La gran industria de Walter Ellias Disney ha pautado el camino de la animación casi desde los años veinte. Su influencia se ha extendido en toda América, en Europa y ha alcanzado el oriente. Sin embargo, las cosas se están agitando desde la última década de los noventa. Grandes productoras como Warner Brothers, La Fox o la reciente Dreamworks se yerguen para arrebatar un gran pedazo del mercado a los herederos de Disney.

Pero ya no se trata sólamente de combatir con sus mismas armas y de ofrecer productos parecidos. Ahora se impone una innovación estética, tecnológica y dramática porque el mercado está cambiando.

En otro lugar, entretanto, se gesta una invasión. En oriente -o más bien en Japón- se arman las películas que están influyendo de un modo decisivo en la industria de occidente. Allá la animación es libre de mostrar la sangre y el sexo como una enseñanza más o como un simple divertimento. Y todo lo que aquí nos llega es casi una odisea, un viaje, a un mundo fantástico de nuevas experiencias.

La animación ya no es cosas de niños.
 


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