La primera imagen que nos
viene a la mente siempre que asociamos el mundo de Roma con la cocina es la
suntuosidad. La imagen tradicional de las orgías en las que se
servían vituallas como lenguas de flamenco, pulpejos de camello, lirones
cebados con castañas, jabalíes rellenos de tordos, etc., todas
ellas regadas con salsas picantes, es común en escritos de Petronio,
Juvenal o Marcial. Pero esto distaba mucho de la realidad. Es cierto que
Mecenas fue el primero en comer carne de mulo, o que el actor Farón,
para entretener al emperador Aureliano, comió un cochinillo y un
jabalí entre otras cosas. No obstante, los orígenes de la cocina
latina fueron humildes y austeros.
Hasta el siglo II a.C. la
cocina romana se basaba en alimentos básicos: el pulmentum o
papilla de mijo, cebada o guisantes, el queso de leche de oveja, la carne de
cordero hervida, la col, las habas, etc. Las frutas también ocupaban un
lugar importante: las manzanas, los albaricoques importados de Armenia, los
melones traídos de Persia, higos y dátiles. Fue a principios del
siglo II a.C. cuando los romanos entraron en Asia Menor y descubrieron el
refinamiento de las cortes griegas de Oriente. A partir de este momento, la
preparación de las comidas, según Tito Livio, se hizo larga y
costosa. Los servicios de los cocineros, trabajo hasta entonces
desempeñado por esclavos, se comenzaron a pagar muy caros.
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Son dos los escritores que
más y mejor constancia han dejado de la comida y de las tradiciones
culinarias en la época romana. Por orden cronológico, Marco Gavio
Apicio (Caius Apicius), nacido hacia el 25 a.C., autor del libro de recetas
De re coquinaria libri decem (Los diez libros de cocina),
constituyó una obligada referencia durante varios siglos. Los
títulos, escritos en griego, de los diez libros de Apicio, son los
siguientes:
- Epimeles. Reglas culinarias, remedios
caseros, especias.
- Artopus. Estofados, picados,
etc.
- Cepuros. Hierbas que sirven para
cocinar.
- Pandecter. Generalidades.
- Osprión. De las
verduras.
- Tropherter. De las aves.
- Polyteles. Excesos y
exquisiteces.
- Tetrapus. De los
cuadrúpedos.
- Thalassa. Del mar.
- Halieus vel halieuticon. Del pescado
y sus variedades.
Apicio estuvo considerado
como un refinado conocedor y también, como un gran despilfarrador. Se
hizo notar por sus extravagancias y por sus gustos caros. Al parecer,
inventó un procedimiento para cebar a las truchas con higos secos, con
el fin de engordar su hígado; así como unas recetas de lenguas de
flamenco o de ruiseñor, de pezones de cerda y de numerosísimos
pasteles y salsas. Ateneo relata que fletó un barco para comprobar si
las quisquillas de Libia eran tan grandes como se decía. Decepcionado,
ni siquiera bajo a tierra. Gastó toda su fortuna en suntuosos banquetes
hasta un día en que, al contar lo que le quedaba, prefirió
envenenarse a reducir su tren de vida.
Aunque se le ha considerado
como el primer ordenador de la cocina romana, tuvo precedentes en la misma
Roma, como Ambivio y Macio. Los diez libros De re coquinaria que nos han
llegado con su nombre son, sin duda, una reelaboración de una obra suya
efectuada en el siglo IV d.C., escrita de manera muy incorrecta y
próxima a la lengua hablada.
El siguiente punto de
referencia de la culinaria romana es Petronio, el llamado árbitro de la
elegancia en tiempos de Nerón. Su Satiricón es la
plasmación más objetiva de la vida romana en aquel tiempo. Es la
narración, hecha por un hombre disoluto llamado Encolpo, de sus andanzas
en compañía de dos hombres tan poco escrupulosos como él.
La escena que se nos ha conservado transcurre en varias ciudades de la Italia
meridional. El episodio más importante nos describe ampliamente un
festín ridículo en casa de un liberto riquísimo,
Trimalción.
Esta novela ha servido para
que sepamos con exactitud cómo se disponía una mesa y cuál
era el ritual y las partes de un típico banquete romano. El
triclinium o comedor tiene una importancia capital en el
Satiricón. Era una sala con tres lechos, en torno a una mesa de
la que todos se servían. Los comensales se recostaban sobre el brazo
izquierdo y comían con los pies descalzos. En cada uno de los lechos se
instalaban tres personas en sus respectivos lugares de derecha a izquierda:
lecho superior, medio e inferior.
Las casas romanas
poseían por lo menos dos triclinium, de verano y de invierno,
según la dirección del sol. En la casa de Trimalción hay
varios triclinium.
La cena de Trimalción
pasa por ser un ejemplo de las cenas clásicas romanas. Ocupa en el
Satiricón una gran extensión. La cena se abre con la
ablución de las manos después de haber salido del baño en
las termas. Viene a continuación la gustatio o entrada de
aperitivos. La cena propiamente dicha, summa cena, constaba de cuatro
platos o servicios, y era regada con vino abundante. Se terminaba con la
secundae mensae o postre, consistente en manjares condimentados secos
para favorecer la bebida, que al final era muy copiosa. Se ha de advertir que
los romanos bebían el vino puro merum, mezclado con agua caliente
y especias. El vino puro sin mezcla, lo reservaban para las libaciones
religiosas.
La cena romana se desenvuelve
dentro de una etiqueta formada por costumbres inmemoriales, tales como meditar
sobre la muerte, ofrecer regalos y pequeñas sumas de dinero, libaciones
a los dioses Lares, etc. A los postres se debatían temas
filosóficos o literarios y se recitaban versos. Los invitados se
perfumaban y coronaban de flores, y se cantaba.
Para hacernos una idea del
culto a la comida exótica, cabe destacar una cita del
Satiricón que alude a la aparición, en un momento dado del
banquete, de una fuente con los doce signos del Zodíaco dispuestos
alrededor. El cocinero había colocado sobre cada uno de ellos un
pequeño manjar: "...sobre Aries, garbanzos que semejan el
carnero; sobre Tauro, un trozo de buey; sobre Géminis, criadillas y
riñones; sobre Cáncer, una corona; sobre Leo, un higo chumbo;
sobre virgo, una vulva de cerda joven; sobre Libra, una balanza en uno de cuyos
platillos había una tarta y un pastel en el otro; sobre Escorpio, un
pececillo marino; sobre Sagitario, un caracol; sobre Capricornio, una langosta
de mar: sobre Acuario, un ánade; sobre Piscis, dos mújoles. El
centro estaba cubierto de césped, sobre cuya hierba había un
panal de miel..."
Como podemos apreciar, gran
parte de la actual cultura culinaria mediterránea tiene sus
orígenes en el antiguo Imperio Romano.
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