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LIDIA FALCÓN
MIRAR ARDIENTE Y DESGARRADO
MADRID, VINDICACIÓN FEMINISTA, 2000
Lo primero que precisa el poema es la intención de serlo. Escribir uno es encerrarse con su identidad, con aquello que ya el poema poseía antes de ser imaginado, la estructura con la que poeta y lector, si es que algo los diferencia, se enzarzan en un diálogo que va develando poema y mundo, sin que nada los diferencie, y construyendo no lo observado, sino al observador.
Nada de lo dicho hasta ahora tiene que ver con el libro que nos ocupa. Para escribir un poema no basta con la segunda persona del singular y las ideas claras (y éstas no van a a ser discutidas aquí), ni mucho menos la mala leche de descalificar desde el texto mismo a quien pretenda mostrarse crítico con él.
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u5jh79·inicio |
EUGENIO COBO
EN UN RINCÓN OSCURECIDO
PRÓLOGO DE FERNANDO BELTRÁN
MADRID, ENDYMIÓN, 2000Hoy es el poeta espectador presente en un momento concreto, en un lugar concreto. Su corazón es un nombre que reconocemos, un quejío que suena a la par en sus versos y en nuestra memoria, quizás en nuestro equipo de música; el libro que le inquietó está abierto en nuestra mesa. Hoy me llamo Eugenio Cobo, aunque sólo sea un poco.
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u5jh80·inicio |
AURELIANO CAÑADAS
MÁQUINA, EL HOMBRE MISMO
MADRID, DEVENIR, 2000
Esta vez el poeta decide diseccionar su alrededor, anotarlo con la meticulosidad del antropólogo, sin pasión, o sin otra pasión que la contemplación del conjunto, del engranaje formado por todas las máquinas que responden a una sola orden del vapor, incluido el hombre, incluida la muerte. Un libro que aborda, en cierto modo, el proceso dialéctico de la historia, el puñetero proceso dialéctico que aplasta al tipo al que la historia, como a todos los tipos, se le cae encima. Un libro cargado de reflexión y, por qué no, de ideología. Aunque sólo sea por eso, vale la pena leerlo.
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u5jh81·inicio |
MANUEL VILAS
EL CIELO
BARCELONA, DVD, 2000Manuel Vilas es poeta, aunque a veces se tenga la impresión de que procura desmentirlo con todos los medios a su alcance. El Cielo es un trabajo de zapa en la realidad y en aquello de la realidad que llega al poema, rebajado éste, en una primera lectura, a un fragmento narrativo en el que lo "meramente" físico ocupa todo el espacio disponible. Pero nadie se harte ni arroje el libro lejos de sí, que no tardan en ser visibles los verdaderos ritmos de eso que hemos dado en llamar poesía, los ritmos que hacen que el libro tiemble, como tiembla un ser vivo, como ha temblado el que ahora lo reseña.
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ANDRÉS TRAPIELLO
LA BREVEDAD DE LOS DÍAS
BARCELONA, PENÍNSULA, 2000
Andrés Trapiello es un escritor con lectores incondicionales, algo de lo que este reseñista carece por completo, y supongo que a ellos les encantarán estos artículos que tan poco se diferencian de sus poemas, de sus dietarios, de su inmensa novela en marcha... más miniaturas que artículos reales, en las que el señor Trapiello se solaza en sí mismo con tanto deleite...Dijo Valery que la sintaxis es una facultad del alma; a ver si va a resultar que el engreimiento también.
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u5jh83·inicio |
ARTURO LEDRADO
LIBRO DE INVENTARIO
AYUNTAMIENTO DE RIVAS-VACIAMADRID, 2000
Hay quien busca entre los restos de diversos naufragios su biografía, quien vive en una ciudad de pecios carcomidos y sabe que esa ciudad no acaba nunca, tan destartalada como las ciudades de cristal o las ciudades de mármol en las que hablan los espectros y hablan los libros, en las que sólo lo escuchado existe, sólo las voces tienen pasado y, quizás, presente.
