!Por dsnde empezar!

Contribucisn a la preparacisn de la Conferencia Internacional de Marzo de 1999 por la Internacional Obrera, por el Partido Mundial de la Revolucisn Socialista

1 En defensa del marxismo, pensamiento dialictico frente a pensamiento vulgar
La lsgica aristoteliana del silogismo simple parte de la premisa de que A es igual a A. Este 
postulado se acepta como axioma para una cantidad de acciones humanas practicas y de 
generalizaciones elementales. Pero en realidad A no es igual a A. Esto es facil de demostrar si 
observamos estas dos letras bajo una lente: son completamente diferentes. Pero, se podra objetar, 
no se trata del tamaqo o de la forma de las letras, dado que ellas son solamente smmbolos de 
cantidades iguales, por ejemplo de una libra de azzcar. La objecisn no es valedera; en realidad, una 
libra de azzcar nunca es igual a una libra de azzcar: una balanza delicada descubrirma siempre la 
diferencia. Nuevamente se podrma objetar: sin embargo una libra de azzcar es igual a sm misma. 
Tampoco esto es verdad: todos los cuerpos cambian constantemente de peso, color, etc. Nunca son 
iguales a sm mismos. Un sofista contestara que una libra de azzcar es igual a sm misma en un 
momento dado. Fuera del valor practico extremadamente dudoso de este axioma, tampoco 
soporta una crmtica tesrica. )Csmo concebimos realmente la palabra momento? Si se trata de un 
intervalo infinitesimal de tiempo, entonces una libra de azzcar esta sometida durante el transcurso 
de ese momento a cambios inevitables. )O ese momento es una abstraccisn puramente 
matematica, es decir, cero tiempo? Pero todo existe en el tiempo y la existencia misma es un 
proceso ininterrumpido de transformacisn; el tiempo es en consecuencia, un elemento fundamental 
de la existencia. De este modo el axioma A es igual a A, significa que una cosa es igual a sm 
misma si no cambia, es decir, si no existe.
A primera vista podrma parecer que estas sutilezas son inztiles. En realidad tienen decisiva 
importancia. El axioma A es igual a A, es a un mismo tiempo punto de partida de todos nuestros 
conocimientos y punto de partida de todos los errores de nuestro conocimiento. Sslo dentro de 
ciertos lmmites se lo puede utilizar con uniformidad. Si los cambios cuantitativos que se producen en 
A carecen de importancia para la cuestisn que tenemos entre manos, entonces podemos presumir 
que A es igual a A. Este es, por ejemplo, el modo con que vendedor y comprador consideran una 
libra de azzcar. De la misma manera consideramos la temperatura del sol. Hasta hace poco 
considerabamos de la misma manera el valor adquisitivo del dslar. Pero cuando los cambios 
cuantitativos sobrepasan ciertos lmmites se convierten en cambios cualitativos. Una libra de azzcar 
sometida a la accisn del agua o del queroseno deja de ser una libra de azzcar. Un dslar en manos 
de un Presidente deja de ser un dslar. Determinar en el momento preciso el punto crmtico en que la 
cantidad se transforma en calidad, es una de las tareas mas difmciles o importantes en todas las 
esferas del conocimiento, incluso en la sociologma.
Todo obrero sabe que es imposible elaborar dos objetos completamente iguales. En la 
transformacisn del cobre en conos, se permite cierta desviacisn para los conos, siempre que Ista 
no pase ciertos lmmites (a esto se le llama tolerancia). Mientras se respetan las normas de la 
tolerancia, los conos son considerados iguales (A es igual a A). Cuando se excede la tolerancia la 
cantidad se transforma en calidad; en otras palabras, los conos son de inferior calidad o 
completamente inztiles.
Nuestro pensamiento cientmfico no es mas que una parte de nuestra practica general, incluso de la 
ticnica. Para los conceptos rigen tambiin las reglas de la tolerancia que no surgen de la lsgica 
formal basada en el axioma A es igual a A, sino de la lsgica dialictica cuyo axioma es: todo 
cambia constantemente. El sentido comzn se caracteriza por el hecho de que sistematicamente 
excede la tolerancia dialictica.
El pensamiento vulgar opera con conceptos como capitalismo, moral, libertad, Estado obrero, etc., 
considerandolos como abstracciones fijas, presumiendo que capitalismo es igual a capitalismo, 
moral igual a moral, etc. El pensamiento dialictico analiza todas las cosas y fensmenos en sus 
cambios continuos a la vez que determina en las condiciones materiales de aquellos cambios el 
momento crmtico en que A deja de ser A, un Estado obrero deja de ser un Estado obrero.
El vicio fundamental del pensamiento vulgar radica en el hecho de que quiere contentarse con 
fotografmas inertes de una realidad que consiste en eterno movimiento. El pensamiento dialictico da 
a los conceptos -por medio de aproximaciones sucesivas, correcciones, concreciones- riqueza de 
contenido y flexibilidad; dirma, incluso, hasta cierta suculencia que en cierta medida los aproxima al 
fensmeno viviente. No hay un capitalismo en general, sino un capitalismo dado, en una etapa dada 
de su desarrollo. No hay un Estado obrero en general, sino un Estado obrero dado, en un pams 
atrasado, dentro de un cerco capitalista, etcitera. 
Con respecto al pensamiento vulgar, el pensamiento dialictico esta en la misma relacisn que una 
pelmcula cinematografica con una fotografma inmsvil. La pelmcula no invalida la fotografma inmsvil, 
sino que combina una serie de ellas de acuerdo a las leyes del movimiento. La dialictica no niega 
el silogismo, sino que nos enseqa a combinar silogismos en forma tal que nos lleve a una 
comprensisn mas certera de la realidad eternamente cambiante. Hegel en su Lsgica establecis una 
serie de leyes: cambio de cantidad en calidad, desarrollo a travis de las contradicciones, conflictos 
entre el contenido y la forma, interrupcisn de la continuidad, cambio de posibilidad en 
inevitabilidad, etc., que son tan importantes para el pensamiento tesrico como el silogismo simple 
para las tareas mas elementales.
Hegel escribis antes que Darwin y antes que Marx. Gracias al poderoso impulso dado al 
pensamiento por la Revolucisn Francesa, Hegel anticips el movimiento general de la ciencia. Pero 
porque era solamente una anticipacisn, aunque hecha por un genio, recibis de Hegel un caracter 
idealista. Hegel operaba con sombras ideolsgicas como realidad final. Marx demostrs que el 
movimiento de estas sombras ideolsgicas no reflejaba otra cosa que el movimiento de cuerpos 
materiales. 
Llamamos materialista a nuestra dialictica porque sus ramces no estan en el cielo ni en las 
profundidades del libre albedrmo, sino en la realidad objetiva, en la naturaleza. Lo consciente 
surgis de lo inconsciente, la psicologma de la fisiologma, el mundo organico del inorganico, el sistema 
solar de la nebulosa. En todos los jalones de esta escala de desarrollo, los cambios cuantitativos se 
transformaron en cambios cualitativos. Nuestro pensamiento, incluso el pensamiento dialictico, es 
solamente una de las formas de expresisn de la materia cambiante. En este sistema no hay lugar 
para Dios, ni para el Diablo, ni para el alma inmortal ni para leyes y normas morales eternas. La 
dialictica del pensamiento, habiendo surgido de la dialictica de la naturaleza, posee en 
consecuencia un caracter profundamente materialista.
El darwinismo, que explics la evolucisn de las especies a travis del transito, de las 
transformaciones cuantitativas en cualitativas, fue el mas alto triunfo de la dialictica en el campo 
de la materia organica. Otro gran triunfo fue el descubrimiento de la tabla de pesos atsmicos de 
elementos qummicos, y posteriormente, la transformacisn de un elemento en otro.
