Las Grandes Obras de ESPASA y EBRISA


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  • Codex Madrid I y II - Leonardo da Vinci
    ... Agotado ...

    Los espléndidos manuscritos vincianos Codex Madrid I y Codex Madrid II se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid, donde llevan las signaturas 8937 y 8936, respectivamente. En sus portadas y tejuelos se lee: "Tratados de Estatica y Mechanica en Italiano" y "Tratados de Fortificacion Estatica y Geometria escritos en italiano". Y en ambos se advierte: "está escrito al revés".

    El deseo de dar a conocer estos tesoros bibliográficos ha impulsado a publicar esta lujosa y cuidada edición, estrictamente limitada a 980 ejemplares.


  • La presente obra consta de 5 volúmenes, fruto de un trabajo riguroso y esmerado tanto en su exterior como en su interior. Se presentan reunidos en un estuche forrado en tela con un único elemento ornamental: la armadura de la cabeza del caballo proyectada por Leonardo para la estatua ecuestre de Francisco Sforza, dibujo emblemático incluido dentro del estudio de los trabajos de fundición que ocupa los últimos folios del Codex Madrid II.

    Los volúmenes I y II de esta edición constituyen la reproducción facsimilar del Codex Madrid I y del Codex Madrid II, respectivamente, dos obras únicas en que se aúnan la prosa concisa y eficaz de los escritos técnicos de Leonardo con el aliento poético de sus disquisiciones y el vigor y la precisión de sus dibujos.


  • Ninguno de los manuscritos vincianos hasta ahora conocidos alcanza las proporciones del Codex Madrid I: 191 folios, dedicados a los fundamentos teóricos y las aplicaciones prácticas de la mecánica.

    La fragmentación del Codex Madrid II se deriva de su concepción como conjunto de cuadernillos para notas y cálculos previos sobre las más diversas materias: arquitectura militar, navegación, el vuelo de las aves, apuntes sobre pintura, perspectiva y óptica... o notas sobre la fundición del bronce para monumentos sforzescos. Con todo, debe constatarse su magnífica conservación, que permite apreciar la fuerza y la justeza de los trazos en sanguina.

    El volumen III es un importante estudio introductorio del desaparecido Ladislao Reti. Por deferencia a este ilustre leonardista, que por primera vez acometió la ingente tarea de preparar, anotar y transcribir el italiano (conservando la ortografía de Leonardo) de los códices matritenses, se ha conservado gran parte del texto original. Gracias a ello, aparte de la historia de ambos manuscritos, su composición y su cronología, es posible tomar en consideración las dificultades que Reti halló al enfrentarse a los escritos vincianos y hacer su transcripción.

    Los volúmenes IV y V ofrecen, respectivamente, la traducción al castellano del Codex Madrid I y el Codex Madrid II realizada por Fernando Chueca Goitia y Asunción Madinaveitia a partir de la transcripción de Ladislao Reti. Fueron necesarios dos antilde;os de exclusiva dedicación, de intensos esfuerzos, de interminables consultas para que los dos traductores pudieran culminar con éxito la labor que habían asumido. La composición tipográfica den ambos volúmenes refleja, como si se tratara de la imagen invertida de un espejo, la disposición de los textos y los dibujos en los manuscritos originales, con objeto de facilitar al máximo su manejo y lectura. Muestra de la correspondencia entre éstos y la traducción son los ejemplos incluidos a continuación:

    Muchas de las soluciones ideadas por Leonardo causaron una enorme sorpresa al ser descubiertas en los códices de la Biblioteca Nacional de Madrid.

    Ejemplo de ello es un rodamiento de bolas del Codex Madrid I. Leonardo observa que "si las bolas o los rodillos se tocan el uno al otro al moverse..., el movimiento será más difícil que si tal contacto no existiera", y propone la solución que aquí vemos:


  • (I 20v)

    las bolas están separadas por piezas de madera de perfil cóncavo que van montadas en ejes y "mantienen a esas bolas en orden, de manera que dan vueltas y no pueden escaparse". Este tipo de rodamiento sería reinventado en 1772.

    Así también en el tornillo sin fin, (I 17v) cuya invención se venía atribuyendo al gran relojero inglés del siglo XVIII, Henry Hindley; o el cojinete de bolas y gorrón cónico, ideado de nuevo en pleno siglo XX para hacer posible el vuelo sin visibilidad de los aviones.

    Leonardo batalló con el viejo problema de la cuadratura del círculo. Es dramática la frase en que "el día de San Andrés", cuando "tocaban a su fin la noche, la candela y el papel en que escribía", cree haber dado al fin con la solución.


  • (II 112r)

    Solución que hoy sabemos imposible: Lindermann lo demostró en 1882.

    Una de las grandes novedades de los códices matritenses son los dibujos y anotaciones de Piombino.


  • (II 37r)

    Los problemas de la navegación a vela y el estudio de los vientos salpican estos folios de airosos apuntes a sanguina. (II 35r)

    Quizá lo más llamativo del Codex Madrid II sean los 17 folios finales en los que Leonardo se propone ir anotando todo lo referente a la fundición del bronce descomunal que le encargaron los Duques de Milán: el célebre "Cavallo", estatua ecuestre de tales dimensiones que obligó a Leonardo a idear un nuevo procedimiento de fundición. Estas anotaciones hacen por fin inteligible la concepción y los curiosísimos detalles de la fundición.


