Joan Miró
El pájaro migratorio
26 de mayo de 1941. Gouache y pintura al aguarrás sobre papel. 46 x 38 cms. Colección particular.

Los acontecimientos de España y Europa hicieron que sus cimientos y su equilibrio interior se tambaleara, esto hizo que Miró se encerrara en sí mismo deliberadamente según confesión de 1948. El ciclo de Constelaciones, al que pertenece este cuadro se pintó entre el 20 de enero de 1940 y el 12 de Septiembre de 1941 y como fruto de un retiro absoluto. Mujeres, pájaros y estrellas pueblan los lienzos en unas secuencias que mantiene una cadencia en una ocasiones en avance resplandeciente, brillando aquí y allá en colores vivos, siempre de forma inesperada. Los fondos sugieren un espacio vibrante, enorme, la luz del atardecer, con su mezcla cromática que parece desvanecerse, desaparece hacia la oscuridad, imprimiendo un aire interestelar. El orden en el que se mueven las figuras incesantemente en un enredo de encuentros y distanciamientos, parece responder a una gravitación planetaria. El sentido del movimiento se logra separando las partes que se unen en el transcurso de su trayectoria más o menos orbital.

En este caso vemos dos figuras, ala derecha una mujer, identificada por la forma estrellada del centro que siempre se asocia con el sexo femenino. La figura de la derecha sería un hombre. Ambos tienen aspecto de verdaderos monigotes, casi como si de un pájaro se tratase, por las formas picudas en que terminan sus rostros, ambos contemplan el cielo con los brazos abiertos como si del cielo fuera a aparecerles la respuesta que están esperando y que les permita explicar los absurdos y brutales acontecimientos que están viviendo durante estos días, como si en el cielo todo fuera armonía y hacia ese cielo o esa constelación quisieran emigrar, marcharse definitivamente, para no seguir sufriendo. El título sin duda nos da la clave para entender a esos personajes, pues en Miró en ningún momento pretende ser hermético y que su mensaje no llegue al espectador y de ahí los títulos tan evocadores y líricos de sus cuadros y sobre todo de esta serie. El cuadro que precede a este se llama Mujeres al borde de un lago irisado por el paso de un cisne.

Influido por esa presencia cósmica y por la música, únicos consuelos durante estos días de encierro solitario, el ritmo musical se trasmite en las diferentes formas que acompañan a estos dos seres, si como tal puede considerárseles. La búsqueda del ritmo se relaciona con la importancia que concedía a la poesía, entre la que no establece ninguna diferencia con la pintura, llegando a crear cuadros que él denominaba cuadros-poesía.

HomePage