A estas transformaciones (de especies, elementos, etcitera) esta estrechamente ligada la cuestisn 
de la clasificacisn, de pareja importancia en las ciencias naturales y en las sociales. El sistema de 
Linneo (siglo XVIII), que utilizaba como punto de partida la inmutabilidad de las especies, se 
limitaba a la descripcisn y clasificacisn de las plantas de acuerdo a sus caractermsticas exteriores. El 
permodo infantil de la botanica es analogo al permodo infantil de la lsgica, ya que las formas de 
nuestro pensamiento se desarrollan como todo lo que vive. Unicamente el repudio definitivo de la 
idea de especies fijas, znicamente el estudio de la historia de la evolucisn de las plantas y de su 
anatomma, prepars las bases para una clasificacisn realmente cientmfica. 
Marx, que a diferencia de Darwin era un dialictico consciente, descubris una base para la 
clasificacisn cientmfica de las sociedades humanas, en el desarrollo de sus fuerzas productivas y en 
la estructura de las formas de la propiedad, que constituyen la anatomma social. El marxismo 
sustituye por una clasificacisn dialictica materialista la clasificacisn vulgarmente descriptiva que 
azn sigue floreciendo en las universidades. Unicamente mediante el uso del mitodo de Marx es 
posible determinar correctamente el concepto de lo que es un Estado obrero como el momento de 
su camda. 
Todo esto, como vemos, no contiene nada de metafmsica o de escolastico, como afirma la 
infatuada ignorancia. La lsgica de la dialictica expresa las leyes del movimiento dentro del 
pensamiento cientmfico contemporaneo. La lucha contra la dialictica materialista expresa por el 
contrario un pasado distante, el conservatismo de la pequeqa burguesma, la autosuficiencia de los 
rutinarios universitarios y un destello de esperanza en el mas alla.
La definicisn de la URSS dada por el camarada Burnham -ni Estado obrero ni Estado burguis- es 
puramente negativa, se separa de la cadena del desarrollo histsrico. Oscila en suspenso por los 
aires, carece de toda partmcula de sociologma y representa, sencillamente, la capitulacisn tesrica del 
pragmatista ante un fensmeno histsrico contradictorio.
Si Burnham fuera un materialista dialictico, hubiera tenido que demostrar las siguientes tres 
cuestiones: 1 ?Cual es el origen histsrico de la URSS? 2 ?Qui cambios ha sufrido este Estado 
durante su existencia? 3 ?Pasaron estos cambios de la etapa cuantitativa a la cualitativa? Es decir: 
)crearon una dominacisn histsrica necesaria por parte de una nueva clase explotadora? Al contestar 
estas preguntas Burnham se hubiera visto obligado a extraer la znica conclusisn posible: la URSS 
es todavma un Estado obrero degenerado.
La dialictica no es una magica llave para todas las cuestiones. No reemplaza el analisis cientmfico 
concreto, sino que dirige este analisis por una senda correcta, poniindolo a resguardo de los 
extravmos estiriles en el desierto del subjetivismo y del escolasticismo.
Bruno R. ubica a los regmmenes fascistas y soviitico en una misma categorma de colectivismo 
burocratico, por el hecho de que la URSS, Italia y Alemania estan gobernadas por burocracias; aqum 
y alla se siguen los principios de la planificacisn; en un caso se liquida la propiedad privada, en 
otro se la limita, etc. De este modo, sobre la base de una relativa similitud de ciertas caractermsticas 
exteriores, de distinto origen, de distinto peso especmfico y de distinta significacisn de clases, se 
establece una identidad fundamental de regmmenes sociales, completamente de acuerdo con el 
espmritu de los profesores burgueses que establecen categormas de economma controlada, Estado 
centralizado, sin tener en cuenta para nada la naturaleza de clase de unos y otros. Bruno R. y sus 
continuadores o semicontinuadores, como Burnham, permanecen en el mejor de los casos en la 
esfera de las clasificaciones sociales al nivel de Linneo, en cuya justificacisn serma necesario 
destacar, sin embargo, que vivis antes de Hegel, Darwin y Marx.
Peores azn y mas peligrosos tal vez son aquellos eclicticos que expresan la idea de que el caracter 
de clase del Estado soviitico no interesa y que la direccisn de nuestra polmtica debe estar 
determinada por el caracter de la guerra. Como si la guerra fuera una substancia independiente 
supersocial; como si el caracter de la guerra no estuviera determinado por el caracter de clase 
dirigente, es decir, por el mismo factor social que determina tambiin el caracter del Estado. (Es 
asombroso con qui facilidad algunos camaradas olvidan el ABC del marxismo bajo los golpes de los 
acontecimientos!
No es de sorprender que los tesricos de la oposicisn que rechazan el pensamiento dialictico 
capitulen tan lamentablemente ante la naturaleza contradictoria de la URSS. Sin embargo, la 
contradiccisn entre las bases sociales sentadas por la revolucisn y el caracter de la casta surgida de 
la degeneracisn de la revolucisn es no solamente un hecho histsrico irrebatible, sino tambiin una 
fuerza motriz. En nuestra lucha por el derrocamiento de la burocracia nos basamos sobre esta 
contradiccisn. Entre tanto, algunos ultraizquierdistas han llegado al absurdo final al afirmar que es 
necesario sacrificar la estructura social de la URSS a fin de destruir la oligarquma bonapartista. No 
tienen la menor sospecha de que la URSS sin la estructura social creada por la Revolucisn de 
Octubre, serma un rigimen fascista. 
Extramdo de un artmculo de L. Trotsky, fechado el 15 de diciembre de 1939.

2 De la situacisn mundial
En tirminos generales vivimos y luchamos dentro del periodo histsrico perfectamente definido por 
Lenin en el Imperialismo fase superior -y dltima- del capitalismo. Si bien tenemos la obligacisn de 
profundizar y mucho, sobre la base del pensamiento dialictico, acerca de los cambios profundos 
que se han operado en la sociedad. Asm, en las ultimas dicadas no son pocos los cambios de 
cantidad a calidad que han tenido lugar en el mundo sin que los revolucionarios los hayamos 
percibido a tiempo. La gran aportacisn de Trotsky consiste en la afirmacisn de que las condiciones 
objetivas para la revolucisn socialista no sslo estan maduras sino que han empezado a pudrirse, 
esto es, que el sistema basado en la propiedad privada de los medios de produccisn y la 
explotacisn del hombre por el hombre, no subsiste por la fuerza del campo del capital, sino por la 
colaboracisn de clases. Por ello el Programa de Transicisn expresa que la crisis histsrica de la 
humanidad es la crisis de la direccisn del proletariado. El Imperialismo, ipoca de guerras y 
revoluciones, entraba asm objetivamente en un largo permodo de transito hacia el socialismo, 
castico por excelencia en la medida en que la contradiccisn entre las condiciones objetivas 
-plenamente maduras para la revolucisn socialista- y las condiciones subjetivas -Internacional 
Revolucionaria capaz de poner un tirmino a la agonma del sistema de la propiedad privada-, iba a 
perpetuarse, en los tirminos precisos en que Trotsky lo aborda en el Programa, esto es, han ido 
pudriindose hasta nuestros dmas conduciendo a la humanidad en su conjunto a una situacisn cada 
vez mas castica, hasta las enormes contradicciones de nuestros dmas. 
