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Avril Lavigne saltó media hora más tarde del horario previsto al escenario pero en segundos puso al público las pilas, más por su voz y su mera presencia en el escenario que por los guiños a sus fans. Era la estrella de una noche que había comenzado con las actuaciones primero de La 5ª Estación y después de Pereza. Los primeros, también en el día de su gran debut en los escenarios de su país de origen, demostraron que, como en México, donde triunfan y viven, aquí tienen todas las de ganar. Tras su concierto, el de Pereza. Rubén y Leiva, como en todas sus actuaciones, volvieron a meterse al público en el bolsillo.
Avril exprimió en directo su talento e imagen, una actitud ante los escenarios y ante la vida que ha dado la vuelta al mundo y que la ha convertido en un fenómeno fan. En Madrid se rodeó de un público variopinto. Hubo muchos niños con sus madres pero, sobre todo, mucho adolescente, muchas de ellas con una estética similar a la de la canadiense, al margen de las miles de camisetas oficiales de Avril Lavigne que se vendieron antes del concierto.
Entre sus fans -Avril consiguió reunir a unas diez mil personas- un grupo de treinta, ganadores de un concurso organizado por Terra, pudieron conocerla. La cita fue poco antes de que saliera a cantar. Ellos, nerviosos y cargados de regalos; ella, la serenidad en persona. Avril de cerca es una chica de 19 años muy chiquitina que sonríe con dulzura y timidez a sus fans, les permite que la besen y observa sin perder detalle los objetos que le llevan para firmar. La Avril persona parece distinta de la Avril artista. Avril es frágil, pero rotunda; tímida, pero rebelde. Y, quizá, es esa mezcla la que gusta.
Y es así como gustó y no defraudó a los que la conocieron, amantes, sobre todo, de su pop rock, de su actitud, de sus solos de guitarra y de -compruébenlo a partir de ahora- sus colmillos. Para comprobarlo en directo habrá que esperar a la próxima gira.
Terra
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