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LA CIENCIA DEL VINO

Clima, Suelo y Vid

El característico sabor de un vino es consecuencia directa de tres factores: el clima, el suelo y la vid que sobre éste se asienta. Una pequeña variación en el suelo o en el microclima particular del viñedo puede hacer que vinos producidos en viñedos vecinos sepan de un modo completamente distinto.



El Clima es absolutamente determinante en las variedades a utilizar y en el tipo de vino que se puede llegar a producir en una zona determinada. Por otra parte, las condiciones climáticas puntuales del año son las que determinan la calidad del vino de esa cosecha. Es importante recordar tal condición. Las regiones o zonas de climas frescos, veranos templados e inviernos fríos y lluviosos, producen los vinos de mayor calidad puesto que las uvas tienen asegurado su ciclo de maduración completo, salvo circunstancias no deseadas.

Es interesante también destacar la diferenciación del clima en tres estadios distintos. Por un lado existe el clima de la zona, región o provincia donde el viñedo crece, denominado macroclima. La temperatura y la pluviometría de éste son los factores determinantes. Existe en segundo lugar el mesoclima, nivel intermedio, referido sobre todo al suelo, la pendiente, la cercanía de ríos o la orientación. Y por último el microclima, en el que destacamos las condiciones referentes a la planta, su altura, el sistema de conducción y otros factores que actúan directamente sobre la vid.

Es fundamental también conocer el término del TERROIR. El terroir, que de un modo muy general podríamos definir como el suelo, la finca en la que crece el viñedo de una bodega concreta, es en realidad una combinación de clima, suelo y orografía que determinan en definitiva el carácter propio del viñedo y de los vinos producidos. Pero además se podría referir a algo más: las temperaturas nocturnas y diurnas, la frecuencia de las lluvias, las horas de sol, el drenaje del suelo, o los tres niveles de clima apuntados. Todos estos factores actúan conjuntamente en el desarrollo de la vid, y por ende, en los vinos de ella obtenidos.

Es innegable por otra parte la influencia del suelo en el vino. Por lo general, la vid prefiere suelos sueltos, escasos de materia orgánica y con buen drenaje en caso de lluvias. Los vinos que así produce son de gran calidad. Tres son las propiedades que posee un suelo adecuado, productor de los mejores vinos: La TEXTURA o composición, consecuencia del tamaño de las partículas que integran el suelo. El suelo puede ser más o menos fino pero ha de estar ligado en cualquier caso, evitando el desprendimiento o desaparición de dichas partículas. Asimismo, en general la composición del suelo no impide que los vinos no sean de calidad, excepto en al caso de suelos muy húmedos que son excesivamente fértiles y donde las raíces de la vid pueden pudrirse fácilmente.

Una segunda propiedad es la ESTRUCTURA del suelo, que determina el modo en el que el agua se almacena en reserva en los climas cálidos o se drena correctamente en los más fríos. Finalmente, el GRADO DE ACIDEZ, pues determinará la acidez del vino producido. Por último, otro factor interesante es la orientación del suelo, debiendo favorecer el sol en los climas fríos y la sombra en los cálidos.

Terra / El Portal del Agua

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