La crisis y destruccisn organizativa de la IV Internacional al salir de la segunda guerra mundial 
imperialista, se convirtis en un elemento central de la lucha de clases ella misma, agravando dicha 
contradiccisn, hasta el punto que todos los enfrentamientos a gran escala entre las masas 
explotadas y el capital, no han podido desembocar mas que en retrocesos de alcance histsrico para 
el proletariado, que ha ido perdiendo en estas ultimas dicadas numerosas posiciones arrancadas 
en sus mzltiples luchas de clase en el permodo anterior. Retrocesos y derrotas importantes pero en 
modo alguno decisivas para la suerte de la revolucisn proletaria y esto desde un znico punto de 
vista: la necesidad histsrica del socialismo procede de una realidad objetiva, a saber, el 
antagonismo irreconciliable entre capital y trabajo asalariado. Tanto mas importante, resulta 
entonces, asimilar los enormes cambios que se han producido en el mundo, cuestisn decisiva a la 
hora de encarar la cuestisn del partido, la cuestisn del programa. 
El orden mundial establecido en Yalta, Postdam y Teheran, sellaba el nuevo reparto del pastel 
planetario. Durante dicadas, ha sido la clase obrera, con sus organizaciones histsricas, la que ha 
podido ir inyectando los elementos de democracia formal al Estado burguis, principalmente en el 
corazsn de Europa. Las principales conquistas de proteccisn social, fueron arrancadas al salir de la 
segunda guerra mundial y las distintas burguesmas tuvieron que pagar un precio muy alto, para 
preservar su dominacisn de clase. La unidad mundial de la lucha de clases, jamas ha dejado de 
expresarse, desde entonces, como una totalidad -contrariamente a todas las elucubraciones 
revisionistas proclamadas en nombre de la IV Internacional-, en un contexto de reparto de 
funciones contrarrevolucionarias de parte del Imperialismo y la burocracia del Kremlin, hasta la 
camda del muro de Berlmn y el desmoronamiento de la URRS. 
1El caracter degenerado del Estado Obrero' -Estado burguis sin burguesma-, la misma funcisn 
histsrica de la burocracia del Kremlin -restauracisn capitalista en la URRS y papel 
contrarrevolucionario en tanto que agencia del Imperialismo en cada pams-, la naturaleza de cada 
Estado en el Este de Europa, Estados nacidos a la imagen del Kremlin tras el paso del ejircito rojo, 
en el permodo que cubris la tendencia a la transformacisn de la guerra imperialista en guerra civil, 
con enormes diferencias en cada uno de los procesos que condujo al Imperialismo a la pirdida del 
control directo de esta enorme parte de mercado mundial, sellaba el marco concreto del permodo 
histsrico en el que la IV Internacional iba a ser destruida en tanto que organizacisn comunista 
centralizada en el ambito mundial sobre la base del Programa de la Revolucisn Socialista.
1La existencia del papel abiertamente contrarrevolucionario de la burocracia del Kremlin, permitis 
el resurgir organizado y con influencia creciente en las masas de la socialdemocracia herida de 
muerte en el permodo anterior. Conforme a su naturaleza reformista, la socialdemocracia desempeqs 
el gran papel de reformas en una Europa destruida por la guerra, alcanzando a ganar fuertes 
posiciones en la clase, naciendo el llamado Estado de bienestar.
1Es la lucha de clase del proletariado en el ambito mundial la que ha impedido la generalizacisn 
de la expresisn fascista de dominacisn de clase de la burguesma en el permodo histsrico en el que 
vivimos y luchamos. La colaboracisn de clases, a la vez que ha permitido sobrevivir al sistema de la 
propiedad privada de los medios de produccisn, sobre la base de retrocesos enormes con relacisn a 
las conquistas adquiridas por el proletariado, ha visto desarrollarse en el seno de las 
organizaciones histsricas del proletariado el paso abierto de sus direcciones a la gestisn misma del 
sistema no ya en tanto que sostin indispensable al dominio de la burguesma sino en tanto que 
gestores directos y privilegiados de los asuntos de aquella. La naturaleza misma de estas 
organizaciones ha cambiado substancialmente desde la proclamacisn de la IV Internacional sobre 
la base del Programa de Transicisn hasta nuestros dmas. La transformacisn de cantidad en calidad 
ha pasado en gran medida desapercibida, desde este punto de vista, conllevando un sinfmn de 
errores que desembocarman cmclicamente en posiciones liquidacionistas, de adaptacisn a los 
aparatos contrarrevolucionarios, de renuncia a la lucha consecuente por el partido y el programa de 
la revolucisn socialista.
1La socialdemocracia, no puede ya ser caracterizada en tanto que partido obrero-burguis es de 
todo punto de vista un partido burguis mundialmente organizado. 
El estalinismo, completamente desmembrado, pierde su funcisn histsrica en tanto que aparato 
diplomatico internacional al servicio de los intereses de la burocracia del Kremlin, viniendo a 
ocupar las mismas funciones de gestisn directa de los asuntos de la burguesma como partido 
burguis (DAlema en Italia), Garrido-Almeyda en Espaqa blanqueandole la cara al PSOE burguis 
de Felipe Gonzalez en el terreno electoral, aquellos de sus sectores que han operado un giro 
abiertamente socialdemscrata, mientras los sectores Anguita, Bertinotti, cubiertos por la izquierda 
por toda suerte de nzcleos desprendidos a lo largo de dicadas del estalinismo y por los sectores 
que niegan la IV Internacional en nombre de la IV Internacional, se mantienen, en plena crisis de 
identidad y hasta de espacio polmtico, a la espera del desenlace final de la misma suerte de la ex 
Unisn-Soviitica, -que azn no esta echada, cuestisn decisiva en nuestros debate-, liberando toda 
clase de organizaciones centristas profundamente marcadas por la naturaleza polmtica del 
estalinismo. 
El Secretariado Unificado de la IV Internacional, en su propia evolucisn desde su ruptura con el 
marxismo, ha ido adaptandose al giro abiertamente burguis de los aparatos socialdemscrata y 
estilista, hasta erigirse en la actualidad en un aparato internacional, agencia del imperialismo en el 
seno del movimiento obrero. El Secretariado Unificado de la IV Internacional no puede ser 
enderezado. Debe ser destruido, pues se erige en el principal obstaculo a una potencial 
reconstruccisn de la IV Internacional. En nombre de la IV Internacional, existen diversos marcos 
organizados, organizaciones centristas con las que cabe la mas amplia discusisn y hasta la 
intervencisn comzn en la lucha de clases, en la lmnea del Frente znico. Pero esto no debe retrasar 
un solo instante la lucha por la construccisn de un marco internacional regido por los principios del 
centralismo democratico. Es mas, este tipo de organizaciones no deben tener un trato 
substancialmente distinto de todas aquellas organizaciones y agrupamientos militantes centristas 
que se desprenden de la crisis de la socialdemocracia y del estalinismo y que buscan la vma de la 
centralizacisn polmtica. La lucha por la Internacional Revolucionaria no debe convertirse en una 
entelequia entre organizaciones trotsquistas. Al contrario, es la lucha por ganar al Programa y al 
Partido de la Revolucisn Mundial, a los sectores avanzados de la clase, ciertamente minoritarios, a 
partir de una comprensisn profunda de un hecho esencial: las banderas de la socialdemocracia y 
del estalinismo, un sinfmn de grupos centristas e izquierdistas que les han ido, siguen yendo e iran a 
la zaga, han dejado en la cuneta de la historia -a millones de obreros en todo el mundo, sobre todo 
en los pamses desarrollados- desde el punto de vista de los objetivos de la revolucisn socialista 
mundial. La juventud, contrariamente a las apariencias, es mas que nunca, hoy, la llama de la 
revolucisn. Hay un viejo movimiento caducado histsricamente y un movimiento emergente, con 
contornos poco definidos, incridulo y desconfiado, que comienza a vislumbrarse en el horizonte. 
