En el Ferial

COSME BLASCO Y VAL (Crispín Botana)

Un muchacho del pueblo (cantando a caballo en unn borriquilla con esportón):

Lo que siente un fematero,
es que le quiten basura,
que le den una paliza
y que lespanten la burra.

El tío Ildefonso. Ea pues. Diga usté, en concencia, ¿cuánto quiere po el León? Lalvierto de güenas a primeras, ca mí me gusta poco malimpliar palabras: lo que sadacer tarde, vale más hacélo luego y vicievelsa.
Manolo (el gitano). Pus compare, se lo voy a isí a osté sin nengún riquilorio ni entrapujáa y como é juto y correponde a un animá de cabayo de la entrefinura y delicaesa dése, que é de vera mu noble y mu cabayero y muchímo má juerte quel mesmo Piñón de Giblartá. Me dará é güena gana siento treinta duros y una peseta, quitándole a oté el aparejo.
El tío Ildefonso. Recól, quescansaico se quedaría usté. ¿Qué le paice deso, tio Apolito?
El tío Hipólito. Que asubidico es el precio. Veo que los dos estáis mu desapartaus y cay masiau de diferiencia entre lo que el siñor pide y lo que tú te inclinas a dale. Yo no digo quel animal sea malo, eso no, pero a mi entrever no vale tanto. A mí me gusta porque es mu paiciíco al del tio Cañutas el analquista, aquel que quiere el enlaicamiento u estancamiento é la llesia y el cimenterio libre, y siempre está a güeltas con el pauto funeral.
El muchacho de antes (cantando, recogiendo estiércol y echándolo en el esportón):

Ya sé que tás alabado
que tienes tres pa escoger,
dos en la puerta é la Audencia
y el dios de las Aguas, tres.

