Huelga general contra la privatizacisn de la Telefsnica

Puerto Rico no se vende

El pasado 18 de junio, los 6.400 trabajadores de la Telefsnica de Puerto Rico declararon la huelga general indefinida contra su privatizacisn. En los zltimos aqos, el gobierno de Rosells1, un pesn de la burguesma de la isla y de los pulpos econsmicos norteamericanos, se ha dedicado a saquear Puerto Rico. La venta a precio de saldo de la Telefsnica a la gigantesca multinacional GTE2, se convirtis en la gota que colms el vaso.

Desde que fue pzblico el proyecto de privatizacisn un duro debate se abris en el seno de los sindicatos y del movimiento obrero, entre los sectores combativos y los partidarios de esperar y ver, o los que repetman que no existman condiciones para la huelga y para las movilizaciones. La presisn de los sectores combativos forzs a la UIET3 a convocar la huelga. Desde el principio la burocracia se esforzs en desmovilizar a los trabajadores. La huelga se inicis sin que los sindicatos marcaran ninguna directriz, no existma ningzn plan para organizar los piquetes, ni se habma preparado ningzn folleto explicativo de la huelga. La burocracia esperaba que la huelga se colapsarma en pocos dmas, al carecer de direccisn.

Cuando el gobierno comprobs que, pese a todo, la huelga continuaba desarrollandose, su reaccisn fue llamar a las fuerzas policiales para apalear a los huelguistas que evitaban la entrada de los esquiroles. La brutalidad policial, demostrada por las imagenes difundidas por televisisn, desats la reaccisn de la poblacisn. Miles de personas acudieron a los piquetes para fortalecer la huelga. Durante las horas de mayor asistencia, al medio dma y en los fines de semana, los piquetes contaron con miles de participantes, y se transformaron en verdaderos festivales populares. Cientos de trabajadores no afiliados se acercaron a los piquetes, las amas de casa llevaban comida, mientras los conductores hacman sonar las bocinas cuando pasaban frente a los edificios de la telefsnica, saludando con el puqo en alto y mostrando la bandera portorriqueqa, como un saludo solidario a los huelguistas. Muchos autobuses llevaban en su interior carteles en contra del gobierno.

En diez dmas se recogieron mas de 100.000 dslares aportados espontaneamente por la poblacisn4. La tensisn auments cuando la Unisn de Trabajadores de la Industria Elictrica y Riego se lanzs a una huelga de dos dmas, en solidaridad con los telefsnicos. Tambiin la Unisn Independiente Autintica de Acueductos declars una jornada de huelga, mientras los trabajadores "tronquistas" paralizaban los puertos5. La huelga de los telefsnicos se combins con numerosos actos de sabotaje en el este y el centro del pams.

La prensa destacs que las encuestas arrojaban un resultado opuesto a la privatizacisn superior a las dos terceras partes. El apoyo popular a los telefsnicos era un indicio del descontento que ha provocado la polmtica privatizadora y antiobrera del gobierno. Los planes de privatizacisn ha avanzado en educacisn con una ley que resta fondos a la educacisn superior, para dedicarlos a las universidades privadas; en salud se han privatizado numerosos hospitales, y en muchos otros sectores, el desmantelamiento se hace a travis de la subcontratacisn de servicios.

La violencia policial hizo que el presidente del Colegio de Abogados, Fermmn Arraiza, y el presidente de la Comisisn Portorriqueqa de derechos civiles, Luis Aulet, denunciaron el "uso excesivo de la fuerza" por parte de la policma. El Colegio de abogados envis observadores, para garantizar el derecho de los piquetes. Un centenar de midicos se ofrecis voluntariamente para tratar a los huelguistas heridos.

La asamblea obrera aprueba la "huelga nacional"

El 28 de junio, cuando la huelga parecma decaer, mas de 5.000 delegados de las organizaciones sindicales, estudiantiles, comunales y partidos de izquierdas, reunidos en una asamblea convocada por el CAOS (Comiti Amplio de Organizaciones Sindicales)6, votaron la huelga general. Participaron mas de 60 sindicatos y las principales organizaciones del sector pzblico, que ven en la privatizacisn de telefsnica una amenaza para sus puestos de trabajo. Es de destacar que el 50% de los delegados eran mujeres.

