El cambio climático y la impotencia ecologista
El
cambio climático es un tema recurrente. Se habla de él en prensa y televisión.
Se elaboran informes y celebran debates. Hay planes y acuerdos internacionales
como el 'Protocolo de Kyoto' y hasta un mercado de derechos de emisión de
gases... Y el sistema sigue como si nada ocurriera. Los compromisos no se
cumplen, las cifras se falsean, las consecuencias se disimulan. Los informes
científicos son contradictorios y hay que constatar que algunos sirven más para
embrollar que para clarificar la situación, negando la evidencia, abrumando con
datos históricos contradictorios o lanzando teorías de origen 'natural' para el
cambio climático -cambio en los ciclos solares, en el magnetismo, en el eje de
rotación de la Tierra, una glaciación sobrevenida por agentes cósmicos..-. Hay
que recordar que durante los años 80 y 90 también había numerosos expertos
negando la influencia de la actividad humana en el agujero del ozono. ¿Por qué?
Hemos comentado anteriormente que no hay
desastres puramente 'naturales'. La actividad humana ha alterado de tal modo
las interacciones del medio natural en toda la Tierra de tal modo que las
catástrofes climáticas vienen precedidas y agravadas por la presión humana
sobre el medio natural.
El año 2005 resultó un record de desastres,
con terremotos en Indonesia, Irán y Cachemira tras el tsunami en el Indico;
inundaciones en China, Pakistán y Europa Central.
Luego tifones y huracanes sucesivos barren el
Caribe y la cuenca del Pacífico (hsta se agotan los
nombres que los científicos tienen preparados para ellos y empiezan a usar el
alfabeto griego para enumeralos). Hay cientos de
miles de muertos, millones de viviendas perdidas, ciudades enteras arrasadas
-incluso en Estados Unidos, como New Orleans-. Florida, Colombia, Honduras, Guatemala y otros
muchos países sufren graves daños.
En todas partes se evidencia la impotencia y
desolación ante la fuerza de la naturaleza que, simplemente se reequilibra
violentamente de los cambios inducidos por la explotación humana. 2005 no tiene
precedentes en cuanto a desastres meteorológicos se refiere.
Representa un cambio cualitativo que abre un
período de incertidumbre desconocida y confirma que los cambios producidos por
el calentamiento global del planeta son mucho más rápidos y profundos de lo que
se había llegado a estimar hasta ahora, quizás una nueva época histórica
caracterizada por el desequilibrio y la vulnerabilidad ante los fenómenos
meteorológicos.
¿Qué es el cambio
climático?
El clima de la tierra ha sido siempre
variable y ha sufrido distintos períodos diferenciados. Lo novedoso no es la
variabilidad del clima sino lo extremo de sus manifestaciones en los últimos
cincuenta años, inducida sin género de dudas por la creciente influencia
acumulada de la actividad humana y sus consecuencias.
Las concentraciones crecientes de los seis
tipos de gases que producen el efecto invernadero, sobre todo el CO2 originado
por la industria y el transporte cuya fuerza motriz procede de la combustion de carburantes fósiles, y la incidencia
simultánea de la desaparición de las masas forestales que servían de sumidero
para el anhídrido carbónico han dado por resultado un aumento constante de la
temperatura media atmosférica de 0,6 grados, con un ascenso pronunciado desde
1990 que pueden llegar a 5,8 grados en la segunda mitad de este siglo según
ciertos expertos. Pero además el calentamiento no es uniforme ni afecta en todos lados por igual. Por el momento, los
glaciares de las zonas templadas está diluyéndose a ojos vista y los hielos
polares retroceden año tras año con un aumento témico
que en el Artico es de 2,5 grados impidiendo su
efecto de regulador del clima de todo el planeta.
El nivel del mar ha ascendido 0,20 m. Y puede
subir mucho más, las aguas se caldean, la circulación marina se altera, su
comportamiento respecto al CO2 también. Los cambios no sólo parecen
irreversibles sino que producen una reacción en cadena que realimenta los desequilibrios.