Arturo Ledrado sabe de esas voces, las recoge y hace de ellas fábula, a veces terrible, a veces sarcástica, a veces oscura, o música concreta para una estancia vacía, o el zumbido de diapasón que un corazón como el suyo, como el nuestro, necesita .
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u5jh84·inicio |
JOSE IGNACIO SERRA
EL LIBRO QUEMADO
PRÓLOGO DE JESÚS FERRERO
MADRID, SIAL, 2000Habrá quien pueda entender la poesía de Ignacio Serra como un discurso enloquecido, obsesivo y funambulista en un alambre tendido sobre el sexo y la muerte cuando se alían y confunden, que es siempre. Tiene razón. Pero la escritura bárbara de Ignacio Serra tiene detrás uno de los pensamientos más rigurosos que puedan hoy encontrarse en el páramo, que lo es, y mucho, español. Ignacio es un teórico del dolor y del placer de la tortura, de la necesidad del crimen y de la necesidad de la inocencia. Constructor de blasfemias y recordador de amores, tras él están Rimbaud y Poe, Panero y Marco Aurelio, Cernuda y Whitman ennegrecido. Ante él está él mismo, Peter Pan que acaricia el sexo de su sombra mientras imagina cómo sería el rostro de Wendy sin ojos...
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u5jh85·inicio |
JESÚS URCELOY
LA PROFESIÓN DE JUDAS
PRÓLOGO DE LUIS ALBERTO DE CUENCA
MADRID, SIAL, 2000
Que un hombre muestre su vida en setenta y cinco páginas; que ese poema sea su vida en lugar de la vida que muestra; que el poema sea terrible porque es más y más cierto con cada mentira; que huela a sudor y a lenguaje ; que el que debiera ser considerado desde ya mismo uno de los mayores poemas que se han escrito no se remanse en ninguna de sus letras; que al dolor le haga contrapunto el dolor; que la técnica de la fuga pueda ser utilizada con tal maestría; que ese hombre demuestre una sabiduría literaria de tamaña amplitud y profundidad; que ese hombre sea capaz de dejarla de lado para enfrentarse al texto con las palabras con que el texto se enfrenta a él; que abra el camino a la poesía desafiante, próxima hasta la asfixia, que tanto necesitamos; que no precise del falso lumpen ni del malditismo de niño bien; que ese hombre se llame Jesús Urceloy...
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u5jh86·inicio |
JOSÉ LUPIAÑEZ
LA VERDE SENDA
MADRID, HUERGA&FIERRO, 1999No basta con ir de viaje a la India para convertirse en iluminado; ni basta con ser un iluminado para escribir un buen libro de poemas. Mera colección de postales en la que se adivinan los bermudas y la gorra de visera, a la que el grandísimo oficio de poeta de Lupiáñez salva de tarde en tarde. Pero, dicho sea con todo el cariño, los que hemos seguido a José desde Ladrón de Fuego no nos merecíamos esto.
Otra vez será.
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u5jh87·inicio |
Juan Ángel Castaño
Las mejores obras de la literatura española e hispanoamericana
Solara Literatura. Asociación Cultural Frutos del Tiempo.
Avenida Reina Victoria, 129 Entlo. 03201 Elche. Tfno. 965.438008.
Hace unos días se presentaba en el Ateneo de Madrid el libro de Juan Ángel Castaño de la mano de José Manuel de Prada. "Este libro pretende contestar a la pregunta ¿cuáles son las mejores obras de la literatura española e hispanoamericana de todos los tiempos? Cincuenta lectores, la mayoría de ellos profesionales de la literatura como escritores, profesores, periodistas, traductores, editores y libreros, pero también otros que son abogados, maestros o administrativos, han elaborado una lista en la que cada uno selecciona sus veinticinco títulos favoritos de la literatura escrita en castellano. Un equipo de escritores y profesores de literatura, coordinado por Juan Ángel Castaño, ha realizado los comentarios de los cincuenta libros más votados.