Bajo los golpes y contradicciones de las mismas leyes dialicticas del antagonismo capital-trabajo 
asalariado, estamos asistiendo a las primeras escaramuzas conflictivas entre ambos. Estamos en 
una fase decisiva de la lucha por la conciencia basada en el Programa marxista, por la continuidad 
histsrica del marxismo, ciencia de la revolucisn socialista mundial, fase en la que tenemos la 
obligacisn de redoblar en nuestros esfuerzos por comprender un sinfmn de fensmenos nuevos que 
se inscriben en la lmnea y las premisas de configuracisn de un nuevo movimiento antisistema, a la 
vez que debemos prepararnos para comprender todos los fensmenos de decrepitud de un viejo 
movimiento caducado e inservible, en tirminos generales, para los objetivos revolucionarios del 
permodo hacia el cual nos encaminamos, configurado por una pauperizacisn creciente, por el 
aumento desenfrenado de la productividad y la destruccisn masiva de los puestos de trabajo, por la 
flexibilidad laboral aumentada por la implantacisn de empresas gigantescas de esclavistas de 
jsvenes de ambos sexos, por el desprestigio institucional y del parlamentarismo, permodo marcado 
profundamente por el desgaste de todo el personal polmtico burguis, cuestisn ista que engloba a 
los dirigentes de lo que fueron en su dma, organizaciones obrero-burguesas etc.
Los sindicatos, mientras, estan totalmente integrados al Estado burguis, reproducen en su seno -en 
las mismas elecciones sindicales- el parlamentarismo burguis de nuestros tiempos, son fuertes 
aparatos sin credibilidad en las masas, fuertemente subvencionados por los Estados y por las 
estructuras SupraEstatales, como los fondos de cohesisn internacional.
La crisis financiera es estructural y no coyuntural. Es la expresisn mas acabada del colapso 
generalizado de la economma mundial, expresa al mas alto nivel, el callejsn sin salida del sistema 
capitalista mundial, arrastra mas si cabe a los aparatos contrarrevolucionarios surgidos del mismo 
movimiento obrero a ponerse la corbata y el latigo de la gestisn de la socializacisn de la miseria, 
bajo unas coordenadas de desgaste generalizado del sistema del libre intercambio al poder por 
medio de las urnas, del que las ultimas elecciones en Italia ponen de relieve la profunda crisis y 
hasta la situacisn de ingobernabilidad e inestabilidad polmtica permanente que espera a cada uno 
de los pamses capitalistas desarrollados.
El paro y la precariedad se erigen en el pan cotidiano de masas cada vez mas pauperizadas en el 
corazsn mismo de Europa, Estado Unidos, Japsn, etc., mientras en el llamado tercer mundo, la 
fraseologma de pamses emergentes, no puede esconder por mas tiempo que el mundo entero vive 
del endeudamiento generalizado, que la riqueza se concentra cada vez en menos manos y que la 
situacisn mundial esta girando aceleradamente hacia enfrentamientos gigantescos, como una vez 
mas, ponen de relieve Indonesia y Corea del Sur. Rusia, con mas de cien millones de proletarios, 
avanza aceleradamente hacia el proceso de su albanizacisn. Los Balcanes, se erigen en puntos 
algidos de la inestabilidad mundial, con una situacisn al lmmite de lo sostenible en el continente 
latinoamericano, cuya expresisn mas latente se refleja en Brasil. Es una situacisn mundial de 
Transicisn Polmtica en su conjunto. El tirmino Transicisn llena las paginas de todos los perisdicos, 
de los telediarios a nivel del planeta, impzdicamente, porque se corresponde con una profunda 
realidad: estamos alcanzando csmo tal vez nunca se haya podido alcanzar en el ambito mundial, 
aquil tipo de situacisn definida por los IV primeros Congresos de la Internacional Comunista con 
relacisn a la situacisn prerrevolucionaria: los de arriba no pueden ya seguir gobernando como 
antes y los de abajo no estan dispuestos a seguir soportando su situacisn como antes.

3 El marxismo
La clase obrera, en su combate de clase contra el capital, ha levantado cuatro internacionales. 
Desde la I0 Internacional, hasta la IV0 Internacional, el marxismo, ciencia de la revolucisn, ha 
estado presente, en una lucha sin cuartel para desempeqar su funcisn de expresisn consciente del 
movimiento inconsciente de las masas trabajadoras hacia su emancipacisn por ellas mismas. El 
marxismo ha mantenido en estos ciento cincuenta aqos de lucha entre las clases, un hilo de 
continuidad histsrica permanente, en el corazsn del combate histsrico entre capital y trabajo 
asalariado, al servicio incondicional de la causa del proletariado revolucionario. El marxismo, se ha 
caracterizado esencialmente durante estos ciento cincuenta aqos, por la defensa de la unidad entre 
teorma y practica, cuya expresisn mas acabada, no es otra, que la lucha por el partido, por la 
Internacional Obrera Revolucionaria, sobre la base del Programa. El marxismo, manteniendo su 
relacisn histsrica al servicio del proletariado, ha tenido que delimitarse en cada momento y 
circunstancia, respecto del abandono justamente de ista relacisn histsrica al servicio del 
proletariado, por parte de quienes han ido pasando en cada etapa, al lado del campo burguis. 
Tanto es asm, que serma vano pretender que hace falta partir de cero. Al contrario, lo que hace falta, 
es asimilar profundamente este proceso. Hace falta ordenar el conjunto del proceso histsrico que, 
desde el Manifiesto del Partido Comunista, hasta nuestros dmas, confiere a esta indispensable 
clarificacisn polmtica, todos los elementos que permiten, en hilo de continuidad histsrica, encarar la 
lucha por la Internacional Obrera Revolucionaria, con todas las consecuencias, esto es, en plena 
comunisn entre teorma y practica. 
Esto exige a la vez, un rigor enorme, por ello, una vez mas, la capacidad de delimitarse clara y 
rotundamente, sin concesisn alguna. Lo cual, debe comenzar por una discusisn profunda sobre el 
Programa de Transicisn, su naturaleza, alcance y vigencia. Sobre la naturaleza de la crisis de la IV 
Internacional, su destruccisn organizativa, de como ista, ha agravado la crisis histsrica de la 
humanidad, crisis de la direccisn revolucionaria del proletariado hasta nuestros dmas. 
Entre 1948 y 1953, se produce una crisis, que no cesara de desarrollarse, alcanzandose 
monstruosidades tan grandes, como la participacisn en un gobierno de Frente Popular, en nombre 
de la IV Internacional (Sri Lanka), por citar un crudo ejemplo, de alcance y caracter degenerativo 
irreversible. Las virtudes que en nombre de la IV Internacional le seran otorgadas a la burocracia 
del Kremlin, las teormas acerca del neo-capitalismo y el enorme desarrollo de las fuerzas 
productivas, seran otros tantos elementos que apuntan en la misma direccisn. 
Todos los problemas actuales y las diferencias polmticas existentes, hallan sus ramces en istas 
cuestiones. Se trata de desviaciones tesricas profundas, a partir de las cuales, en nombre de la IV0 
Internacional, se han ido levantando mas y mas obstaculos al proletariado, en particular, 
generaciones enteras de jsvenes han sido destrozadas polmticamente por dirigentes, direcciones y 
organizaciones ajenas al marxismo y a su funcisn de vanguardia revolucionaria, en nombre de la IV 
Internacional. 
