La sociedad enferma y sus beneficiarios
El sistema sanitario controlado por mafias y multinacionales
Vivimos en una sociedad medrosa, sacudida regularmente por alarmas inquietantes y persistentes de epidemias: las vacas locas, la peste porcina, la lengua azul, la gripe aviar, etc. Sesudos estudios y publicaciones desgranan continuamente los peligros y amenazas que nos rodean en el aire viciado, en el agua contaminada, en la comida adulterada, en el medio ambiente degradado, en el estilo de vida neurótico y sedentario... A continuación aparecen medicamentos para todo. Enfermedades reales o inventadas configuran un panorama social hipocondríaco, temeroso de cualquier síntoma leve que no se tolera como antaño sino más bien tomándolo como aviso de una posible dolencia grave que requiere medicación -generalmente sólo paliativa y en muchos casos totalmente inútil o ineficaz-. El gasto farmacéutico ya sea a cargo de la Seguridad Social por medio de recetas oficiales, o a cargo del usuario, se dispara hacia cifras astronómicas (alrededor de diez mil millones de euros anuales cuestan la factura farmacéutica de la SS) y tiende a crecer año tras año con el envejecimiento relativo de la población. Naturalmente, esta sociedad fármaco-dependiente es la mejor base de negocio para las grandes multinacionales de la química y los laboratorios de específicos. Ellos son los que se ocupan de publicitar sus productos y las supuestas virtudes de los mismos, como si se tratara de simples artículos de consumo. Las mismas empresas promueven la publicación de 'estudios' y ensayos sesgados con resultados predeterminados de antemano como parte de sus campañas de marketing, destacando lo favorable y disimulando efectos secundarios no deseados y los riesgos que conllevan, generalmente empezando con campañas de promoción dirigidas a 'convencer' o a comprar con regalos las voluntades de médicos y especialistas. Los laboratorios remuneran de diversas maneras a los médicos para que receten 'sus' fármacos y no los de la competencia o los 'genéricos', sobre todo los novedosos, mucho más caros por ello y que un pensionista no podría adqui8rir si no fueran a cargo de la Seguridad Social. Hay además un importante fraude en las compras de los Hospitales y Centros de Atención, hasta hacer de la factura sanitaria una incontrolable fuente de déficit público, que no se ataja porque las empresas farmacéuticas detentan un inmenso poder de lobby sobre la política. Su poder es comparable a sus beneficios: el Parlamento Europeo y en los altos cargos de la Administración abundan los ex-directivos y ejecutivos de tales empresas.
Las campañas de marketing representan para los grandes laboratorios una inversión enorme, el mayor de sus costes de producción, y desde luego muy superior a la cantidad que se destina a financiar la investigación médica y farmacológica. Incluso se describen y ponen de moda síndromes novedosos, de hiperactividad infantil, de disfunciones gástricas o digestivas, de déficit de atención... Se describen luego prolijos cuadros clínicos y, a ser posible, tratamientos crónicos con caros medicamentos. Es decir, se difunde un 'conocimiento' sobre la enfermedad, se hace publicidad de un medicamento novedoso para crear su necesidad y luego el consumo masivo llega solo. Y la larga mano de estas mafias pesa sobre las decisiones de los Ministerios de Sanidad, condiciona los presupuestos sanitarios y sus prioridades. ¿Habrá quién se sorprenda de que el río Ebro discurra contaminado por docenas de componentes químicos y fármacos activos, como ha publicado la prensa recientemente?
Necesidades no cubiertas y enfermedades inventadas
Naturalmente, hay también las enfermedades 'no rentables' para la investigación porque quienes las padecen son grupos minoritarios -que no compensan económicamente el desarrollo de un medicamento específico- o bien las dolencias que, aún siendo numerosos los pacientes, son 'insolventes' o incapaces de costear los fármacos, debido a que viven en países de 'extrema pobreza' (expoliados por el imperialismo): éstos se quedan sin tratamiento. Hay incluso medicamentos conocidos para tratar enfermedades africanas que han dejado de fabricarse, como los de la enfermedad del sueño que mata más de 100.000 personas al año en Africa Central.
Es la descarnada lógica del Capital aplicada a la sanidad, que ve crecer la mortalidad en los países atrasados por causa de enfermedades curables desde hace décadas y registra el rebrote de plagas teóricamente ya vencidas o controladas (paludismo, tuberculosis, polio, tifus, malaria,...) que causan el 43% de las defunciones en dichos piases contra sólo el 1% en las metrópolis del Norte, ni que hablar de la mortalidad africana por SIDA... Las multinacionales de farmacia sólo se ocupan de quienes pueden pagar, para que sus beneficios sigan creciendo entre un 10 y un 15% anual gracias a la sociedad que tienen cautiva y somatizada.