Una gitana (acercándose con zalamería a la tía Churra). Oigasté, güena siñora, ¿quiere osté que le diga la buena-ventura o las orasiones pa que veasté como en un espejo de cuerpo entero, er retrato de una persona de malos centros que la tiene a osté aborresía der tóo?
La tía Churra. Sí, paeso estoy yo, pa oraciones. Váyase y déjeme en paz, que no quió conocimientos con alparceras, brujas ni enchiceras. Toas esas cosas son del demonio. ¡Jesús, María y José!
La gitana (con sorna y en voz baja). ¡Mirusté la señá Poco-moño! ¡Mal sablazo le pegue un siví de cabayería questé loco! ¡Cara é yesca pasáa! ¿Quiusté agua bendesía, so beata reselláa? ¡Premita er sielo que cuando se güelva osté a su pueblo, se vea preseguía de un toro bravo y no tenga más amparo que la sombra de un trompo, y que si tiene osté argún hijo, ojalá que se vea en er poderío de un tutor visco y poco noble!
El tío Zenón. Amos, ¡humo deste corro! ¡Tia culi-parda! ¡Cara é gato viejo! ¡Vayasusté daquí a hacer painetas y dejusté en calma a estas mujeres, si no llamo a uno desos guardias de la gorra con el piquico, que sustiene el Monecipio, y se la lleva a usté a comer rancho áonde no le dé miaja el sol!
La gitana (alejándose). Ya me voy, ya me voy. ¡Tio espantajo é güerto! Que tienusté trasa é ser más duro que hierro machacao y de vender hasta las estopas del óleo. ¡Premita Dios que en poder de chiquiyo se vea, que en er su Unico Hijo se quée y que le piquen y repiquen la lengua como para hacer almondiguiyas!
El tío Zenón. Y que a usté, tia mostosa, le abran la cabeza de un peñazo, le cuerten el respiro del pecho y se le engusane esa boca, ques más grande que la del trabuco naranjero que tiene el tio Trabajos en Ateca pa cudiar bien la santa llesia y la Virgen de la Peaina.
Manolo. Pus miste, siñó Selipe, no sesfegure oté que yo he sío un ciquirribaile dése cabayo. Lo pagué onsa por onsa en la feria é Plasensia a su dueño, que era un siñoritín engomao y suda-tinta, con la vista atravesáa y de una familia de mu poarriba y de muchismas campaniyas. El desdichao, aun toavía se pensó que me hasía una grasia. Se las tiraba de mu ricacho, pero yo le conosí, po el habíto der cuerpo, que paesía de hambre de monises y que se lo comía una chavala de pelo enrisao y ojos de ascua ardiente que le tenía empingorotao er sentío é la inteligensia, y que era mu sota y mu poco miráa en el habla. A mí me fartó, y si no es por un güen amigo, que se puso en los medios, le quito sin estrumento y de una sola mangusa toá la herráura é las muelas y hasta me la mincho como una butifarra.
Un hombre llamado Manuel (dirigiéndose al tío Sinforoso). Oiga, ¿querría usté, talmente, mercame una burra é leche y dos pollinas quincenas? Se las daré arregladicas.
La tía Churra. No siñor, questamos ahura en otro trato. Bastantes pullinas y burras hay en nuestro pueblo, verdá señá Locaria?
La sená Leocadia. Bien lo creo, maña. Y de güen piazo.
El tío Felipe (fijándose en el tío Manuel). ¡Otra! Si no había guipau al tío Manuel.
El tío Manuel. Sí, ya he visto que estabas entretuvido.
Manolo (al tío Manuel). Mirute, tocayo. Lestoy hisiendo er mejó trato der mundo con ese animá ques too un cabayo en regla.
El tío Manuel. No paice malico. La coda la tiene un poco corta, pero eso no es impedimento. Manolo. Con que son ustedes amigachos ¿eh?
El tío Manuel. ¡Vaya! Y que no nus conocemos dayer. De mozos teníamos ya contratación y dempués estuvimos juntos en el sirvicio melitar, sólo que yo no salí de soldau raso y este llegó a prencipios de cabo.
Manolo. Y su gracia según he oido, es Manuel, ¿verdá?
El tío Manuel. Sí siñor. ¿Por qué?
Manolo. ¿Que por qué? Chocusté, hombre, chocusté. Porque yo me llamo tamien asín y mi padre se llamó Manuel, y a mi mare lisian Manuela, y a mis agüelos y a toa mi parientela les yamaban tamién Manueles. Ea, amigo mío, que San Manoliyo lalargue la vida güen recau de años pa vender con salú y ganansia esas poyinas y esa burra é leches.
La tía Curra (por lo bajo). Sí, y que San Manuel nus abra bien de par en par los ojos de la cara, pa salir sin esprejuicio de este trato del caballo.
El tío Manuel (despidiéndose). Con que, que vaya bien y a parar fuertes.
Manolo. Vaya uté con Dió y con sus animales, güen amigo, que malegro mucho é conoselo.
El tío Felipe. Mirusté, tio Manolo, le podremos dar a usté del caballo unos dos mil riales. No podemos estiranos a más. Eso ya trai cara y ya es ponenos en razón.
Manolo. Manda oté mu repoco, siñó Selipe. Saga oté cargo espasio de quesa bestia es too un señó cabayo, que tiene mu hermosa fila y güena estampa y que en su clase es de lo mejó y má seleuto der ferial y como la crema y la ingle y fe de toicos los animales que po aquí se ven. Lo tengo en mucha estima, y como si endevido fuera de mi familia mesma. Bien sabe Dió, que el desaséme dél es efeuto de la nesesiá y atropellamiento é las sircustansias. Vale mu bien tres mil riale, y sinó que venga aquí en presona er capitán general, que es señó que lo entiende, u cualisquier otro melitar que amonte en caballería, y le digo a oté que paso por lo que diga su impropia boca. La vida le costó a su probesiya madre cuando lo echó a este grobo der mundo. Y cudiao quéra una yegua torda, con pies mu reondos, con un mirar como de siñorita culsi y con un pelo má fino que la seda de un pañuelón de Manila, desos que traen po el agua é la mar saláa. Era aquella bestia una güena sepa que hubiá criau, sin que sofendan etas mujeres, renuevos mu ricos, si er sielo le conserva má tiempo el orgáno é la suspiraera. La primera vez que yo la vide, llevaba un aparejo con unas corgaúras y una ornamenta que daba gloria el mirála. Paesía toa una señora yegua, y, como iba tan maja, andaba mu serena, mu tiesa y mu pita.
Un ciego (cantando con acompañamiento de guitarra).

Ascuchen pues mi relato,
que ya la brigüela templo,
y los padres de familia
tomen de este caso ejemplo.

