La ansiedad, que tanto
tememos, ha sido el compañero inseparable del hombre (en
general, de casi todos los vertebrados, no hay que ser antropocéntricos) desde
el principio de los tiempos. Gracias a ella estamos aquí y gracias a ella no
perecemos atropellados por los coches o despeñados por un
barranco.
Cuando una persona se enfrentaba a un peligro en el pasado (un oso, por ejemplo) su sistema nervioso desataba una serie de reacciones fisiológicas (taquicardia, tensión muscular, hiperventilación, etc) que le capacitaban para huir (corriendo) o luchar. Esto es la ansiedad, la respuesta del organismo a una amenaza y debe de estar claro que sin ella no viviríamos mas allá de unos pocos meses.
¿Que ocurriría si cuando cruzamos una calle no vemos los coches como un peligro?. Bien, es fácil imaginarlo.
Todo esto es fácil de comprender. Más difícil es comprender por qué para algunas personas la ansiedad se convierte en todo lo contrario a un aliado. Vamos a tratar de hacerlo.
Empecemos por decir que
la ansiedad deja de ser positiva bien cuando el peligro
identificado no es tal (por ejemplo, estar en un
supermercado) o cuando la reacción es desproporcionada ( el
peligro existe, pero no justifica la activación del
mecanismo de la ansiedad). Subir a un ascensor entraña un cierto
peligro, pero no justificaría la aparición de una crisis de
pánico.
¿Cuándo hablamos de problemas de ansiedad?. Bien, pues cuando respondemos con un nivel de ansiedad alto en circunstancias en las que el resto de la gente no parece tener problemas.
Vale, pero, ¿por qué se llega a tener un nivel de ansiedad tan alto?. Los avezados en el tema y los profesionales saben que actualmente se trabaja en hipótesis que fijan los trastornos de ansiedad en orígenes genéticos, fisiológicos o cognitivos. Nosotros daremos por supuesto que el origen es cognitivo (pensamiento, razón) por razones prácticas. No existe tratamiento farmacológico que sea efectivo por sí solo en tanto que el tratamiento cognitivista lo es en un tanto por ciento muy elevado.
No obstante, las vías de investigación abiertas por los neurólogos, psicobiólogos, etc, son muy interesantes y en la mayoría de los casos los medicamentos se revelan como muy útiles en el tratamiento de la mayoría de los trastornos de ansiedad y fundamentales en el tratamiento de la agorafobia.
Pero volviendo a la pregunta se tiene un nivel de ansiedad tan alto porque la percepción que nosotros tenemos de determinada realidad, es decir, la información que recibimos de nuestro entorno a través de nuestros sentidos es procesada en nuestro cerebro de forma errónea. Si nos encontramos ante un examen y procesamos esa circunstancia de forma errónea nuestro cerebro entenderá que nos encontramos ante un oso (por ejemplo) y desatará todos los mecanismos de respuesta.
Nuestro corazón bombeará sangre hacia los músculos para que estén preparados a luchar o huir, nuestros pulmones funcionarán más rápidamente con objeto de oxigenar dichos músculos, nuestra visión se agudizará y será más periférica para ver mejor nuestro entorno, etc. Pero es obvio que una reacción así no puede prolongarse en el tiempo, así que la reacción que nos salvaría caso de ser un peligro real, se convierte en peligrosa en sí misma. Si permanecemos en ese estado, es probable que los músculos del cuello se tensen durante demasiado tiempo. Al hacerlo, oprimirán ligeramente las arterias responsables del riego cerebral y nos marearemos. La visión periférica está muy bien pero pasado cierto tiempo distorsiona los objetos haciéndonos sentir que "enloquecemos". ¿Y qué ocurre con la respiración?. Como con todo lo demás. Si respiramos deprisa sin que los músculos consuman ese oxigeno el efecto es el contrario. La sangre no se oxigenará correctamente y nuestro cerebro recibirá más CO2 de la cuenta con lo que nos marearemos.
Bueno, esto ya sería un
ataque de pánico. Es más frecuente de lo que pensamos.
Aproximadamente un 20% de la población ha sufrido
alguna vez uno. Sin embargo, ¿por qué de ese 20% solo el 7%
vuelve a tener problemas con la ansiedad?. Pues porque ellos no
dieron a ese episodio de sus vidas más importancia.
Volvamos al examen. Muchas
personas se ponen enfermas ante un examen importante. Pero lo
atribuyen a
causas lógicas (no he desayunado, es una lipotimia, son los
nervios, etc). El pequeño 7 % que tendrá problemas con la ansiedad será aquel
que decida huir de la situación.
Si huimos de algo nuestro
cerebro lo considerará peligroso y nos hará sentir muy mal la próxima vez.
En el mejor de los casos no pasará de ahí, lo pasamos mal y se acabó. Pero puede ser que la reacción sea cada vez más intensa y por tanto el miedo a esa situación será mayor. Bien, entonces lo mejor que puede ocurrir es que se desarrolle una fobia simple, un miedo exagerado a ese lugar.
Claro que en un cerebro tan perfecto en su funcionamiento como el humano lo más probable es que el solito haga asociaciones. Si en un aula hay gente y el aula es peligrosa, cualquier sitio donde haya gente lo será. Ya estaríamos ante una fobia social. Por ese camino, el cerebro entenderá que lo mejor es quedarse en casa y estaremos ante la agorafobia.
La que se puede liar solo por no haber reaccionado adecuadamente en una situación o por no haber tenido cerca personas que nos pudiesen aclarar las cosas y aconsejar de forma correcta que era lo que debíamos hacer.
Si alguien nos hubiese enseñado que el proceso de la ansiedad es tan aparatoso como poco peligroso, que es imposible tener un infarto durante un subidón de ansiedad, que jamás nos desvaneceremos porque la ansiedad lo impide, que la sensación de irrealidad no es más que visión periférica, etc.
Bien, pues esto es la ansiedad. Tenemos que convivir con ella (la positiva, claro está) y decidir qué nivel de ansiedad nos vamos a permitir. ¿Que es difícil volver a ponerla como nuestra aliada?. Pues sí. Es necesaria mucha constancia y trabajar mucho en ella.
¿Conocen a alguien que
haya batido el record de la maratón sin haber entrenado cinco o diez años?. Bueno
pues esto es lo mismo. Un entrenador que diga qué hay que hacer,
un entrenamiento que seguir, tiempo para llevarlo a cabo y el éxito está asegurado. No hay más.