Al dma siguiente, la Ejecutiva del CAOS puso fecha a la huelga, el 7 y 8 de julio, bajo el lema de "Puerto Rico no se vende". La consigna expresaba la radicalizacisn de los trabajadores frente a la ofensiva capitalista, y tambiin el sentimiento antiimperialista, en defensa de la telefsnica que es considerada por la poblacisn como un patrimonio nacional. La movilizacisn coincidma con el centenario de la invasisn y colonizacisn estadounidense de la isla. El 25 de julio de 1898 los buques de guerra norteamericanos entraban en la bahma de Guanica, y sus marines comenzaban la ocupacisn que ha durado hasta nuestros dmas. El 13% de la isla, eufemmsticamente llamada "Estado Asociado", esta ocupada por instalaciones militares norteamericanas. Como muestra del creciente sentimiento antiimperialista, el pasado 1 de octubre, mas de 100.000 personas se rodearon El Capitolio (San Juan), para protestar contra los planes del gobierno.

La huelga general

La huelga fue completa. Durante 48 horas los trabajadores portorriqueqos salieron a las calles, en la que se ha considerado la mayor manifestacisn de la historia de la isla. Manifestaciones, concentraciones y caravanas proliferaron por toda la isla. La casi totalidad de los comercios, bancos y restaurantes permanecieron cerrados. Los que se atrevieron a abrir declararon que apenas nadie habma acudido a sus establecimientos. La actividad comercial en amplias areas de San Juan, en ciudades y pueblos como Ponce, Mayagüez, Aguadilla, Fajardo fue nula. Centros industriales y edificios gubernamentales quedaron bloqueados. El cierre de los accesos al aeropuerto de Luis Muqoz Marmn dis a la huelga un a repercusisn internacional. Los choques entre la policma, los partidarios del gobierno, y el FBI, y los piquetes de huelguistas fueron numerosos.

En una conferencia de prensa, Rosells, minimizs los efectos de la huelga, se reafirms en su intencisn de vender la telefsnica y acuss a los lmderes obreros de izquierdistas y de terroristas (!). El superintendente de la policma, Pedro Toledo, intents aislar la huelga asociandola exclusivamente a alguno de sus lmderes, partidarios de la independencia, presentando la movilizacisn como la obra de algunos "extremistas": Rafael Bernabi, profesor de la Universidad de Puerto Rico, a Jorge Farinacci del Frente Socialista, y a Ricardo Santos de la UTIER7, acusandolos de "agitadores" y de "ser los responsables de la huelga". Sin embargo la lucha ha provocado desmarques en el campo patronal. La oposicisn del Partido Popular Democratico (PPD), que originalmente apoys la venta de Telefsnica, acuss demagsgicamente a Rosells de burlarse de la voluntad del pueblo. Sin embargo el PPD se cuids de apoyar la huelga. Al fin y al cabo, tan solo una semana antes de aprobarse la venta de la compaqma, los congresistas se autoconcedieron un aumento de sueldos. Miembros de su propio partido le han advertido pzblicamente que su intransigencia puede poner en peligro el proyecto polmtico mas importante que tienen en cartera: la incorporacisn de Puerto Rico a USA. La advertencia no es gratuita, a ramz de la huelga, el gobierno de Clinton se pregunta si el proyecto es una buena idea.

La burocracia sindical traiciona la huelga

Durante el desarrollo de las movilizaciones la burocracia sindical pretendis transformar la huelga contra las privatizaciones, en una huelga sobre las condiciones mmnimas exigibles para la vuelta al trabajo. Todavma al calor de los efectos de la huelga general, empezs a moderar sus posiciones. Annie Cruz, presidenta de una de las dos centrales sindicales de Telefsnica express sus esperanzas de que a pesar de la intransigencia del gobierno, iste se avendrma a convocar un referindum en el pams y reiniciarma las negociaciones.

Al cumplirse 26 dmas de huelga, los delegados telefsnicos, reunidos en asamblea, discutieron la continuacisn de las movilizaciones. La direccisn sindical, aprovechs el cansancio de algunos sectores, para plantear la vuelta al trabajo. Sus argumentos eran de que la situacisn habma cambiado. La compaqma TISA (Telefsnica espaqola) habma hecho una oferta que superaba la de la GTE y el Banco Popular. Era una nueva situacisn que podma prolongarse durante meses, y habma que contar con el desgaste de los trabajadores, especialmente en el campo econsmico. La burocracia defendma que volver al trabajo no era una claudicacisn, sino un parintesis. Algunos sectores combativos, al conocer que los dirigentes sindicales se reunman secretamente con el gobierno y la patronal, sintiindose traicionados, defendieron que era inevitable volver al trabajo, de forma inmediata, unilateral y sin negociaciones. La consigna era volver al trabajo para prepararse, enfrentarse a los esquiroles, acumular fuerzas y volver a salir a la calle de nuevo. La base de los piquetes no entendis la propuesta, aunque procediera de militantes de reconocida combatividad. Era un error deponer la huelga en un momento en el que el gobierno vacilaba, ante la respuesta popular y la actitud combativa de los telefsnicos.