  • (II 149r)

    Pocas, pero importantes son las páginas dedicadas a instrumentos y problemas de música en el Codex Madrid II. Entre ellas está la campana fija, golpeada no por un badajo interno sino por dos martillos externos, más cuatro brazos accionados y rematados por cabezas de forma ovalada que posiblemente sean una especie de amortiguadores.


  • (II 75v)

    Leonardo debió pensar que la parte superior de la campana tiene bandas anulares que pueden producir diferentes tonos si son ligeramente amortiguadas cuando los martillos hacen vibrar el canto de la campana. El texto lleva este encabezamiento: "Una misma campana parecerá que son 4 campanas".

    Algunos de los más finos diseños del Codex Madrid I representan transmisiones y engranajes de relojes: las ruedas y piñones están dibujados con increíble exactitud. En el folio 15r del Codex Madrid I,


  • (I 15r)

    dos tornillos accionados por un manubrio mueven un mecanismo a lo largo del árbol central. Leonardo anota: "el tornillo gira libre hasta dar las horas". Es uno de los pocos textos en que explícitamente hace alusión al reloj mecánico. El ingenio iba sin duda asociado a un tren de sonería.

    En el Codex Madrid I, Leonardo dibuja por vez primera en la historia de la tecnología, lo que hoy llamaríamos "elementos de las máquinas"; es decir, mecanismos aislados que pueden adaptarse a diferentes máquinas.

    Claro está que no siempre resulta evidente a qué uso las destina. Tal es el caso del folio 44v del Codex Madrid I.


  • La descripción del funcionamiento es minuciosa; la máquina, reconstruida para el Museo de Vinci por L. Boldetti, funciona perfectamente. En cuanto a su uso se limita a decir: "Questo tirare serve in ogni figura, cosi quadra, triangulare como tonda e in ogni altro mode che ssi po imaginare".

    Estos ejemplos permiten comprender que el riquísimo contenido de estos códices haya apasionado a eruditos y leonardistas, y se haya convertido en objeto de detenido estudio durante lustros.



  • Leonardo de Vinci, "Autorretrato" (Biblioteca Nacional de Turín)


    La historia de los Códices

    Un año antes de su muerte, Leonardo hacía testamento en Amboise. En él lega a su fiel amigo y discípulo Francesco Melzi "todos y cada uno de los libros que el testador al presente posee".

    Melzi se hace cargo del precioso legado y lo lleva consigo a Milán. Medio siglo más tarde, muere Melzi. Comienza la dispersión de los manuscritos.

    ¿Cómo y cuándo llegan a España estos códices?

    Entre 1582 y 1590, Pompeo Leoni, escultor de corte de Felipe II, logra hacerse con un número importante de escritos y carpetas de Leonardo, que trae de Italia con intención de ofrecérselos al Rey. En la fecha de su muerte, sabemos sin embargo que estaban todavía en su poder.

    Los herederos de Pompeo dividen el legado: una parte de los manuscritos vuelve a Milán, pero el resto queda en España. Y es casi seguro que pasan a las colecciones del famoso D. Juan de Espina (aquel personaje de "humor peregrino" que guardaba en su casa, al decir de Vicenzo Carducho, "cosas de tanta estimación y precio" que "se podría ir muchas legoas" para verlas). Allí los ve Carducho en 1628: "Vi dos libros dibujados y manuscritos de mano del gran Leonardo de Vinci, de particular curiosidad y doctrina; que a quererlos feriar, no los dejara por ninguna cosa el Príncipe de Gales cuando estuvo en esta corte". En efecto, el futuro Carlos I de Inglaterra, que vio los manuscritos en Madrid, hizo innumerables gestiones para adquirirlos. Pero D. Juan de Espina Velasco, como él mismo declara en un Memorial enviado a Felipe IV, nunca accedió a venderlos y quiso que los heredase el Rey.

    Muere Espina (en 1642) y sus colecciones pasan a Palacio. Andando el tiempo, los manuscritos reciben, en el siglo XVIII, la encuadernación roja que aún conservan, y signatura correspondiente a la Biblioteca de Palacio.

    Al crearse la entonces llamada "Biblioteca Real" (hoy Biblioteca Nacional), se comete el error de catalogación que había de hacer infructuosa la búsqueda de estos escritos durante tantos años. En el momento de dar entrada a estos códices, D. Francisco Antonio González, Bibliotecario Mayor de la Real Biblioteca, los inscribió en su Índice con la signatura Aa 19.20, cuando en realidad llevaba los números Aa 119.120.

    A partir de entonces, los manuscritos resultan inencontrables. A finales del siglo XIX el interés por Leonardo aumenta.

    Tammaro de Marinis insta repetidas veces al entonces Director de la Biblioteca Nacional, D. Marcelino Menéndez y Pelayo a que lleve a cabo una búsqueda minuciosa. En el lugar correspondiente a las signaturas equivocadas (Aa 19.20) aparecen otros dos preciados manuscritos, pero no los de Leonardo. De este hecho D. Marcelino concluye que los manuscritos buscados han desaparecido de la Biblioteca, posiblemente "robados o cambiados" cosa no infrecuente en el siglo anterior. En consecuencia, de momento, se abandona la búsqueda.

    Sin embargo, la idea de que los manuscritos tenían que estar en Madrid seguía viva entre los investigadores. Ladislao Reti, en su "Estudio introductorio" (volumen III), refiere las vicisitudes posteriores de estos bellos códices en cuya contratapa anterior, una mano del siglo XVIII había escrito: "De Leonardo da Vinci, pintor famoso".


    Grandes Obras de ESPASA / EBRISA


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