Esta obra es una invitación a la lectura y un homenaje a los mejores libros de la literatura española e hispanoamericana".
Antonio Polo
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k8kj43·inicio |
Milagros Román Maciá
La piel de Afrodita
Lunara Poesía. Asociación Cultural Frutos del Tiempo. Avenida Reina Victoria, 129 Entlo. 03201 Elche. Tfno. 965.438008. Fotografía de portada: José Manuel López Serrano.
Milagros Román se le han juntado una tarde todas las musas y todavía no ha parado. Ha estudiado danza, ha realizado estudios de pintura, piano y canto, es articulista, finalista en varios certámenes de poesía y cuento, ha puesto música a poemas de Ramón Alarcón, León Felipe y Miguel Hernández, y por supuesto, ha ilustrado su nuevo libro de poemas "La piel de Afrodita".
Juan Ángel Castaño al prologar el libro hace referencia precisamente a la doble vocación artística que a veces se produce (Lorca: escritor y músico, Buero Vallejo: escritos y dibujante, Gerardo Diego: poeta y pianista), pero Milagros Román tiene muchas vocaciones. "La piel de Afrodita" es un libro inconformista -recuerda Castaño- lleno de Pasión y de Preguntas.
Antonio Polo
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u5jm54·inicio |
Álvaro Muñoz Robledano
CUARTEL DE INVIERNO
Poeta de Cabra Ediciones. Madrid 2000.
poetadecabra@yahoo.es
http://poetadecabra.cjb.net
Quien se atreva a abrir este volumen, verá sangrar entre sus manos un libro que sólo puede calificarse como valiente y necesario.
Valiente porque su autor se pelea con todo y no se esconde en la torre de marfil de la complicación y el barroquismo fáciles, pues su supuesta oscuridad, que no es en este caso sino el necesario e inevitable producto de la profundización, no hace sino aclarar la lucha con la realidad y con el mundo que mantiene viva la batalla interior que es la Poesía, y todo ello prosodiado con un ritmo intuitivo y clarísimo a la vez, difícil en estos tiempos de endecasílabo fácil o imposible versículo mal entendido.
Necesario porque iba haciendo falta un Lezama Lima o un Saint-John Perse que nos hablasen de la cotidianidad y la diaria derrota, con un lenguaje tan cercano a la Poesía como a nosotros mismos, y porque al fin tenemos un libro que nos habla del momento heroico como si fuera algo cotidiano (En Little Round Top...), no del momento cotidiano como si fuera algo heroico, un libro susceptible, esta vez sí, de contraposición a cierto tipo de poesía simple y vacía a la que nos han venido acostumbrando en los últimos años.
No quiero desvelar los secretos del poemario, seguro de que el lector lo sabrá hacer y disfrutar mejor por sí solo, pero sí quisiera terminar este aperitivo que es toda reseña apuntando la curiosa habilidad del autor, no para contarnos la manida grandeza del momento en que sucede algo, sino para transmitirnos la extraña grandiosidad del no-momento, del instante anterior o posterior al acontecimiento, (Museo Lenin, Sonny en el puente, En Little Round Top, Después de Circe, E.P., Regreso del Miliciano, etc...)
En resumen, un libro nuevo en todos los sentidos, valiente y valioso, necesario, que no puede dejar de leer un lector que ejerza de tal y se quiera preciar de conocer los mejores poemarios de este fin de siglo.
Jose Ángel Calatayud Alaiz
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u5jf60·inicio |
Manuela Maciá
Nostalgia de París
Colección Frutos Secos. Asociación Cultural Frutos del Tiempo.
Avenida Reina Victoria, 129 Entlo. 03201 Elche.
Tfno. 965.438008.
