El tío Ildefonso.
Ea pues. Diga usté, en concencia, ¿cuánto quiere
po el León? Lalvierto de güenas a primeras, ca mí me
gusta poco malimpliar palabras: lo que sadacer tarde,
vale más hacélo luego y vicievelsa.
Manolo (el gitano). Pus
compare, se lo voy a isí a osté sin nengún riquilorio
ni entrapujáa y como é juto y correponde a un animá de
cabayo de la entrefinura y delicaesa dése, que é de
vera mu noble y mu cabayero y muchímo má juerte quel
mesmo Piñón de Giblartá. Me dará é güena gana
siento treinta duros y una peseta, quitándole a oté el
aparejo.
El tío Ildefonso. Recól,
quescansaico se quedaría usté. ¿Qué le paice deso,
tio Apolito?
El tío Hipólito. Que
asubidico es el precio. Veo que los dos estáis mu
desapartaus y cay masiau de diferiencia entre lo que el
siñor pide y lo que tú te inclinas a dale. Yo no digo
quel animal sea malo, eso no, pero a mi entrever no vale
tanto. A mí me gusta porque es mu paiciíco al del tio
Cañutas el analquista, aquel que quiere el enlaicamiento
u estancamiento é la llesia y el cimenterio libre, y
siempre está a güeltas con el pauto funeral.
El muchacho de antes (cantando,
recogiendo estiércol y echándolo en el esportón):
Ya
sé que tás alabado
que tienes tres pa escoger,
dos en la puerta é la Audencia
y el dios de las Aguas, tres.
Una
gitana (acercándose con zalamería a la
tía Churra). Oigasté,
güena siñora, ¿quiere osté que le diga la
buena-ventura o las orasiones pa que veasté como en un
espejo de cuerpo entero, er retrato de una persona de
malos centros que la tiene a osté aborresía der tóo?
La tía Churra. Sí, paeso
estoy yo, pa oraciones. Váyase y déjeme en paz, que no
quió conocimientos con alparceras, brujas ni enchiceras.
Toas esas cosas son del demonio. ¡Jesús, María y
José!
La gitana (con sorna y en
voz baja). ¡Mirusté la señá Poco-moño! ¡Mal
sablazo le pegue un siví de cabayería questé loco!
¡Cara é yesca pasáa! ¿Quiusté agua bendesía, so
beata reselláa? ¡Premita er sielo que cuando se güelva
osté a su pueblo, se vea preseguía de un toro bravo y
no tenga más amparo que la sombra de un trompo, y que si
tiene osté argún hijo, ojalá que se vea en er poderío
de un tutor visco y poco noble!
El tío Zenón. Amos,
¡humo deste corro! ¡Tia culi-parda! ¡Cara é gato
viejo! ¡Vayasusté daquí a hacer painetas y dejusté en
calma a estas mujeres, si no llamo a uno desos guardias
de la gorra con el piquico, que sustiene el Monecipio, y
se la lleva a usté a comer rancho áonde no le dé miaja
el sol!
La gitana (alejándose). Ya
me voy, ya me voy. ¡Tio espantajo é güerto! Que
tienusté trasa é ser más duro que hierro machacao y de
vender hasta las estopas del óleo. ¡Premita Dios que en
poder de chiquiyo se vea, que en er su Unico Hijo se
quée y que le piquen y repiquen la lengua como para
hacer almondiguiyas!
El tío Zenón. Y que
a usté, tia mostosa, le abran la cabeza de un peñazo,
le cuerten el respiro del pecho y se le engusane esa
boca, ques más grande que la del trabuco naranjero que
tiene el tio Trabajos en Ateca pa cudiar bien la santa
llesia y la Virgen de la Peaina.
