CAMBIO CLIMÁTICO Y CAPITALISMO: SOCIALISMO O BARBARIE.

La negativa de Bush a firmar el protocolo de Kioto ha levantado una ola de protestas contra su política medioambiental. Detrás del enfrentamiento entre europeos y norteamericanos se esconde la lucha de las potencias por la supremacía. La cumbre de Kioto fue una obra de teatro que se celebró a bombo y platillo en todo el mundo. Algunos científicos denuncian que los acuerdos son insuficientes para parar el cambio climático, !Pero hasta esto son incapaces de aplicar!. El medio ambiente se ha convertido en un arma de batalla, y !cómo no! en un negocio, para los capitalistas, que están dispuestos a sacrificar el futuro del planeta en aras de sus engordadas cuentas corrientes.

Durante los próximos 50 años las emisiones tóxicas atmosféricas se triplicarán, se duplicará el gasto de energía, se reducirán las reservas de agua dulce y desaparecerá un 17% de la masa forestal mundial. Se destruyen las selvas tropicales a una velocidad de una superficie equivalente a un campo de fútbol por minuto; el aire, la tierra, los ríos y los mares están cada vez más contaminados, los caladeros de peces se agotan; la tierra cultivable se reduce por la erosión, mientras los desiertos avanzan. Millones de seres humanos se ven arrojados a la miseria, mientras se degradan sus medios de subsistencias.

EL FUTURO QUE NOS AGUARDA

En el último medio siglo la emisión de CO2 se ha cuadriplicado. En la actualidad se lanzan a la atmósfera más 6.000 millones de toneladas anuales. Desde 1860 la temperatura media mundial ha subido medio grado. El sistema climático es interactivo, la atmósfera, los continentes, los océanos y los ecosistemas conforman un equilibrio dinámico. Modificarlo, aunque sea poco, desencadena cambios de imprevisibles consecuencias. La proliferación en todo el mundo de desastres naturales es una buena prueba de ello.

A finales del siglo XXI la temperatura media del planeta habrá subido entre 1 y 3,5:C. Esto significa que el nivel del mar se habrá elevado medio metro. Millones de personas en zonas como Bangladesh, Pakistán o Egipto se verán desplazadas por la subida de las aguas. Países como Maldivas, Tuvalu o Kirivati, o ciudades como Venecia, Génova o Nápoles desaparecerán del mapa.

Actualmente 1.700 millones de personas sufren escasez de agua. Un estudio de las NN.UU. estima que dentro de 25 años la escasez afectará a 5.000 millones. El control del agua se convertirá cada vez más en un objetivo para las guerras y un arma del imperialismo. Grandes zonas del sur de Europa corren el riesgo de transformarse en desiertos, causados por la disminución de las lluvias y el retroceso de las zonas húmedas. El siglo XXI amenaza con ser el de las grandes migraciones. En la década de los 90, el número de desplazados por los desastres naturales ha superado a los refugiados por las guerras.

Los hielos de los casquetes polares disminuyen. La vegetación de las zonas frías se desplaza hacia el norte, mientras algunas especies de insectos aparecen en latitudes en las que hace unos años no existían. El cambio climático tendrá sus efectos en la salud, con el aumento de las enfermedades infecciosas.

Sólo en 1997 Indonesia perdió 9,5 millones de hectáreas de selva. "En todo el mundo 22 millones de hectáreas de tierras cultivables, jungla y bosques registraron fuegos que afectaron a la salud de 130 millones de personas" (El País 25/07/00). En la deforestación interviene el apetito de los países imperialistas por las maderas tropicales y la necesidad de los países coloniales y semicoloniales para obtener divisas. Sólo entre 1961 y 1978, las tierras dedicadas a la ganadería en Centroamérica aumentaron un 53%, mientras que la selva se reducía un 39%. A medida que la tala y la quema incontrolada se extienden, disminuye la capacidad de absorción del CO2 de los bosques. Se calcula que desde 1860, su destrucción ha lanzado a la atmósfera entre 90 y 180.000 millones de toneladas de carbono, en comparación con los 150-190.000 de la quema de los combustibles fósiles.

LA ECOLOGÍA COTIZA EN BOLSA

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las NN.UU. en la I Conferencia de las Partes advirtió que si no se adoptaban medidas, la temperatura de la Tierra aumentará 0,3:C cada diez años. El mismo informe calculaba que es necesario reducir las emisiones de CO2 entre un 50 y un 70%.

