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La Civilización Castreña, o Cultura Castreña (esta última notación, parece la más aceptada entre la comunidad arqueológica) aparece en el noroeste penínsular hace más de dos mil quinientos años, llegando a su máximo apogeo entre el siglo I a. C. y el siglo II d.C., aunque también hay que señalar que muchos arqueologos discuten sobre la ubicación temporal de la Cultura Castreña y de su época de máximo explendor, pues los detractores de un apogeo tan tardio argumentan, que ya no es una cima de la Cultura Castreña en sí misma, sino más bien un éxito de la colonización romana.
Para empezar intentaremos ubicar temporalmente la Cultura Castreña, o la época en la que los castreños comenzaron a construir lo que los historiadores, más de dos mil años despues definirian como Cultura (o Civilización) Castreña, dándole este nombre a raiz de lo primero que de ellos se conoció: sus urbes.
Su extensión territorial no fue tan ámplia como cabria esperar (debido al enorme período de tiempo que abarca) pues se puede hablar exclusivamente de territorio castreño al comprendido entre el norte del rio Duero y el oeste del Macizo Galaico, evidentemente, exiten indicios que nos invitan a creer que se extendieron más allá de esos límites, pero si tenemos en cuenta los escritos de los historiadores romanos los habitantes de las zonas adyacentes ya no tenían un carácter tan marcado y en el que se apreciaran los mismos rasgos que los del noroeste (Estrabón, por ejemplo, habla de los cántabros y astures en su libro "Geografía", y los diferencia de los "pueblos que habitan en el noroeste").
Aunque según los historiadores romanos (nuestra fuente de información más directa) nunca hubo una "civilización" tal y como la entendemos, pues para ellos todos aquellos pueblos que no fuesen romanos eran bárbaros y representaban todo lo nefasto y todo lo "malo"; mientras que lo romano era realmente lo "civilizado". Por ello no podemos considerar estas fuentes como muy fiables, teniendo en cuenta tambien que tampoco eran historiadores como hoy los conocemos, pues estos se limitaban a recoger victorias y conquistas romanas, con un punto de vista muy poco objetivo. Hoy por hoy, y siempre tomando como referencia las excavaciones arqueológicas, sí que podemos hablar de una civilización, pues poseian rasgos propios de identidad: sus construcciones, su arte, su religión y su organización social nos hablan, a través de los siglos, que en su día las piedras de los Castros fueron testigos de como un pueblo se levantaba y perpetuaba su obra en el tiempo, con mayor tosquedad y menos magnificencia que la romana, pero con un significado que hoy nos revela la arqueología y que todavía le queda mucho por enseñarnos.