Ha habido resistencia permanente a la degeneracisn de la IV Internacional, en particular, el PCI 
francis. A partir de il, el Comiti Internacional por la reconstruccisn de la IV0 Internacional, hasta 
su degeneracisn del todo irreversible. Degeneraciones polmticas como la de Healy, Lora, Lambert, las 
funestas consecuencias que esto ha representado, con los problemas polmticamente no resueltos 
todavma, nos obligan a discutir con el rigor que se merece, el conjunto de la naturaleza de la crisis y 
destruccisn de la IV0 Internacional, hasta nuestros dmas. Para lo cual, una vez mas, hay que partir 
de la lucha de clases, y de la intervencisn real de cada cuerpo organizado en ella, znica forma de 
abordar correctamente a qui responden y hacia adsnde apuntan las ideas (teorma) de unos y 
otros, qui intereses materiales defienden, en definitiva, en qui campo o lado de la trinchera se 
esta. El balance no permite alegrmas o ligerezas. Debe ser implacable, a la imagen de las 
delimitaciones de organizacisn y de programa que los marxistas han tenido que hacer en este siglo 
y medio. Delimitaciones que se concentran en la historia de Cuatro Internacionales, la historia viva 
del combate por el partido de los explotados, por el partido y el programa de la revolucisn mundial. 
De la propia historia de la lucha de clases, hemos podido aprender, que los procesos de 
regeneracisn polmtica naturales de quienes han abandonado el campo del marxismo, no existen. 
Es mas: la I0 Internacional fue disuelta a instigacisn de Marx y Engels, tras el aplastamiento de la 
Comuna de Parms; la II0 Internacional fue proclamada sin que Engels compartiera la necesidad de 
hacerlo (lo consideraba prematuro); la III0 Internacional, proclamada en 1919 bajo el impulso de la 
victoriosa Revolucisn de Octubre, pero tambiin, profundamente impregnada por el lastre del 
reformismo, de cantidad de elementos ajenos al bolchevismo, es decir al marxismo; la IV0 
Internacional, sera proclamada tras las derrotas mas graves que jamas haya sufrido el proletariado 
y a las vmsperas de la barbarie de la 20 Guerra Mundial Imperialista. En un contexto en el que en 
nombre de Octubre se niega Octubre, en nombre del marxismo, se niega el marxismo. Dsnde en 
nombre de Lenin, se extermina a toda una generacisn revolucionaria, acusada de alta traicisn... 
Trotsky, es mas consciente que nadie, tal vez no sea errsneo, decir que solo il es plenamente 
consciente del alcance histsrico de la Proclamacisn de la IV0 Internacional y de la naturaleza 
misma del Programa de Transicisn. 
La reconstruccisn de la IV0 Internacional, sslo tiene sentido si los ejes principales de su Programa 
son vigentes. Por ejes principales, cabe comprender:
Primero: la metodologma misma de reivindicaciones transitorias y formas transitorias de 
organizacisn, y no las reivindicaciones propiamente expuestas en el Programa que, una vez 
controlada la ola revolucionaria que cubre el permodo 43-48 por el imperialismo, con el sostin 
indispensable de la burocracia del Kremlin en primer grado y del reformismo agente del 
Imperialismo desde la I0 Guerra Mundial, debe ser necesariamente adaptada a la nueva situacisn, 
guardando de ellas, el contenido y no las formas, el mitodo y no la letra. 
Segundo: la primera gran aportacisn de Trotsky al marxismo, desde que inicia la lucha por una 
nueva Internacional, a saber, las fuerzas productivas de la humanidad se estancan, es decir, los 
avances tecnolsgicos y cientmficos jamas alcanzados en los permodos anteriores, no redundaran en la 
mejora de las condiciones materiales de existencia de las masas, de la humanidad. Al contrario, 
iran mayoritariamente al campo del exterminio ininterrumpido de fuerzas productivas. 
Tercero: La crisis histsrica de la humanidad es la crisis de la direccisn revolucionaria del 
proletariado, esto es, el sistema de la propiedad privada de los medios de produccisn no sobrevive 
ya sobre la base de las propias fuerzas de las distintas burguesmas, del Imperialismo. Sobrevive 
esencialmente por la colaboracisn de clases. De ahm la importancia de la caracterizacisn de la 
polmtica de los Frentes Populares: la colaboracisn de clases, ya habma existido antes, (faltarma mas! El 
Frente Popular, es mas que la colaboracisn de clases: es el zltimo recurso para impedir la 
revolucisn proletaria en un permodo histsrico en que las condiciones 'no sslo estan maduras para la 
revolucisn, han comenzado a pudrieres. Desde este punto de vista, la existencia del 
frentepopulismo de nuestros dmas, nos obliga a profundizar mucho mas en el analisis concreto de 
todos los cambios y transformaciones de cantidad en calidad que se nos han ido escapando en 
estas dicadas de carencia de firmeza en el analisis y en la lucha por el partido y el programa: si el 
Frente Popular, representaba el ultimo recurso, la ultima barrera a la revolucisn socialista -junto a 
la forma fascista de dominacisn de clase- a menudo, el primero era portador de la segunda en 
tanto que se desarmaba polmticamente al proletariado; hoy, en el momento presente, la forma 
fascista de dominacisn de clase parece del todo innecesaria, no esta a la orden del dma, por la 
simple razsn que la crisis de los distintos aparatos del Estado, la inestabilidad generalizada en el 
terreno de la gobernabilidad, no proceden directamente de la disputa del poder por parte de los 
explotados levantados en clase organizada y combatiente, procede, mas bien, del propio 
mecanismo de desgaste del sistema, en su crsnico deambular agsnico, preso en sus contradicciones 
insalvables, y a la vez, marcado por el peso de la podredumbre de las condiciones objetivas y la 
mayor crisis de la direccisn revolucionaria del proletariado. En el centro de esta contradiccisn de 
extrema sutileza, hay la lucha de clases, hay el reloj de la historia, que no puede dejar de andar 
una sola fraccisn de segundo. Ahm es dsnde viejo y nuevo movimiento chocaran abiertamente en un 
prsximo porvenir. 
Cuarto: la naturaleza del Estado obrero degenerado, de la burocracia del Kremlin, de su aparato 
diplomatico contrarrevolucionario mundial, cuyos rasgos son esencialmente distintos a los del 
reformismo. La burocracia del Kremlin no ha sido reformista. Ha sido restauracionista, un cuerpo 
parasitario, preso en la contradiccisn de vivir de la usurpacisn de las conquistas de octubre 17 y a 
la vez, un agente del Imperialismo, que necesitaba impedir a toda costa cualquier revolucisn en el 
mundo. Su funcisn histsrica sera la de restaurar el capitalismo en Rusia. Los Estados surgidos de la 
tendencia a la transformacisn de la guerra Imperialista en guerra civil, en el Este de Europa, 
tendran mas de una diferencia de matiz entre ellos. Yugoslavia o Albania, Polonia o Rumania, 
Checoslovaquia o Hungrma, no son Estados idinticos. Su caracter de Estados obreros deformados 
sera afianzado directamente en los acuerdos de Yalta, Postdam y Teheran. Una suerte de coraza del 
Estado obrero degenerado, en el reparto del pastel mundial entre Imperialismo y burocracia del 
Kremlin. Corazas que tienen lugar bajo coordenadas significativamente diferentes en cada uno de 
estos Estados deformados: de una parte, a imagen y semejanza de la monstruosidad nacida del 
termidor aniquilador de octubre de 1917, de otra, cada uno con su propia historia y hasta con la 
forma concreta muy distinta de csmo salen de la Segunda Guerra Mundial Imperialista y del mismo 
paso del ejircito rojo en cada uno de los futuros Estados obreros deformados. La revolucisn 
China, se hara contra la voluntad del Kremlin...