La cumbre de Kioto puso al descubierto los intereses enfrentados e irreconciliables de la burguesía internacional. Para USA y sus aliados (los países industrializados no pertenecientes a la UE) cualquier corrección está condicionada a que los países coloniales y semicoloniales hagan lo mismo. USA, el principal país contaminador del mundo (22%) declaró que no está dispuesto a ir más allá de la mera estabilización. Los países atrasados declaran que son los países industrializados los que han causado el problema y que son ellos los que deben solucionarlo. La UE acepta una reducción del 15%. Por supuesto, cualquier recorte está condicionada a lo que haga USA (de lo contrario las empresas europeas quedarían en desventaja). El "socialista" Josep Borrell, por aquel entonces ministro de Obras Públicas, Transporte y Urbanismo defendió que las españolas "sólo" crecerían un 15%(y no un 25, como estaba pensado). La estrategia "socialista" fue seguida al pie de la letra por su sucesora "popular" Isabel Tocino. Una vez más derecha e "izquierda" se dan la mano a la hora de defender los intereses del capitalismo español. Gracias a la "burbuja europea" el recorte de los gases no se hace país por país, sino globalmente. Esto permite que países como España aumenten la contaminación y al mismo tiempo cumplan los acuerdos, a causa del desplome de la industria en la antigua Alemania Oriental.

La cumbre de Kioto fue una mera declaración de "buenas intenciones". En el Protocolo final, los países industrializados se comprometían a estabilizar y reducir las emisiones en un minúsculo 5,2% y no antes del 2010. Si los gases se estabilizan a ese nivel, se registrarán pérdidas considerables en las selvas y aumentará la escasez de agua. Los acuerdos sólo supondrían un 0,1:C menos de aumento de las temperaturas dentro de un siglo, es decir, tan sólo aplazaríamos la catástrofe.. Para más inri los países firmantes no están obligados a cumplir sus compromisos, mientras el Protocolo no se ponga en marcha, y para eso hace falta que sea ratificado por un número suficiente de países. En Octubre de 1999, los representantes de los gobiernos volvieron a reunirse en Bonn. Pretendían desatascar el Protocolo de Kioto. Se pudo comprobar que entre 1990 y 1997, Canadá y USA habían aumentado sus emisiones !en un 20%!. Países como Holanda, Austria, España y Japón, también las seguían incrementando. Pero en algo se avanzó: !Se creó el comercio internacional de emisiones!. Un país que no llegue a consumir su cupo contaminante, puede vender su excedente a otros países. Rusia y el Este europeo, que han visto reducir sus emisiones por el desplome de sus economías, podrían traficar con sus índices con países como USA. ?Quién dijo que Putin y Bush no se ponen de acuerdo? Kioto demostró no sólo la incapacidad del sistema para detener el avance de la contaminación, también se convirtió en el órgano creador y regulador de una nueva fuente de beneficios. !Por fin la ecología cotiza en Bolsa! ?Quién da más?.

Marx dijo que el único límite que tiene el capital, es él mismo. Necesita seguir reproduciéndose y no acepta que nadie ponga trabas a su reproducción infernal. Los problemas del cambio climático no han dejado de agravarse en los últimos años y la perspectiva es que la situación empeore cada vez más. Mientras tanto, las prioridades de los gobiernos (los representantes políticos del Capital) es la de limitarse a administrar los aspectos del medio ambiente que pueden ser rentables y beneficiosos, y dejar para un futuro indeterminado las cuestiones que puedan ser un obstáculo para los intereses del gran capital. No hay más ciego que el que no quiere ver.

LA UTOPÍA DEL REALISMO. UN CAPITALISMO CON ROSTRO HUMANO.

Los gobiernos burgueses de derechas o "izquierdas" y las organizaciones ecologistas "responsables", acusan a las voces más críticas de estar fuera de la realidad y de defender posiciones utópicas y trasnochadas. Su argumento es que el 85% de la energía utilizada procede de los combustibles fósiles, y que un cambio radical seria un desastre que conllevaría la pérdida de millones de puestos de trabajo y la disminución de la calidad de vida de toda la sociedad. Las fuentes de energía alternativas, renovables y no contaminantes son caras, y su investigación todavía está en mantillas. Cuando los intereses de los grandes capitalistas están en juego, el despido de decenas de millones de trabajadores y la drástica disminución del nivel de vida "de la sociedad" nunca cuentan para nada. El capitalismo es ciego e imbécil (en el sentido de que menosprecia las consecuencias futuras, obsesionado para escapar a sus contradicciones inmediatas) porque no puede ser de otra forma, no puede escapar a sus propios límites, aunque sea a costa de poner a costa de poner en peligro la existencia de la misma vida humana, y del planeta en general.

El precio del modelo energético capitalista ya lo estamos pagando ahora, y muy caro por cierto, aunque intenten ocultárnoslo a través del "humanitarismo" de las ONGs y la "generosidad" de los gobiernos imperialistas: La proliferación de los desastres naturales y las hambrunas. Muchos son los síntomas que sufren especialmente las capas desposeídas de la humanidad, pero al capitalismo sólo parece importarle su necesidad de esconder la relación que existe entre su vorágine de beneficios y la creciente extensión de la miseria en el mundo. Cuando hablan de que las energías alternativas son caras de lo que en realidad nos están hablando es de su bolsillo. No es cierto que no existan alternativas a los combustibles fósiles, lo que no existe es la voluntad de sustituirlos, especialmente cuando producen tantas ganancias. No se invierte en la investigación de energías renovables porque no interesa. El capitalismo es cada vez más una amenaza que nos arrastra a la barbarie, si no lo destruimos a tiempo, y lo sustituimos por una sociedad que tenga como criterio, no las inversiones de una minoría, sino la calidad de vida de toda la sociedad.