La mujer que va con el ciego. Güena gente y nobles caballeros. Tengan lástima y compasión y hagan un bien de caridá, por amor de Dios y la Virgen del Pilar, a este probe y enfeliz ciego impelido de la vista, por causa de una tronada malina que le cogió en el camino indo a Calatayú en busca de una melecina pa un hombre questaba atacau del pecho.
La señá Leocadia. ¡Bendito Dios cuantisma calamidá hay en este muindo! Tome, tome esta perrica, güen hermano.
El ciego. Muchas gracias, alma generosa y puntiaguda; la Virgen le dé güen recau de salú pa criar a su hermosa familia y verla en el estado que mejor piense y desee.
La señá Leocadia. ¡Probe! ¡Tan joven y ya no ve gota con los ojos!
El ciego (gritando). Por cinco céntimos doy el crimen que cometió un tal Manuel Navarro, por el cual murió engarrotau en el entablau del patibulo en la villa de
Saliñena, aonde fue a velo mucho gentío, como se dice y relata con todas las letras en este papel con sus más pequeños promenores y cercustancias.

Válgame la Virgen pura
con siniestro resplandor,
para contar las desdichas
de un criminal pecador.

Sacro Dios Onipotente
vuestros juicios son etiernos,
terrible es vuestra justicia
y a tu voz tembla el infierno.

Haste bien cargo, letor,
y mírate en este ejemplo,
pa ver como Dios castiga
a los que no llevan freno.

El tío Sinforoso. Vamos, siñor Manolo, que con cien duros está el caballo mu bien pagau y repagau.
Manolo. No pueo de nengun móo. Miresuté candáura, que caida de ojos y con qué cudiau maneja lo remo der cuerpo: aunque corra y má corra, en jamá é Dio siente corriale (fatigas). De valiente no se diga. E un león en toa la situasión de la palabra, y má sereno que su mesmo pare el que lo engiendró, presisamente cuando etaba en sesión er señó Ayuntamiento de su pueblo. Si oté, señó Saforoso, se eja ecapar eta alhaja, la etá eperando pa comprala un comendante é sevile, que lleva la cara enpatillaa y un lunarsiyo en la barba, salva sea la parte, que paese un escurabajo pelotero. El se lo tasó en lo que hi dicho, y si miento, que se muera oté de hambre canina y a mí me se sarga er seso po aquí por onde metemos el alimento padale juersa y való al estomago, que sustiene el organo vitalisio y toa la maquinaria dertripotaje que tenemos en la ventrera.
Un mozo, que pasa cantando y a caballo en un borrico.

Cuando tenía dineros
tú me decías cachorro,
y ahura que mi güelto probe
me ves y me pones morro.

Un chico (gritando). El Diario de Avisos de Zaragoza: con una carta de Bilchite y otra de Gotorrita; con tres partes de última hora y uno de las islas Celipinas, y con el crimen caucurrido en Torrero esta mañana.
La tía Churra. Sí, sí: firme, firme. ¡Siempre climenes, que hay aun poca mortalera! ¡Miá ques mucho que siempre sestán matando en este
Zaragoza! ¡Pero! ¡Santísma Virgen del Pilar! ¿Cuándo ejarán de ser tan animales? ¡Cudiau que san güelto gente regolvedera! A cualsiquier cosica, a punchase u esacese como tocinos con la navaja o el guchillo.
La señá Leocadia. No tienes questrañate, mujer. Pus no ves que no engarrotan a naide y las autoridaes están imposibles y frías y dejan pasar todo ileso y sin castigo.
El ciego (cantando con la vihuela).

Y así corrió a ver al reo
presuroso el populacho
y a fe que no parecía
campo de muerte aquel campo,
porque jovénes y chicos
tamién mujeres y ancianos
y hasta madres amorosas
con sus hijos en los brazos,
acudieron a empujones
pa ver tan triste espetáculo.

