Joan Miró
Naturaleza muerta con zapato viejo
1937. Óleo sobre lienzo. 81,3 x 116,8 cms. The Museum of Modern Art. New York.

Uno de los cuadros junto con Bailarina española que más se alejan del lenguaje con el que habitualmente identificamos a Miró. Cuadro pintado entre el 24 de enero y el 29 de Mayo de 1937 para el Pabellón Español de la Exposición Universal de París, de 1937, cuadro que acompañaba a El Segador, cuadro hoy desaparecido y del que sólo conservamos reproducciones de cuando Miró lo estaba pintando.

Un cuadro que reproduce la sensación de angustia, de dolor, de pánico que en España se estaba viviendo. Esa sensación brutal se intensifica por el empleo de una luz nocturna, irreal, agobiante, represora. Miro lleva a cabo una división de las superficies en negros, verdes, amarillos y rojos, que parecen manchas fantasmagóricas.

Los objetos elegidos son muy sencillos y simples, y están tratados con esa sencillez y simpleza que caracteriza al pintor, pero adquieren un carácter simbólico, por ello distorsiona el zapato que se hace enorme y el tenedor descomunal, tenedor que pincha de forma salvaje una patata, convirtiéndole así en un aparato de torturar en lugar de utensilio para comer, recordemos que el bando republicano durante la Guerra Civil era el que disponía de peor armamento, también alude al tipo de lucha fratricida que supuso la guerra, pues en ocasiones se cometían matanzas y asesinatos con meros aparatos de labranza o de cocina, la patata así pasaría a ser el pueblo, patata que aparece en la parte superior derecha cortada, en este caso mutilada, aludiendo a toda la muerte que se estaba produciendo, muerte y mutilamientos de personas jóvenes, viejas, niños, como en cualquier guerra moderna. El zapato que parece enterrado en la tierra, parece también un elemento represor al tener la puntera como levantada hacia arriba: represores y reprimidos morían durante esos días, la muerte no respetaba a nadie. La botella parece vigilar la escena, de ella parecen salir duendes, figuras irreales que contemplan con una carcajada la brutalidad innecesaria en la que una nación ha caído.

Miró no volverá a emplear esa violencia y agresividad de colores, es sólo en esta ocasión y por encargo que se permite salir de la huida que para él suponen las Constelaciones y que son su forma, su única forma de soportar la situación, a través de la huida, actitud absolutamente comprensible y que pone de manifiesto su carácter pacífico y tranquilo, que incluso se respira en las fotografías que de él conservamos.

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