Con todo ello, cobra especial importancia la hipocresía de la izquierda capitalista, cuando agita la bandera del capitalismo con rostro humano. La ministra francesa de Medio Ambiente, Dominique Voynet, miembro del gobierno de la "izquierda plural" propone la creación de una Organización Mundial del Comercio centrada en el cambio climático. Quiere que se ponga el gallinero en manos del zorro. !El capitalismo "aprende" ecología!. Sus representantes (derechas o izquierdas) son conscientes de la amenaza que supone para la supervivencia del planeta. Ellos saben que la degradación ecológica es un serio peligro para los intereses de los capitalistas a medio o largo plazo, pero también comprenden que el único remedio consecuente, para ellos, es peor que la enfermedad. Cuestionar el capitalismo, supone una amenaza a su propia supervivencia como funcionarios bien pagados.

Existe un denominador común en todas las corrientes ecologistas burguesas y pequeño burguesas: la despolitización. Se habla del medio ambiente y del planeta, como si de un enfermo se tratara, pero en ningún caso describen el "virus" que provoca la enfermedad. Responsabilizan a la humanidad de la degradación ecológica (sin distinción de clases o de países), hablan de los recursos naturales olvidando que están vedados para la mayoría, silencian quienes son los principales beneficiarios del despilfarro energético y del saqueo del medio ambiente. Quieren reformas, son adoradores del Estado neutral y paternalista (como si los Estados no estuvieran al servicio de una clase social bien determinada), desean ONUs democráticas (como si las instituciones creadas al servicio del capital fueran reformables) y esperan desesperados una solución que nos salve del naufragio, sin que tengan que arriesgar sus suculentos sueldos y sus poltronas aterciopeladas. La miseria en África, Asia o Sudamérica sería algo endémico que hay que erradicar con la limosna y la caridad "humanitaria", mientras se silencia que el cambio climático, la deforestación incontrolada y la destrucción de sus culturas y antiguos medios de subsistencia están en el origen de estos desastres, y que están muy lejos de tener un origen "natural" e inevitable. Las multinacionales, el FMI y el Banco Mundial, los gobiernos imperialistas o la misma ONU, tendrían poco o nada que ver con la degradación ecológica y sus consecuencias en el sufrimiento de miles de millones de seres humanos. Es una visión conformista de la ecología, en la que se nos invita a hacer humanitarismo, mientras dejamos la solución "en manos de los que saben".

Llama la atención el silencio de los principales grupos ecologistas hacia la manipulación que el capitalismo hace de la ecología. Muchas ONGs norteamericanas han aplaudido la creación de un comercio internacional de gases invernadero. En Europa los partidos verdes se han convertido en socios menores de los gobiernos capitalistas. Los verdes alemanes dieron su bendición a los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado, mientras aceptaban moderar sus viejas "exigencias" ecológicas en su propio país. Ya se sabe, ahora son unos responsables servidores del Estado. La ecología se ha convertido, para muchos, en un mecanismo de promoción social y fuente de privilegios.

EL REALISMO DE LA "UTOPÍA". EL SOCIALISMO NECESARIO.

Todas las banderas bajo las que se expresan las contradicciones de la actividad humana se reducen a una sola expresión: el conflicto entre capital y trabajo. La ecología no es una excepción. Todas las "sensibilidades" que existen en el campo del medioambientalismo no son otra cosa que las distintas expresiones de los intereses de las clases y los grupos sociales. Si la lucha por el medio ambiente no es otra cosa que una de tantas expresiones de la lucha de clases, es imprescindible acercar la ecología a la juventud y a la clase obrera. El futuro partido de los trabajadores y la internacional revolucionaria de la que éste deberá formar parte, tienen ante sí el reto de buscar las alternativas que permitan reunir a trabajadores y ecologistas bajo la misma bandera, la de la lucha contra el capital, denunciando la demagogia de los que acusan al ecologismo "irresponsable" de querer destruir puestos de trabajo y liquidar las conquistas sociales de los trabajadores.

Nunca ha existido, no existe y no puede existir un capitalismo humano, civilizado y ecológicamente responsable. Los que defienden lo contrario, mienten. No podemos seguir derrochando los recursos del planeta como si éstos fueran infinitos, ni seguir produciendo desechos contaminantes sin medir las consecuencias. La alternativa de la juventud y los trabajadores no puede ser otra que la transición hacia un modelo energético socializado, planificado y eficaz basado en la diversificación de las fuentes de energía y en el predominio progresivo de las energías renovables. Este modelo sólo puede basarse en un sistema social y económico irreconciliable con el capitalismo. La planificación de la supresión de los combustibles fósiles y su sustitución por energías alternativas, sólo puede realizarse acabando con la dictadura del capital. Cuarenta años de encuentros, negociaciones, protocolos y conferencias que no han servido para nada, demuestran que el capitalismo es incapaz de frenar su carrera hacia el abismo.

Enric (19.06)

 

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