México
Almunia condena la violencia de los oprimidos
Felipe González, no sabe, no contesta
La visita del secretario general del PSOE a México ha servido para ver hasta donde llega su catadura política y moral. En su ansia por agradar al gobierno mexicano no dudó en considerar la pobre declaración del Congreso del pasado 26 de febrero, sobre la matanza de indígenas en Chiapas como "una injerencia en los asuntos internos de otro país". La caradura del heredero de Felipe González llegó a su paroxismo cuando insistió: "Yo soy un demócrata y me niego a apoyar o comprender cualquier violencia que se ejerza contra la ley y contra el Estado de Derecho, lo practiquen grupos paramilitares o autodenominados ejércitos de liberación Sólo el Estado democrático tiene el monopolio de la violencia y fuera del poder legítimo no tiene justificación, ya que la violencia sólo genera violencia" (EP 05.03.98). No sabemos si resaltar su cinismo o su estupidez. Este autodenominado socialista, que sabe mucho sobre la legitimidad del monopolio de la violencia del Estado, por lo menos en lo que respecta al GAL, se rasga las vestiduras frente a la guerrilla zapatista. La mediocridad política de Almunia pone al descubierto su propia hipocresía: condena la violencia de los oprimidos, en defensa de un "Estado de Derecho", es decir, del Estado capitalista, que niega a éstos los derechos más elementales, y que organiza fuerzas parapoliciales que se dedican a asesinar a los sospechosos de simpatizar con el EZLN. Almunia no tiene empacho en exculpar al gobierno mexicano, cuando es vox populi que el aparato de Estado está implicado en las matanzas. Tampoco se le indigestan las palabras al apoyar la expulsión de los "turistas revolucionarios", porque lo que hacen es "entrometerse en los asuntos internos de otro país". Almunia y sus amos, se auto-otorgan el derecho de decidir que países son "Estados de Derecho", y cuales no. Para los demócratas como Almunia, el asesinato, la violación de los derechos más elementales de la población pobre, forma parte de los "asuntos internos" de los países, en los que nadie debe inmiscluirse. Los asesinatos de las dictaduras de Pinochet y de las Juntas militares argentinas, son "asuntos internos" y los "demócratas" no deben intervenir. Este pudor por la intromisión en los asuntos internos de otros países, no impidieron a la cúpula del PSOE aplaudir en 1991, los bombardeos contra la población civil en Irak. Claro, en este caso el monopolio de la violencia lo ejercían las potencias imperialistas, bajo la bendición de la Santa ONU. Para Almunia, aquella violencia era legítima, porque había que defender los intereses de las multinacionales del petróleo y de sus socios kuwaitíes. No le importa a Almunia que la democrática industria armamentística española exporte a países tan democráticos como Turquía (para exterminar al pueblo kurdo, que tiene la manía de oponerse a un Estado de Derecho tan flamante). Tampoco ha dicho "esta boca es mía", en lo que respecta a la venta de armas a otro Estado de Derecho como Marruecos, que ejerce el "legítimo" monopolio de la violencia" contra el pueblo "terrorista" saharaui. Tampoco parece quitarle el sueño la violencia que ejerce un Estado tan democrático como Israel, sobre los palestinos.
Como podemos ver, las teorías "democráticas" se hacen con doble rasero. Su objetivo no es otro que adornar la violencia capitalista, condenando cualquier intento de resistencia de los oprimidos. La teoría sobre la ilegitimidad de las "injerencia en los asuntos internos de otros países (Estados de Derecho), forma parte de la servidumbre política de los "socialistas" a los intereses de sus amos, los capitalistas. Quien paga, manda.
Eso sí, puestos a darle al cinismo más feroz, Almunia no se olvidó de pedir al gobierno mexicano, un premio por los servicios prestados: a cambio de apoyar la expulsión de los "turistas revolucionarios" y hacer la vista gorda de los asesinatos contra los indígenas, simpatizantes del zapatismo, debe aumentar la cooperación contra ETA".
Unos días después, al mismo Felipe González, otro conocedor de la legitimidad del monopolio de la violencia del Estado de Derecho, que hace unos años dijo que la "democracia" había que defenderla también en las alcantarillas, le preguntaron su opinión sobre lo que está ocurriendo en México. Felipe, sin duda más inteligente (y también más cínico) que su sucesor, contestó con un diplomático "no conozco lo suficiente". Resulta enternecedora la modestia con la que el ex-presidente de gobierno, expresó su ignorancia y su prudencia. Casi nos hizo llorar.
Enric