Manolo. Pus miste,
siñó Selipe, no sesfegure oté que yo he sío un
ciquirribaile dése cabayo. Lo pagué onsa por onsa en la
feria é Plasensia a su dueño, que era un siñoritín
engomao y suda-tinta, con la vista atravesáa y de una
familia de mu poarriba y de muchismas campaniyas. El
desdichao, aun toavía se pensó que me hasía una
grasia. Se las tiraba de mu ricacho, pero yo le conosí,
po el habíto der cuerpo, que paesía de hambre de
monises y que se lo comía una chavala de pelo enrisao y
ojos de ascua ardiente que le tenía empingorotao er
sentío é la inteligensia, y que era mu sota y mu poco
miráa en el habla. A mí me fartó, y si no es por un
güen amigo, que se puso en los medios, le quito sin
estrumento y de una sola mangusa toá la herráura é las
muelas y hasta me la mincho como una butifarra.
Un hombre llamado Manuel (dirigiéndose
al tío Sinforoso). Oiga, ¿querría usté, talmente,
mercame una burra é leche y dos pollinas quincenas? Se
las daré arregladicas.
La tía Churra. No
siñor, questamos ahura en otro trato. Bastantes pullinas
y burras hay en nuestro pueblo, verdá señá Locaria?
La sená Leocadia. Bien
lo creo, maña. Y de güen piazo.
El tío Felipe (fijándose
en el tío Manuel). ¡Otra! Si no había guipau al
tío Manuel.
El tío Manuel. Sí, ya he
visto que estabas entretuvido.
Manolo (al tío Manuel). Mirute,
tocayo. Lestoy hisiendo er mejó trato der mundo con ese
animá ques too un cabayo en regla.
El tío Manuel. No
paice malico. La coda la tiene un poco corta, pero eso no
es impedimento. Manolo.
Con que son ustedes amigachos ¿eh?
El tío Manuel. ¡Vaya!
Y que no nus conocemos dayer. De mozos teníamos ya
contratación y dempués estuvimos juntos en el sirvicio
melitar, sólo que yo no salí de soldau raso y este
llegó a prencipios de cabo.
Manolo. Y su gracia
según he oido, es Manuel, ¿verdá?
El tío Manuel. Sí siñor.
¿Por qué?
Manolo. ¿Que por
qué? Chocusté, hombre, chocusté. Porque yo me llamo
tamien asín y mi padre se llamó Manuel, y a mi mare
lisian Manuela, y a mis agüelos y a toa mi parientela
les yamaban tamién Manueles. Ea, amigo mío, que San
Manoliyo lalargue la vida güen recau de años pa vender
con salú y ganansia esas poyinas y esa burra é leches.
La tía Curra (por lo
bajo). Sí, y que San Manuel nus abra bien de par en
par los ojos de la cara, pa salir sin esprejuicio de este
trato del caballo.
El tío Manuel (despidiéndose).
Con que, que vaya bien y a parar fuertes.
Manolo. Vaya uté con
Dió y con sus animales, güen amigo, que malegro mucho
é conoselo.
El tío Felipe. Mirusté,
tio Manolo, le podremos dar a usté del caballo unos dos
mil riales. No podemos estiranos a más. Eso ya trai cara
y ya es ponenos en razón.
Manolo. Manda oté mu
repoco, siñó Selipe. Saga oté cargo espasio de quesa
bestia es too un señó cabayo, que tiene mu hermosa fila
y güena estampa y que en su clase es de lo mejó y má
seleuto der ferial y como la crema y la ingle y fe de
toicos los animales que po aquí se ven. Lo tengo en
mucha estima, y como si endevido fuera de mi familia
mesma. Bien sabe Dió, que el desaséme dél es efeuto de
la nesesiá y atropellamiento é las sircustansias. Vale
mu bien tres mil riale, y sinó que venga aquí en
presona er capitán general, que es señó que lo
entiende, u cualisquier otro melitar que amonte en
caballería, y le digo a oté que paso por lo que diga su
impropia boca. La vida le costó a su probesiya madre
cuando lo echó a este grobo der mundo. Y cudiao quéra
una yegua torda, con pies mu reondos, con un mirar como
de siñorita culsi y con un pelo má fino que la seda de
un pañuelón de Manila, desos que traen po el agua é la
mar saláa. Era aquella bestia una güena sepa que hubiá
criau, sin que sofendan etas mujeres, renuevos mu ricos,
si er sielo le conserva má tiempo el orgáno é la
suspiraera. La primera vez que yo la vide, llevaba un
aparejo con unas corgaúras y una ornamenta que daba
gloria el mirála. Paesía toa una señora yegua, y, como
iba tan maja, andaba mu serena, mu tiesa y mu pita.