Una sociedad mentalmente enferma, que rechaza asumir la propia condición humana y toma los cambios físicos de la edad como síntomas patológicos a combatir necesariamente. Es una sociedad hipocondríaca y neurótica, intolerante hasta a los síntomas del resfriado, donde la salud es un valor de mercado que reclama cada vez mayor gasto en medicamentos, al tiempo que aumenta la esperanza de vida. El acné, el colesterol, la alopecia, la osteoporosis, el sobrepeso, la celulitis, el estrés con o sin depresión e insomnio... no dan pie a una reflexión sobre el estilo de vida y la adaptación personal a los inevitables cambios biológicos, sino a una desenfrenada ingesta de fármacos y de alimentos especiales de 'diseño' para contrarrestarlos. De este modo, los consumidores de fármacos no son los enfermos ocasionales que buscan alivio para una dolencia temporal, sino el conjunto de la población, millones de personas tragando diaria e innecesariamente complejos vitamínicos, compuestos hormonales, pastillas y productos 'anti-colesterol', etc.
Los precios de los fármacos tienen poco que ver con sus costes de investigación y producción. Expresan el control de las patentes de interés general -y su puesta en producción o no- por parte de unos cuantos monopolios internacionales; y también la prioridad absoluta que se da a mantener un 'estado de bienestar' físico sin parar a considerar que éste depende también del equilibrio mental y de las circunstancias sociales (la sociedad capitalista alienada, deshumanizada en que estamos inmersos). Los llamados 'genéricos' -fármacos con patente ya caducada- pueden salir al mercado a precios muy inferiores a su equivalente 'de marca', a veces por menos de la mitad. En otros casos, la necesidad extrema obliga a desafiar las patentes vigentes y así podemos ver retrovirales anti-SIDA fabricados en India y comercializados a un precio 20 veces inferior al marcado por los laboratorios norteamericanos... Brasil, Tailandia Egipto, Sudáfrica, etc. están o pueden estar pronto enfrascados en batallas legales con las multinacionales farmacéuticas por saltarse las patentes. Algunos estudios estiman que el coste real medio de producción del medicamento en general ¡corresponde sólo al 1% de su precio de venta!
Bienestar y salud o equilibrio y consciencia
La sociedad está enferma, el sistema capitalista la corroe, aliena y neurotiza. Pero desde el punto de vista físico los individuos no están tan 'enfermos' como creen. El engaño está en el concepto de 'bienestar', un fetiche que no admite el envejecimiento ni los cambios físicos de la vida y que nos aboca a una nueva esclavitud de fármaco-dependencia. Superar la ignorancia y poner al desnudo los manejos de la industria farmacéutica, con sus exuberantes catálogos de específicos, no para curar sino para tratar -encubrir- de un modo permanente toda clase de síntomas, es una necesidad para lograr recuperar el control de nosotros mismos, un equilibrio mental armónico con la salud del cuerpo humano. Un equilibrio que no se adquiere con dinero ni ingiriendo química: se trata de aprovechar los adelantos científicos y tecnológicos, no de hacerse dependiente de las substancias que las multinacionales nos quieren vender. La comprensión de que la salud y la conciencia van parejas nos lleva la necesidad de romper con la alienación y la vida desequilibrada, ya estresante, ya carente de todo ejercicio físico es la premisa para establecer un equilibrio personal y social.
De nuevo, la necesidad del socialismo, no sólo para tratar las 'enfermedades de los pobres' sino para romper el circulo vicioso que en nombre del 'bienestar' le niega la verdadera salud a la sociedad 'bienestante'.
Frente a la hipocresía del Capital, sus gobiernos, consejos de 'expertos' y hasta ONG subvencionadas, cada uno en su rol para mantener el sistema del beneficio privado, la humanidad necesita poner todos sus recursos y conocimientos al servicio del interés general como especie. Acabar con el negocio privado de la sanidad pasa también necesariamente por la expropiación sin indemnización de los monopolios farmacéuticos mundiales. Determinar las necesidades reales de las enfermedades existentes o potenciales y poner los medios para atajarlas, distribuyendo gratuitamente los medicamentos y vacumas a quién los necesita. La ceguera respecto a la realidad resulta fatal: los gobiernos imperialistas se gastan millones en antivirales inútiles para la gripe del pollo y se difunde la idea de que esa prevención es suficiente. ¿Qué ocurrirá si llega a afectar masivamente a los humanos?
20-02-06
Toni