La solución es crear un eje vertical-horizontal que determine el eje de la fiugra y con él la configuración de un esquema que permita representar sus partes, aquellas que vemos frontal y lateralmente, es decir aparece el objeto que vemos de frente y el que no vemos pero que existe, además se desjerarquizan los puntos de vista posibles, pues todos están presentes -hasta ahora la pintura había ofrecido una visión frontal- , y no hay unas que primen sobre otras.
La luz y el volumen han de ser pintados, disponiéndose en el espacio de forma discontinua, haciendo ver al espectador que en modo alguno asemajan la tercera dimensión. Por esos elige el juego de ocres, grises y juega con sus tonalidades más o menos claras y con el uso de una pincelada pequeña, menuda y constante que trasluce los colores, en ocasiones superpuestos para crear una gradación matizada en aquellas zonas geométricas en que ha seccionado la figura y la gradación se hace por contraste cuando pinta el límite entre una y otra.