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| Lecturas para asimilar el siglo XX Ante la Semana del Libro -abril, mes de Cervantes, un 23 murió- se me antoja que no existe mejor manera de celebrarla que leyendo. Os sugiero por ello algunas de esas lecturas que juzgo imprescindibles para hacerse una idea de lo que ha sido literariamente el siglo que acaba, o comienza, ahora. En esta selección, incompleta desde luego, me he ceñido solamente al mundo de la ficción. El siglo XX comienza, en el territorio de la lengua no castellana, con El corazón de las tinieblas, una novela que Joseph Conrad gestó en 1899, y se reafirma con En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust, con El proceso y La metamorfosis, de Franz Kafka; Ulises, de James Joyce; Viaje al fin de la noche, de Louis Ferdinand Céline; Bajo el volcán, de Malcolm Lowry; La montaña mágica y La muerte en Venecia, de Thomas Mann. El lobo estepario, de Hermann Hesse; los Trópicos (de Cáncer y Capricornio), de Henry Miller; Murphy, de Samuel Beckett; El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell; El sonido y la furia, de Wiliam Faulkner; El extranjero, de Albert Camus; Manhattan Transfer, de John Dos Passos; Opiniones de un payaso, de Henry Böll; El tambor de hojalata, de Günter Grass; El imitador de voces, de Thomas Bernhard... Pero, cómo olvidar a las pioneras de la modernidad, que inauguraron desde altas cotas literarias el punto de vista femenino, o la interpretación del mundo según ellas, que tan sólida y vasta estela ha dejado en nuestros días. Me refiero a Virginia Woolf (Orlando); a Margueritte Yourcenar (Memorias de Adriano); a Margueritte Duras (El amante). Ellas acaso fueron las más decisivas para esbozar ese camino antaño vedado al llamado sexo débil, si bien antes hubo otras en siglos precedentes, cuya tarea resultó aún más ardua. El asalto a la literatura de las mujeres ha sido quizá el fenómeno más reseñable de este siglo. Concretamente en España, el punto de vista femenino ha creado en las últimas décadas una pléyade densa, no sólo de autoras sino sobre todo de lectoras. Éstas son hoy las que parecen decidir las leyes del gusto y mercado. La literatura en castellano pasa por el meridiano americano de El Aleph, de Jorge Luis Borges; por Pedro Páramo, de Juan Rulfo; El reino de este mundo, de Alejo Carpentier; Rayuela, de Julio Cortázar; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez; La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa... Pasa por Niebla, de Miguel de Unamuno; la trilogía de La lucha por la vida, de Pío Baroja; las Sonatas y Tirano Banderas de Ramón María del Valle-Inclán. Y después, por La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela; El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio; Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos; o Volverás a Región, de Juan Benet. El lector de teatro no debería prescindir de Ubu Roi, de Alfred Jarry (que aunque estrenada a finales del XIX, supone el comienzo de la modernidad teatral); tampoco de Seis personajes en busca de un autor, de Luigi Pirandello; Luces de bohemia de Valle-Inclán; La ópera de dos centavos, de Bertolt Brecht; El Público y Yerma, de Federico García Lorca; Esperando a Godot, de Beckett; La cantante calva, de Eugéne Ionesco; Las criadas, de Jean Genet; y Marat-Sade, de Peter Weiss. Y los lectores de poesía podrán captar el latido lírico del siglo a través de las Elegías Duinesas, de Rainer María Rilke; los Cantos, de Ezra Pound; Poeta en Nueva York, de García Lorca; Cántico, de Jorge Guillén; Trilce, de César Vallejo; Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda; o Dador, de José Lezama Lima. Curriculum Vitae de Ángel García Pintado: Escritor y periodista, ha sido director de Hermano Lobo, redactor jefe de Cuadernos para el Diálogo y redactor jefe de Cultura de la agencia EFE. Como dramaturgo ha estrenado El taxidermista y La sangre del tiempo. También ha publicado las novelas Allí va mi cuchillo y El cielo. |
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