Joan Miró visitó Holanda en la primavera de 1928 durante dos semanas y quedó fuertemente impresionado por la obra de los pintores holandeses del XVII. Trajo varias postales con reproducciones de cuadros de Jan Steen y Vermeer de Delft entre otros. En concreto, el cuadro que nos ocupa es una transformación de La lección de baile de Jan Steen, cuadro que pertenece al Rijksmuseum de Amsterdam. Este cuadro transforma las imágenes del cuadro en que se inspira y es una combinación de minuciosidad objetiva y visión abstracta. La modificación más original con respecto al cuadro holandés consiste en el aumento de tamaño de las figuras humanas y animales y la supresión o desenfatización de los objetos inanimados. Una ventana que aparece en el cuadro de Steen queda muy reducida de tamaño y Miró usa como figura central el gato que le sirve de eje para crear una composición centrífuga acentuando la animación de la lección de baile mediante un movimiento en torbellino de infinitud de detalles.
Estilísticamente se une a Carnaval del Arlequín en colorido en el uso del azul, amarillo, rojo y blanco que crean las figuras y un fondo indefinido dividido en dos franjas para crear una sensación espacial de habitación en la que ocurre la escena, es decir, un espacio pictórico, no ilusionista, que no debe nada a la perspectiva tradicional, todo a la pintura donde deja que afloren formas y líneas que crean figuras que sólo pertenecen a su mundo.