¿Qué es sentir fobia? Pues algo tan sencillo como la sensación de miedo, temor excesivo e incontrolable, la mayoría de las veces sin causa conocida ante determinadas situaciones o cosas. No se trata de simples manías o antojos; es algo mucho más fuerte. Quien las padece sufre un miedo exagerado y persistente que le lleva a evitar todo tipo de situaciones que lo produzcan y que, en casos extremos, puede inducirle a no salir de casa durante largos periodos de tiempo. Lo más curioso del asunto es que los afectados habitualmente reconocen que su miedo no tiene ningún tipo de justificación ni sentido y que es desproporcionado. El problema radica en que se sienten incapaces de controlar ese temor desmedido. Los síntomas son claros: angustia, paralización, gritos histéricos, sudores desproporcionados, temblores, sensación de frío, palpitaciones, alteraciones digestivas e incluso llanto inconsolable. Tipos de fobias Los psiquiatras reconocen distintos tipos de fobias. Fundamentalmente son tres: fobias simples o específicas hacia objetos y situaciones concretas, la agorafobia y las fobias sociales. Las fobias simples o específicas pueden ser sencillamente hacia ciertos animales como por ejemplo los perros o los gatos; también a espacios cerrados o a las alturas. La agarofobia es el miedo, acompañado generalmente de trastornos de pánico, que sufre cualquier persona cuando se encuentra en una situación que pueda provocarle un ataque de pánico o de la cual le resulte difícil escapar si ésta llegase a ocurrir. Las fobias sociales consisten en un miedo atroz a sentirse ridículo o a padecer vergüenza en público. El enfermo siente pánico a colocarse en una situación sumamente vergonzosa en un medio social. Hay algunos datos en relación con esta enfermedad que, cuanto menos, resultan curiosos. Por ejemplo que se diagnostican con más frecuencia entre las mujeres que entre los hombres y que también curiosamente tienden a darse con mayor asiduidad en una misma familia. Y es que la familia, sin proponérselo, también puede transmitir a sus miembros sus propios miedos. Aunque un niño escuche a su padre la advertencia de que no pasa nada podrá percibir que hay un cierto peligro en la situación. Las más comunes son las fobias simples pero la agarofobia es la más frecuente en la clínica psicológica. En estos temores, a parte de cien mil factores más, suele haber un alto componente cultural que es el que influye en que suceda todo esto. Por ejemplo, mientras que para la mayoría de los habitantes de una gran ciudad el tráfico es una realidad cotidiana sin más; para un campesino el tráfico puede resultar totalmente paralizante. Algo que no conviene que olvides es que si crees padecer alguno de estos trastornos es mejor que te pongas en manos de un especialista cuanto antes. Está demostrado que las fobias que aparecen en la edad adulta son muy resistentes a cualquier tipo de tratamiento que como mínimo durará entre seis meses y un año.
Vínculo Media – Flor Tilve

|