El entierro de la sardina, en el Miércoles de Ceniza, marca el comienzo de la Cuaresma. Con el recogimiento de tan austeras y anémicas fechas se acaban el cachondeo, la juerga, el calor y la desinhibición carnavaleras. Un pasado más que turbio marca la historia de esta exaltación de todos los excesos. La burla, el desahogo de los males y el escarnio del pueblo hacia sus regidores han dado lugar a una celebración en la que todo está permitido. La calidez y la sensualidad de los ritmos tropicales han contribuido a que los carnavales más legendarios sean los de aquellos lugares en los que la temperatura ronda el punto de ebullición del agua. Sin embargo, a pesar de las enormes diferencias entre unas y otras, la creencia popular nos hace pensar que la mayoría de estas fiestas tienen un origen común. Lo que parece estar fuera de toda duda es su origen pagano. Nadie cuestiona que ese es el motivo por el que la Iglesia siempre se había opuesto a su realización. A pesar de eso, hace ya muchos años que carnaval y cuaresma están irremediablemente unidos. Y es que el uno marca el comienzo de la otra. Eso no quiere decir que las autoridades religiosas lo aceptasen. Tamaño acontecimiento no llegó hasta bien entrada la segunda mitad del s.XX. Más información Dicen que su origen puede estar unido a las bacanales romanas. Sin embargo, también se celebraban fiestas con elementos comunes en India, Egipto o Arabia. Váyase usted a saber. Los carnavales más famosos de todo el Estado se adjudican una historia de lo más fantástica. En gneral, la mayoría de ellos reconocen el tronco común. Ahí empiezan a marcarse las diferencias. La representación más ideal de la celebración es Don Carnal. Se supone que el personaje en cuestión representa la libertad para comer todos nuestros apetitos más inconfesables. A partir de ahí, allá cada uno con su tema. En Ourense, por ejemplo, se remontan al os orígenes prehistóricos de los personajes principales. Los de Cádiz aseguran que en el siglo XV ya se preparaba la juerga. Mientras tanto, sus vecinos tinerfeños marcan la fecha del inicio en el XVIII. Disfraces, máscaras, caretas o tipos. El concepto carnavalero ha cambiado un poco, pero su filosofía continúa siendo la misma. Y es que en España no ha sido fácil mantener la tradición. Todo sea porque durante la dictadura franquista la cosa no pasaba de denominarse fiesta típica. Pues lo que sea. Todo con tal de disfrutar del carnaval.
Vínculo Media – María González

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