"A las seis de la mañana salimos con dirección a Chichicastenango en la ambulancia, que apenas tiene dos meses de rodaje. He decidido acompañar a Dionisio, y Martina Culajay, la enfermera, para conocer de primera manoen qué consisten las Jornadas Médicas  que se vienen realizando en los cantones de Chichi, y que según nuestros amigos de la CGTG cubren la necesidad más inmediata de atención de los campesinos más aislados. Cuatro horas de viaje y cuandom me despierto ya estamos en uno de los poblados con un nombre que no soy capaz de recordar. La gente estaba informada de nuestra llegada y nos esperaban sentados, pacientemente y en silencio. Mientras Martina y Dionisio atendían a la larga cola de pacientes (habían venido de varios cantones cercanos) yo intenté hablar con alguien del poblado, pero no era fácil. Son gente parca en palabras. Al final pude conversar apenas con monosílabos con una muchacha que esperaba su turno delante de la ambulancia: había sufrido tres abortos y nunca había tenido asistencia médica...Me di cuenta de que para muchos de los indígenas allí presentes una atención médica como la que ofrecemos en estas visitas es una absoluta excepcionalidad..."

(Miguel de Haro.Guatemala)

Desde hace varios años CESAL incluye el envío de cooperantes en algunos de sus proyectos. La estancia puede ser de larga o corta duración según las exigencias técnicas o de seguimiento que cada proyecto tenga. Nuestra primera cooperante fue Belén Cabello, una ingeniera que permaneció en Tegucigalpa (Honduras) durante varios meses asesorando un proyecto agrícola. Después han sido Guatemala, Perú, Uganda y Ruanda, por el momento, los países donde CESAL ha desplazado cooperantes. En Uganda, desde hace tres años, CESAL envía un equipo médico todos lo veranos que trabaja en la capacitación de personal sanitario dentro de un Programa que el Ministerio de Sanidad Ugandés ha acogido con entusiasmo.

Enviar cooperantes es una necesidad en muchos proyectos, pero ante todo, para quienes van, se convierte en una oportunidad humana y profesional de primer orden.

"Pero, aunque siempre se esté pidiendo para África, no te vayas a creer que aquí las cosas se arreglan sólo a base de dinero. Continuamente hay que aguzar el ingenio para saber rsolver las situaciones sin los medios adecuados, valiéndote de lo que tienes a mano.
La semana pasada, sin ir más lejos, llegó al hospital un chaval de unos 16 años, de dos metros de altocomo son los de aquí, con la zona de detrás de la oreja tan inflamada que parecía que iba  a estallar. Lorenzo le exploró y vió que tenía una infección de la mastoides tremenda, por lo que le dijo a Daniele, el director del hospital: "Hay que enviarlo a Kampala inmediatamente a operarse, pues puede tener una complicación intracraneal". La respuesta de Daniele fue muy clara: "enviarlo es imposible, lo vas a tener que operar tú". "Pero si no tengo instrumental..." "Bueno, algo encontrarás por ahí". Lorenzo no se reponía del susto, "había que echar para alante". Con el técnico del hospital, persona imprescindible que sabe encontrar solución a todo, empezó a buscar instrumental, cosas de segunda mano enviadas de Europa al buen tuntún, y poco a poco fue reuniendo lo que necesitaba. Sobre la marcha le modificaron en el taller unas oinzas, y le fabricaron dos separadores, pero Lorenzo necesitaba sobre todo una fresa para poder horadar el hueso mastoideo y limpiar bien toda la infección. ¿Una fresa? ¿y qué tipo de fresa? "Pues una fresa de cabeza muy fina, parecida al torno del dentista".
Cuando a las 6 de la tarde entraba Lorenzo en el quirófano (en el hospital sólo hay electricidad de 6 a 9 de la tarde, pues el generador sale muy caro), encontró una impecable enfermera de quirófano detrás de la mesa de instrumental perfectamente preparada con todo lo que por la mañana había seleccionado. En un extremo de la mesa, bien envuelto en paños estériles, estaba un Black and Decker a pilas  con la broca más fina que habían encontrado en el taller. La operación se pudo hacer sin incidencias, y a los cinco dias el chaval volvió a pie a su poblado, a 20 kilómetros de distancia, llevando enrollada debajo del brazo la colchoneta que él mismo se había traido..."

(Maria Rosa Cárdenas. Matany,Uganda) 

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