Con el objetivo de desgastar la resistencia, la burocracia se embarcs en negociaciones interminables con el gobierno, mientras el movimiento, falto de direccisn y objetivos, decama. A pesar de ello, el paro todavma se prolongs hasta el dma 42. Entonces y sslo entonces, las czpulas sindicales decidieron deponer la huelga. Josi Juan Hernandez (UIET) dijo que la lucha habma que continuarla en los tribunales; Annie Cruz (HIET)8 declars que habma que llevar la lucha a los talleres, la guerra que hasta el momento se habma llevado fuera. Pusieron como condicisn que no se sancionara a los huelguistas. Despuis aceptaron incondicionalmente la vuelta al trabajo, en un momento en el que Rosells se declaraba dispuesto a aplicar sanciones, ademas de querellarse contra las centrales sindicales por practicas "ilmcitas"9. Las advertencias de la burocracia de que si habman sanciones habrma una respuesta contundente por parte de los trabajadores, sons en los omdos de la patronal, como una bravata, en un momento en el que ista aceptaba la vuelta al trabajo. El acuerdo final, al menos oficialmente, ata de pies y manos a los sindicatos por seis meses, mientras se completa el proceso de privatizacisn. La asamblea convocada por la UIET, para ratificar los acuerdos, acabs a puqetazos, cuando la burocracia impuso la votacisn sin permitir el debate.

Un gran paso hacia adelante

La clase obrera portorriqueqa, y en particular los empleados telefsnicos, con su huelga de 42 dmas, han dado un extraordinario ejemplo de como se lucha contra las privatizaciones. Una leccisn que los trabajadores de todo el mundo tenemos que aprender. La lucha no ha terminado. Los trabajadores no han vuelto al trabajo con la sensacisn de derrota. Ya se estan gestando nuevas movilizaciones. La izquierda clasista y los sectores mas combativos han salido reforzados de la experiencia. Las tendencias clasistas en la UIET se han organizado abiertamente, en oposicisn a la burocracia de Hernandez. Annie Cruz, presidenta de HIET, tuvo que dimitir como coordinadora de CAOS, ante el cuestionamiento abierto de su actitud, por diversos sectores.

La misma creacisn de la Coordinadora (CAOS) y de los Consejos Regionales, como una organizacisn permanente de los trabajadores, asamblearia y antiburocratica ha sido uno de los logros mas importantes. Nuevos sectores se han incorporado a la lucha y el ejemplo no va a caer en saco roto. Los estudiantes han roto con su tradicional apatma y se han incorporado a las movilizaciones. Han comprendido que su lucha y la de la clase obrera son una sola. Los trabajadores han aprendido con la experiencia, que el gobierno, la patronal y el proceso de las privatizaciones puede y debe ser derrotado. Sin embargo la victoria final contra las privatizaciones y los ataques de la patronal depende de que organicen una nueva direccisn combativa, que expulse a la vieja y podrida burocracia de los sindicatos. Depende en zltima instancia de que sean capaces de construir su propia alternativa polmtica, clasista e independiente, su propio partido de los trabajadores.

Jordi, Carmen y Enric


Notes

1 Pedro Rosells encabeza el Partido Nuevo Progresista (PNP) que controla la actual legislatura. El PNP defiende la conversisn de la isla en el cincuenta y un Estado de la Unisn.

2 La GTE esta respaldada por el Citibank y por el Banco Popular de Puerto Rico. El Citibank da 1.500 millones de dslares a la multinacional en forma de pristamo y el Banco Popular prevee comprar el 5% de las acciones en venta a un costo de 35.5 millones de dslares.

3 Unisn Independiente de Trabajadores Telefsnicos.

4 La cantidad es todavma mas significativa si tenemos en cuenta que los salarios son solo una tercera parte de los de Estados Unidos, que son muchos los que cobran un sueldo cercano al mmnimo federal, y otros muchos todavma menos.

5 Rosells anuncis su intencisn de seguir con las privatizaciones despuis de la de Telefsnica, entre otras la de la Autoridad de Energma Elictrica, la de Autoridad de Acueductos y alcantarillados, y otras empresas del Estado, isto significara despidos en masa. Sslo en la venta de Telefsnica se calcula que, de sus 6.400 trabajadores, 2.700 seran despedidos en la reestructuracisn, y otros muchos a medio plazo

6 CAOS nacis hace un aqo, despuis de que el gobernador anunciara sus planes de vender la telefsnica. La organizacisn nacis con la hostilidad de la burocracia sindical, que defendis que el movimiento tenma que estar dirigido por la COS, el comiti de coordinacisn de los tres principales sindicatos de la isla.

7 UTIER es el Sindicato de la electricidad.

8 Hermandad Independiente de Empleados Telefsnicos.

9 La burocracia sindical habma llegado anteriormente a un acuerdo por el que se comprometman a no declarar huelgas.

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