El anegamiento de las zonas costeras, la
desaparición de los ecosistemas marinos como las zonas coralinas, el
desplazamiento de las zonas climáticas, el avance de los desiertos y las zonas
áridas, las pérdidas de vegetación y cultivos, la extensión de plagas y
enfermedades tropicales contagiosas fuera de su ámbito endémico, la extinción
de especies que simplemente se quedan si su medio natural o no pueden adaptarse
a cambios tan acelerados, el agotamiento de la pesca... Las consecuencias son
innumerables y se pueden apreciar todos los días en nuestras latitudes. Pero en
Africa son dramáticas: desertización imparable y
hambrunas sucesivas están obligandoa emigrar de toda
el africa subsahariana,
mientras los vientos originados en el Sahara llegan al otro lado del Atlántico
en forma de huracanes. La erosión del suelo, la pérdida de cubierta vegetal, la
carestía de agua potable y el desplazamiento de masas humanas lleva a continuos
conflictos, incluso militares, por los recursos que quedan en algunas zonas.
Estas son las consecuencias visibles de la evolución catastrófica en la
compleja interacción de tres elementos agudizados por la actividad humana desde
la época industrial, que son el efecto invernadero por acumulación de gases en
la atmósfera, la destrucción del efecto protector de la capa de ozono y la
alteración del principal agente climático: el ciclo del agua en sus tres
estados, sólido, líquido y gaseoso.
Es la mayor alteración climática de que se
tiene noticia en tiempos históricos, en los últimos cinco mil años. Las
perspectivas de ciudades inhabitables, caos y desórdenes generalizados, guerras
por el agua, etc. han dejado de ser escenarios de ciencia ficción para empezar
a ser considerados como una amenaza cierta por los propios gobiernos
occidentales.
Un juego de
intereses
El cambio climático es últimamente un tema de
moda, los gobiernos imperialistas y las instituciones 'supranacionales' organiza una cumbre tras otra para mostrar su implicación. Los
grandes medios de prensa y comunicación publican informes y reportajes con
bastante frecuencia, se hacen películas catastrofistas de gran consumo como 'El
día de Mañana' o el documental llamado 'Una verdad inconveniente', donde el
ex-vicepresidente y ex-candidato a presidente norteamericano, Al Gore imparte lecciones magistrales reverdeciendo su pasado
ecologista y lo mismo se pasea por la alfombra roja del Festival de Cannes que
recorre las universidades impartiendo conferencias donde el mensaje es que la
situación es grave pero el sistema se puede cambiar desde dentro, la industria
puede y debe estar interesada en hacer los cambios necesarios.
Los que le quitaron la presidencia a Al Gore, un poderoso lobby que presionó sobre las
sorprendentes decisiones judiciales que dieron la victoria a Bush, no son ajenos a este debate interesado. Es destacable
la relación de los Bush y del vicepresidente con la
industria petrolera y hasta con los jerarcas saudíes y del Golfo pérsico, el
mismo cártel de grandes multinacionales que presiona para iniciar la
explotación de crudo en Alaska y que ha impedido hasta hoy la puesta en práctica
del tratado de Kyoto por parte del principal contaminante. Estas mismas
empresas -Shell, Exxon, Texaco y Ford entre otras-
sostienen desde 1989 la GCC (Global Climate Coalition) para contrarrestar las presiones ecologistas,
negar la inminencia del cambio climático, lanzar informes 'científicos'
alternativos, acordes con sus intereses y controlar la acción del gobierno
norteamericano en la esfera internacional, con buen éxito por su parte hasta
hoy, como se puede comprobar.
