de nitrógeno desde 0,16 a 0,25 g/kg 234.
Muchos autores afirman, que en altos grados de estrés, el aporte proteico en forma de alta proporción de aminoácidos ramificados reduce la resistencia a la insulina, mejora el balance nitrogenado, fomentando el ahorro proteico y aumentando la síntesis proteica. También reducen la liberación de aminoácidos aromáticos, normalizando la relación plasmática entre los dos tipos de aminoácidos y revierten la encefalopatía en la insuficiencia hepática 235 – 237 y en la sepsis 28, 30, 208 - 210, aunque no existen todavía conclusiones definitivas por los distintos resultados de diferentes estudios 238.
En situaciones de fallo renal agudo, las recomendaciones actuales indican utilizar los mismos criterios que en pacientes sin insuficiencia renal, aplicando las técnicas dialíticas cuando sean precisas, aún aumentando la frecuencia de las mismas. En bajos grados de estrés pueden usarse durante períodos cortos, aminoácidos esenciales y a dosis bajas 0,6-0,8 g/kg/día 239 - 241, para no aumentar la necesidad de diálisis.
Requerimientos de oligoelementos 242, 243
No es objetivo de este trabajo el entrar en la controversia sobre requerimientos de oligoelementos y vitaminas, mostrando únicamente algunas de las recomendaciones, que suelen estar cubiertas en los productos de nutrición enteral y que se cubren en nutrición parenteral con preparados específicos. En general no se suelen encontrar deficiencias más que en situaciones de soporte nutricional prolongado.
Tabla 2 Requerimientos de algunos oligoelementos

Las necesidades de vitaminas durante la nutrición artificial se conocen mal debido a que no existen métodos fiables para evaluar dichas necesidades en las diferentes situaciones patológicas. El aporte se efectúa de manera empírica utilizando mezclas polivitamínicas 242. En el cuadro siguiente mostramos las necesidades vitamínicas para adultos de 23 a 50 años. En el caso de aporte intravenoso los datos son de la Asociación Médica Americana 243.
Tabla 3 Requerimientos Vitamínicos
