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Te recordaremos siempre, camarada Carlos Bradac
Yo quiero ser llorando el hortelano
De la tierra que ocupas y estercolas,
Compañero del alma, tan temprano.
Hace apenas unos días nos dejó nuestro camarada y amigo Carlos Bradac. Su muerte nos ha dejado un inmenso vacío en el alma. Todavía no nos lo podemos creer. Cuando la vida parecía sonreírle, nos ha dejado. Carlos fue un luchador incansable toda su vida. Militó durante años en el Partido Obrero de Argentina, en los años difíciles de la represión. El exilio no acabó con su espíritu militante. Toda su vida, en el mundo del periodismo, como corresponsal en Moscú de Diario 16, o en Cambio 16, fue un rotundo rechazo a la lasitud y al sin sentido que tantos se han acostumbrado a aceptar.
No hay extensión más grande que mi herida,
Lloro mi desventura y sus conjuntos
Y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
Y sin calor de nadie y sin consuelo
Voy de mi corazón a mis asuntos.
Nada humano le fue ajeno a Carlos. Humano, demasiado humano, dirían algunos. En su gran corazón, y en su amplia sonrisa, nunca dejó de haber un lugar para la lucha de los oprimidos por la emancipación. Colaboró con entusiasmo con nuestra organización y nunca perdió el norte en los momentos difíciles. Cuando el desánimo nos amenazaba, nunca faltaban sus palabras de aliento.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
Temprano madrugó la madrugada,
Temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
No perdono a la vida desatenta,
No perdono a la tierra ni a la nada.
No queremos hacer más elogios de nuestro amigo Carlos. No los necesita. Todos los que hemos tenido la suerte de conocerlo sentimos un dolor irreparable. Murió sólo, en la calle, sin enterarse. Fue una muerte absurda. Pero su vida, la que sus amigos y camaradas reivindicamos, no fue inútil. Carlos vivirá en nuestro corazón, y en el de todos los que amamos y luchamos por una sociedad más justa y solidaria. Donde no exista la opresión del hombre por el hombre. Carlos vivirá en la causa de los oprimidos y explotados del mundo entero. Carlos vive.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
Llama a un campo de almendras espumosas
Mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
Del almendro de nata te requiero
Que tenemos que hablar de muchas cosas
Compañero del alma, compañero.
(Miguel Hernández)
Sus camaradas y amigos de En Defensa del Marxismo
Veintiocho de diciembre de 2000