Con respecto a la obra anterior se han producido cambios evidentes, la aparición y predominio del blanco que ocupa la mitad del cuadro, blanco que nos permite ver la deformidad que nace de la arpillera, el desorden de ese material arrugado, pues como el mismo Millares escribió en la tercera carta de El Paso (noviembre de 1958), "La armonía no va con nuestro tiempo".
La mina como metáfora del interior de esos guiñapos, metáfora del interior humano, no sólo formado por las visceras, sino de sentimientos, de ideas entonces retorcidas, distorsionadas, descolocadas, colgadas sin permitir el reposo, de ahí el retorcimiento de la arpillera que se pega firme, pero que podría caer en cualquier momento.