Por estas latitudes llevamos algún tiempo
viendo anuncios 'ecológicos' de ciertas grandes empresas -petroleras como Shell, eléctricas como Iberdrola, constructoras como
Acciona, del motor como Toyota... han gastado
fortunas en publicidad de productos 'verdes' y para vendernos su particular
credo ecologista: el compromiso ecológico como valor añadido principal a sus
productos frente a su competidores supuestamente más contaminantes. Incluso se
prepara la Expo de Zaragoza, cuya temática es el
agua, con el cambio climático y las recomendaciones de 'sostenibilidad'
como punto fuerte publicitario, con el dilema sobre el uso necesario o el
abandono de la tecnología como medio para evitar el desastre... que siempre
concluye en la indefinición y en la equidistancia.
Según Al Gore y
otros 'ecologistas' del sistema habría que concienciar a la sociedad del
problema y comprometer a gobiernos y empresas para cambiar desde los productos
y los métodos de fabricación hasta el modelo económico y cultural de uso de la enegía, a base de ahorro, eficiencia y tecnología
alternativa sin renunciar al progreso, a las comodidades y por supuesto, a los
beneficios empresariales....
El debate no es exactamente científico -en
realidad no hay ciencia institucional independiente-, sino que unas
conclusiones y otras responden al cruce de intereses.
Los
informes del Pentágono y las observaciones de la NASA sobre las consecuencioas del cambio climático han sido censurados por
el gobierno Bush, que sigue opuesto a las modestos
objetivos de Kyoto, incluso si estos están tan trucados y falseados que el
comercio de derechos de emisión es un fracaso. Ecologistas en Acción acaba de
denunciar que los 'derechos' comercializables
repartidos a los países de la UE superan en 44 Millones de toneladas a sus
emisiones reales. Las propias autoridades encargadas de hacer cumplir Kyoto se
ocupan de montar el fraude, tirando por lo alto sus estimaciones de lo que se
puede emitir hasta el año 2008 y reduciendo un 60% el coste del 'derecho' de emision de una TM de Co2 de 30 € a 13 €. Todos pretenden
engañar a los demás y acaban con el efecto contrario al deseado: para la
industria es más barato seguir contaminando e incrementando la emisión de gases
que invertir en reducciones de los mismos y en implantar tecnologías más limpias
y eficientes.
La cuestión no es, entonces, si hay o no
voluntad política para abordar el problema, si es posible técnicamente parar la
acumulación de los ácidos del carbón y del nitrógenos que destruyen los
ecosistemas, si se puede detener la desforestación y
los monocultivos esquilmantes que llevan a la desforestación y al avance de los desiertos, si se puede
controlar eficazmente la emisión de los seis tipos de gases que intervienen en
el efecto invernadero.... La verdadera cuestión es si el Capitalismo se puede
regular, si las leyes 'ciegas' del mercado con el beneficio a corto plazo, con
sus cierres anuales de las cuentas de ganancias de las empresas y sus repartos
de dividendos se pueden someter a los dictados de los científicos y ecologistas
bienpensantes.
La conclusión es obvia no hay cambio
tecnológico posible que se implante en la práctica hasta que el anterior no ha
sido amortizado económicamente y no se demuestra más competitivo en términos de
eficiencia capitalista, con el único patrón de valor que la economía reconoce:
la propia acumulación de capital. El capitalismo es insostenible e
irreformable, habrá de ser destruido o nos arrastrará a una catástrofe, quizá
irreversible y tal vez no muy lejana, dicho sea sin ningún ánimo alarmista: basta
con proyectar los elementos que nos dan los propios medios del sistema y las
evidencias que hemos podido constatar a lo largo del lapso de una vida humana
para darnos cuenta de aquello que Marx y Engels intuían pero no podían todavía experimentar.
El ecologismo de ciertas empresas y el de los
particulares y las ONG no pasa de las recomendaciones parciales y
testimoniales, de la sensibilización social, parcialmente útil pero impotente
para imponer cambios sociales: es la sociedad en su conjunto la que debe
cambiar su modelo de explotación de la Naturaleza por otro de integración de
medios y necesidades humanas dentro del conjunto.
La conciencia, no sólo ecológica sino global
y la planificación socialista en una sociedad levantada sobre nuevas bases es
la única respuesta posible y sostenible.