La crisis de la IV0 Internacional, su destruccisn en tanto que organizacisn centralizada, hallara sus 
ramces en todas y cada una de estas cuestiones. Primero en la incomprensisn de las mismas. En la 
lucha consciente, despuis, contra la naturaleza misma del Programa de Transicisn y de sus 
principales aportaciones. Contra el marxismo en nuestro permodo histsrico. No es trotskysta, quiin 
se reclame de Trotsky, igual que no es marxista quiin se reclame de Marx. Es una cuestisn de 
naturaleza de clase del Programa y de la organizacisn que lo encarna. No de referencia formal. 
Kautsky, fue marxista y dejs de serlo. )Cuando? Un cierto 4 de agosto de 1914, en tanto que 
coronacisn de todo un proceso. Es la cantidad que se transforma en calidad. Bajo el impulso de 
Lenin, nacis en 1903, la fraccisn bolchevique, dentro de un mismo partido mundial, pero viendo 
ya, la necesidad de la delimitacisn a la que nos refermamos antes. Ser trotskysta, denominacisn que 
Trotsky en vida, ponma siempre entre comillas atribuyendo su paternidad a Stalin, significarma, no 
puede ser de otro modo, ser marxista. Y se es marxista o no se es, en funcisn de un programa y una 
lmnea de intervencisn en la lucha de clases. Asm, por ejemplo, de Mandel y su teorma del 
neo-capitalismo, cabrma tal vez, hablar del Bernstein de 1953 ?o no?. Tenemos la obligacisn de 
definir cada proceso, de asimilar cada leccisn de la historia, de comprender cada una de las 
transformaciones de cantidad en calidad que han tenido lugar en estas ultimas dicadas. 
Refundacisn, es un tirmino engaqoso. Refundar, ?implica acaso, reconstruir? O da tal vez a 
entender que no se destruys? Refundar, ?no implica acaso ignorar nuestra propia historia, esto es, 
la naturaleza de la crisis, de la destruccisn organizativa, de la revisisn total del marxismo, del paso 
al lado del orden burguis? Entre Ebert y Kautsky, mediaba un abismo. Pero ambos estaban en el 
fondo del mismo lado de la barricada. Entre Thorez y De Gaulle, mediaba un abismo, pero, sin 
Thorez, De Gaulle era incapaz de reconstruir el Estado burguis destrozado por la guerra y contra el 
cual se levantaba inconscientemente el proletariado francis. Entre Carrillo, Felipe y Suarez, 
mediaban abismos, pero sin Carrillo, Felipe, era en el permodo 74-78, incapaz de llevar a 
Suarez-Juan Carlos, al restablecimiento de la Monarquma franquista. Carrillo y su aparato fueron la 
pieza clave. Y asm podrmamos repasar el planeta entero, deteniendo la lupa en Italia, por ejemplo. El 
S.U. de la IV0 Internacional, en cada uno de estos procesos, desde 1953 hasta la fecha, )qui papel 
ha desempeqado? ?Se puede decir alegremente, los trotskystas de la LCR? Y mas alla del S.U., ?los 
trotskystas de Lutte Ouvriere?? 
Programa y partido, partido y programa. Transicisn hacia El Programa y El Partido Mundial de la 
Revolucisn, que englobe todas y cada una de las aportaciones al marxismo desde el Manifiesto del 
Partido Comunista hasta nuestros dmas, con la asimilacisn de todas las delimitaciones de los 
comunistas con los demas partidos de la oposicisn (Manifiesto). Esta debe ser la discusisn, 
contrastando la intervencisn real en la lucha de clases, levantando el Programa de la 
independencia de clase, adaptando la tactica a cada pams. Levantando la bandera de la vigencia y 
continuidad histsrica del marxismo, y esto, sin la menor concesisn a quienes estan totalmente fuera 
de este programa, de esta bandera y controlan ciertamente a sectores avanzados de la clase, 
que sslo seran ganados a la causa de la Revolucisn Socialista, si la delimitacisn polmtica, 
programatica y organizativa, se corresponden con el hilo de la continuidad histsrica, que siempre 
comienza, en los momentos decisivos, por erradicar la confusisn y el confusionismo. 
Pensamos seriamente que hace falta preparar el Zimmerwald de nuestros tiempos. Y eso no se 
corresponde en modo alguno con proyectos de Refundacisn. Hace falta, simplemente, construir la 
Internacional sobre la base del Programa con todas las expresiones tacticas del mismo, apuntando 
desde ya mismo hacia el nuevo movimiento emergente, en primer grado hacia la juventud y 
dejando de lado presupuestos caducados, falsas banderas, en definitiva, elementos de 
confusionismo. 

4 Marxismo y revisionismo
El marxismo es la expresisn consciente del movimiento inconsciente de las masas hacia soluciones 
para sm. En este sentido es correcto definirlo como la ciencia de la revolucisn social.
Si en las revoluciones de 1830 y 1848, las masas explotadas lucharon y vertieron su sangre a 
cuenta de la burguesma y de las soluciones democratico-burguesas de la sociedad, en 1871, la 
Comuna de Parms sentencis histsricamente la necesidad de destruir el aparato del Estado y levantar 
la dictadura de clase del proletariado.
Muerto Marx, Engels tuvo que dedicar la parte final de sus dmas a luchar contra la negacisn de la 
esencia del marxismo en nombre del marxismo, en un esfuerzo titanico en el que se escribieron las 
paginas mas profundas por lo que se refiere a sentar las bases del futuro programa revolucionario. 
La independencia polmtica de la clase trabajadora, estuvo en el centro de todas las polimicas 
internacionales, frente a todos los smntomas de la degeneracisn burguesa de los dirigentes y 
direcciones de la II* Internacional.
La revolucisn de octubre de 1917, sentenciaba histsricamente una cuestisn decisiva: la revolucisn 
era posible, la expropiacisn de la burguesma era posible. Y a la vez, la misma degeneracisn de 
octubre, sellaba con fuerza la imposibilidad del socialismo en un solo pams.
Habma hecho falta, para que tengamos puntos tan sslidos de referencia en los que apoyarnos, que 
en 1902, bajo el impulso de Lenin, se produjera una delimitacisn polmtica y programatica, sellada 
en el Qui Hacer, que concentraba todos y cada uno de los elementos sin los cuales, ni 
Zimmerwald hubiese podido tener lugar, ni la misma revolucisn hubiese podido vencer. Mas 
claro: hubiesen habido rupturas organicas y hubiese habido revolucisn y contrarrevolucisn. Pero ni 
las rupturas habrman alcanzado a levantar la Internacional Revolucionaria, hilo de continuidad y 
proyeccisn histsrica de la I0 y de la II0, ni la revolucisn hubiese podido ser victoriosa.
Por la vma diplomatica, Rosa Luxemburgo y Karl Liebnecht, nos han dejado el ejemplo mas 
importante de lo que grandes revolucionarios no deben hacer, a lo que jamas deben jugar. Con las 
dramaticas consecuencias para ellos mismos y para la revolucisn mundial, pues en el aplastamiento 
de la revolucisn alemana hay que encontrar las bases materiales del nacimiento de la mayor 
monstruosidad de este siglo: el estalinismo, su naturaleza perversa, la negacisn del marxismo en 
nombre del marxismo, una barrera histsrica que los revolucionarios tendremos que seguir 
encarando. El desmoronamiento de la URRS, ha dejado a la extrema izquierda en un deplorable 
estado de desamparo polmtico, si bien, en vez de encarar la continuidad del marxismo, sigue 
corriendo a la zaga de los restos del estalinismo, Refundacisn en Italia, Anguita en Espaqa, Hui en 
Francia, Ziuganov en Moscz.
