Definición y significación de la

Anarquía

Ignacio Acosta Ruiz







La palabra anarquía viene del griego y está compuesta de la partícula privativa a y de arquía, mando, poder, autoridad. Etimológicamente; pues, la palabra anarquía, que debería escribirse an-arquía, significa estado de un pueblo, o dicho con más exactitud, de un medio social sin gobierno.

Como ideal social y como realización efectiva, anarquía quiere decir una manera de vivir en la cual el individuo, desembarazado dé toda coacción legal y colectiva que tenga a su servicio una fuerza pública no tendrá otras obligaciones que las que le imponga su propia conciencia. Poseerá, por tanto, la facultad de entregarse a las inspiraciones reflexivas de su idea personal; gozará del derecho de intentar todas las experiencias que le parezcan deseables o fecundas; aceptará libremente todos los contratos que le liguen a sus semejantes, siempre de carácter temporal y revocables; y no queriendo hacer sufrir a nadie su autoridad, se resistirá a sufrir la autoridad de otro, sea quien sea. Así, dueño soberano de sí mismo, de la dirección que dé a su vida, de la utilización que haga de sus facultades, de sus conocimientos, de su actividad productora, de sus relaciones de simpatía; de amistad y de amor, el individuo organizará su existencia como mejor le parezca: desenvolviéndose en todos los sentidos a su manera, gozando en todo, de su plena y entera libertad, sin más límites que los señalados por la libertad, plena y entera también, de los demás individuos. Esta manera de vivir implica un régimen social del que está desterrada, de hecho y de derecho; toda idea de salario y asalariado, de capitalista y proletario, de amo y servidor, de gobernante y gobernado.

Se explica que, definida así la palabra anarquía, haya sido, con el tiempo, insidiosamente desviada de su significación exacta; que haya sido tomada en el sentido de <<desorden>>, y que en la mayoría de los diccionarios y enciclopedias sólo

de menciones esa acepción: desorden y sus sinónimos: caos, trastorno, confusión, etcétera. Exceptuando a los anarquistas, todos los filósofos, moralistas y sociólogos, incluso los teóricos de la democracia y los doctrinarios del socialismo, afirman que sin gobierno, sin legislación, sin una fuerza represiva que asegure el respeto a la ley y toda infracción de ésta, no puede haber más que desorden y criminalidad.

Ahora bien; ¿es que no se dan cuenta, moralistas y filósofos, estadistas y sociólogos, del espantoso desorden que, a pesar de la autoridad que gobierna y de la ley que reprime, reina en todas partes? ¿Tan ayunos están de sentido crítico y de espíritu de observación que no advierte que, cuanto más aumenta la reglamentación, y más se estrechan las mallas de la legislación, y más se extiende el campo de la represión, en mayor grado se multiplican la inmoralidad, la abyección, los delitos y los crímenes?

Es imposible que esos teóricos del <<Orden>> y ésos profesores de <<Moral>> confundan seria honradamente lo que ellos llaman <<Orden>> con las atrocidades, los horrores y las monstruosidades cuyo indignante espectáculo pone ante nuestros ojos la observación diaria.

Y, si hay grados en lo imposible, mayor es aun la imposibilidad de que esos sabios doctores acudan a la virtud de la Autoridad y a la fuerza de la Ley para atenuar y hacer desaparecer a fortiori todas aquellas infamias.

Semejante pretensión sería la pura demencia.

La ley tiene un solo objetivo: justificar primero y sancionar después todas las usurpaciones o iniquidades sobre las cuales se asienta lo que los beneficiarios de estas iniquidades y usurpaciones llaman <<orden social>>. Los detentadores de la riqueza han cristalizado en la ley la legitimidad original de su fortuna; los detentadores del Poder han elevado a la categoría de principio inmutable y sagrado el respeto debido por las muchedumbres a los privilegios, al Poder y a la majestad con que se aureolan. Se puede examinar hasta el fondo el conjunto de esos monumentos de hipocresía y de violencia que son los Códigos, todos los Códigos; no se hallará una disposición que esté en favor de estos dos de orden histórico y circunstancial que se pretende convertir en hechos de orden natural y fatal: la Propiedad y la Autoridad a los hipócritas oficiales y a los profesionales del charlatanismo burgués todo lo que en la legislación se refiere a la <<Moral>>, ya que ésta no es, ni puede ser, en un estado social basado en la Autoridad y en la Propiedad, más que la humilde servidora y la desvergonzada cómplice de aquélla y de ésta.

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