MANUELA@inves.es
Comienza este libro con una cita de Descartes: "Leer un libro enseña más que hablar con su autor; porque el autor solo ha puesto en el libro sus mejores pensamientos" pero Manuela Maciá (Elche 1948) no solo ha puesto en él sus mejores pensamientos, sino que hablar con ella tiene mucho que ver con otro tipo de enseñanza: esa que está relacionada con una fuerza vital arrolladora y que la autora ha ido depositando en cada uno de los doce relatos de que se compone éste libro.
En "Nostalgia de París" Manuela Maciá hace un alarde de perfección y de conocimiento también de las debilidades humanas. Especialmente es de destacar el final del relato titulado "Adrián"; así como el de "Orugas sobre el agua" o el de "Ciertas asperezas", en el que la autora utiliza magistralmente el recurso accesorio de un dolor de muelas para relatar la historia de un abandono. Nostalgia de París es un excelente libro al que deseamos sinceramente que supere la rémora de una escasa distribución.
Antonio Polo
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u5jf61·inicio |
AN OBSERVATION ABOUT KING CRIMSON
EL CUELLO DEL REY EN EL FILO DEL HACHA
"Este grupo sólo tuvo un momento de paz verdadera improvisando, que fue algo que hicimos sólo con violín, bajo y guitarra en un concierto en Amsterdam. La mayor parte del tiempo nuestras improvisaciones surgen del horror y del pánico"
¿Horror por qué? ¿Pánico de qué? Ante estas palabras de David Cross, violinista del grupo en la primera mitad de los setenta, recordé la primera vez que escuché música de King Crimson. Tendría 13 o 14 años y en una mala copia de cassete sonaba el gamelan inicial de Lark's Tongues in Aspic, una de las grabaciones esenciales de los setenta y tal vez, (sólo tal vez) la obra maestra del grupo. Era una música suavísima, lejana, con una percusión extraña, acariciante y los acentos misteriosamente desplazados. Muchos años después, cuando pensaba escribir una novela sobre una asesina en serie que se quedó, como tantas otras cosas, en un proyecto y unas cuantas notas, se me vino a la cabeza, como un mazazo, el ostinato de violín de Lark's Tongues in Aspic, y lo imaginé de inmediato como una especie de banda sonora mental de la sanguinaria protagonista de mi historia.El tema en sí mismo no puede ser más simple: la repetición en stacatto de una sola nota en el violín sostenida, de pronto, por un aullido remoto de la guitarra. Nueve minutos y varios universos después se invierten los papeles: la guitarra golpea estoicamente sobre una única nota mientras el violín inicia un vuelo desesperado, como una golondrina ciega destrozándose las alas en una habitación cerrada. Nada más y sin embargo, se trata del momento más angustioso y desamparado que haya producido el rock, una música absolutamente inenarrable. ¿Por qué yo asociaba un pasaje musical de King Crimson con una psicópata turbulenta? ¿Era sólo una impresión mía y de un par de amigos más, tan perdidos como yo, o en verdad la música del Rey Carmesí se movía en territorios no explorados por ningún otro artista de música popular? Es cierto que Bruce Springsteen en Nebraska o Genesis en The Knife se mueven en tierras sombrías, pero Gabriel y sus muchachos no van más allá de una recreación retórica y en la canción que el Boss dedica a un asesino en serie el verdadero espanto está en la letra, no en la música, que no pasa de ser una balada triste y doliente digna del mejor Springsteen.
