El Sol

El Sol se compone sobre todo de hidrógeno
(71%); también contiene helio (27%) y otros elementos más pesados (2%). Cerca del centro
del Sol, la temperatura es de casi 16.000.000 K y la
densidad es 150 veces la del agua. Bajo estas condiciones, los núcleos de los átomos de
hidrógeno individuales actúan entre sí, experimentando la fusión nuclear. El resultado
neto de estos procesos es que cuatro núcleos de hidrógeno se combinan para formar un
núcleo de helio, y la energía surge en forma de radiaciones gamma. Una enorme cantidad
de núcleos reacciona cada segundo, generando una energía equivalente a la que se
produciría por la explosión de 100.000 millones de bombas de hidrógeno de un megatón
por segundo. La combustión nuclear del hidrógeno en el centro del Sol se
extiende a un 25% del radio solar.
En el núcleo del Sol hay hidrógeno suficiente para durar otros 4.500 millones de años.
Cuando se gaste este combustible, el Sol cambiará; según se vayan expandiendo las capas
exteriores hasta el tamaño actual de la órbita de la Tierra, el Sol se convertirá en una gigante roja, algo más
fría que hoy pero 10.000 veces más brillante a causa de su enorme tamaño. Sin embargo,
la Tierra no se consumirá porque se moverá en espiral hacia afuera, como consecuencia de
la pérdida de masa del Sol. El Sol seguirá siendo una gigante roja, con reacciones
nucleares de combustión de helio en el centro, durante sólo 500 millones de años. No
tiene suficiente masa para atravesar sucesivos ciclos de combustión nuclear o un
cataclismo en forma de explosión, como les ocurre a algunas estrellas. Después de la
etapa de gigante roja, se encogerá hasta ser una enana blanca, aproximadamente del
tamaño de la Tierra, y se enfriará poco a poco durante varios millones de años.
El Sol es la estrella que, por el efecto gravitacional de su masa, domina el sistema
planetario que denominamos Sistema
Solar y que incluye a la Tierra. Mediante la radiación de su energía
electromagnética, aporta directa o indirectamente toda la energía que mantiene la vida
en la Tierra, porque todo el alimento y el combustible procede en última instancia de las
plantas que utilizan la energía de la luz del Sol.
A causa de su proximidad a la Tierra y como es una estrella
típica, el Sol es un recurso extraordinario para el estudio de los fenómenos estelares.
No se ha estudiado ninguna otra estrella con tanto detalle. La estrella más cercana al
Sol está a 4,3 años luz (4 × 1013 km.); para observar los rasgos de su superficie
comparables a los que se pueden ver de forma habitual en el Sol, se necesitaría un
telescopio de casi 30 km. de diámetro.