Joan Miró
La bailarina española
1928. Óleo y collage sobre tabla. 105 x 73,5 cms. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.

Sin duda el cuadro más sorprendente de Miró, aunque hoy no nos lo resulte tanto. Es el primer cuadro en el que Miró va a utilizar la técnica del collage que había inventado Picasso en su Collage Silla. La radicalidad de la obra, como apunta Valeriano Bozal, reside en lo pictórico pues se adelanta en el concepto de "collage" a las composiciones que unos años después realizarán los dadaistas como Schwitters, en cuanto a la imagen es tan conceptual como las obras de los artistas conceptuales de la década de 1970. Ni Picasso había sido tan radical en sus collages, ni en la simplificación de las formas. El único elemento que claramente alude a la bailarina es el zapato típico de bailaora recortado de un periódico o revista que Miró ha pegado sobre un grueso y áspero papel de lija clavado sobre el tablero que se ha pintado de rojo, excepto un círculo blanco que parece aludir al ojo de la bailarina, una raya vertical a la izquierda que aludiría el espacio en que ella baila y dos líneas oblicuas dispuestas con forma de compás pintadas sobre la lija y que representarían las piernas o la falda de la bailaora.

¿Qué ha logrado Miró con este cuadro? Con este cuadro Miró ha logrado su propósito de asesinar la pintura, la ha hecho desaparecer sustituida por un soporte que es plano, en espacio y textura, simultáneamente, indicando en él con motivos bien simples el recuerdo, el concepto… de la bailarina española: su zapato y dos rayas.

Es un cuadro de esos que impresionan por lo irónico, es uno de los aspectos que definirá la obra de los Dadaistas. Un cuadro que impacta al salirse de su ámbito habitual, al ser una imagen que no se parece en nada a lo que había hecho antes ni a lo que hará más adelante.

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