67 años de anécdotas
Todo gran festival tiene sus anécdotas memorables. Momentos inolvidables, situaciones embarazosas, estrellas desbocadas, decisiones lamentables… Aquí os presentamos una interesante lista de las anécdotas más sonadas de la Mostra de Venecia.
-Al Pacino sin butaca: Año 2004, momentos antes del inicio de la proyección de la versión de El mercader de Venecia protagonizada por el mismísimo Al Pacino en la piel de Shylock. Todo preparado para un baño de masas y glamour. Pero entonces algo falla: un error informático ha provocado que la butaca que debía ocupar Pacino haya sido vendida. Por suerte, en el último momento, se encontró un lugar para el actor, que por su parte supo conservar la calma mejor que Michael Lionello Cowan, el coproductor de la película, que afirmó furioso: “En mi vida entera había visto algo así en un festival. No pienso volver a Venecia jamás”.
De paso, la siguiente película que debía proyectarse (Descubriendo Nunca Jamás), fue presentada, con la presencia de Johnny Depp y Kate Winslet, a las dos y cuarto de la madrugada. Ante dicho infortunio, Harvey Weinstein eligió la sorna para cargar contra la Mostra, declarando, en plena presentación del filme, “Bienvenidos a la presentación matinal de Descubriendo Nunca Jamás. Esta mañana, Marco Mueller (director del festival) servirá los croissants y yo le enseñaré el significado de la palabra puntualidad. Y luego lo tiraré a la laguna con los pies metidos en cemento”. Cómo se las gasta el bueno de Harvey.
-El abucheo más sonado: Entre los que acudieron al Festival de Venecia de 1996, se comenta que aquel año se produjo la mayor pitada jamás propinada a un filme en la Mostra. Para desgracia de nuestra filmografía el filme en cuestión fue Bámbola de Bigas Luna. Al parecer, el filme de Bigas no fue sólo pitado, sino también pateado con furia por la prensa de todo el mundo reunida en el Lido.
-La boda de Clooney: Mientras respondía preguntas en la rueda de prensa de la película Crueldad intolerable de los hermanos Coen, George Clooney recibió una petición de matrimonio por parte de una periodista italiana. El actor, siempre encantador, contesto: “De acuerdo, adelante”. Entonces la periodista se acercó hasta el estrado con su cámara sosteniendo dos anillos de boda. “¡Al fin casado!” celebró Clooney, para luego comentar: “¡Espero que ese tipo no fuera un cura de verdad!”. Toda una premonición, ya que Clooney mantiene desde hace un tiempo una relación con la presentadora italiana Elisabetta Canalis. Cosas del destino.
-Un nacimiento dictatorial: Pues sí, el Festival de Venecia fue creado por iniciativa del dictador Benito Mussolini como respuesta a la preocupación de los hosteleros del Lido ante la pérdida de afluencia de viajeros y turistas. El dictador italiano pensó que el cine sería un buen reclamo para atraer al público. Tras las proyecciones de la primera edición se celebró un gran baile de gala en los salones del Hotel Excelsior, hotel que se convertiría a partir de entonces en el cuartel general de estrellas y productores durante los días que se celebra el festival.
-Las estrellas del firmamento veneciano: ya en su segunda edición, la Mostra consiguió que hasta el certamen se acercasen cineastas de la talla de Ernst Lubitsch, Howard Hawks, John Ford o Jean Renoir, en el apartado de los directores; mientras que entre las estrellas de la interpretación, sólo mencionar a Marlene Dietrich, Clark Gable o Greta Garbo ofrece una idea clara de por qué el glamour y el festival de Venecia suelen ir juntos. El toque de glamour lo siguen poniendo actrices como Scarlett Johansson y Natalie Portman, y actores como George Clooney y Brad Pitt, habituales de la Mostra.
-La presencia más infame: Entre los invitados "menos glamourosos", cabe destacar a Joseph Goebbels: el ministro nazi de Propaganda durante el gobierno de Adolf Hitler acudió como invitado a la edición de 1938. Un capítulo de la historia del festival que mejor convendría olvidar.
-Sin pasarela desde 2002: Para desilusión de muchos, en el año 2002, el nuevo director del festival, Moritz de Hadeln, abolió el recorrido alfombrado entre el hotel Excelsior y la Sala Grande del Festival, la oficiosa alfombra roja de la Mostra. El objetivo: evitar a los numerosos actores y directores poco conocidos el mal trago de atravesar ese 'desierto rojo' en medio de la indiferencia del público. Evitaba eso, pero también que innumerables anónimos entusiastas disfrutasen de la vista en vivo y en directo de sus divas y divos del cine.
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