En todas estas ultimas dicadas, las ilusiones democraticas han sido mortales para las masas 
explotadas, revolucisn espaqola inclumda. Aislada la revolucisn de octubre de 1917, degenerado el 
Estado obrero, las masas explotadas, salvo muy contadas excepciones, han vertido generosamente 
su sangre un poco a la imagen de 1830 y 1848: en un permodo histsrico ciertamente distinto, sus 
luchas de clase han sido pese a todo encorsetadas en el callejsn sin salida de la ilusisn 
democratico-burguesa, de la reforma del sistema, de la humanizacisn del mercado, de la 
reivindicacisn econsmica sin prespectiva histsrica de soluciones para sm en tanto que clase que 
aspira al poder, barrera que no pudieron salvar las generaciones precedentes. El pensamiento 
dialictico, la transformacisn de cantidad en calidad, tiende a allanar el camino de los 
revolucionarios en el permodo hacia el que nos encaminamos, en un terreno esencial: el desgaste 
del sistema, procede claro esta de sus contradicciones histsricamente insalvables, pero atencisn, 
(esta preqado de una tendencia al abandono masivo de las ilusiones democraticas mortales en el 
campo, en el cuerpo y en la sangre de los explotados! 

5 Socialdemocracia y estalinismo
La socialdemocracia es un partido burguis que se diferencia de los demas partidos burgueses por 
su origen y porque a falta de un partido revolucionario cremble para las masas, sigue teniendo en 
sus filas a muchos trabajadores, a la vez que electoralmente, debido a la perversisn de una 
supuesta existencia de lucha entre derechas e izquierdas, tiene una fuerte componente electoral, 
en la que cada vez es menor la expresisn de la lucha entre las clases -crisis de la propia 
credibilidad democratica y de la libre alternancia al poder por medio de las urnas-, los cazadores 
de votos, se orientan todos hacia el espectro del centro, esto es, hacia las zonas residenciales de 
las grandes ciudades y el centro geografico y bienestante de ciudades medias y capitales de 
provincias, donde abundan trabajadores que juegan a la bolsa, los grandes beneficiados del 
permodo histsrico que estamos dejando atras, muchos de los cuales, tienen carnet de partido de 
izquierdas y/o de sindicato obrero (viejo movimiento). La socialdemocracia tiene en su seno a 
gestores del sistema en todas las esferas de la sociedad. La cantidad se ha transformado en calidad 
y en sus filas militantes, hay hombres y mujeres conservadores por excelencia, que extraen, igual 
que ocurre con los sindicatos, ventajas materiales por el mero hecho de tener su carnet de partido 
y/o sindical. Lo cual les diferencia cada vez mas, del cuerpo material y social de los explotados, los 
proletarios, clase a la cual, paradsjicamente tambiin pertenecen ellos, si bien, se sonrojan de 
pertenecer a ella, tal es el grado de adaptacisn al modo de produccisn y a la productividad ella 
misma a cuenta del capital y su clase a la que pertenecen abiertamente sus principales dirigentes.
La socialdemocratizacisn del estalinismo, apunta por una parte a la gestisn directa del sistema 
capitalista y su modo de produccisn de parte de sectores enteros del ex aparato internacional, al 
mantenimiento de organizaciones que se reclaman del marxismo, que se denominan comunistas, de 
parte de los sectores que se erigen en barreras directas a la creacisn de partidos revolucionarios en 
cada pams, pues levantan la falsa esperanza de la reforma radical del sistema -No a Maastricht, las 
35h. semanales, el reparto de la riqueza-, desviando las luchas, encorsetandolas en el terreno 
democratico, de izquierdas contra derechas, manteniendo la ilusisn criminal de que el problema 
estriba en la humanizacisn del sistema y no en su destruccisn. Flanqueados a su izquierda por 
organizaciones centristas y trotsquizantes, estas ultimas, en algunos casos, como el POR en 
Espaqa, completamente disueltas en I.U.
No cabe esperar ningzn giro a la izquierda, por ejemplo del PSOE. El Largocaballerismo, 
histsricamente ha muerto. Toda polmtica inscrita bajo el signo de ayudar desde dentro a la 
configuracisn de una corriente clasista, ha fracasado y esta totalmente volcada al fracaso. Ademas, 
es nefasta, por el grado de confusionismo que puede llegar a generar. Tampoco cabe esperar 
ningzn posicionamiento revolucionario de cualquiera de los desprendimientos surgidos del aparato 
estalinista, desde un punto de vista de independencia de clase. Es igual de falso, pretender ayudar 
desde dentro. Lo cual no invalida la mas atenta discusisn, con relacisn a la situacisn concreta en 
cada lugar, pero sslo la lucha por la delimitacisn programatica y el paso hacia el centralismo 
democratico en el ambito internacional, le puede dar algzn sentido a cualquier dimensisn 
estrictamente tactica de intervencisn con relacisn a estas organizaciones. 
1Socialdemocracia y estalinismo, son hoy, matrimonios de intereses, cuyos beneficios se extraen 
znicamente en funcisn del grado de necesidad que el capital pueda tener acerca de la 
indispensable aportacisn de aquellos a su mantenimiento. La juventud, comienza a irrumpir a la 
vida polmtica sin banderas. Sin creer en nada ni en nadie. Sin ilusiones democraticas. Es este un 
proceso irreversible que ira en aumento. De forma azn confusa, a partir de sensibilidades dispares, 
de las cuales la existencia de problemas de minormas nacionales o de sentimiento antiimperialista, 
segzn el lugar, constituiran ejes vitales para la construccisn del partido, siempre que haya una 
delimitacisn programatica contundente en el terreno de la independencia de clase, contra el Estado 
burguis. De la juventud pauperizada y radicalizada, instintivamente antisistema, habran de nacer 
las fuerzas vivas del partido, de la Internacional para la nueva ola revolucionaria que se anuncia al 
horizonte. 

6 Sobre la degeneracisn de la IV Internacional
La vigencia del Programa de la IV Internacional, reside en aquellos postulados que fueron atacados 
por el revisionismo. La crisis de la IV Internacional, su destruccisn como organizacisn comunista 
centralizada en el ambito internacional, no es algo en sm mismo, concentra todos los problemas 
que histsricamente han enfrentado a marxismo y revisionismo, aumentados znicamente por 
aquellos elementos que proceden de la lucha de clases, de su marcha ininterrumpida y que van 
generando en cada permodo histsrico, mas y mas elementos concretos de este enfrentamiento. 
Cambian las formas, o mejor dicho, varma su complejidad y su alcance. El contenido es el mismo y 
en el fondo, subyace la renuncia a la delimitacisn programatica para la transformacisn de la 
sociedad, esto es, para la dictadura del proletariado. 
La experiencia nos ha demostrado que en la renuncia a la construccisn de la Internacional se 
hallan todos los elementos que desembocaran en la degeneracisn polmtica (Lambert). 
La IV Internacional no existe. Hay marcos organizados que se reclaman de ella, dispersos, 
convertidos en sectas muchos de ellos, sectas irrecuperables polmticamente, mientras unos, como el 
S.U., son un verdadero aparato internacional, verdadera agencia burguesa en el seno del 
movimiento obrero, siendo los demas, marcos organizados, centristas, incapaces de levantar un 
programa de intervencisn propio en la lucha de clases, sindicalistas rojos (LIT), apindices de la 
socialdemocracia o del estalinismo en descomposicisn (Militant, POR-UIT), pegados todos ellos al 
Estado burguis en cada pams y circunstancia en que los gobiernos de centro-izquierda devienen 
una necesidad de la lucha de clase de la burguesma y sus agencias contra el campo del trabajo 
asalariado en aras a su emancipacisn de clase.