Manolo. Le regüervo a oté a isí, que no éje oté er cabayo. Mire que sarripintirá cuando no haiga apaño ni compostura, y hata pué ser que le escarbe en er pecho er gusano e la consensia, como si hubiá cometío un climen hurripilante.
El tío Sinforoso. Ea, pues. Ni la de usté ni la mía. Le daré cien duros y diez más y una peseta, poniéndome además encima el aparejo, y asunto cunclido.
Manolo. No puedo... pero... en fin, venga esa mano de güen amigo, y trato hecho. Entre cabayeros u presonas honráas como yo y uté, no me guta quear mal. Eté oté seguro que con esa bestia, va a dá er gorpe ache en er lugar de la localidá é su pueblo y a quereselo amontá el mesmo señó Cura y hata er señó Obipo cuando vaya con el palo retorsío a enderesá la vesita y a dale la gofetáa é la confirmasió a los chiquiyos de la cofadría humana der vesindario. Diríjale oté la visual de la vista al cabayejo y mire oté que suspiro echa de súpito. Barrunta ya que cambea é dueno. Solo lencargo que me lo trate bien y haga cuenta ques mi presona mesma. Cuando me diseparo de un animal como ete, dempués que uno la cogío afeuto y siempatía, crea oté, tio Selipe, que me sapreta la boca é la entrana y paese que me va a dar argún vaivién u atósigo é pechos, y que me se va a cuertar ripintinamente el estamhre de la esistensia corporativa.
La tía Churra. Atienda, güen hombre. Nus vamos a llevar el caballo, pero con el conque de que no tenga nada imperfeuto en el cuerpo.
Manolo. Señora, le digo a oté ques completo en too y naa me desimporta ejáselo a oté a preba. Con este cuello le respondo de que no tiene lobaniyo, carbunco, tocaura, añadiensa ni nenguno desos alifates que, cuando uno menos se piensa, es de ley que les acometan a los animales y dedemás criaturas.
El tío Sinforoso. Tome el dinero y cuente.
Manolo. Ya la contau oté y basta.
El tío Felipe. Ala, Sinforoso, coge el abrío y amos a llevalo a la posada.
El tío Hipólito (a su mujer la señá Leocadin, que estcí sentada en el suelo). Tú, chica, mueve day. Paices alma en pena u burra cansada, que en cualsiquier parte tasientas.
El tío Felipe. Vaya, siñor Manolo, que haiga salú y a parar juerte.
El tío Hipólito. Lo mesmo digo.
Manolo. Muchismas grasias. Que tengan güena suerte y que ayeguen bien al pueblo. (Por lo bajo). Y que quiá el Pae Toopoderoso que al amontar el cabayo cuando haya cambeo é luna, no te tire de cabesa y tespiase el selebro po el sinculoquio é la cocota.

Cosme Blasco y Val (Zaragoza, 1838 – 1900). Doctor en Filosofía y Letras y en Derecho, fue catedrático en los institutos de Teruel y Huesca, así como en las universidades de Barcelona y Zaragoza. Cronista oficial de las ciudades de Huesca (desde 1870), Jaca (desde 1872) y Zaragoza (desde 1881), fue un destacado autor de historias locales, entre ellas las de Daroca (1870), Teruel (1870) y Zaragoza (sucesivas ediciones en 1871, 1878, 1879 y 1882). Escritor polifacético y dotado de muy diversos registros, publicó novelas, estudios históricos, diccionarios latinos, biografías (recordemos la de Gerónimo Borao, publicada en la Revista de Aragón), obras de divulgación científica para niños. y numerosos libros sobre la pequeña historia zaragozana y aragonesa. Como escritor costumbrista popularizó el seudónimo de Crispín Bota , bajo el que publicó La gente de mi tierra en las fiestas del Pilar de Zaragoza (seis series, 1887-1891, que conocieron numerosas ediciones) y Las fiestas de mi lugar: cuadros humorísticos de costumbres aragonesas (1899). Otras obras suyas son Recuerdos del "Tío Jorge" el de Zaragoza (1864 y 1866), Noticia de algunos hombres notables de la ciudad y provincia de Teruel (1869), Huesca biográfica (1870). Historia biográfica de las ciudades, villas y pueblos de la provincia de Huesca (1871), Hombres notables de la provincia de Huesca, seguida de algunas biografías de zaragozanos distinguidos (1871), Julián el Bueno (1878), Historia de Aragón. Monasterios y Colegios religiosos (1880), Memorias de Zaragoza (1890), Memorias zaragozanas (1890), Memorias históricas de Zaragoza (1895) y Memorias de mi Patria. El Teatro en Zaragoza. Apuntes históricos (1900). De la serie sexta de La gente de mi tierra procede el relato escogido para esta antología.


 

Huellas y horizontes