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La forma de organización social de los castreños es algo que todavía hoy plantea numerosas dudas, sin existir un planteamiento claro de la comunidad científica, sobre la sociedad que se desarrolla a lo largo del periodo castreño.
Sin embargo tras las últimas excavaciones y estudios se ha constatado que los principios que fundamentan esta sociedad también son los que la dinamitan, pues tras numerosas excavaciones, los restos de armas que se han encontrado son mas bien escasos -teniendo en cuenta la supuesta sociedad bélica-, y esta es la principal baza que esgrimen los detractores de esa teoría. Las mismas excavaciones documentan que, en muchos casos, las murallas y fosos se levantan después de la llegada de los romanos, en plena Pax Romana, entonces, ¿para que servían las defensas?. Y por último, la representación de estatuas guerreras no supone para nada que la sociedad fuese bélica, sencillamente es la expresión del artista, el cual no tiene porque forzosamente plasmar lo que ve.
Tras plantear el debate que actualmente se traen entre manos los arqueologos, centrémonos más en como vivían nuestros antepasados. Estrabón, define a los pueblos que habitan el noroeste penínsular como "tribus bárbaras", aunque para Roma todo lo que quedaba fuera de sus límites era "bárbaro" (con respecto a la sociedad debemos recurrir más que nunca a los historiadores, pues las "piedras" poca información nos aportan en este tema). Con la organización tribal como punto de partida, deberíamos preguntarnos que clase de tribus habitan el Castro de Baroña, y a esta pregunta, quizá podemos darle respuesta: según los historiadores romanos, entre la desembocadura del Tambre y del Ulla viven unas tribus a las que ellos denominan los Praestamarcos, y hasta hace pocos años a la comarca del Barbanza, en muchos documentos oficiales, se le denominaba como el partido judicial de Postmarcos.
Los enterramientos y los motivos religiosos son escasos por no decir nulos, lo que nos hace suponer que practicaban la incineración de los cadáveres en piras funerarias, aunque no se ha encontrado ninguna construcción destinada a tal fin. Tampoco se han encontrado construcciones religiosas, es decir, templos destinados a la adoración de un determinado dios, sin embargo, podemos afirmar que eran politeistas, adorando a los elementos de la naturaleza, teniendo una presencia especial aquellos que forman parte de la actividad principal del castro (el mar, la caza, la tierra, etc...). Hay que señalar que los romanos cuando llegaron a estas tierras y visto que sus habitantes no prestaban especial atención a los cultos religiosos, afirmaban que los castreños eran ateos, aunque luego se viesen obligados a rectificar, pero puntualizando que no daban especial importancia a la religión; tal vez, esto nos hace pensar que los castreños, creian que no había nada después de la muerte, pues al fin y al cabo la religión -sea cual sea- se fundamente en esa esperanza posterior al mundo terrenal. LLegados a este punto resaltamos las cualidades adivinatorias y extrasensoriales de las que parecían estar dotados los castreños, pues los romanos alababan enormente esta faceta que aún parece estar presente hoy en día en nuestra gente.
Intentar reconstruir una sociedad, o una cultura, o conocer la civilización de un pueblo dos mil años después de haber estado aquí resulta una tarea, que más que complicada parece imposible; sin embargo, la arqueología con su estudio y su empeño, al menos, intenta conseguirlo. Es normal que existan diversidad de opiniones y teorías (lo anormal sería que no las hubiese), pues sobre todo en el tema de los castreños la historia todavía esta en pañales y le queda mucho que enseñarnos y a nosotros mucho que aprender.