Luego estamos los demas. Y tenemos que decirlo con toda franqueza, somos marcos nacionales de 
intervencisn, que buscamos la vma de la Internacional, pero que seguimos rutinariamente pagando 
el precio de su destruccisn organica a principio de la dicada de los cincuenta, mas preocupados 
por nuestro propio dma a dma que por levantar la necesaria discusisn programatica y de principios 
hacia el marco internacional centralizado que levante la bandera pzblicamente de la Internacional, 
no como autoproclamacisn y sm como voluntad polmtica comznmente compartida de que tenemos 
que orientarnos al Zimmerwald de nuestros tiempos. 
De la forma csmo entendamos la misma preparacisn de la Conferencia Internacional, de la forma 
en csmo la preparemos en cada pams en los hechos, con discusisn centralizada y boletmn de 
discusisn de preparacisn de la misma, asm sellaremos materialmente nuestra capacidad de abordar 
los problemas que la humanidad tiene planteados o en cambio seguiremos la vma de la diplomacia 
entre nosotros, y no saldremos del centrismo organizado, encima, histsricamente vegetativo, 
mas alla de que en tal o cual pams, un nzcleo determinado incremente su numero de militantes con 
su programa clasista. 

7 Internacional revolucionaria, cuestiones tacticas de nuestro tiempo y la Conferencia Internacional 
abierta de marzo de 1999

La lucha de clases es nacional en su forma, internacional en su contenido. La construccisn de la 
Internacional requiere unos ejes estratigicos. En cada pams, deben incorporarse ejes estratigicos de 
intervencisn y construccisn, supeditados a las lmneas maestras de construccisn de la Internacional, 
sobre la base del Programa, a la intervencisn partiendo del Programa.
Programa y partido son indisociables. En cierta medida, el Programa es el Partido y el Partido es el 
Programa. 
La apreciacisn concreta del permodo histsrico en el ambito mundial, debe llevarnos a la discusisn y 
adopcisn de una Resolucisn Polmtica y una Declaracisn de Principios homogineas, plenamente 
compartidas por quienes lleguemos a alcanzar un grado suficiente de homogeneidad polmtica en la 
apreciacisn del permodo y de las tareas que de il se desprenden en la arena mundial. 
Surgira inevitablemente un sinfmn de matices en las apreciaciones. Hay que dotarse del tiempo 
necesario para proseguir la discusisn. Otorgando prioridades y calendario a la misma. Y seguir el 
trabajo en comzn sobre las lmneas maestras a las que inexorablemente tenemos que llegar desde 
ahora mismo. Y disciplinadamente, al nivel concreto en que este tirmino tiene un sentido, vista la 
fragilidad concreta de nuestra relacisn polmtica en la actualidad. Sin ningzn tipo de voluntarismo. 
Pues no se trata de quemar etapas artificialmente. Se trata de salir del letargo en el que nos 
desenvolvemos, que no conduce a ninguna parte. Hay que cambiar. Estamos obligados a modificar 
por nosotros mismos el tipo de relacisn polmtica que tenemos establecido, en el ambito 
internacional, en cada uno de nuestros nzcleos organizados. Vivimos polmticamente de una forma 
rutinaria. No nos decidimos a caracterizar con profundidad cada una de las cuestiones decisivas de 
nuestro tiempo y encima, mantenemos diplomacia entre nosotros, lo cual no nos predispone en 
absoluto a encarar las responsabilidades que son las nuestras. 
Definir en una resolucisn polmtica general los grandes ejes del momento polmtico actual es 
indispensable. Es la primera propuesta que hacemos para la Conferencia Internacional. 
La segunda propuesta es una Declaracisn de Principios sobre la Internacional, que corte de ramz 
cualquier tipo de equmvoco acerca de la Internacional que queremos levantar, acerca de la 
delimitacisn programatica esencial, de pronunciamiento sobre la necesidad histsrica de la 
dictadura del proletariado, acerca de la independencia de clase, de la vigencia del marxismo.
A partir de aqum, todas las consideraciones tacticas, pueden ser abordadas. Pero sslo a partir de 
aqum. A partir de aqum, todas las diferencias que puedan existir y las que inevitablemente van a 
surgir, pueden ser debatidas, abordadas con toda la paciencia y el tiempo de discusisn necesario. 
El centralismo democratico jamas puede ser alcanzado por voluntarismo. Debe emanar de la 
combinacisn de nuestra capacidad de elaboracisn programatica y de la intervencisn que le debe 
corresponder, con nuestra capacidad de avanzar juntos en la comprensisn comzn de los problemas 
polmticos que se nos plantean, todo ello en relacisn directa con lo que somos y con los pasos que 
vamos haciendo para ser algo mas en la necesaria credibilidad que miles de cuadros puedan 
alcanzar hacia nosotros.
Si medimos en su justa dimensisn hasta qui punto la crisis de direccisn revolucionaria del 
proletariado no ha hecho mas que aumentar desde 1938 hasta nuestros dmas pese a que las 
condiciones de madurez alcanzadas por el capitalismo para abandonar la escena de la historia no 
han cesado de pudrirse desde 1938, pues bien, estaremos en condiciones de medir cada uno de 
los pasos que tenemos que dar hacia poder alcanzar elementos de centralismo democratico en el 
ambito internacional que se correspondan en cada momento con lo que somos de la forma mas 
detallada y precisa.
1Asm, la tercera cuestisn que la Conferencia Internacional debe abordar en su misma preparacisn y 
en su orden del dma, deberma ser, partiendo de la Resolucisn Polmtica y de la Declaracisn de 
Principios, la preparacisn y adopcisn de una lmnea estratigica general, a la que cada una de las 
secciones aqadirma todas las consideraciones de orden tactico, cuya discusisn deberma ser objeto 
permanente de un Boletmn Interno Internacional, en el que comencemos a salir del aislamiento 
internacional total y absoluto en el que nos desenvolvemos en la actualidad.
1Cuando proceda, y esto no se puede determinar en un escrito, tendremos que avanzar hacia la 
constitucisn de una pequeqa direccisn polmtica a nivel Internacional, a plantear la cuestisn de las 
cuotas militantes en cada pams y qui parte va al marco Internacional y un sinfmn de cuestiones muy 
propias de unos estatutos y normas centralizadas de funcionamiento que se deben corresponder en 
cada etapa a lo que realmente somos, cuestisn que es la znica que puede ofrecer garantmas de ir 
siendo algo mas en cada Conferencia o reunisn Internacional que seamos capaces de llevar 
adelante con calendario rigurosamente establecido. Tambiin, que cada una de nuestras 
publicaciones incorpore inmediatamente despuis de la Conferencia Internacional, artmculos escritos 
para ellas desde los distintos pamses y plantearse una publicacisn Internacional comzn con cara y 
ojos.
1Por zltimo seqalar, que nosotros, adoptamos como estrategia de agitacisn e intervencisn en la 
lucha de clases en el Estado espaqol, la lmnea de la lucha por un Partido de los Trabajadores, 
organizacisn que concebimos como de masas y en la que los comunistas sermamos la fraccisn mas 
consciente. En caso de ser simplemente una fraccisn del mismo, con bandera desplegada, sermamos 
la fraccisn internacionalista, aquella que tiene un marco internacional claramente definido etc. A 
falta de lo cual, habrmamos contribuido solamente a la creacisn de una organizacisn centrista. Ya 
escribiremos al respecto, mejorando en la precisisn, el documento genirico presentado por nuestro 
nzcleo en la reunisn de Ginova. 

En Defensa del Marxismo, enero de 1999

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