Un ciego (cantando con
acompañamiento de guitarra).
Ascuchen pues
mi relato,
que ya la brigüela templo,
y los padres de familia
tomen de este caso ejemplo.
La
mujer que va con el ciego. Güena gente y
nobles caballeros. Tengan lástima y compasión y hagan
un bien de caridá, por amor de Dios y la Virgen del
Pilar, a este probe y enfeliz ciego impelido de la vista,
por causa de una tronada malina que le cogió en el
camino indo a Calatayú en busca de una melecina pa un
hombre questaba atacau del pecho.
La señá Leocadia. ¡Bendito
Dios cuantisma calamidá hay en este muindo! Tome, tome
esta perrica, güen hermano.
El ciego. Muchas
gracias, alma generosa y puntiaguda; la Virgen le dé
güen recau de salú pa criar a su hermosa familia y
verla en el estado que mejor piense y desee.
La señá Leocadia. ¡Probe!
¡Tan joven y ya no ve gota con los ojos!
El ciego (gritando). Por
cinco céntimos doy el crimen que cometió un tal Manuel
Navarro, por el cual murió engarrotau en el entablau del
patibulo en la villa de Saliñena, aonde fue
a velo mucho gentío, como se dice y relata con todas las
letras en este papel con sus más pequeños promenores y
cercustancias.
Válgame la
Virgen pura
con siniestro resplandor,
para contar las desdichas
de un criminal pecador.
Sacro Dios
Onipotente
vuestros juicios son etiernos,
terrible es vuestra justicia
y a tu voz tembla el infierno.
Haste bien
cargo, letor,
y mírate en este ejemplo,
pa ver como Dios castiga
a los que no llevan freno.
El
tío Sinforoso. Vamos, siñor Manolo, que
con cien duros está el caballo mu bien pagau y repagau.
Manolo. No pueo de nengun
móo. Miresuté candáura, que caida de ojos y con qué
cudiau maneja lo remo der cuerpo: aunque corra y má
corra, en jamá é Dio siente corriale (fatigas). De
valiente no se diga. E un león en toa la situasión de
la palabra, y má sereno que su mesmo pare el que lo
engiendró, presisamente cuando etaba en sesión er
señó Ayuntamiento de su pueblo. Si oté, señó
Saforoso, se eja ecapar eta alhaja, la etá eperando pa
comprala un comendante é sevile, que lleva la cara
enpatillaa y un lunarsiyo en la barba, salva sea la
parte, que paese un escurabajo pelotero. El se lo tasó
en lo que hi dicho, y si miento, que se muera oté de
hambre canina y a mí me se sarga er seso po aquí por
onde metemos el alimento padale juersa y való al
estomago, que sustiene el organo vitalisio y toa la
maquinaria dertripotaje que tenemos en la ventrera.
Un mozo, que pasa cantando
y a caballo en un borrico.
Cuando tenía
dineros
tú me decías cachorro,
y ahura que mi güelto probe
me ves y me pones morro.
Un
chico (gritando). El Diario de Avisos de
Zaragoza: con una carta de Bilchite y otra de Gotorrita; con tres
partes de última hora y uno de las islas Celipinas, y con el
crimen caucurrido en Torrero esta
mañana.