En el caso del Rey, el sentimiento de extravío, de desasosiego, de puro pánico, que diría Cross, proviene directamente de la música, bebe en las raíces sonoras de un árbol cuyos frutos sólo ahora estamos empezando a comprender. Hay que escuchar "The great deceiver", la cuádruple caja que contiene algunos de los más memorables conciertos del grupo durante los setenta, para comprender que la afirmación de Cross es exagerada, que no sólo es Trio, que durante la improvisación titulada Daniel Dust, en 1974, en Pittsburg, el grupo rozó otra vez la armonía y la belleza , respiró en la paz, se relajó tocando. Muchos piensan (y yo entre ellos) que ahí King Crimson alcanzó su encarnación más sólida, la perfección irrepetible: Robert Fripp, a la guitarra; John Wetton, voz solista y bajo; David Cross, violín y Bill Bruford, batería. Todo estaba compensado: la dureza de la guitarra de Fripp con el violín místico de Cross, el bajo profundo y estremecido de Wetton arropado por la percusión de Bruford. Y cuando Wetton -uno de las timbres más potentes y cálidos que haya dado el rock- cantaba, en su voz latía algo así como un vuelo de águilas, una tristeza de amanecer o de crepúsculo, un rocío de bosques recién nacidos. Fripp, la cabeza pensante de King Crimson, había estado buscando durante años y años, durante seis discos plagados de canciones irrepetibles, hasta que dio con la monarquía perfecta. Sin embargo, el equilibrio duró poco, exactamente dos discos más: el extraordinario "Starless and the Bible Black", un ejercicio de esquizofrenia medido al milímetro, y el fabuloso "Red", con el cuarteto convertido en trío, aunque el violín de Cross se escuchaba justo donde debía escucharse, al igual que el saxo de Mel Collins, otro de los viejos reyes destronados. "Red" se abría con el tema del mismo nombre, heavy metal a la Fripp: una auténtica profecía de futuro, una cabalgada de guitarras sincopada y repetitiva, aparentemente caótica pero calculada hasta sus más mínimos detalles, una estructura que Fripp repetiría en los temas de apertura y cierre de "Thrak", una obra publicada veinte años después de "Red". Sin embargo, después de esas tres obras maestras y de las giras triunfales y agotadoras del 74, era evidente que el rey estaba exhausto.
Esa época de King Crimson, se cerró con "Starless", tal vez la canción más hermosa y desoladora de la historia del rock, una suite de doce minutos que comienza con una balada tristísima para progresar a través de un desarrollo implacable, cruzando mares y desiertos, hasta volver a la misma melodía del inicio, aullada, magnificada: un retorno al pasado, una alegoría del destino. El círculo se había cerrado; Fripp tuvo miedo (es otra manera de decirlo) y disolvió el grupo justo cuando acababa de cerrar la trilogía más grande de los setenta. No se podía ir más allá sin romper ese equilibrio precario que les permitía perderse por los territorios más sombríos y desolados y regresar trayendo en los brazos mensajes de redención tan hermosos como Book of saturday, The night watch o Fallen angel.
Cuando Fripp volvió a llamar a Bruford a comienzos de los ochenta, no sabía que estaba rehaciendo el manto real: en un principio el grupo (que contaba ahora con Adrian Belew a la voz y a la guitarra, y con Tony Levin, al bajo) ni siquiera iba a llamarse King Crimson, sino Discipline, el nuevo estandarte del rey y un recuerdo mnemotécnico de los años de retiro y aprendizaje de Fripp en una escuela de pedagogía musical. Sin embargo, fue la primera obra del grupo la que terminó llamándose "Discipline": el grupo, a pesar de sus diferencias evidentes con sus avatares de los setenta, seguía siendo King Crimson. Sin embargo, esas diferencias eran muchas: ritmos sincopados, ritmos de amalgama, racimos de corcheas y semicorcheas, escalas cortadas, sonidos secos y cortantes. Incluso en la estética de las carátulas se veía que el rey había emprendido un nuevo camino, más austero, más cerebral, más luminoso.
