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En realidad la economía castreña tenía una fuerte dependencia del entorno y de la ubicación del castro. Así pues, los castros ubicados en zonas altas y alejados de la costa, tendrán una actividad fundamentalmente agrícola y ganadera; mientras que los castros, de los denominados marítimos, como el de Baroña, tendrán una actividad pesquera, aunque no descuidarán tampoco la agricultura y la ganadería.

Los restos encontrados en el Castro de Baroña, nos "hablan" de los fuertes lazos de unión de sus habitantes con el mar; los restos se encuntran acumulados en una zona del Castro denominada "concheiro" llamada así por la cantidad de conchas de moluscos y mariscos allí amontonadas. Pero los habitantes del Castro de Baroña no solo recogian los mariscos que se acercaban a la playa y los acantilados, tambien practicaban la pesca, pues se han encontrado anzuelos y otros pertrechos de faena propios de una intensa actividad marinera. Como muestra de esta actividad marinera están los mencionados restos de los concheiros en los que se han encontrado espinas y vertebras de pescados como rodaballo, dorada, maragota, merluza y jurel.

Los anzuelos encontrados son muy similares -por no decir idénticos- a los que todavía hoy utilizan nuestros pescadores, contando con un arponcillo en la punta que impedía que el pez se liberase con facilidad. Tambien se han encontrado unas pequeñas piedras talladas que por su forma y peso bien podrían formar parte de los pesos o lastres que las redes llevan en su extremo inferior, sin embargo no se han encontrado restos de redes aunque esto es muy lógico, pues por aquel entonces se elaboraban con materiales mucho más perecederos que los que se utilizan hoy en día. Hay que señalar que aquí en Baroña se encontró una piedra que por su forma y peso pudo haber sido utilizada como lastre en una caña de pescar, aunque de cañas de pesca nunca han aparecido restos.

Puerta de entrada a la zona norte

Tampoco se han encontrado restos de embarcaciones, pero una vez más los indicios nos llevan a creer que disponían -cuando menos- de embarcaciones menores, porque la utilización de redes y la aparición de algunas poutadas (anclas todavía utilizadas hasta este siglo por los pescadores de las rías Bajas Gallegas) no tendría lógica si no conociesen la navegación; está teoría se ve reforzada por la aparición de restos de mariscos y pescados propios de aguas más profundas, y también porque han aparecido castros en islas situadas lejos de tierra, por ejemplo, en las Cies.

La minería y la metalurgia también se desarrollan en Baroña, pues el castro dispone de un horno o fundición el cual se encuentra situado fuera del recinto amurallado de la zona norte y alejado de las viviendas de la zona sur, justo a pie de la escalera de entrada al recinto norte; la causa de está ubicación vendría dada por los continuos incendios que sufriria esta construcción y su alejamiento de las demás viviendas serviría como medida de prevención de propagación del fuego. En este horno se trabajó -al igual que en la mayoría de los castros- el bronce en mayor medida (hay que recordar que estamos en la edad de bronce), el oro, y en menor cuantía el hierro; llegados a este punto cabe resaltar que los antiguos habitantes de Baroña eran muy inquietos en este sentido, pues se han encontrado numerosos restos que nos indican que frecuentemente practicaban ensayos de metalurgia con cobre, estaño y plomo principalmente.

Muro que rodea la zona norte del castro

Respecto a la agricultura y ganadería poco se conoce de ellas, aunque por los molinos encontrados se deduce que sí disponían de una agricultura de subsistencia, pues por el tamaño de los terrenos cultivados no se cree que produjesen tanto como para comerciar con los productos obtenidos. Estos terrenos normalmente se ceñían a las partes no habitadas del castro, o a lo sumo las más próximas al recinto amurallado.

Sin embargo esta escasa actividad agrícola se veía complementada con labores de recolección de frutos silvestres, pues Estrabón así lo atestigua una vez más en su libro "Geografía". De la ganadería conocemos de la existencia de cerdos, cabras, caballos y vacas, además del perro como animal doméstico y de compañía, pues de los primeros se han encontrado restos de cuernos, dientes, o huesos, y curiosas son -cuando menos- las pisadas de un perro que se han encontrado en unos restos de cerámica.

La cantidad de recipientes utilizados para la conservación de los alimentos, y para el transporte nos obligan a hablar de una actividad comercial, quizá muy escasa en los orígenes de la civilización, pero que fue en aumento y que alcanzó un auge espectacular con la llegada de los romanos.

 

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