Ojo Oeste, 2005
Hay en el trabajo de Bettina Geisselmann algo de utilizar la fotografía como un juego, de explotar y explorar sus posibilidades.
Ya que todo es un juego de apariencias, juguemos.
¿Cristal o hielo? ¿Cálido o frío?
¿Sensual, luminoso, opaco, traslúcido…? Un juego de luz, al fin y al cabo.
Geisselmann experimenta constantemente, sus ideas aparecen fulgurantes y se lanza a la no siempre fácil materialización. Bettina, que estudió económicas, tiene la fuerza de otras artistas alemanas/ españolas que he conocido, como Ute Gadner.
Mediterráneas y sensuales, una vitalidad pre-Bismark. Esa mente con un poso muy racional y a la vez muy intuitivo. Ibiza o Cuba son fundamentales en su formación y actividad.
Hay también una pulsión por descubrir, por crear, por imaginar, por controlar. Su mente va por delante de sus sueños, y en esa tensión están su fuerza y su debilidad.
Recuerdo una de sus instalaciones, que consistía en una serie de piezas de hielo, cada una, una letra, que construían la frase te amo. |
|
 |
| |
|
|
 |
|
Duró apenas unos minutos antes de romperse, como mínimos iceberg desgajándose, como destellos de alud.
Mientras aquel te amo se rompía, alguien gritó: “Alucinante, el amor roto, como la vida misma”.
Jesús Gironés |
|