Disciplina, ahí estaba el secreto. Era evidente que, fuese en sus ejercicios en el mástil o en sus meditaciones solitarias, Fripp había aprendido a dominar sus demonios, a encerrar sus fantasmas en estructuras cerradas, cárceles de rápidos compases y ritmos resplandecientes, pero ¿a qué precio? A cambio del nuevo territorio conquistado, del brillante virtuosismo ganado a pulso en horas y horas de ensayos y trabajo, el nuevo King Crimson había perdido no sólo espontaneidad y frescura, sino también el filo de la cuchilla, la terrible, desconocida zona de tinieblas donde el cuarteto de los setenta podía extraviarse en una desbocada improvisación colectiva en medio de su propio terror, pero también producir un momento musical de única y antes no escuchada belleza. Era a todas luces evidente que, a pesar de la desolación de Requiem, o de la turbulencia intolerable de Neurotica, el nuevo avatar del monarca era incapaz de improvisar con la gracia y la desinhibición de antaño y, sobre todo, de pergeñar aquellas baladas legendarias, las canciones de cuna de la nada. A fuerza de perfeccionarse, de evitar errores y de transfigurarse en una gramática musical implacable, King Crimson había perdido la inocencia. Después de una trilogía técnicamente irreprochable ("Discipline", "Beat" y "Three of a perfect pair") y justo cuando el grupo estaba llegando cada vez a mayores audiencias, convirtiéndose de nuevo en un fenómeno de masas, Fripp volvió a decapitar al rey.
El nuevo interregno duró esta vez diez años, los que tardó Fripp en adquirir la visión del doble trío (dos guitarras, dos bajos, dos baterías: una de las formaciones más extrañas del rock) y en ser capaz de materializarlo. Pero ni en el doble trío (Fripp, Belew, guitarras; Levin, Gunn, bajos; Bruford, Mastelotto, percusión) ni en el nuevo cuarteto (sorprendentemente, Bruford y Levin fueron excluidos) el rey halló la paz. "Vroom" y "Thrak", los dos evangelios del sexteto, son dos muestras del caos controlado al que sólo King Crimson puede someter al rock, brillantes ejercicios de demencia contenida donde el rey sigue ocultando sus fantasmas. Pero los fantasmas son por definición inapresables, regresan entre y a través y bajo y sobre las cadenas impalpables de la música, y a pesar de la fractalización del grupo (los cuatro ProjecKts donde la realeza ha dado un golpe de estado contra sí misma, fragmentándose en cuatro terroríficas repúblicas), a pesar de los momentos de búsqueda desenfrenada sobre el escenario, a pesar de las declaraciones de un Fripp convertido en maestro zen, es ahora más evidente que nunca que los fantasmas de la devastación y del terror han vuelto. El pánico se ha desatado, ha escapado de sus sogas cristalinas de síncopas y corcheas y ya nada puede detenerlo. Se acabaron las baladas, se acabaron los remansos de calma, las suaves, tristes islas en medio de un océano furioso. El demiurgo capaz de escribir Islands, capaz de escribir Epitaph, ya no tiene un solo momento de paz.
En "The construkction of light", la hasta ahora última obra del grupo, y sobre todo en sus últimos conciertos, es posible vislumbrar el insomnio del rey, el miedo a la noche ciega, el temblor de la cabeza real descansando sobre una almohada donde planea, invisible, pero tan perfectamente recortada como la sombra de un hacha, el filo del silencio.
David Torres
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DAVID TORRES
DONDE NO IRÁN LOS NAVEGANTES
PREMIO SIAL DE NARRATIVA 1999.ED.SIAL
Una vez soñé con un desierto esférico cuyas más oscuras cuevas contenían témpanos de hielo ajados de recuerdos, allí vivía un hombre que bebía, aun sin tener cabeza, para que los vampiros sin nombre que dormitaban colgados no tuvieran la misma pesadilla de siempre, la del tigre. Su único sueño era encontrar el lugar donde los cuerpos no mueren -aunque todos sepamos que ese lugar son los reflejos de los canales de Venecia- porque allí se escucha la sinfonía de las almas, que no habla de crecer donde nadie llega, no, que no habla de entender el cuchillo hundido en su pecho.
Una vez creí tener un sueño, a veces pasa, cuando lees algo. Crees haberlo vivido, o que alguien te lo ha contado, sin embargo, no es más que el recuerdo de ese sitio al que no puedes volver y al que nunca has ido.
Antonio Rodríguez
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