La tía Churra. Sí,
sí: firme, firme. ¡Siempre climenes, que hay aun poca
mortalera! ¡Miá ques mucho que siempre sestán matando
en este Zaragoza! ¡Pero! ¡Santísma
Virgen del Pilar! ¿Cuándo ejarán de ser tan animales?
¡Cudiau que san güelto gente regolvedera! A cualsiquier
cosica, a punchase u esacese como tocinos con la navaja o
el guchillo.
La señá Leocadia. No
tienes questrañate, mujer. Pus no ves que no engarrotan
a naide y las autoridaes están imposibles y frías y
dejan pasar todo ileso y sin castigo.
El ciego (cantando con la
vihuela).
Y así
corrió a ver al reo
presuroso el populacho
y a fe que no parecía
campo de muerte aquel campo,
porque jovénes y chicos
tamién mujeres y ancianos
y hasta madres amorosas
con sus hijos en los brazos,
acudieron a empujones
pa ver tan triste espetáculo.
Manolo.
Le regüervo a oté a isí, que no éje oté
er cabayo. Mire que sarripintirá cuando no haiga apaño
ni compostura, y hata pué ser que le escarbe en er pecho
er gusano e la consensia, como si hubiá cometío un
climen hurripilante.
El tío Sinforoso. Ea, pues.
Ni la de usté ni la mía. Le daré cien duros y diez
más y una peseta, poniéndome además encima el aparejo,
y asunto cunclido.
Manolo. No puedo...
pero... en fin, venga esa mano de güen amigo, y trato
hecho. Entre cabayeros u presonas honráas como yo y
uté, no me guta quear mal. Eté oté seguro que con esa
bestia, va a dá er gorpe ache en er lugar de la
localidá é su pueblo y a quereselo amontá el mesmo
señó Cura y hata er señó Obipo cuando vaya con el
palo retorsío a enderesá la vesita y a dale la gofetáa
é la confirmasió a los chiquiyos de la cofadría humana
der vesindario. Diríjale oté la visual de la vista al
cabayejo y mire oté que suspiro echa de súpito.
Barrunta ya que cambea é dueno. Solo lencargo que me lo
trate bien y haga cuenta ques mi presona mesma. Cuando me
diseparo de un animal como ete, dempués que uno la
cogío afeuto y siempatía, crea oté, tio Selipe, que me
sapreta la boca é la entrana y paese que me va a dar
argún vaivién u atósigo é pechos, y que me se va a
cuertar ripintinamente el estamhre de la esistensia
corporativa.
La tía Churra. Atienda,
güen hombre. Nus vamos a llevar el caballo, pero con el
conque de que no tenga nada imperfeuto en el cuerpo.
Manolo. Señora, le
digo a oté ques completo en too y naa me desimporta
ejáselo a oté a preba. Con este cuello le respondo de
que no tiene lobaniyo, carbunco, tocaura, añadiensa ni
nenguno desos alifates que, cuando uno menos se piensa,
es de ley que les acometan a los animales y dedemás
criaturas.
El tío Sinforoso. Tome
el dinero y cuente.
Manolo. Ya la contau
oté y basta.
El tío Felipe. Ala,
Sinforoso, coge el abrío y amos a llevalo a la posada.
El tío Hipólito (a su
mujer la señá Leocadin, que estcí sentada en el
suelo). Tú, chica, mueve day. Paices alma en pena u
burra cansada, que en cualsiquier parte tasientas.
El tío Felipe. Vaya, siñor
Manolo, que haiga salú y a parar juerte.
El tío Hipólito. Lo mesmo
digo.
Manolo. Muchismas
grasias. Que tengan güena suerte y que ayeguen bien al
pueblo. (Por lo bajo). Y que quiá el Pae
Toopoderoso que al amontar el cabayo cuando haya cambeo
é luna, no te tire de cabesa y tespiase el selebro po el
sinculoquio é la cocota.
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