El sindicato europeo, que engloba a las asociaciones de jugadores de Israel, Italia, Grecia, España, Portugal, Bélgica, Francia y Alemania, formuló su denuncia a través de un escrito que ya ha remitido al griego Giorgos Vassilakopulos, presidente de FIBA Europa, la división continental europea de la FIBA.
El presidente de la UBE, el ex jugador italiano Giuseppe Cassi, explicó que la Euroliga "trata de imponer un modelo de contratación único mediante el empleo de métodos coercitivos hacia los jugadores, lo que supone un verdadero abuso de posición dominante y una práctica restrictiva de la libre competencia y de la libertad de contratación entre empresarios y trabajadores''.
El sindicato continental de jugadores se opone frontalmente al contrato-tipo que la Euroliga quiere implantar en las dos principales competiciones europeas debido a las atribuciones que concede a los clubes y la propia Euroliga en materia laboral.
La UBE también rechaza el documento porque la Euroliga lo ha elaborado sin haber consultado con sus representantes, que están dispuestos a presentar batalla legal contra la implantación de este modelo de contrato hasta la última instancia posible si fuera necesario, ya que consideran que algunas de las cláusulas del mismo suponen una gravísima vulneración de los derechos laborales legalmente protegidos por la Ley en toda Europa.
La implantación de un código de conducta
Una de las consecuencias que acarrearía la aplicación de este contrato sería la implantación de un código de conducta y vestimenta similar al que funciona en la NBA, pero eso es casi una anécdota comparado con las verdaderas preocupaciones de la UBE.
La asociación europea de jugadores considera mucho más grave que el documento de la Euroliga abra la posibilidad de cancelar contratos en caso de lesiones de larga duración sin compensación económica alguna; que establezca una cláusula de salida a la NBA para jugadores menores de veinticuatro años de 1,5 millones de euros como mínimo aplicable aunque haya expirado la relación laboral del baloncestista con el club.
La UBE también se opone a este contrato-tipo porque deja la explotación de los derechos de imagen de los jugadores en manos de los clubes y de la propia Euroliga. Además, permite sancionar a los jugadores que se nieguen a ceder esos derechos incluso con la rescisión de sus contratos.
El sindicato presidido por Giuseppe Cassi advirtió a la Euroliga de su oposición frontal a este modelo de contratación la temporada pasada, pero no ha recibido ninguna respuesta por parte de la entidad organizadora. De hecho, según fuentes de la UBE, la Euroliga ya ha intentado implantar el contrato en algunos equipos como el Maccabi Tel Aviv israelí o el Slask Wroclaw polaco, cuyos jugadores se han negado en ambos casos.
Preocupación por las formas
''Me reuní con Jordi Bertomeu para transmitirle muestra preocupación por su forma de proceder y tenderle un puente al diálogo tras advertirle que debía abandonar éste camino. No ha sido así. Los jugadores han recibido presiones y amenazas de no poder jugar si no se avenían a firmar el contrato de la Euroliga y no nos ha dejado otra vía que la de la denuncia'', explica Cassi en una nota difundida por la UBE.
La Euroliga inscribe a veinticuatro equipos por temporada en cada una de sus competiciones, la Euroliga y la Copa ULEB, lo que supone que el contrato-tipo que promulga regularía las relaciones laborales de más quinientos jugadores con sus clubes.
Estos clubes provienen, esta temporada, de España (tres en Euroliga y dos en Copa ULEB), Italia (4 y 2), Grecia (3 y 2), Francia (2 y 2), Alemania (1 y 2), Lituania (1 y 1), Croacia (1 en Euroliga), Serbia (1 y 3), Polonia (1 y 1), Letonia (1 en Copa ULEB), Bulgaría (1 en Copa ULEB), Turquía (2 y 1), Rusia (2 y 2), Israel (1 y 1), Eslovenia (1 en Euroliga), Holanda (1 en Copa ULEB), Bélgica (2 en Copa ULEB).
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