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Esta
villa recibió su nombre hacia el siglo XVII. Antes de esa época
la localidad era llamada "El Pinatar", ya que era una extensa
masa forestal donde abundaba el pino y a la que se venía en invierno
a cazar el jabalí; Alfoso XI así lo reflejó en el
Libro de la Montería.
Tras la construcción de una ermita a S. Pedro Apóstol y
pescador (puesto que los habitantes de El Pinatar eran pescadores), los
lugareños comenzaron a denominarlo SAN PEDRO DEL PINATAR. En el
escudo heráldico se encuentra reflejado un pino, simbolo de lo
que caracterizó al municipio antiguamente.
En
1592, el Concejo Murciano decide levantar una torre defensiva en la orilla
interior de Punta de Algas, cuyos planos se encuentran en el archivo municipal
de Lorca. Dicha Torre, de casi 12 metros de altura, y muy similar a la
que subsiste hoy en la Torre de la Horadada, empezó a construirse
en febrero de 1602 y su edificación concluyó dos años
después. Esta torre también esta representada en el escudo
heráldico del pueblo.
La finalidad para la que se construyó era facilitar la vigilancia
de la costa, pudiendo así ser avisada la población de la
presencia de barcos piratas turcos y argelinos, quienes en numerosas incursiones
saquearon casas y establecimientos de toda la comarca.
Hoy día, en el lugar de su ubicación, Punta de Algas, no
queda nada que nos hiciese pensar en su existencia, ni siquiera los más
ancianos del lugar recuerdan haberla visto.
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Formando parte del casco urbano del municipio, esta casa de grandes dimensiones
y de línea palaciega se encuentra en el paraje de Las Esperanzas.
Fue construída a finales del siglo XIX para don Julio Falcó
d'Adda, Barón de Benifayó, quien mandó edificar una
semejante en la Isla Mayor del Mar Menor. Ambos palacios pertenecen al
estilo neo-mudéjar, y su única diferenica es que el construido
en San Pedro del Pinatar tiene dos torres almenadas y el que se edificó
posteriormente sólo una.
Con el paso del tiempo la propiedad ha sufrido algunas modificaciones
en los terrenos de cultivo y de jardín, incluso durante un corto
espacio de tiempo fue escuela privada para niños.
Al parecer casi todos los propietarios de la casa eran miembros de la
nobleza española: el Barón de Benifayó, los Condes
de Locatelli, los Condes de Villar de Felices, etc.
La Condesa de Campo Hermoso y Villar de Felices, poco antes de vender
la finca, cedió gran parte de los terrenos ajardinados al Ayuntamiento,
para la construcción del parque que lleva su nombre, constituyendo
éste una de las zonas verdes más extensas del municipio.
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